EL MILITAR Y LA PANDEMIA. PERSPECTIVAS PARA BRASIL EN 2020

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(Fuente: https://www.telesurtv.net/news/bolsonaro-admite-podria-ser-positivo-coronavirus-20200320-0043.html)

La llegada de la pandemia de SARS-CoV-2 a América Latina se ha recibido de diferente manera dependiendo del país en cuestión. Las medidas implementadas por los Estados latinoamericanos han oscilado desde la rapidez de acción y la prevención de Guatemala y Argentina, a la despreocupación por parte de México y Nicaragua, pasando por un endurecimiento policial en Bolivia y El Salvador.

             En Brasil el virus ha venido a agravar la ya deslustrada imagen de Jair Bolsonaro como consecuencia de su inacción ante la pandemia, los enfrentamientos internos con sus ministros y los problemas judiciales que comienzan a aparecer en el horizonte. Tras año y medio de gobierno salpicado por todo tipo de polémicas y con su figura cada vez más debilitada, el coronavirus puede darle la puntilla a su mandato.

 

Negacionismo ante el virus

            En contraste con el resto de dirigentes regionales, Jair Bolsonaro se ha mantenido firme en su decisión de negar la gravedad del virus. Lo que en un principio calificó como un simple “resfriadinho” ha escalado hasta dejar más de 10.000 fallecidos y 155.000 positivos[1], de acuerdo a las cifras oficiales, lo que sitúa a Brasil como epicentro regional. A ello se añade un ínfimo número de test realizados en el país (300 por cada millón de habitantes), dificultando la obtención de una “fotografía” fidedigna de la expansión del virus.

            Frente al negacionismo del presidente, son los estados federales los que han venido aplicando las medidas sanitarias requeridas, aun cuando el propio Bolsonaro las contradecía desde Planalto y señalaba a los gobernadores díscolos. La situación es más grave si tenemos en cuenta que el Gobierno federal rechaza ejercer como coordinador, lo que ha ocasionado una lucha fratricida entre los estados por conseguir el material sanitario (respiradores, EPI, pruebas serológicas, etc.) que demandan con urgencia los profesionales en primera línea.

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Brasil, con más de 210,000 millones de habitantes, se ubica en el noveno lugar mundial en términos de personas infectadas de la nueva cepa de coronavirus, con 101,147 casos, según el último balance oficial del Ministerio de Salud. (Fuente El Economista).

            Valga como ejemplo el caso de Maranhão, un estado al nordeste del país y feudo tradicional del Partido de los Trabajadores, donde se importó material médico procedente de China a espaldas de las autoridades federales, que ya han anunciado acciones legales. De la misma manera, el estado de Ceará vio impasible cómo el Ministerio de Salud confiscó un lote de respiradores facilitados por un proveedor local. La competición interna entre las subdivisiones estatales se suma a la dificultad para encontrar material en los mercados internacionales, con una oferta sobrepasada por una demanda desbordada.

            La minusvaloración de la pandemia se ha visto acompañada por una retórica que animaba a la gente a salir de sus casas y congregarse en manifestaciones masivas en apoyo de su presidente. Azuzados por el patriotismo y la lucha contra la “vieja política”, en Brasilia las concentraciones tuvieron lugar a las afueras del Cuartel General del Ejército para pedirles a los militares la intervención de los poderes legislativo y judicial. Entre críticas al presidente de la Cámara de los Diputados, Rodrigo Maia, y guiños a los decretos AI-5 de la dictadura militar, Bolsonaro se mezcló con sus seguidores sin mantener la distancia de seguridad recomendada.

 

Dimisiones en el gabinete y rivales en alza

            La fractura a la hora de abordar la crisis sanitaria ha alcanzado también al propio Gobierno que, como ya ha ocurrido en ocasiones anteriores, se divide entre los ministros más radicales y aquellos que optan por el pragmatismo. Entre las voces disidentes se encontraba el ministro de Sanidad, Luiz Henrique Mendetta, cuyo activo papel durante la crisis aumentó su valoración pública. Con una figura en alza que podría hacerle sombra en unas futuras elecciones, Bolsonaro optó por su destitución y el nombramiento de Nelson Teich, un oncólogo que asesoró de manera informal al presidente durante la campaña electoral y que se presenta como una opción intermedia entre las distintas sensibilidades del gabinete ministerial.

            A Mendetta se le sumó Sérgio Moro, uno de los pesos pesados del Gobierno. Moro, conocido por ser el juez del caso Lava Jato y sentenciar a Lula da Silva, dimitió tras las presiones de Bolsonaro para interferir en investigaciones policiales que apuntaban a sus hijos. Su renuncia al cargo vino seguida de una denuncia ante las autoridades por obstrucción a la justicia, lo que provocó que se abriera una investigación por parte del Tribunal Supremo en torno al mandatario.

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El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, con una máscara protectora, habla con los periodistas después de una reunión con el presidente del Tribunal Federal Supremo de Brasil, Dias Toffoli, en medio del brote de Covid-19, en el Tribunal Federal Supremo en Brasilia, Brasil, el 7 de mayo de 2020. © Adriano Machado / Reuters

             El ascenso meteórico de sus antiguos ministros en las encuestas se añade al de otros actores en el panorama político brasileño. El expresidente Lula da Silva ya confirmó que no se presentaría a los comicios de 2022. Su avanzada edad y los procesos judiciales en su contra, a la espera de una sentencia firme, lo dejan fuera de la carrera presidencial. No obstante, su popularidad es de un valor incalculable para rearmar al Partido de los Trabajadores y bendecir al candidato que coloque el partido tras la derrota de Fernando Haddad.

            Por el centroderecha, João Doria amasa apoyos dentro del PSDB y entre la población por su enfrentamiento con Bolsonaro en torno a las medidas de control ante el virus. Doria se ha presentado como gran promotor de las cuarentenas y seguidor de las recomendaciones de la OMS, más aún teniendo en cuenta que es gobernador del estado de São Paulo, el más golpeado por la pandemia con más de 26.000 positivos y 2.000 fallecidos.

            Por último tenemos a Rodrigo Maia, el cual ha ido capitalizando apoyos poco a poco desde su puesto de presidente de la Cámara de Diputados. El descontento con Bolsonaro por parte de algunas bancadas ha desembocado en numerosas peticiones de impeachment; Maia las ha rechazado alegando que la situación actual demanda paciencia y que un proceso de destitución en este momento traería una crisis política que el país no puede permitirse. Al igual que Nancy Pelosi en Estados Unidos, Maia es consciente de que un impeachment a destiempo puede ser contraproducente. El proceso de destitución no saldrá adelante mientras Bolsonaro siga contando con el apoyo de un tercio de los votantes. De acuerdo con Datafolha, el 46 % de los brasileños está a favor de su dimisión, con un aumento del 8 % durante el último mes de crisis sanitaria. Para Maia, la pérdida de apoyo popular debe ser mucho mayor, similar al 8 % de aprobación de Dilma Rousseff en 2016, antes de iniciar —y protagonizar— tal mecanismo.

Impacto económico

            Junto al sanitario, a Bolsonaro se le abre un frente económico. Las previsiones para Brasil son claramente negativas, al igual que para la economía global en su conjunto. Un estudio de la Fundación Getúlio Vargas califica como insuficientes las medidas gubernamentales para atajar la crisis. De acuerdo al mismo, el PIB se reduciría un 7 % y el paro se iría hasta el 23,8 %. El Banco Central de Brasil habla de una contracción del 3,8 % este año. En la misma línea y en términos regionales, la CEPAL augura una caída del 5,2 % del PIB para Sudamérica en 2020.

            La errónea disyuntiva entre salud y economía, donde la protección de una implica la destrucción de la otra, no le funcionará a Bolsonaro. Hay países que han optado por no dañar en exceso el tejido empresarial aun a costa de un mayor número de contagios a fin de poder retomar la actividad una vez que el virus esté controlado, sea por la aparición de una vacuna o por la generación de anticuerpos entre la población. En el caso concreto de Brasil, es bastante improbable que el sacrificio en materia de sanidad implique un doloroso pero necesario mantenimiento de los motores productivos. Esto se fundamenta en las características de la economía brasileña.

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Las personas hacen fila afuera del banco público Caixa, donde las personas intentan recibir ayuda de emergencia dada por el Gobierno Federal a los más vulnerables, luego del brote de Covid-19, en Río de Janeiro, Brasil, el 29 de abril de 2020. © Pilar Olivares / Reuters

            En primer lugar porque Brasil cuenta con uno de los sectores manufactureros más grandes de toda la región latinoamericana, junto con México. Las cuarentenas y la paralización de las distintas economías a lo largo y ancho del mundo afectarán a las cadenas globales de valor, de las cuales se nutren los números de Brasil.

En segundo lugar, tenemos el perfil extractivista de su economía, que se sustenta en la exportación de habas de soja (13.8 %), aceites de petróleo (10,5 %), minerales de hierro (8.4 %), pulpa de madera (3,3 %), y coque de petróleo y otros residuos sólidos (2,8 %). La recuperación de China, su principal socio comercial, será clave para Brasil; el gigante asiático recibe el 26,8 % de las exportaciones brasileñas, de acuerdo a Comtrade, pero también es líder en inversiones en los sectores de obras e infraestructuras.

 

Consideraciones finales

            Jair Bolsonaro se encuentra en el peor momento de su legislatura desde que tomó posesión del Ejecutivo en enero del año pasado. El coronavirus ha venido a agravar más su delicada situación en varios frentes. La gestión que ha realizado en el ámbito sanitario está provocando una caída en las encuestas aún más acuciante, la fractura de su gabinete de ministros y la imagen de ser un Gobierno errante e incendiario. Incluso la economía, su principal baza hasta ahora, está destinada a una contracción con resultados inciertos.

            Igual de inciertas son las investigaciones en torno a su figura tras las graves acusaciones de Moro ante el poder judicial. Por parte del Legislativo, la conjunción de pesquisas policiales avaladas por el Supremo, presiones por parte de distintos espectros políticos y pérdida de popularidad entre la población pueden llevar a Rodrigo Maia a iniciar el famoso impeachment, siempre y cuando las apuestas contra el presidente sean claras.

            Ante este panorama, Bolsonaro habrá de hilar fino si quiere estabilizar su posición de cara al futuro y soportar las embestidas de los otros dos poderes del Estado. Aun con todo, es posible que todo ello sea en vano y que los obstáculos en su contra hayan cogido tal inercia que su salida de Planalto sea cuestión de tiempo.

 

Biografía del autor

            Álvaro Díaz Navarro es analista político internacional, con especial interés en América Latina. Cuenta con dos másteres en Relaciones Internacionales, Seguridad y Desarrollo por EAE Business School y la Universidad Autónoma de Barcelona. Colabora habitualmente con publicaciones como Foreign Affairs Latinoamérica y The Politica Room. Puede seguirlo en Twitter vía @alvarodn94.

[1] Cifras recogidas en el momento de redacción del artículo.


*NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del autor o autores, sin que representen las ideas de Geopolítica XXI.

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