LA ESTRATEGIA DE AUSTRALIA FRENTE AL CORONAVIRUS

A principios del mes de junio, se han contabilizado 6,742,875 casos confirmados de SARS-CoV-2, de los cuales 395,030 han fallecido y afortunadamente, 2,749,980 se han recuperado de la actual pandemia (Johns Hopkins, 2020).

La crisis del COVID-19 es la mayor convulsión que ha sufrido la economía mundial desde la crisis financiera de 2008-2009, tan vez desde la Gran Depresión de principios de la década de 1930 (López-Claros Augusto, 2020). La pandemia del coronavirus ha golpeado a la línea de flotación del sistema económico y también el político (Saldaña Eduardo, 2020).

Las estrategias para contener el coronavirus no son las mismas en todos los países del mundo (García Mora Paula, 2020). Algunas de las medidas más efectivas para contener el SARS-CoV-2 en ciertos Estados, como, por ejemplo, el caso de Corea del Sur sido elogiado tanto dentro como fuera de su frontera. Un caso no tan conocido, pero exitoso frente al SARS-CoV-2 ha sido Australia.

En este artículo se examinarán dos claves del éxito de Canberra frente al COVID-19 son: la anticipación, la transparencia y la coordinación entre las autoridades australianas.

Pese que, miles de ciudadanos chinos que vuelan habitualmente a las principales ciudades australianas, debido por turismo o negocios; la comunidad china es una de las más numerosas de Australia y con vuelos diarios desde la ciudad china de Wuhan; Australia era un candidato a sufrir el azote devastador de la enfermedad (Alonso José, 2020). No obstante, Canberra ha conseguido que, la tasa de fatalidad por SARS-CoV-2 sea del 1,41% y haya contabilizado sólo 102 muertes (Johns Hopkings, 2020).

 

LAS CLAVES DE LA ESTRATEGIA AUSTRALIANA

Anticipación

El primer factor de la eficacia australiana contra el SARS-CoV-2 es la anticipación.

El pasado 9 de enero de 2020, se identificó la “plaga” surgida en la ciudad de Wuhan como un nuevo coronavirus, menos de dos semanas después, concretamente el día 22, el primer ministro australiano anunciaba las primeras medidas para evitar lo mejor posible la expansión del SARS-CoV-2 en su territorio (Alonso José, 2020).

A su vez, las autoridades australianas advirtieron inmediatamente a sus nacionales para que tomaran medidas de higiene y aislamiento y regresasen lo antes posible a su país. Crearon un centro de coordinación nacional para abordar la crisis, editaron folletos informativos de riesgos y países “peligrosos” y empezaron a controlar a los pasajeros, síntomas y temperatura que llegaron a partir de ese momento a sus aeropuertos (Alonso José, 2020).

El 20 de enero de 2020, las autoridades chinas confirmaron que el SARS-CoV-2 puede propagarse de persona a persona. El nuevo coronavirus con potencial pandémico se añade como una enfermedad humana incluida en la lista de la Ley de Bioseguridad de 2015, lo que permite el uso de medidas fronterizas mejoradas en Australia (Karp Paul, 2020).

Según el oficial médico jefe de Australia, Brendan Murphy, explica que se han establecido “medidas fronterizas adicionales proporcionales”, con personal de bioseguridad y seguridad fronteriza para atender a los pasajeros de tres vuelos directos a la semana de Wuhan a Sydney (Karp Paul, 2020).

 Los pasajeros reciben información y se les pide que se identifiquen si tienen síntomas como la fiebre, y los funcionarios de salud del Estado de Nueva Gales del Sur hacen un seguimiento de los pasajeros sospechosos de tener el virus (Karp Paul, 2020).

El primer caso reportado por SARS-CoV-2 en Australia, se produjo el pasado 25 de enero de 2020, cuando un hombre desde Wuhan voló desde la ciudad china de Guandong hacia la ciudad de Melbourne (health.gov.au, 2020).

Las alarmas saltaron a partir del 20 de febrero de 2020, la Organización Mundial de la Salud anunció que más de la mitad de los casos conocidos de COVID-19 en el mundo, fuera de China, se encontraban en un solo buque: el Diamond Princess. Este buque quedó en cuarentena en la ciudad de Yokohama, en Japón con más de 3700 personas a bordo. Cientos de ellas habían enfermado y estaban confinadas en sus camarotes (BMJ, 2020).

Desafortunadamente, una de las víctimas del Diamond Princess fue un ciudadano australiano que había sido evacuado después de haber permanecido en cuarentena (Alonso José, 2020).

Con el primer goteo de infectados, el Gobierno australiano organizó vuelos a sus ciudadanos atrapados en Wuhan y se los llevó a la isla de Navidad, a un controvertido centro para inmigrantes, para ponerlos en cuarentena durante 14 días. Esta medida fue muy criticada, pero el gobierno australiano alegó que resulta más sencillo habilitar un centro de estas características que desinfectar y preparar un gran hospital de ciudad. Una vez cumplida la cuarentena, traslado a Perth, en la costa oeste, una de las ciudades más alejadas del país (Alonso José, 2020).

A su vez, los ciudadanos australianos, los residentes permanentes y sus familiares inmediatos se les impuso inmediatamente una cuarentena de 14 días en su domicilio a partir del día en que salieron de esos país (Alonso José, 2020).

Antes de decretar la cuarentena nacional, el gobierno australiano canceló vuelos y limitó los viajes. Asimismo, los extranjeros (excluidos los residentes permanentes de Australia) que hayan estado en China continental, Corea, Irán e Italia no pueden entrar en Australia (Alonso José, 2020).

Las llamadas a la población para concienciarla, fomentar las medidas de prevención y de higiene, han sido constantes (Alonso José, 2020).

El 18 de marzo de 2020, Australia impuso estrictas restricciones de distanciamiento social, lo cual, junto con el cierre de sus fronteras (Williams Carly, 2020).

A su vez, el gobierno de Australia impuso a sus ciudadanos una prohibición “indefinida” de viajar al exterior “hemos elevado la prohibición de viaje para los australianos al nivel 4. Esta es la primera vez que sucede en la historia de Australia”, dijo el primer ministro de este país, Scott Morrison (Expansión.com, 2020).

Morrison indicó que las escuelas permanecerán abiertas y limitó el número de visitas en los hogares de ancianos, entre otras medidas para limitar la propagación del COVID-19. Asimismo, la aerolínea Virgin anunció la suspensión temporal de todos sus vuelos internacionales hasta el 14 junio e indicó en un comunicado más restricciones en las rutas domésticas (Expansión.com, 2020).

Unos días después, concretamente, el 22 de marzo de 2020, en Australia se impuso un bloqueo nacional con nuevas medidas drásticas para detener la propagación del nuevo coronavirus. De estas medidas, múltiples estados han cerrado sus fronteras y los negocios no esenciales a través de la nación cerraron (AlJazeera, 2020).

El 8 de mayo de 2020, el primer ministro Scott Morrison anunció un calendario para que Australia alivie las restricciones de distanciamiento social a medida que se reduzca el número de nuevas infecciones de coronavirus (Williams Carly, 2020).

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Hoja de ruta para una Australia COVIDsafe. Los Estados y territorios se desplazarán en diferentes momentos en función de las condiciones locales. (Huffington Post).

Asimismo, el primer ministro australiano, Scott Morrison anunció las primeras medidas con en fin de suavizar la cuarentena en el país. No obstante, los Estados australianos y los territorios decidirán cómo relajar la cuarentena con una transición entre las tres fases cada 4 semanas (AlJazeera, 2020).

Como dijo, el primer ministro australiano, Scott Morrison “el primer paso permitirá una mayor conexión con los amigos y la familia, permitiendo reuniones de hasta 10 personas, y cinco invitados en su propia casa” (Williams Carly, 2020).

A su vez, en la fase uno se permitirá “la reapertura de tiendas y pequeños cafés y restaurantes. Viajes recreativos interestatales, comenzando de nuevo. Se verá la flexibilización de las restricciones para los funerales con hasta 30 asistentes, al aire libre, y 10 en las bodas (Williams Carly, 2020).

Como dijo el Oficial Médico de Australia, Brendan Murphy “el primer paso es tentativo, pasos de bebé hacia la normalización”. “Si todo va bien, no tenemos grandes brotes, el paso dos podría ser más seguro” (Williams Carly, 2020).

A partir de la fase 2, se “permitirán reuniones de mayor tamaño, hasta 20 personas, incluso para lugares como cines y galerías, más apertura de tiendas, deportes comunitarios organizados y salones de belleza” (Williams Carly, 2020).

Por último, en la fase 3, se estudiará la posibilidad de permitir reuniones de hasta 100 personas, dependiendo de los datos. “Esto se hará más claro a medida que avancemos en los dos primeros casos. Así que habrá más trabajo que hacer en la etapa tres”, dijo Scott Morrison (Williams Carly, 2020).

 

Transparencia y coordinación

A esta anticipación por parte del gobierno australiano, el segundo factor que explica la eficaz gestión de Canberra frente al SARS-CoV-2 es la transparencia y la coordinación entre las propias autoridades australianas.

El 11 de enero de 2020, cuando todavía no había saltado la alarma mundial por el coronavirus, los investigadores de la Universidad de Queensland usaron una “tecnología de cepo molecular” inventada por la propia universidad que cambia la forma de la proteína espicular para que el sistema inmunológico pueda identificarla y neutralizar al coronavirus (Alonso José, 2020).

Unos días después, el 23 de enero de 2020, el Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio de Australia elevó el nivel de los consejos de viaje para Wuhan al nivel tres: “reconsiderar la necesidad de viajar”. Sólo un día después, el Departamento de Asuntos Exteriores y Comercio elevó al nivel cuatro  los consejos de viaje para Wuhan y la provincia de Hubei en China: “no viajar” (Karp Paul, 2020).

A su vez, como se mencionó en el apartado de anticipación, las autoridades australianas advirtieron inmediatamente a sus nacionales para que tomaran medidas de higiene y aislamiento (Alonso José, 2020).

A mediados de marzo, a la par de las restricciones anunciadas por el gobierno australiano, se emparejó con la realización de pruebas generalizadas por SARS-CoV-2. El 25 de marzo de 2020, Australia amplió sus criterios de prueba para incluir a todos los trabajadores de la salud. Una semana después, estos criterios se ampliaron a cualquier persona que mostrara incluso los síntomas más leves de COVID-19 (Gan Nectar, 2020).

Pese que, Australia confirmó su primer caso de SARS-CoV-2 el pasado 25 de enero de 2020 y son miles de ciudadanos chinos los que vuelan habitualmente a las principales ciudades australianas, ya sea por turismo o negocios, la comunidad china es una de las más numerosas; la anticipación y la transparencia y coordinación entre las autoridades australianas han sido dos factores clave empleados por Canberra para mitigar la amenaza del COVID-19 (Alonso José, 2020).

Australia es un miembro de la “alianza de países inteligentes”. Esta iniciativa surgió del canciller austríaco, Sebastian Kurz y su principal objetivo es intercambiar ideas sobre la lucha contra la pandemia de coronavirus (infobae, 2020).

A su vez, el gobierno neozelandés y el australiano han acordado la creación de una zona conjunta de viaje conjunta, con el objetivo de rebajar las restricciones de viaje entre ambos países y se pondrá en marcha cuando se hayan desarrollado los protocolos sanitarios, de transporte y seguridad necesarios (europapress, 2020).

Hay que mantener la prudencia, ya que, hace pocas semanas han vuelto a saltar todas las alertas, sobre todo, en Corea del Sur tras registrar 39 nuevos casos de coronavirus, 34 de ellos son locales. Aunque, los contagios diarios se mantienen estables, las autoridades surcoreanas siguen lidiando con infecciones grupales originadas después de flexibilizar medidas el pasado 6 de mayo (Excelsior, 2020).

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Algunos viajeros en un aeropuerto de Australia, no se especifica la ciudad. Recuperado de: https://www.bbc.com/news/world-australia-51894322

Autora: Laura Revenga es recién graduada en el máster de Liderazgo, Diplomacia e Inteligencia por FESEI. Asimismo, licenciada en el grado bilingüe en Relaciones Internacionales por la Universidad Antonio de Nebrija.


*NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del autor o autores, sin que representen las ideas de Geopolítica XXI.

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