ESTADO ACTUAL DE LA DEMOCRACIA EN EL MUNDO, ¿SE SOSTIENE O SE DERRUMBA?

Hace unas semanas salió The Democracy Index que publica el Departamento de Inteligencia del periódico The Economist. La democracia en sí es un concepto muy abstracto y sobre el que ha habido diversas posturas a lo largo de la Historia por lo que se debe tener en cuenta que esta medición no es en absoluto perfecta, sino una estimación fundada en datos objetivos. A pesar de ello, es de gran utilidad a la hora de realizar una aproximación sobre el estado de los Gobiernos en el mundo. Este índice salió por primera vez a la luz en el año 2006, y desde entonces se ha realizado periódicamente.

Está compuesto por cinco parámetros:

  • Pluralismo y proceso electoral: trata la cuestión de la libertad a la hora de votar junto con la diversidad de partidos políticos
  • Funcionamiento del Gobierno: considera no sólo la confianza de los ciudadanos en su respectivo Gobierno sino también si éste tiene la independencia suficiente para tomar decisiones libremente
  • Participación política: contabiliza la participación electoral
  • Cultura política: este apartado se ocupa de calibrar cuánta cultura democrática tiene cada país mediante preguntas relacionadas con gobiernos militares, otras formas de gobierno, orden público o la relación entre el Estado y la Iglesia
  • Libertad y derechos civiles: aquí se incluyen derechos fundamentales (libertad de expresión o de los medios de comunicación, por ejemplo) junto con aspectos como la seguridad jurídica o la separación de poderes

Cada uno de ellos obtiene su puntuación sobre 10 y da como resultado cuatro categorías: democracias plenas, democracias imperfectas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios.

En base a esto, se puede observar un paisaje político polarizado, por una parte América (exceptuando casos como el de Venezuela), Australasia y Europa en el lado azul y la mayor parte de África y Asia de tonalidades rojizas. Lo que puede observarse a grandes rasgos es que las regiones más democráticas son también los países más desarrollados y que tienen una sólida historia democrática detrás, aunque no por ella igual (no es comparable el caso de Iberoamérica con el de Estados Unidos o Canadá y, a su vez, ninguno de éstos se parece al proceso europeo). No obstante, como diría un matemático, el orden de los factores no altera el resultado.

Democracy Index 2020, global map by regime type (fuente: the Economist Intelligence Unit)

Si se compara la portada de este índice con la del año anterior ya da una pista significativa de las diferencias entre estos dos años. En la del 2019 (“A year of democratic setbacks and popular protest) la imagen de las protestas de Hong Kong recuerda al lector que 2019 fue el año de las protestas sociales (Irán, Francia, Zimbabue, Chile, Bolivia, India), mientras que la actual plantea el debate que ha puesto en jaque a la democracia: libertad vs seguridad (“In sickness and in health?”).

En una visión general, los datos muestran una situación preocupante para la democracia, siendo los datos más bajos desde que empezó a realizarse este análisis en 2006. Observando en detalle el estudio, todas las categorías en las que se divide descienden salvo la participación política. Esta curiosidad quizás pueda explicarse en base a que la participación no responde a la relación de confianza de las instituciones con la sociedad, sino que más bien, es un elemento costumbrista, es decir, el voto se ejerce porque “siempre se ha votado” lo que indica una clara falta de crítica política.

Volviendo a los números, si bien la media ha bajado, los resultados no son sorprendentes. Encabezando la lista están los países nórdicos, junto con Australia y Nueva Zelanda (países con un Estado social fuertemente establecido, y de corte histórico democrático) mientras que al final, aparece Corea del Norte (una dictadura), la República Democrática del Congo y la República Centroafricana. Ello nos muestra que más allá de la forma de Gobierno, se ha de tener en cuenta la actuación de éste.

Jacinda Ardern se ha convertido en todo un símbolo de la democracia en Oceanía como lideresa del gobierno de Nueva Zelanda. (Americanuestra)

Por otra parte, Iberoamérica intenta avanzar pero su economía lo dificulta – sólo hay tres países que sean democracias plenas, Costa Rica, Uruguay y Chile, tres países que han sufrido dictaduras militares en el s.XX por lo que eso no debería suponer el mayor problema a la hora de conseguir consolidar una democracia. Por otro lado, la etapa del colonialismo en África situ teniendo un reflejo en la inestabilidad política de muchos países con heridas aún sin cerrar y, en lo que respecta a Oriente Medio, se divide por completo en regímenes híbridos o directamente autoritarios a pesar del lavado de imagen internacional que se intentó publicitar durante el G-20. Se han hecho algunas reformas en la legislación de estos países pero en la práctica no han supuesto ninguna diferencia para su población.

En cuanto al Viejo Continente, a primera vista se divide en tres escenarios. Por un lado, los países del Sur, el Norte y del Oeste se consolidan como democracias (plenas e imperfectas). Son países de larga tradición democrática y, aunque alguno de ellos ha sufrido dictaduras (España, Grecia o Portugal), no parece ser una característica que influya en la actualidad – de hecho, España, con 40 años de dictadura hasta finales del s. XX es una democracia plena.

La regresión de valores democráticos en Hungría y Polonia, dos socios europeos donde se han tomado decisiones muy controvertidas. (Freedom House)

El segundo bloque sería el de los países de Europa Central y del Este donde la media empieza a descender. Si bien muchos de ellos siguen siendo democracias imperfectas, Polonia, Ucrania y Hungría rozan el límite para convertirse en un estado híbrido y, si se compara con sus inicios, bajan casi un punto entero. Ya se ha comenzado a reflejar esta situación en la UE, mediante el veto impuesto a Hungría y Polonia dadas sus violaciones a los derechos humanos y, que estos Estados habían firmado para protegerlos (vid art. 6 TUE en relación al Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales). No obstante, no son únicamente las políticas de Orban y Morawiecki lo que hacen peligrar la imagen de la Unión, sino los países pertenecientes a la antigua Yugoslavia, que conformarían el último grupo. Aquí, muchos de ellos son ya regímenes híbridos. Y, salvo algunas excepciones como Montenegro o Albania, su índice ha ido descendiendo con el paso de los años. En esta zona debe recordarse el conflicto y guerra de los Balcanes, que en su momento, fue una de las mayores crisis humanitarias y cuyas heridas siguen latentes en la sociedad actual. Los resultados exhibidos se compensan por lo que Europa sigue encabezando la lista del continente más democrático.

Covid y democracia

El impacto del Covid no sólo se ha reflejado en la economía mundial sino también en la sociedad y, consecuencia de ello, es el descenso del índice de democracia. En el año 2010, se recabaron los resultados más desastrosos de este índice desde el 2006, siendo este declive fruto de la crisis económica del 2008.

En el caso presente, ha sucedido todo lo contrario. Primero se ha producido la crisis social como efecto de la pandemia y, tras ella, la crisis económica, proceso que además es significativamente más rápido. La crisis económica del 2008 provocó la crisis social del 2012 que, unida a la crisis migratoria del 2015 fue caldo de cultivo para el auge de partidos populistas como AfD (Alternative für Deutschland) o FN (Front National). En la actualidad, la crisis social provocada por la pandemia ha desencadenado la crisis económica en menos de un año y no ha habido una nueva crisis migratoria porque aún siguen los restos de la del 2015 (vid. Caso Canarias).

Todo esto ha supuesto que aunque no se haya dado el ascenso de nuevos partidos populistas como sucedió hace unos años, la consecuencia es que el clima político se haya polarizado y que los parámetros de la política se hayan alejado de manera que, si un partido político toma una decisión, su opositor automáticamente va a ir en contra de ella de forma que el consenso quede más lejos que nunca.

El auge de la extrema derecha en Alemania es uno de los movimientos políticos más llamativos en la Europa actual (KRA Diario)

El resultado se aprecia en el apartado de funcionamiento del Gobierno. Estos últimos años se ha ido viendo cómo en el horizonte geopolítico los poderes fácticos han ido haciéndose cada vez más fuertes y cobrando más presencia en la sociedad, mientras que la confianza en los políticos ha ido disminuyendo. Además tiene lugar una inclinación progresiva respecto de una población que siente que sus instituciones ya no les representan, lo que supone que se ha pasado de cuestionar a las personas que ocupan esos organismos a replantearse el modelo de Gobierno existente. Si a eso se le suma la limitación de libertades y derechos que han tenido lugar en esta pandemia sin ninguna crítica razonada con la salvedad de algunas ONGs de Derecho Humanos (aspecto que será tratado con más detalle en futuras publicaciones), The Economist ofrece una visión preocupante sobre el futuro de la democracia.

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