ESTADOS UNIDOS E IRÁN FRENTE AL ACUERDO NUCLEAR


En un clima de diplomacia y, con la mira puesta en evitar la guerra nuclear, el 14 de julio de 2015 se llevó a cabo lo que ha pasado a la historia como una de las grandes victorias de la Administración Obama: se estableció el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés). Comúnmente conocido como el Acuerdo Nuclear, el JCPOA reunió las firmas de todos los miembros del P5+1: Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Reino Unido y Alemania, así como de Irán.

Miembros del formato P5+1: Estados Unidos, China, Rusia, Francia, Reino Unido, Alemania e Irán.

La entrada del gobierno iraní de Hassan Rouhani en el Acuerdo se explica debido a que, hasta entonces, el país contaba con la imposición de sanciones de carácter internacional que le impedían el comercio con Occidente. Entre estas sanciones se encontraba la prohibición de compra/venta de dólares, así como de realizar transacciones internacionales con el rial (moneda iraní). No obstante, el problema más acuciante lo presentaba el hecho de que otras sanciones estaban relacionadas con el petróleo y el bloqueo del comercio a ciertas empresas de exportación de petroquímicos, así como la fijación de cuotas a la misma. En consecuencia, el valor del rial cayó en picado en favor del dólar.

El Acuerdo, por tanto, perseguía un objetivo dual. Por un lado, limitar la proliferación de instalaciones destinadas a la industrialización y manufactura de componentes nucleares en territorio iraní. En esta misma línea, se puso fin a la producción del enriquecimiento de plutonio, material apto para la fabricación de armas nucleares. Por otro lado, un punto clave del JCPOA fue la aceptación de Irán de visitas e investigaciones científicas con el fin de comprobar el cumplimiento del Plan. A cambio, al gobierno iraní se le permitió el acceso a 100.000 millones de dólares en activos que se encontraban congelados a raíz de las sanciones. 

Mapa de las instalaciones necesarias en el proceso de producción de energía nuclear ubicadas en Irán. (Wikipedia)

La alegría internacional duró poco, pues en 2018, la Administración Trump retiró a Estados Unidos del Acuerdo. Aunque la principal razón para la mayoría de las medidas adoptadas por el polémico expresidente estadounidense respondían a su ansia de ruptura con la anterior etapa demócrata, la salida del Acuerdo tuvo una causa subyacente: la ferviente afinidad republicana al régimen israelí. Así, Estados Unidos reimpuso las sanciones a Irán y desencadenó una de las tensiones internacionales más complejas de la década. 

De la misma manera en que Trump hizo campaña para retirarse del Acuerdo, Joe Biden, el recién electo presidente en Washington ha alcanzado el cargo a base de prometer lo opuesto. Ante la difícil situación que ha encontrado a su llegada a la Casa Blanca, la Unión Europea se ha ofrecido como mediadora para convocar reuniones diplomáticas que desatasquen las frías relaciones irano-estadounidenses actuales. Sin embargo, pese a la inicial aceptación de Irán, se produjo posteriormente su retirada por dos razones principales. 

Donald Trump muestra orgulloso su firma estampada sobre el decreto presidencial que ordenaba la retirada del país norteamericano del acuerdo con Irán. (El País)

En primer lugar, Washington no apuesta, ni de cerca, por una reentrada incondicional. Por el contrario, su propuesta refleja la necesidad de renegociación del Acuerdo inicial. Para la nueva Administración resulta imposible ignorar la postura de opositores nacionales, con voces como la de Mike Pompeo, secretario de Estado durante la era Trump, quienes argumentan la ineficacia del Acuerdo. Para este sector, el Acuerdo no supone un mecanismo de freno a la carrera nuclear, sino un camino pavimentado hacia la financiación y los recursos necesarios para el acceso a programas nucleares en Irán. Asimismo, senadores afines a su postura como Bob Méndez también han expresado la necesidad de que no exista una limitación temporal, como la que actualmente refleja la redacción del Acuerdo, al control de las instalaciones nucleares iraníes. 

Por tanto, la postura de entrada estadounidense se encamina hacia la propuesta de la puesta en marcha de mayores restricciones a la producción industrial en materia nuclear iraní, así como a la coartación de las capacidades de apoyo de Rouhani a otros Estados de la región. Pese al rechazo inicial a las negociaciones, Biden se mantiene optimista respecto al alcance de un Acuerdo en algún momento del futuro. 

En segundo lugar, en contraste con la reestructuración del JCPOA, la postura iraní se centra en la reentrada de Estados Unidos al Acuerdo sin cambiar ninguna coma. En el caso del gobierno de Teherán, sus condiciones iniciales son de carácter externo al Acuerdo, siendo la más importante de ellas el levantamiento de las sanciones como gesto de buena fe por parte del gobierno estadounidense. Sin este levantamiento, Irán se niega a entablar conversación. A este respecto, Washington propone el paulatino y escalonado levantamiento, dependiendo del resultado final de las negociaciones. En contrapartida, Irán está aumentando su actividad de producción nuclear y militar, jugando muy de cerca con los límites del Acuerdo inicial, como maniobra de presión sobre la decisión estadounidense.

Después de tres años bajo las sanciones que le fueron una vez levantadas, desde el punto de vista iraní, no es de extrañar que Rouhani haya demandado la eliminación de los bloqueos a su comercio exterior y capitales para asegurarse de que, esta vez, Washington mantendrá su palabra y no saldrá del Acuerdo. 

Infografía cronológica de 30 años de sanciones sobre el régimen de los Ayatollahs de Irán. (AFP)

Para entender la presteza de la Administración Biden a la puesta en marcha de conversaciones con Irán, es preciso tener en cuenta la inminencia de las elecciones generales en el gobierno de Teherán el próximo 14 de julio. Se plantea así la cuestión de la temporalidad respecto a la ventana de acción o inacción, de seguir así, por parte de Estados Unidos y el levantamiento de las sanciones a las exportaciones de crudo. Queda abierto el interrogante, en un contexto de urgencia frente a la cercanía de las elecciones, acerca de la vuelta al Acuerdo Nuclear. 

Por otro lado, la geopolítica internacional no ha quedado impasible frente a las tensiones irano-estadounidenses. Por el contrario, de todo conflicto salen vencedores y, en este caso, ha sido China. El gobierno de Xi Jinping, en eterna discordia con Estados Unidos por cuestiones tanto económicas como culturales, apoyó a Teherán durante la campaña de aislamiento y sanciones de Trump, con medidas como la continuación y la sutil superación de las cuotas de exportación de crudo. Ante esta situación, Biden se encontraba entre la espada y la pared, debiendo decidir entre el levantamiento de las sanciones, dando la razón a la tan ansiada muestra de buena voluntad a Irán; o el mantenimiento de su postura de paulatino levantamiento como muestra de que Washington no cede ante las presiones internacionales y en defensa de la hegemonía política. 

La inacción no ha llevado a un resultado favorable para Estados Unidos. El pasado 27 de marzo el ministro de Exteriores chino Wang Yi firmó con Hassan Rouhani un acuerdo de cooperación económica de 25 años de duración por el cual se incluye a Irán en el proyecto del Cinturón de China. Este estratégico movimiento responde, por un lado, a la expansión de la influencia china desde Asia hacia el continente europeo; y, paralelamente, al alineamiento de Irán con el gran adversario político de Estados Unidos.

Pekín ha planteado la posibilidad de unir con un tren de alta velocidad Teherán con China. El tren serviría para vertebrar el dominio chino en las repúblicas centroasiáticas con paradas en las capitales de la región hasta llegar a la capital persa. (DW)

Frente a este escenario, se prevé un clima de extrema dificultad para la vuelta al Acuerdo Nuclear. Pese a que la Administración Biden se caracteriza por el aperturismo político en materia diplomática, es altamente complejo, incluso para un discurso político como el planteado por el recién llegado presidente, soportar el peso de la opinión pública si se decide el cese de las sanciones. Para la voz de la oposición más radical de la derecha, este movimiento supondría la pérdida de la primacía en el ejercicio de poder internacional al haber sucumbido a la presión de China. Cabe preguntarse, por tanto, qué pesará más para Estados Unidos: la unilateralidad en el ejercicio del poder o la diplomacia con la región MENA.

Referencias

Gordon, M y Norman, L (28 Febrero 2021). Iran rejects offer of direct U.S. nuclear talks, ratcheting up tensions with West. The Wall Street Journal. [online] Iran Rejects Offer of Direct U.S. Nuclear Talks, Ratcheting Up Tension With West – WSJ

Reuters. (27 Marzo 2021). Iran and China sign 25-year cooperation agreement. Reuters. [online] Iran and China sign 25-year cooperation agreement | Reuters

Taylor, G. (22 Marzo 2021). Iran presidential election complicates Biden bid to rejoin nuclear deal. The Washington Times. [online] Iran presidential election complicates Biden bid to rejoin nuclear deal – Washington Times 

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