YIHADISMO, CONTRABANDO Y SECUESTROS. LA AMENAZA EN NIGERIA NO CESA

En los últimos meses los secuestros en las escuelas nigerianas se han convertido en una terrible constante en el país. Lejos de ser algo puntual, son un problema cada vez más persistente y por ahora no parece que vayan a tener fin. 


Probablemente si no estuviéramos en mitad de una pandemia, la cual nos ha abocado a una carrera por inmunizar a la población mundial; aunque sea “de puntillas”, estaríamos hablando lamentablemente otra vez de Nigeria. Porque al igual que en aquel abril de 2014, cuando fueron secuestradas en Chibok 276 niñas y el mundo entero se estremeció, llegando a poner en marcha una serie de potentes “campañas mediáticas” para hacer visible estos crímenes, los cuales no dejan de ser algo tristemente habitual en Nigeria, aunque su repercusión pase desapercibida en Occidente. En el último año casi un millar de niños y niñas, han sido secuestrados en escuelas nigerianas, intensificándose así en los últimos tres meses estas actividades delictivas.

Mapa de los eventos de secuestros en 2019 y 2020 en Nigeria. Como se ve es algo tristemente habitual y repartido por todo el territorio. (The Economist)

Lo cierto es, que en el último año los secuestros de jóvenes y profesores en las escuelas nigerianas no cesan. Parece, por tanto, que  la posible solución se antoja lejana, ya que, a la ineficacia de las fuerzas de seguridad nigerianas, se le une la imposibilidad de garantizar la seguridad en las escuelas situadas en lugares rurales y remotos,  donde los captores encuentran un contexto idóneo para sus acciones sorpresa al hallar una respuesta poco ágil por parte de las fuerzas del orden, frente a una delincuencia bien organizada, motivada y estructurada con amplios conocimientos de sus zonas de acción e incluso infiltradas en las fuerzas de seguridad.

Regiones administrativas nigerianas que aplican la ley islámica o sharía. (The Economist)


Aún se calcula que continúan secuestradas unas 112 adolescentes, aunque cada cierto tiempo algunas de ellas consiguen escapar de sus captores. A diferencia de lo ocurrido en 2014, estos secuestros no serían por tanto operaciones directas de Boko Haram u otras facciones yihadistas, ya que la zona donde más se están incrementando estas acciones es principalmente  el noroeste del país, lejos de sus áreas de influencia. Sus ejecutores serían más bien una delincuencia organizada local que ha hecho de estas operaciones sus acciones más lucrativas y rentables. Debido a que no solo obtienen rescates por sus actos, con los que consiguen armarse y fortalecerse, sino que, mediante varias conexiones clandestinas, las victimas pueden ser vendidas y transferidas no solamente a otras organizaciones criminales sino a los yihadistas de Boko Haram o de ISWAP, escisión de Boko Haram y que reclama sus acciones en nombre de Daesh.

Con estas posibles conexiones y acciones por “delegación” de delincuentes comunes, los yihadistas logran varios objetivos: por un lado, repercusión mediática, con lo que no solamente buscan adhesiones y protagonismo por el liderazgo local del yihadismo, sino que también buscan mostrar eficacia en sus acciones de cara al exterior y posible financiación. Por otra parte, logran expandir el terror, demostrar la ineficacia del estado nigeriano a la hora de lidiar con este problema y alzarse de esta manera como alternativa de “nosotros o el caos”.

Mapa que muestra los incidentes violentos en comunidades agrícolas de Nigeria. (Africa Center)

A su vez, los ejecutores de estos secuestros conseguirían con el traspaso de secuestrados a los grupos yihadistas, beneficios económicos y desviar la presión de las acciones militares y policiales de liberación sobre los grupos yihadistas, que buscan repercusión en sus operaciones. Podemos aseverar por tanto que la propaganda es fundamental en la estrategia de los grupos yihadistas.

De la misma manera,  muchas de las victimas pasan finalmente a engrosar las filas de los grupos armados, ya sean de delincuencia organizada como de yihadistas. Otros muchos son vendidos a otras organizaciones criminales para, entre otras actividades, explotarlos en minas clandestinas y en el caso concreto de las niñas, para ser condenadas a la esclavitud sexual.

Estas conexiones entre crimen organizado y grupos yihadistas no son nuevas en la zona. Ambas actividades criminales mantienen vínculos relativos al robo de ganado o tráficos ilícitos, especialmente de drogas. Pero los secuestros masivos en escuelas preocupan especialmente, ya que son acciones de fácil ejecución, de gran rentabilidad económica y con un fuerte impacto emocional entre la población, que presiona a la clase política que en ocasiones llega a claudicar ante las exigencias de los criminales por salvar vidas.

Mapa de los incidentes violentos relacionados con grupos yihadistas en Nigeria. La gran mayoría se concentra en el extremo noreste del país en el entorno del lago Chad. (Africa Center)

La vulnerabilidad de la población civil provoca que en no pocas ocasiones se faciliten acciones criminales, accediendo a las demandas y amenazas de los grupos criminales. Adicionalmente, existen ciertas sospechas sobre las élites locales de participación y conexión con grupos locales de criminales. Al igual que sucede con los grupos yihadistas, con los que ciertas elites locales mantienen vínculos. Llegando a tolerarse cierta permisibilidad hacia estos grupos, ya que con ellos se resta influencia y poder al Estado central, en beneficio propio de estas elites locales.

Esta situación de inestabilidad provoca inseguridad ante una población subdesarrollada, golpeada por la pobreza, que termina desplazándose a otras regiones y países, generando así dramáticos flujos migratorios internos y externos. Hay que añadir que Nigeria, cuenta con una población cercana a los 200 millones de habitantes, siendo el porcentaje menores de 14 años el 43,69% de la población total. La tasa de natalidad se sitúa en el 37,91%, siendo de las más altas del mundo, teniendo una media superior a más de 5 hijos por mujer. Por lo cual el impedimento del acceso a la educación de una gran parte de la población, así como el miedo de los jóvenes y padres de acudir a las escuelas, será un lastre para el desarrollo del país, provocando un retroceso en términos económicos y el aumento de los flujos migratorios.

Tampoco hay que olvidar que los yihadistas tienen como objetivo prioritario, eliminar todo tipo de enseñanza que se aleje de sus postulados e interpretaciones radicales del Islam. Por lo que la imposibilidad de acceder a una educación secular y básica es un éxito para estos grupos. Un fiel reflejo de este objetivo yihadista es el nombre mismo de la organización yihadista Boko Haram, que vendría a significar “la educación es pecado o está prohibida”. Por lo que las acciones sobre las escuelas también responderían a este objetivo de restar presencia e influencia del Estado nigeriano, al que consideran ilegítimo y corrupto.

Liberación de jóvenes secuestradas en Nigeria en marzo de 2021. (Reuters)

El terrorismo yihadista esta viviendo un auge sin precedente en toda África, logrando realizar acciones en países que hasta hace poco estaban fuera de sus áreas de influencia. Esta expansión añadida a los nexos entre crimen organizado y yihadismo preocupan no solo en Nigeria, sino en la Comunidad Internacional, especialmente por la cercanía al Golfo de Guinea, un lugar con intenso tráfico marítimo, donde el flujo de drogas y la piratearía son incipientes. Todo ello hace que la situación y las “alianzas” entre grupos criminales y yihadismo se vaya estrechando, suponiendo un desafío aún mayor en un continente tan complicado como el africano.

La tendencia adoptada de secuestros masivos resulta cada vez más alarmante, ya que en determinadas áreas las clases están suspendidas ante el temor de nuevos secuestros. Además, la incapacidad de unas fuerzas de seguridad con varios focos de insurgencia, carente de medios, formación y motivación, así como una corrupción en muchos casos extendidas en todas las esferas, hacen que sus acciones sean insuficientes e ineficaces. Quizás la corrupción sea su especial vulnerabilidad, ya que tampoco cuentan con el respaldo de una población cansada y hastiada, que desconfía y tema a sus protectores tanto como a sus atacantes, situándose en una difícil situación de vulnerabilidad. Todo ello dificulta aún más una posible solución y una respuesta unitaria y eficaz, donde los objetivos de seguridad y bienestar de la población civil deben ser conjuntos y estar alineados. Así mismo, como se ha dicho, los ataques se centran en zonas rurales y alejadas, donde la colaboración civil es clave. Al igual que la cercanía de las fronteras y su porosidad dificultan su control, y hacen que las respuestas a los problemas de seguridad que sufre Nigeria, deban ser adoptadas desde una posición coordinada e integral entre los diferentes países limítrofes y fronterizos.

A pesar de las últimas instrucciones del Presidente nigeriano Muhammadu Buhari de “disparar sobre todo aquel que lleve un AK-47″, las palabras parecen más un titular propagandístico más que una medida eficaz. Nigeria, al igual que ya ha ocurrido en muchos casos, tendrá que ceder a las exigencias de los secuestradores y pagar rescates, ya que intentar lograr el apoyo popular es fundamental y determinada desatención de demandas puede provocar malestar generalizado, en un país con múltiples problemas estructurales, muy dividido en términos políticos, sociales y religiosos.

Focos de inestabilidad y grupos yihadistas en la región del Sahel. (EOM)

Pero no debemos olvidar que plegarse a las demandas de los delincuentes los animará a realizar nuevas acciones. Además, con los pagos de los rescates u otras demandas como el canje por prisioneros o amnistías, los grupos criminales se pueden fortalecer, engrosar sus filas y terminar convirtiéndose en insurgencias criminales. Organizaciones por tanto sin objetivos de alcanzar el poder, pero si de lograr demandas económicas, asentarse en los tráficos ilícitos y estrechar, más aún, relaciones y colaboraciones con grupos yihadistas, por lo que el clima de inestabilidad se terminaría consolidando aún más.

Trágica situación la que se vive en Nigeria, acostumbrada a dar escandalosos titulares, que ya por desgracia ni son noticia.

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