RUANDA ¿UN EJEMPLO PARA LA NUEVA ÁFRICA?

Hoy en día África está viviendo un momento clave e incluso fundacional. Hay una nueva África que tiene otro perfil: es más democrática, más tolerante y más abierta al mundo. Un claro ejemplo es el caso de Ruanda.


Pese a ser un Estado étnicamente homogéneo, en 1994, Ruanda acaparó los focos internacionales al desatarse uno de los mayores genocidios del siglo XX. En 1994, se perpetró una de las mayores masacres perpetradas en la historia de la humanidad. Durante 100 días, se mató a sangre fría y una de las maneras más impensables para eliminar a la etnia tutsi. En menos de 30 años, Kigali ha pasado de ser una de las peores tragedias del siglo XX, a convertirse en un referente dentro del continente africano en términos económicos y sociales.

Es importante analizar los motivos por los que Ruanda, tras sufrir uno de los mayores genocidios del siglo XX ha presenciado uno de los mayores progresos económicos del continente y cómo se ha convertido en todo un ejemplo a nivel regional.

La historia moderna de Ruanda se remonta al s.XIX, cuando el explorador británico Hanning Speke es el primer europeo que visita la zona, mientras que el rey tutsi Kigeri Rwabugiri estableció un estado unificado con una estructura militar centralizada. Sin embargo, durante siglos tanto los hutus como los tutsis convivieron en paz. Los tutsis ostentaban el poder político, pero nunca opresiva ni injustamente con los hutus. Esto cambiaría tras una breve administración alemana (1890-1919), el territorio de Ruanda-Urundi fue cedido a Bélgica en el Tratado de Versalles (1919) tras la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial.

El reparto de África entre las potencias europeas en 1914. (EOM)

No obstante, a partir de 1923, Bélgica recibe el mandato de la Sociedad de Naciones para gobernar Ruanda-Urundi, que gobierna indirectamente a través de los reyes tutsis y cambiaría el rumbo de este Estado. 

Bajo unas premisas dogmáticas irracionales, las autoridades determinaron que los tutsis eran una raza superior a los hutus, y comenzaron a funcionar diversas políticas etnicistas y discriminatorias, como la implantación de un carné étnico en 1934. Al mismo tiempo, se sembraban intrigas y discordias entre la población. En 1959 los hutus comenzaron a organizarse para defenderse de las agresiones, y empezaron a reivindicar sus derechos. Tanto tutsis como hutus no fueron ajenos, y comenzaron a fundarse partidos políticos sobre bases étnicas. Cuando Bélgica se percató de que la monarquía tutsi planteaba la independencia, comenzó a apoyar a los hutus.

Finalmente, en 1962, Ruanda obtendría su independencia y se convertiría en una república y hasta 1972, bajo su primer presidente, Grégoire Kayibanda, Ruanda vivió un período de estabilidad. No obstante, algunos tutsis huyeron hacia países vecinos en calidad de exiliados. En 1972, en Burundi, 350 hutus fueron asesinados por los tutsis y tras este evento, se avivará un sentimiento anti tutsi en el interior de Ruanda. Esto desembocó en que, los hutus inconformes orquestaron en 1973 un golpe de Estado exitoso, encabezados por Juvenal Habyarimana para que se tomaran más medidas contra los tutsis.

El nuevo presidente, Juvenal Habyarimana lograría calmar y apaciguar las tensiones y lograr que Ruanda volviera a un período de bonanza económica respaldada sobre todo por Francia. Este periodo duraría poco cuando en los años 80, los precios del café y una grave sequía provocaron una dura crisis económica y política. No obstante, durante los siguientes años se cimentaron las semillas y el odio que derivarían en un terrible genocidio.

Los asilados tutsis en Uganda participaron activamente para que Yoweri Museveni tomara la presidencia de ese país mediante golpe, agrupados en un partido entonces clandestino: el Frente Patriótico Ruandés (FPR), y de este modo sumaron un aliado para preparar un ataque contra el gobierno hutu en Ruanda. En 1990, estallaría la guerra civil ruandesa y tras tres años de enfrentamientos bélicos se llegó a un acuerdo de paz mediante los Acuerdos de Arusha. Se acordó un gobierno de coalición y de transición en vísperas de la celebración de elecciones, todo bajo la vigilancia de los cascos azules de la ONU, a través de la misión UNAMIR.

No obstante, la semilla del odio entre los hutus y los tutsis ya estaba sembrada y, el 6 de junio de 1994 tras el derribo del avión en el que viajaba Juvenal Habyarimana, junto con su homólogo de Burundi, Cyprien Ntaryamira daría inicio a 100 oscuros días y uno de los episodios más sangrientos en el mundo. Durante estos 100 días, el gobierno de Ruanda dio la instrucción de exterminar a los tutsis y muchos de ellos fueron asesinados usando machetes. En este momento, la figura de Paul Kagame fue clave en el fin del genocidio ruandés. Su familia huyó hacia Uganda y es en Uganda donde jugó un papel clave en la guerra civil ugandesa (1981-1986). En julio de 1994, el FPR de Paul Kagame tomó la capital, obligando al gobierno hutu a huir hacia la República Democrática del Congo y dando fin al genocidio, donde 500000 hasta 1000000 personas perderían la vida, uno de cada cinco ruandeses perecerían.

Imágenes del museo de la memoria de Ruanda. (AFP)

Tras ello, Ruanda era uno de los diez países más pobres del mundo y este Estado no disponía de recursos materiales para exportar. Asimismo, el gobierno de Pasteur Bizimungu no era un ejemplo de transparencia y respeto por los derechos humanos y estos nuevos ministros intentaban aprovecharse del poco dinero disponible para enriquecerse. No obstante, todo esto cambiaría en el año 2000. En este año, Paul Kagame que había logrado el apoyo popular y la dimisión por completo del ejecutivo de Pasteur Bizimungu sin convocar elecciones llevaría a Paul Kagame a convertirse en el presidente de Ruanda.

Kagame tenía dos objetivos claros: cerrar las heridas ocasionadas por el genocidio y sacar a Ruanda de la pobreza. Para ello, Kagame se apoyó en un grupo de personas de confianza y viajaron a China, Singapur y Tailandia y tras estos viajes, Kagame volvió a Kigali con una libreta de ideas para Ruanda. El Gobierno de Kigali sacrificaría el modelo de democracia occidental a través un autoritario régimen centrado en la figura presidencial. Sin embargo, las ideas de Kagame serían las bases de la actual constitución ruandesa y del programa Rwanda Vision 2020. Este programa tiene el fin de transformar Ruanda de una economía agrícola en otra centrada de lleno en la sociedad del conocimiento y convertirse en la Singapur de África.

PIB per cápita de Ruanda (2010-2019). (Trading Economics)

Ruanda ha logrado que la seguridad, las políticas de reconciliación, por ejemplo, la propia constitución ruandesa prohíbe utilizar los términos de hutus y tutsis para referirse a una persona y la tolerancia cero a la corrupción hayan generado un clima propicio a la inversión extranjera y el crecimiento económico, haciendo que Kigali haya presenciado un crecimiento económico a una media del 7,1% anual en el último lustro.

Al mismo tiempo, el gobierno ruandés ha sabido invertir y al contrario que en sus países vecinos, Ruanda destaca por contar con una administración muy eficaz, por las facilidades que ofrece para crear empresas y hacer negocios. Según el ránking Doing Business de 2020, Ruanda es el país de África más favorable para los negocios. Estas políticas han logrado que Ruanda disponga de una cobertura sanitaria de alrededor del 90%, está considerado como uno de los países del mundo con mayor equidad de género y es el tercer país menos corrupto de África.

En solo cinco años (2006-2011) al menos un millón de ruandeses salieron de la pobreza, de acuerdo con la encuesta nacional sobre las condiciones de vida en los hogares. Según el Informe Global sobre la Brecha de Género 2020, del Foro Económico Mundial, Ruanda ocupa el noveno lugar en el mundo y el primero en África en cuanto a los progresos realizados en esta materia.  Al mismo tiempo, las mujeres representan el 62% en la actual legislatura en Ruanda, mucho más que en cualquier otro país. 

En política exterior, Ruanda desempeña un papel cada vez más importante en los asuntos internacionales, incluyendo importantes contribuciones a las misiones internacionales de mantenimiento de la paz, por ejemplo, en 2011, Ruanda desplegó aproximada 3.500 efectivos de mantenimiento de la paz en Sudán y Sudán del Sur en apoyo de la UNMIS y la UNMISS.

Al mismo tiempo, en 2007, Kigali se unió a la Comunidad de África Oriental (CAO por sus siglas en español) formada por Uganda, Kenia, Tanzania, Burundi y Ruanda. Asimismo, en 2009, se firmó el protocolo para el establecimiento del mercado común de la CAO, que entró en vigor en 2011 y, dos años después, se firmó el protocolo para el establecimiento de la Unión Monetaria. Esta unión ha permitido que el comercio entre Ruanda y la CAO haya pasado de 340 millones de dólares estadounidenses en 2008 a 544 millones de dólares estadounidenses en 2016. Al mismo tiempo, el crecimiento de las exportaciones ha sido del 17% de media en los últimos nueve años

Ruanda ha conseguido en menos de 30 años, que tenga el mayor número de mujeres en la política a nivel mundial y también es un país conocido por el uso innovador de la tecnología para prestar servicios esenciales. A su vez, Kigali ha registrado un impresionante crecimiento económico frente a las adversidades de su falta de recursos, falta de salida al mar y las heridas ocasionadas tras el brutal genocidio de 1994. Para esa transformación la figura del actual presidente ruandés, Paul Kagame, fue clave. Su gobierno ha sido criticado por sus tácticas autoritarias y el uso de la violencia contra quienes se oponen a él. Sin embargo, Ruanda ha sabido dejar de un lado la ideología y se ha centrado en el pragmatismo y proporcionar facilidades para invertir en este país y de montar una empresa.

La actual crisis ocasionada por el SARS-CoV-2, la economía ruandesa está en recesión y podría comprometer años de avances en la reducción de la pobreza y su crecimiento económico. Sólo el tiempo dirá si Ruanda sigue en la senda del crecimiento económico y cumplir sus objetivos o este milagro económico tendrá fecha de caducidad.


*NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.

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