LA POLÉMICA EUROCOPA 2020

La Eurocopa 2020 ha pasado a la historia como una de las ediciones más polémicas, en esta ocasión no tanto por los elementos deportivos, sino a nivel político y social.  


Al igual que otros eventos deportivos de carácter internacional (como las Olimpiadas de Tokio 2020), la edición de 2020 de este torneo europeo de fútbol masculino entre selecciones nacionales fue aplazada a raíz de la pandemia. Parecía que este año el coronavirus sería el protagonista del torneo pero, sorprendentemente, ni las medidas de seguridad ante la COVID, ni siquiera el desempeño deportivo de los equipos, han sido los temas que más han dado que hablar durante el torneo.

En sus estatutos, la UEFA (Unión Europea de Asociaciones de Fútbol), organizadora del torneo, se declara neutral (en lo político y religioso) y ve el torneo como una oportunidad para promover en Europa la paz y el entendimiento a través del fútbol, sin discriminación alguna por motivos políticos, de género, religión, raza o cualquier otro motivo. Sin embargo, la polémica ha estado servida desde el primer momento hasta el último.

Las equipaciones más polémicas

Las equipaciones fueron las protagonistas de las primeras tensiones políticas. Por un lado, Grecia señaló que el diseño de la camiseta de Macedonia del Norte no cumplía con el acuerdo de Prespa, por el que ambos países pusieron fin a las disputas por el nombre oficial de la república ex yugoslava. El ministro de Exteriores griego, Nikos Dendias destacó que para respetar el acuerdo, la selección de Macedonia del Norte no puede jugar bajo el acrónimo de “MKD”, ya que este no se corresponde a su nombre oficial (República de Macedonia del Norte). 

La otra equipación que ha dado que hablar ha sido la de Ucrania. Tras ser considerada por Rusia como una “provocación política”, la UEFA solicitó a la selección ucraniana que elimine de su camiseta “Gloria a los Héroes”, al considerarlo un lema nacionalista; además, la camiseta presenta también un mapa de Ucrania que incluye la península de Crimea, anexionada de manera ilegal por Rusia en 2014., lo que aumentó las molestias en Moscú.  

Detalle de la camiseta de Ucrania, diseñada por la española Joma y que muestra a la Península de Crimea como parte del país (Mediotiempo)

Los desacuerdos bilaterales pronto pasaron a un segundo plano para dar paso a temas sociales que trascienden más allá de fronteras nacionales: el racismo y la homofobia.

Racismo

El racismo ha sido protagonista de principio a fin. Primero se cuestionó si los jugadores de los equipos deberían arrodillarse durante el himno nacional, un gesto contra la violencia racista que popularizó Colin Kaepernick, jugador profesional de fútbol americano y activista contra la segregación racial, y que se extendió más allá del continente americano a raíz del asesinato de George Floyd y el auge del movimiento “Black Lives Matter” el año pasado. La mayoría de los equipos decidieron mantener una postura “neutral y apolítica”; y los jugadores de Inglaterra y Bélgica, quienes sí decidieron arrodillarse en señal de protesta, fueron abucheados por parte de los aficionados.

Aunque muchos opinan que esta clase de declaraciones políticas deberían estar fuera de los estadios, es evidente que el racismo no lo está. En la fase de grupos, la UEFA inició una investigación por insultos racistas por parte de un grupo de aficionados húngaros, pero el caso con más repercusión llegó tras la derrota de Inglaterra en la final del torneo. Los tres jugadores que fallaron en la tanda de penaltis de la final fueron objetivo de los ataques racistas de los aficionados ingleses que inundaron tanto las redes sociales como las calles y bares de Inglaterra tras el partido. La gravedad del asunto ha obligado a muchos políticos a tomar partido en lo que se ha convertido en un debate nacional, incluído el primer ministro Boris Johnson, quien pese a declararse en contra del gesto de la rodilla en el suelo desde el inicio del torneo (además de tener actitudes y declaraciones con tintes racistas en el pasado) salió en defensa de los jugadores y condenó los abusos.

Para medir el impacto de la xenofobia en el fútbol, The Economist muestra a través de un gráfico cómo el rendimiento de los futbolistas varía en los partidos dependiendo de si hay público o no. En general, al contrario de lo que ocurre en los jugadores blancos, los jugadores no-blancos mostraron un mejor rendimiento cuando no había público. Los resultados dan que pensar sobre el impacto que pueden tener en los jugadores los insultos racistas provenientes de las gradas, una gesto para nada inusual (The Economist).

Homofobia

Otro de los temas que más ha dado que hablar durante el torneo surge ante la ley “anti LGTBI” que aprobó el parlamento húngaro el pasado mes de junio. 

La ley ha sido calificada como “una vergüenza” por Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, pero aunque la UE se muestre como abanderada del colectivo, este tema genera una gran división dentro de Europa. Entre los 13 países de la UE que firmaron un comunicado conjunto criticando los últimos pasos del Gobierno húngaro está Alemania, que cuenta con una estrategia de “inclusión LGTBI” en sus planes de política exterior, con la que pretende apoyar al colectivo LGTBQ y establecer un diálogo con otras instituciones internacionales para contribuir a la promoción de sus derechos. Con esta idea, Dieter Reiter, alcalde de Munich, pretendía iluminar el estadio del Allianz Arena con los colores del arcoiris durante el partido entre Alemania y Hungría. Y aunque la UEFA no consideró que el capitán alemán Manuel Neuer lleve un brazalete con los colores del arcoiris sea un problema, prohibió que el estadio se ilumine con los colores de la bandera LGTB el día del partido para evitar un conflicto con la delegación húngara “dado el contexto político de esta decisión”. Las respuestas a la negativa no tardaron en llegar tanto en Alemania como a nivel internacional. Otras ciudades alemanas ofrecieron iluminar sus estadios en señal de protesta y el diario Bild, de tendencia conservadora, combinó su portada la bandera alemana y la LGTBQ. Más allá de las fronteras alemanas, varios equipos, ex futbolistas y jugadores mostraron su rechazo a la decisión de la UEFA a través de las redes sociales junto a mensajes de apoyo a la comunidad LGTBQ.

Portada del diario alemán Bild fusionando la bandera alemana y la LGTBQ (Bild)

La polémica de este gesto simbólico surgió poco después de que la UEFA decidiera abrir una investigación tras los insultos homófobos dirigidos a Cristiano Ronaldo en el partido Hungría-Portugal. Y aunque no esté estrictamente relacionado, llama la atención que Portugal decidiera mantener una posición neutral, al margen de “posiciones individuales”, como presidente de turno en el Consejo de la Unión Europea, lo que llevó a críticas de la izquierda y los colectivos LGTBQ del país. 

Lejos de que la polémica acabara allí, con motivo del mes del orgullo la UEFA publicó un tweet en el que declaraba que se muestra “orgullosa de los colores del arcoíris” pero muchos han criticado este gesto de “pinkwashing” ya que, después de la polémica del Alemania-Hungría, la organización ha requisado banderas LGTBQ y ha prohibido utilizarlas en las rondas finales de la Euro en países como Rusia y Azerbaiyán

Declaración de la UEFA respecto a la polémica con la bandera LGTBQ (UEFA)

¿Deporte y política, pueden separarse?

Esta Eurocopa ha sido un claro ejemplo de que, aunque los organismos oficiales de los mayores eventos deportivos traten de mantener una política de neutralidad para asegurar que el protagonista sea el deporte, la realidad no se puede hacer desaparecer del campo de juego. Xavier Medina (doctor en antropología social y profesor de la Universidad Oberta de Catalunya y de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte de Blanquerna) señala que el deporte “forma parte de la sociedad y es un reflejo de la misma, por lo que está ampliamente implicado con el resto de aspectos sociales, entre los cuales se encuentra indisolublemente la política”. Aunque algunos insistan en lo contrario, el deporte en general y el fútbol en particular, como fenómenos de masas, no pueden entenderse como un hecho aislado de todo lo que lo rodea. 

*NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.

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