TRASNISTRIA, EL ÚLTIMO ESTADO FANTASMA DE EUROPA

Los estados postsoviéticos son aquellos países conocidos como las antiguas repúblicas que conformaban la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y que tras la disolución de la Unión Soviética en 1991 pasaron a ser países independientes. Esta antigua Unión de Repúblicas se dividió en 15 nuevos países independientes, algunos de los cuales habían sido en el pasado fundadores de la Unión Soviética en 1922, mediante el Tratado de Creación de la URSS. La teoría de esta disolución nos ha dejado una gran desigualdad. Encontramos países que actualmente están creciendo y forman parte de la Unión Europea (como Estonia, Letonia o Lituania) y otros países inmersos en una gran pobreza y dictaduras infranqueables (como Turkmenistán o Tayikistán). Fruto de la caída de la Unión Soviética también salen historias tan inverosímiles y curiosas como la de Transnistria, el único estado fantasma de Europa.

LOS INICIOS DEL CONFLICTO TRANSNISTRIO

Para entender la existencia de este estado fantasma de 500.000 habitantes hay que remontarse al motivo por el cual se desencadenan los problemas en los territorios que han pertenecido a la Unión Soviética, los conflictos étnicos. La actual Transnistria, que cuenta con una superficie similar a la de Cabo Verde, se encuentra ubicada principalmente a lo largo del río Dniéster (su frontera natural) y la frontera oriental de Moldavia con Ucrania, dando lugar a una forma un tanto peculiar. 

Mapa de localización de Transnistria, ubicada entre Moldavia y Ucrania siendo la frontera natural el río Dniéster, que desemboca en el mar Negro.

Todo empezó con la Segunda Guerra Mundial, en contexto de este conflicto, tanto alemanes como soviéticos acordaron crear en 1940 la República Socialista Soviética de Moldavia, que se separaba de la Gran Rumanía. Un año más tarde, fue conquistada por los nazis, dónde se cometió uno de los episodios más sangrientos de la guerra, el pogromo de Iasi, que acabó con la vida de 8.000 judíos a manos de militares alemanes y rumanos, aunque el saldo total de víctimas en esa zona se cifra en 150.000 judíos muertos.

Transnistria era parte de ese territorio administrado por la Gran Rumanía y que había sido conquistado a la Unión Soviética a manos de las Potencias del Eje en la famosa Operación Barbarroja. De hecho, el dictador rumano Ion Antonescu fue el primer aliado de la Alemania Nazi que recibió la noticia de los planes de Hitler de atacar la Unión Soviética, expresándole el deseo personal de participar en la invasión alemana de la URSS para recuperar los territorios perdidos y profesar la religión cristiana en territorios donde la influencia soviética los había convertido en ortodoxos.

Adolf Hitler estrecha la mano con Ion Antonescu, 1943. 

Fuente: United States Holocaust Memorial Museum.

En 1944, la Unión Soviética retomaría el control sobre la zona, que duraría hasta la década de los 90. La mayor parte de la actual población de Moldavia es de origen rumano (de hecho, era una provincia de Rumanía hasta 1940), pero al otro lado del río Dniéster, en Transnistria, la etnia y la habla es la rusa-ucraniana, habiendo sólo un 10% de origen rumano-moldavo. Por tanto, fue el único territorio soviético donde había una población tan elevada de rumanos, incluso superando más del 50%, lo que ocasionó una gran diferencia y contraste étnico.

Este conflicto étnico en la zona permaneció enterrado desde ese tiempo hasta finales de los años 90, ya que la Unión Soviética supo sofocar con éxito estos problemas sociales y diferencias étnicas, pero el aumento de los nacionalismos moldavo-rumanos y la debilidad cada vez más evidente de la URSS acabaron por detonar una bomba de relojería en el territorio. 

LA MOLDAVIA INDEPENDIENTE Y LA VECINA REBELDE 

Una de las primeras medidas de la República Socialista de Moldavia, en contexto de la Perestroika, y antes del colapso de la URSS y de su independencia de ésta en 1991, fue retornar al idioma y grafía rumanos, en lugar del cirílico y el ruso, oficiales hasta entonces. Este hecho aumentó el sentimiento nacionalista a los niveles más altos y a su vez proporcionó un gran miedo al otro lado del Dniéster, ya que los transnistrios utilizaban en la vida cotidiana la lengua y grafía rusas. Por eso, se sintieron ninguneados al formar parte de Moldavia y no haber pensado ni en su cultura ni en su etnia, ya que todas esas decisiones pasaban por Chisinau, la capital de Moldavia, que se encuentra en lado latino (de habla rumana).

En 1990, los transnistrios, hartos de los comportamientos discriminatorios hacia su etnia, religión y cultura, declararon la independencia bajo el nombre de la República Moldava de Transnistria (PMR), una independencia que no sería reconocida por ningún país legítimo perteneciente a la ONU. Por otra parte, durante el intento de golpe de estado en la Unión Soviética contra Mijaíl Gorbachov en agosto de 1991, el ejército ruso intentó imponer un estado de excepción en Moldavia, estos fueron desautorizados por los gobernantes moldavos, que declararon su apoyo al presidente ruso Borís Yeltsin. El 27 de agosto de 1991, tras el fracaso del golpe, Moldavia declaró su independencia de la Unión Soviética.

Boris Yeltsin lee un comunicado al pueblo ruso durante el golpe de Estado de 1991. Fuente: Reuters

Tras una independencia reconocida de Moldavia y una no reconocida, la de Transnistria, estallaría una guerra civil en 1992 entre moldavos y transnistrios. Estos últimos, que eran minoría crearon su propio ejército con gente local y soldados soviéticos del 14º Ejército Ruso, los cuales aceptaron defender Transnistria por su etnia y cultura rusa. El ejército moldavo logró entrar en Transnistria, pero no tuvieron en cuenta que en Tiráspol (capital de Transnistria) se encontraba el mayor almacén de armas de toda Europa. Las armas rusas utilizadas por el ejército transnistrio hicieron recular a los moldavos y volver más allá del río Dniéster. Finalmente, la guerra acabó 5 meses después llevándose por delante la vida de más de 30.000 personas y teniendo como resultado que Transnistria pasase a ser una república independiente de facto, pero a ser reconocida de forma universal como parte de Moldavia.

Mercenarios del ejército ruso defienden el territorio de Transnistria en una trinchera cercana a Tiráspol, 1992. Fuente: Moldova Org.

Tras 12 años con el conflicto enterrado y con Transnistria sin ser reconocida por ningún estado legítimo, en 2004 volvieron a haber trifulcas entre Moldavia y Transnistria. Transnistria cerró algunos colegios que usaban el idioma moldavo en grafías latinas y desestabilizó la economía moldava con cortes de energía, ya que las instalaciones que nutren a Moldavia se encuentran al otro lado del Dniéster.

Este hecho tiene fácil explicación. Moldavia es un país bastante pobre, por lo que ha utilizado desde su independencia las instalaciones construidas en época soviética, que curiosamente están en Transnistria. Las tensiones continuaron años después cuando Moldavia criticó el hecho que “en Transnistria vivían moldavos en contra de su voluntad”. La respuesta del gobierno de Transnistria fue realizar un referéndum que ratificara la independencia, que tuvo como resultado que la opción independentista consiguiera el 97% de los votos.

LA DIFÍCIL MISIÓN DE SOBREVIVIR

Aunque de facto el país proclamó su independencia hace más de 30 años (como República Socialista Soviética Moldava de Transnistria), ni un solo país del mundo ha reconocido a Transnistria como país legítimo ante la ONU, es por eso que la vida en Transnistria se antoja muy difícil. Aunque sí que está reconocida por estados no legítimos, las únicas entidades que reconocen a Transnistria como país independiente son Nagorno-Karabaj, Osetia del Sur y Abjasia. Estas dos últimas repúblicas tienen hasta su embajada en la capital del país y han establecido relaciones comerciales mediadas por Rusia.

La organización económica y social del país es un tanto complicada de entender. A pesar de continuar utilizando simbología soviética, como la hoz y el martillo en la bandera y en el escudo nacional, el gobierno afirma no ser comunista, de hecho, apuesta por la economía de mercado y la participación de empresas privadas. Además, el órgano más importante del país es el Soviet Supremo, lugar dónde se decide absolutamente todo.

Jóvenes transnistrios desfilan con la bandera del país en la cumbre con Rusia. Fuente: The Perspective.

Todavía siguen anclados en la nostalgia que sienten por la URSS. Es el único país dónde siguen vigentes los pasaportes de la URSS, dónde en las ciudades suena el himno de la Unión Soviética antes de comer y cenar, y dónde se puede ver estatuas de Lenin en todos los rincones del país. Transnistria tiene todo lo necesario para ser un país independiente (fronteras, leyes, órganos legislativos…), hasta moneda propia: El rublo transnistrio, que obviamente carece de cambio oficial y sólo se puede cambiar dentro de su territorio.

El relato transnistrio nos presenta un lugar bonito y habitable, pero la realidad es que un país muy corrupto, pobre y con un ambiente de falso comunismo muy notable. El sistema político revalida dictadores cada 4 años con más de 80% de los votos además de ser calificado por una infinidad de organizaciones como territorio “no libre”, y es que en Transnistria es habitual que se practique la tortura, arrestos ilegales a la oposición, limitación de libertad de expresión y de prensa, y prohibición del colectivo LGTBI. 

Soviet Supremo de Transnistria presidido de la tercera escultura más grande del mundo de Lenin. Fuente: Monumentalist.

Por si fuera poco, Transnistria es un centro internacional de tráfico de armas, y las pocas fábricas que hay en Tiráspol se dedican directa o indirectamente a la manufactura de armas. Están impregnados de una cultura muy relacionada con las armas, incluso las alaban en monumentos a lo largo del país. El país subsiste de la ayuda y el soporte económico que les brinda Rusia. En los últimos años se ha hecho fuerte en la producción de bebidas alcohólicas, pero sobre todo de coñac. El famoso Kvint elaborado en Transnistria es uno de los más selectos del mundo y un símbolo icónico en el país.

Definitivamente, Transnistria no es Moldavia, pero sus clubes de fútbol participan en la liga moldava, al igual que sus atletas precisan de ir con el combinado nacional que organiza Chisinau si pretenden participar en los Juegos Olímpicos o en alguna cita de relevancia a nivel internacional. Para añadir más tensión al conflicto moldavo-transnistrio, la casualidad ha querido que el mejor equipo del país sea el Sheriff Tiráspol, de la capital de Transnistria, que ha ganado todas las ediciones de la liga moldava desde el año 2000 exceptuando un año. Además, es un habitual de las competiciones europeas y ha jugado varios años la UEFA Europa League, la segunda competición continental más importante.

Puesto fronterizo entre Moldavia y Transnistria. Fuente: Cristian Stefanescu / DW.

EL FUTURO DE TRANSNISTRIA 

Su complicada ubicación tanto física como política no augura un buen porvenir para el país, las pocas ganas de acabar con los símbolos comunistas en el país y su fuerte sentimiento de pertenencia a un país el cual se encuentra separado por la extensa Ucrania hacen que su fuerte aislamiento económico y social tenga una muy difícil solución.

A efectos prácticos, el gran beneficiado de la existencia de Transnistria es Rusia. Moscú está encantado con la existencia de este estado fantasma, ya que le permite ampliar su zona de influencia directa hasta un territorio limítrofe con Europa Central.

Resultados electorales de las elecciones parlamentarias de Moldavia 2021. Fuente: The Political Room.

Por último, la región se verá afectada tras las elecciones parlamentarias en Moldavia de este año. Las elecciones se plantearon prácticamente como un referéndum entre las fuerzas proeuropeas y partidarias al acercamiento con la UE lideradas por el PAS y las prorrusas del bloque de izquierdas lideradas del BeCS. Con la victoria arrolladora del PAS tras la promesa de estrechar los vínculos con Europa, el bloque prorruso cercano al territorio de Transnistria queda muy tocado, y pone aún más tensión al conflicto enterrado, pero aún vigente en el país. 

La situación, pese a la propaganda gubernamental, es bastante mala. El cruce de intereses rusos, moldavos, ucranianos y europeos no tiene aspecto de solucionarse a corto plazo, por lo que, mientras tanto, Transnistria seguirá existiendo sin existir.


*NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.

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