LAS MUJERES BAJO EL RÉGIMEN TALIBÁN

Afganistán se encuentra en la peor situación desde el inicio de la guerra, veinte años atrás. Los talibán ya controlan la práctica totalidad del territorio y se prevé que el último territorio del país que no ha caído sus manos, el valle del Panjshir, lo haga pronto y con ello se instaurará de nuevo en la totalidad del territorio afgano el régimen de terror de los fundamentalistas islámicos.


Vivir bajo el dominio talibán es un infierno, ya que su régimen consiste en una dictadura islámica con la sharía más dura como motor principal para guiar al renacido país. La sharía es la ley islámica que ya se implementa dentro de Afganistán, pero su interpretación depende de las costumbres locales de cada región y las tradiciones tribales. Los talibán han llevado la ejecución de está al extremo y condenan a la población a una vida de sufrimiento si no se respeta.

Según un informe de Human Rights Watch, el sistema judicial talibán se basa en el castigo posterior a las confesiones obtenidas bajo tortura. Esto hace que consumir alcohol o la homosexualidad, prohibidas ambas en la sharía, sean penadas con cárcel, latigazos, o hasta la lapidación pública. Diversos testimonios de personas que han vivido bajo el régimen talibán concuerdan en que todos los cambios que hacen los talibanes son para su propio beneficio, sin importarles las personas. Pero no todo el mundo parece estar en desacuerdo con ellos, hay quienes afirman que el sistema talibán es mejor que el del gobierno democrático afgano, auspiciado por la comunidad internacional, acusado de corrupto. Para el taxista Mubaraksha Zafar, entrevistado en el Washington Post, el poder judicial talibán es más rápido y menos corrupto que el del gobierno afgano.

Zabiullah Mujahid, portavoz talibán, defiende los castigos como medida para prevenir infracciones y mantener el control y la seguridad de los civiles. Sin embargo, a los ojos de los derechos humanos no podemos dejar de considerar esos castigos son bárbaros. Otra historia es la del tío de Sali Khan Momand, que fue golpeado con la culata de un rifle y encarcelado durante cuatro días por usar una tarjeta SIM emitida por una empresa pública. Por último, a Muhammad le cayeron 109 latigazos y unos meses de prisión por ser miembro de las milicias progubernamentales. Muchos otros han sido vilmente asesinados por este hecho, aun habiéndose rendido previamente.

Hombres tapando imágenes de mujeres con pintura en Afganistán antes de la llegada de los talibán. (AFP)

Bajo el gobierno talibán del territorio afgano, a los hombres se les castiga con golpes por afeitarse la barba o por no ir a rezar a la mezquita. Además de por gastar demasiado dinero en bodas, ya que endeudarse es pecado; o por disparar al aire cuando no se está en combate, donde como castigo se les quita el arma. El adulterio está penado con linchamiento publico, y posteriormente arrastran el cuerpo con una motocicleta por todo el pueblo. El robo está penado con la amputación de miembros, y el asesinato con la pena de muerte. Entre otras acciones, los talibán destrozan los aparatos de música para que la ciudadanía no se corrompa, según afirman los ciudadanos que han tenido que vivir bajo el yugo del régimen.

Las mujeres, solo por la condición de serlo, viven doblemente oprimidas bajo el régimen talibán. No pueden trabajar fuera de casa y deben cubrirse siempre con el burka, velo integral que las cubre por completo. Son castigadas, públicamente, con azotes si hablan por teléfono con hombres y si están casadas, son lapidadas. De la misma manera, no pueden salir de casa sin un acompañante masculino, que debe ser un miembro de su familia (mahram). Muchas han perdido a sus maridos y familiares en la guerra, y eso las condena a un arresto domiciliario forzado. Toda mujer en Afganistán tiene prohibido ser atendida por un médico hombre, a no ser que vayan acompañadas por el mahram y este de su permiso, aún corriendo riesgo de muerte.

Mujer afgana siendo tratada por una médico. (Agencia EFE)

Cuando los talibán se establecen en un territorio, lo primero que hacen es recaudar impuestos a la fuerza y exigir comida, donaciones y refugio a los ciudadanos. Luego recaba los nombres de las mujeres y niñas para casarlas con combatientes. Si la mujer, o niña, se niega a casarse con el talibán como castigo se le amputan ciertos miembros y en algunos casos llegan a asesinarlas. La prohibición de la alfabetización de las mujeres es otro pilar fundamental. En los años 90, los talibanes prohibieron la educación femenina. Ahora, en algunas regiones parece ser que está permitido hasta primaria, “siempre y cuando vistan el hiyab y sigan la ley sharía”; apunta un encargado local de educación del Talibán entrevistado este año por la BBC. Pero eso es muy inusual, las escuelas están siendo cerradas a medida que los talibanes van controlando territorio y muchas clases han sido remplazadas por materias islámicas y muchas otras suprimidas.

Durante el régimen talibán de los noventa, a las niñas de más de ocho años no se les permitía estar en contacto directo con hombres que no fueran de la familia. A las mujeres no se les permitía usar tacones, por no excitar a los hombres; tampoco podían alzar la voz en público, ya que solo podía escuchar su voz un familiar o conocido; y las casas debían estar bien protegidas para que no fuera visible desde fuera la mujer, entre muchas otras restricciones. Algunos castigos que sufrían eran amputaciones de dedos por utilizar esmalte de uñas, torturas y encarcelamiento por dar clases a niños en escuelas informales, o azotes en público por enseñar los tobillos. Torturas que sufrían antes y que volverán a sufrir ahora, ya que muchos talibanes reconocen que el régimen será el mismo y que no han cambiado, a pesar del paso de los años.

Jóvenes afganas estudiando en la escuela durante la pandemia. (Bloomberg)

Según investigadores afganos, en las áreas que los talibanes conquistan donde la comunidad está más unida los militantes adoptan una política más conciliadora. Por el contrario, donde la comunidad local no está unida, los talibanes no tienen compasión. Afganistán no tardará en volver a caer en manos de los talibanes, y con ello los oscuros días regresarán.


Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.

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