EL COLAPSO DE AFGANISTÁN Y EL RENACER DE LOS TALIBAN

Analizamos el desmoronamiento de la República Islámica de Afganistán y la llegada al poder de los talibán, ante una retirada precipitada de toda la Comunidad Internacional.

¿QUÉ HA PASADO EN AFGANISTÁN?

En apenas 10 días hemos visto como todo el esfuerzo de veinte años de la Comunidad Internacional, especialmente EEUU, en Afganistán se ha desmoronado con una rapidez que ha sorprendido al mundo entero. Era imposible prever tal desmoronamiento, sorprendiendo la nula resistencia de las autoridades afganas y la pasividad de la Comunidad Internacional, que se ha visto muy sobrepasada por la rapidez de los acontecimientos.

Aunque pueda parecer que el proceso ha sido breve, no es cierto. Los talibán desde su derrocamiento en 2001, y con mayor intensidad desde 2003 hasta la actualidad, siempre mantuvieron una guerra, con distintos tramos de intensidad pero constante, de desgaste hacia las fuerzas internacionales y especialmente, contra el gobierno afgano amparado por la Comunidad Internacional. Los ataques, emboscadas, atentados terroristas, represión, secuestro o extorsión, han sido algunos de los métodos que han sido usados de manera continua hasta provocar este desenlace.

A este constante desgaste, también, han contribuido la nefasta administración afgana plasmada de corrupción e ineficacia, que dilapidaba millones de dólares en tramas de corrupción y burocracia sin que se mejoraran el nivel de vida de millones de afganos, que siguen viviendo en la pobreza más extrema, ni se mantuvieran unas fuerzas armadas verdaderamente operativas. Todo ello ante la permisividad de los países y organizaciones internacionales establecidas en Afganistán, que veían que la intervención en Afganistán se estaba convirtiendo un “callejón sin salida” abocada al fracaso.

Todos los acontecimientos se han precipitado desde la firma de los Acuerdos de Doha, entre los talibán y el gobierno estadounidense (en ese momento bajo la administración del Presidente Donald Trump) y el posterior repliegue de fuerzas militares que recogía dicho acuerdo. Hay que indicar que este Acuerdo se realizó sin contar con el gobierno legítimo de Afganistán que nunca estuvo presente en dichas negociaciones. Este hecho ya nos podía indicar la poca confianza que se tenía en el gobierno afgano desde la Administración estadounidense y que se podría llegar a asumir la vuelta de los talibán al poder político. Con ello se reconocía a los talibán como un actor político más.

El compromiso en líneas generales se basaba en un gradual repliegue estadounidense en el plazo de 14 meses, así como la liberación de miles de presos acusados de terrorismo (se calcula que unos 5.000 presos, los cuales rápidamente se unieron a la insurgencia talibán). A cambio de que los talibán rompieran sus alianzas con los grupos terroristas con proyección internacional y cuyos objetivos fueran los Estados Unidos. Principalmente esta decisión afectaría a Al Qaeda, con quien los talibán mantienen una relación fluida. Hay que indicar que esta parte del Acuerdo no se ha producido y Al Qaeda sigue muy presente en Afganistán, aunque las actividades de Al Qaeda en el frente de batalla se redujeron para no provocar a los estadounidenses en exceso. Otro grupo terrorista muy cercano a los talibán y que han asumido parte de los numerosos atentados contra las fuerzas internacionales, y sobre todo, contra la población civil, es la Red Haqqany con gran proyección transnacional y muy implicada en la lucha del yihad global. Algunas fuentes indican que forma parte del organigrama de mando o núcleo fuerte de los talibán. Estados Unidos pese a estos incumplimientos del acuerdo, no cesó en su empeño de retirarse del país, legitimando esta decisión en que había un Acuerdo firmado y que su decisión era irreversible.

Respecto al repliegue de Estados Unidos que Obama ya anunció en 2014, Trump la firmó en 2020 y Biden la ejecutó en 2021. Los Acuerdos de Doha en ningún caso ampara a las tropas afganas. Que con esta decisión y el compromiso adquirido por los Estados Unidos, se vieron abandonados de la mayor parte de la cobertura que les daba Estados Unidos.

También las posibles elecciones fraudulentas de 2019, en las que se reelegía al presidente Ashraf Ghani, terminó de desencantar a muchos líderes locales, jefes tribales, políticos, periodistas y gran parte de la opinión pública afgana, que dejaron de creer en esa democracia auspiciada por los Estados Unidos y los demás órganos internacionales en el país. Democracia que supuestamente les traería la anhelada libertad y mejoraría la calidad de vida en general. Ghani representaba para la inmensa mayoría de afganos la corrupción, la falta de carisma y la desidia, ante una población cansada y empobrecida en un conflicto interminable. Podemos llegar a afirmar, a tenor de los acontecimientos de las últimas semanas, que el odio a Ghani ha unido más a muchos afganos, que el temor a los talibán.

EL DESARROLLO DE LOS ACONTECIMIENTOS

Los talibán tomaron el control de Afganistán ante el desmoronamiento del ejército nacional afgano (ENA), pero la ofensiva con la que han logrado este objetivo se llevaba planificando desde hacía meses y la etapa final ha durado 10 días desde la primera toma de una capital provincial.

En estos meses de preparación ante el repliegue estadounidense y con menor presión militar, los talibán fueron reclutando a combatientes, establecieron líneas de suministros a la vez que iban pactando con líderes locales y tribales con el fin de ganarse su favor y el de la población local. También fueron pactando con los militares de manera clandestina su rendición, sobre todo en áreas aisladas donde la defensa sería muy complicada sin el amparo estadounidense.

Imagen del repliegue estadounidense de Afganistán. (John Moore/Getty Images)

Su ofensiva ha estado muy bien coordinada y llevada a cabo, donde han logrado rendir al ENA sin apenas resistencia. El derrumbamiento era previsible a medio plazo según los informes estadounidenses, los cuales se fueron corrigiendo sobre la marcha debido a la precipitación de los acontecimientos. Nunca desde la inteligencia de los Estados Unidos ni desde la amplia mayoría de especialistas se imaginó un desmoronamiento de las fuerzas afganas como se ha producido.

Los primeras operaciones de esta ofensiva talibán se centraron en aislar el país y tomar las fronteras exteriores. En esta etapa si hubo fuertes enfrentamientos entre los talibán y las fuerzas afganas, principalmente con los denominados Comandos afganos, que eran las fuerzas más profesionales y combativas dentro del ENA. Alguno de estos combates terminaron en ejecuciones de combatientes desarmados como la ocurrida en la provincia de Faryab, cerca de la frontera con Turkmenistán.

Después de conseguir la mayoría de los puestos fronterizos, sus objetivos se centraron en las provincias del norte, donde los talibán contaban con menos simpatía entre la población local y donde se podrían formar más núcleos de resistencia, que sin embargo no se han dado. Los talibán también priorizaron tomar las prisiones y así liberar a sus miembros capturados y reforzar sus filas.

En el sur de Afganistán de mayoría pastún, el éxito de los talibán estaba asegurado ya que la mayoría de su miembros son de esta etnia. Los pastunes y talibán comparte su visión rigorista del Islam, además de sus códigos de conductas son similares y muy rigurosos. De hecho el código de conducta pastún, “Pastunwali”, obliga a orar más veces al día que el propio Corán. En este código se resaltan la violencia así como la venganza y el honor.

Aunque no sea objetivo de este análisis por su complejo estudio, se puede decir que los talibán están formados mayoritariamente por miembros de la etnia pastún. Los pastunes conforman entre el 35% y el 40% de la población afgana, concentrándose principalmente en el sur del país y en el este. Es destacable su presencia en áreas fronterizas con Pakistán, donde los pastunes también representan un importante porcentaje de la población y con los cuales se mantienen lazos familiares y tribales a ambos lados de la frontera. Otras etnia representativa serían los tayikos que conforman el 25% de la población, los uzbecos un 10% al igual que los hazaras. Esta última etnia se caracteriza por ser musulmanes chiíes, por lo que se encuentran muy unidos a Irán (potencia regional de mayoría chií).

Mapa que ilustra la complejidad étnica de Afganistán. (EOM)

En las áreas rurales los talibán siempre han gozado de cierta simpatía, en esta zonas la presencia gubernamental era mucho menor y la presencia internacional se consideraba hostil. La mayoría del respaldo social al gobierno y la Coalición se producía en las zonas urbanas. Además en las áreas rurales los talibán era muy permisivos con el cultivo de opio, una de sus principales fuentes de financiación y uno de los principales “recursos” de las zonas rurales.

Con este panorama se dio comienzo a la fase final de la ofensiva talibán. Poco a poco fueron haciéndose con la áreas rurales, cortando las comunicaciones de los núcleos urbanos y aislando a las unidades militares e impidiendo la llegada de refuerzos. Hay que señalar que muchas unidades militares llevaban meses sin cobrar, además de que sus salarios eran irrisorios. Con esta situación de aislamiento en zonas remotas, con escasa doctrina e instrucción, sin suministros suficientes, la baja moral, la hostilidad en muchos casos de la población civil y sin el apoyo de las tropas internacionales, las fuerzas locales se fueron rindiendo de manera precipitada.

En este ámbito hay que destacar la propaganda y la guerra psicológica ejercida por los talibán, la cual fue diezmando la moral de combate, mostrando imágenes de rendiciones y clemencia. Así como la demostraciones de fuerzas con material incautado, lo cual sobredimensiono su capacidad real de combate y terminó desmoralizando la moral de las tropas. Esta situación recuerda en cierta medida a la conquista de Mosul en 2014 por parte de DAESH, que fueron capaces de tomar todo el norte de Irak utilizando la guerra psicológica sobredimensionando su capacidad de combate frente a un enemigo superior y mejor armado, que huyó en desbandada. La guerra psicológica está jugando un papel fundamental en los conflictos actuales, donde las redes sociales e internet pueden condicionar muchos aspectos relativos a la moral del combatiente.

Pese a las declaración del Presidente Biden de que la ENA contaba con 300.000 efectivos y una fuerza aérea suficiente, la realidad era bien distinta en el terreno. La profesionalidad dentro de las ENA estaba lejos de ser una realidad y su formación era muy escasa para el reto de hacer frente a un enemigo experimentado. Era más un ejército sobre el papel que sobre el terreno. Los miembros de la fuerzas afganas, ya antes de esta ofensiva talibán y en estos años de presencia internacional, su compromiso en la lucha fue muy cuestionado. Eran comunes las deserciones y se unieran a los talibán (que en muchos casos pagaban mejores salarios), y posteriormente volvieran a ingresar en las fuerzas gubernamentales, dependiendo de la época del año. También en la época de la recolección de la amapola de opio, en zonas rurales era común estas deserciones.

Esto han sido prácticas comunes, lo cual ponía de relieve el nulo compromiso que adquirían muchos miembros de estas unidades, el fracaso del modelo para ingresar en ellas y la baja moral de victoria. Hay que recordar que muchos atentados sufridos por parte de las fuerzas internacionales fueron realizados por insurgentes infiltrados (con este tipo de atentados los talibán asesinaron a dos Guardia Civiles destinados en Afganistán en misión de adiestramiento de las fuerzas locales). Estos hechos dificultaban el entendimiento y aumentaban los recelos entre afganos y extranjeros.

La profesionalidad dentro del ENA se centraba principalmente en los ya mencionados comandos, los cuales sí han plantado batalla en la medida de lo posible de sus capacidades. También estas unidades actuaban siempre con cobertura de los EEUU, y con su asistencia en términos de inteligencia militar. Sin embargo en esta ocasión, su antiguo aliado se mantuvo impasible y no acudió en su ayuda, pese a sus numerosos requerimientos

Fuerzas especiales del ejército nacional afgano. (Atalayar)

Las fuerzas afganas se habían acostumbrado a luchar siempre con el amparo de EEUU y su cobertura aérea. No eran autónomas. Por ejemplo, los afganos contaban con una Fuerza aérea, pero sin embargo no tenían la capacidad para operarla de manera independiente. Carecían de preparación, de pilotos y de las capacidades especializadas para su mantenimiento, el cual era administrado por contratistas de Estados Unidos. Sin esta asistencia, no podían operar con ella.

Con esta compleja realidad del ENA, el repliegue de EEUU y el avance talibán, pronto se pactaron acuerdos de rendiciones y amnistías, fortaleciéndose los talibán con el armamento capturado y los combatientes que desertaban en su favor. Ante estos acontecimientos, la nula capacidad de los jefes militares para organizar el repliegue, el reagrupamiento y plantear una contra ofensiva o defensa, el ejército pronto se desmoronó y la moral de combate desapareció. En el ejército había una falta de liderazgo total y las autoridades de Kabul no sabían reaccionar ni existía voluntad real de resistir. Quizás ya todo estaba pactado y la infiltración talibán en la jerarquía militar y en la administración central era mayor de lo que se podía imaginar.

Avance talibán desde mayo hasta agosto.

Ante esta situación y colapso, los militares abandonaron sus posiciones. Y los talibán consiguieron mucho más avances de lo esperado. Como ellos mismo han reconocido, entraron en Kabul ante de lo esperado para evitar la anarquía. Todo ello sin “pegar un tiro”.

Durante estos acontecimientos, el inesperado rápido avance y la nula capacidad del ejército afgano de presentar batalla, pudo influir en que EEUU desistiera de acudir en su ayuda y prefiriera llegar a un acuerdo con los talibán para una evacuación segura a cambio de no prestar ayuda área en la batalla al ejército afgano, pese a las súplicas de ayuda. Esta decisión de negar el apoyo puede ser una de las claves de que porque los talibán han evitado el enfrentamiento con tropas estadounidenses pese a encontrarse en situación para ello, e incluso han cooperando en la evacuación del aeropuerto y se han comprometido a garantizar su seguridad. Esto puede indicar que había contacto entre ambas partes y que se podría haber pactado muchos de los hechos ocurridos.

LOS TALIBÁN EN EL PODER

Los talibán han llegado al poder antes de lo esperado y surgen muchísimas dudas, no solo por los comportamientos que adoptaran para gobernar, inspirada en el extremismo religioso y en la aplicación de la sharía como base política y social. También surgen dudas sobre sus verdaderas capacidades para controlar el poder.

Imágenes del despacho presidencial tomado por los talibán en Kabul tras la caída de la ciudad. (La Nación)

No podemos olvidar que los talibán no son un grupo cohesionado ni homogéneo. En realidad, son un conjunto de milicias locales con una fuerte dependencia de sus líderes locales y tribales, que se han unido a esta causa por motivos circunstanciales, como su odio a la anterior administración y la corrupción que ampara, el cansancio a la presencia extranjera y el rechazo a un Estado que se ha mostrado ineficaz, más que por una verdadera fidelidad a los talibán. Este caso se ha dado con antiguos Señores de la Guerra anti talibán, que han preferido pactar con ellos antes que luchar por Ghani. Por supuesto la inmensa mayoría de estos jefes tribales tienen una visión muy rigorista del Islam.

En el momento de escribir este artículo surgían noticias de una posible resistencia en el denominado Valle del Panjsir, donde se habrían reagrupados parte de las fuerzas armadas junto a milicias locales antitalibán, con el objetivo de emprender una resistencia. El valle del Panjsir fue la única zona de Afganistán que no fue nunca conquistada por los talibán entre 1996 y 2001.

Los talibán llevan 20 años como insurgencia, no como gestores de un Estado. Pero en esta ocasión parecen que se han asesorado muy bien, posiblemente han evolucionado en las formas de relacionarse, utilizando una narrativa más comedida y quieren mostrar una imagen moderada y pragmática, lejos de aquellos años de brutalidad de finales de los años 90. Está conclusión es lo que se puede deducir de sus declaraciones y sus ruedas de prensa, lo cual ya muestra este cambio en sus métodos de relacionarse. Pero no en su ideología radical y extremista, a la que nunca renunciaron. La realidad es que los talibán ya han declarado el Emirato Islámico de Afganistán.

Con la toma del país, los talibán se han hecho con una gran cantidad de material militar. (La Voz de América)

Los años de exilio de sus líderes, principalmente en Qatar, les ha dado la oportunidad de conocer la realidad internacional y como proyectar su imagen al exterior sin llegar a ser rechazados, incluso de alguna forma hasta ser aceptados. Saben lo importante que es cuidar la imagen pública y mostrarse tolerantes, pero toda esta imagen va enfocada a una campaña propagandística, con el objetivo de apaciguar las críticas internacionales y a la opinión pública, que teme la vuelta de un régimen de terror, donde la mujer serán las primeras víctimas. Incluso esta actitud donde se pretende disimular las verdaderas intenciones de los talibán es amparada en el Islam mediante el concepto “taqiyya”.

Con esta estrategia también se busca un reconocimiento internacional. Afganistán es un país en bancarrota, que depende casi en exclusiva de los fondos y ayuda internacionales. Afganistán ni cuenta ni ha contado con estructuras económicas capaces de generar riqueza. La ayuda internacional que recibió, por desgracia, fue dilapidada en comprar favores, en mantener funcionarios y en intentar fomentar unos servicios mínimos, que con mucho esfuerzo se han puesto en marcha. Pero no se creó un tejido empresarial ni empresas públicas que fueran viables sin fondos internacionales. Conseguir fondos y créditos será una de sus primeras prioridades pero para ello debe lograr un reconocimiento internacional, que parece que puede ir obteniendo.

LAS REPERCUSIONES INTERNACIONALES DEL AUGE TALIBÁN

A diferencia de la etapa anterior en la que se hicieron con el poder entre 1996 y 2001, donde sólo fueron reconocidos por Pakistán y los Emiratos Árabes (Arabia Saudí posteriormente le retiró el reconocimiento), los talibán pretender lograr un reconocimiento internacional y parece ser que lo van a lograr, al menos, parcialmente. El espacio dejado y la debacle sobre el terreno de los Estados Unidos será aprovechado por otros actores como China o Rusia.

China puede reconocer al Emirato Islámico de Afganistán próximamente. Pekín tiene gran interés en la explotación de los yacimientos mineros de Afganistán donde abunda el oro, el cobre el litio y la escasas pero productivas “arenas raras”, fundamentales para la industria tecnológica de Pekín.

China necesita seguridad para llevar a cabo estas tareas y los talibán tienen la capacidad de ofrecerla. También Afganistán se encuentra en una zona geográfica donde China aspira poner en marcha una ruta comercial que habrá su comercio a Oriente Próximo y Europa. Hay que destacar que en julio una delegación talibán ya fue recibida por las autoridades China. Con este encuentro y esta posible colaboración, los talibán renegaban de cualquier ayuda a la minoría musulmana uigur situada en la región de Xinjiang, muy reprimida por Pekín.

Mapa de las áreas ricas en recursos minerales de Afganistán. (DW)

Rusia en ningún momento planteó la retirada de su cuerpo diplomático, lo cual era una señal de que no tenía que temer por su seguridad y que no era considerado un actor hostil. Rusia considera a Afganistán como parte de su “patio trasero” y apuesta claramente por mantener la estabilidad de la zona aunque esta sea auspiciada por un régimen autocrático radical. Rusia parece que ha recibido garantías de los talibán, con los que han conversado en varias ocasiones, de que aseguran sus fronteras y no prestarán apoyo a ningún grupo extremista que opere en las ex Repúblicas Soviéticas. Además en Rusia no contar con tropas aliadas en sus fronteras es una decisión considerada positiva.

Por su parte Irán también considera positivo el no tener tropas americanas junto a sus fronteras. Pese a tener una relación difícil con los talibán por su hostilidad hacia los chiíes y la minoría hazara, parece ser que también podría reconocer al Emirato afgano. Desde Irán en momentos puntuales se ha permitido a la insurgencia ingresar en el territorio para retirarse o bien atacar al ENA. Entre Irán y Afganistán hay una cierta tensión por los recursos hídricos y quizás con los talibán y su posible reconocimiento, los iraníes logren mayores beneficios. Hay que destacar que numerosas tropas desertoras afganas se retiraron a Irán, donde han recibido una importante cantidad de armamento y vehículos con tecnología estadounidense.

Pakistán y Qatar serán de los primeros países en realizar el reconocimiento internacional al nuevo gobierno afgano. La monarquía qatarí ha financiado y asesorado a los talibán desde hace años. En este país se establecieron los líderes talibán huidos de Afganistán y Pakistán, entre ellos el máximo líder talibán Abdul Ghani Baradar, cofundador de los Talibán. Además los talibán tenían una oficina diplomática en Qatar desde el 2013 y la capital qatarí fue la sede donde se llevaron a cabo las conversaciones con los EEUU que derivaron en los Acuerdos de Doha. En Qatar los talibán extendieron una red de contactos para ser considerados un actor legitimo en el momento que alcanzaran el poder, así como para la financiación de su movimiento. Un hecho muy simbólico de este apoyo de Qatar a los talibán, es que el líder talibán Baradar Akhund llego a Kandahar (segunda ciudad de Afganistán) en un avión de la Fuerza Aérea de Qatar, algo muy sorprendente cuando los talibán aún son considerados un grupo terrorista por la mayoría de la Comunidad Internacional. Con este apoyo Qatar pretende extender su presencia en Asia Central y poder estrechar lazos con los países limítrofes, como son China o Pakistán. Los Talibán han prometido que compensarán a Qatar por este apoyo.

Edifico de la oficina que poseen los talibán en Qatar, único país que acoge este tipo de representaciones. (BBC)

Por su parte Pakistán nunca dejó de apoyar de alguna forma a los talibán, en cuyo país encontraron refugio y todo tipo de ayudas, como armamento. También a través de Pakistán tienen establecidas las rutas de heroína. Pakistán siempre ha “jugado” en este conflicto a dos bandas, prestando apoyo a los talibán y a su vez colaborando en algunas cuestiones con EEUU. No hay que olvidar que en Pakistán se dio muerte a Bin Laden, en una ciudad con una fuerte presencia militar pakistaní. Pakistán con su frontera este controlada por su aliado talibán podrá centrar sus esfuerzos en su gran enemigo regional, India. En los próximos meses es probable que se reactive el conflicto de Cachemira.

La Turquía de Erdoğan también parece que puede reconocer al nuevo Emirato. Erdoğan no cesa en su empeño de ganar influencia, en esta ocasión, con un actor auspiciado a base de terror. No olvidemos que Erdoğan mantiene una fuerte campaña de expansión de sus intereses, toda revestida de matices islámicos.

Aunque en los países europeos el reconocimiento no será tan claro ni explícito, ya se ha admitido que se conversara de algún modo con ellos, como admitió Josep Borrel. Mientras que en el resto de la comunidad internacional su reconocimiento está meditado por los distintos intereses particulares de cada país.

EL IMPACTO SOBRE LA CAUSA YIHADISTA

Sin ninguna duda el auge talibán es un triunfo del yihadismo internacional, incluso superior a la instauración del Califato Islámico de Daesh entre 2014 y 2017. En ese caso la Comunidad Internacional mostró un claro y rotundo rechazo a esta proclamación, sin embargo los talibán pueden lograr alguna inaudito como su reconocimiento y respeto por el resto de actores internacionales.

No hay que olvidar que los talibán han llegado al poder tras años de atentados suicidas, masacres contra la población local, imponer la Sharía más extrema en las áreas que controlaba y expandir el miedo en la población local. Aunque su agenda sea local y su ideología una combinación de islamismo radical y nacionalista, no hay que olvidar que la yihad en las que ellos creen es una causa global. Además nunca han roto sus relaciones con Al Qaeda que sigue muy presente en Afganistán, donde podrá volver a utilizar el país como santuario de reclutamiento y entrenamiento para sus actividades de ámbito internacional. Quizás no a corto plazo, pero si en un futuro. 

Otros grupos radicales con los que los talibán mantienen evidentes lazos seria con la Red Al- Haqqani, una organización extremista que no ha cesado de atentar en Afganistán con la ayuda y amparo de los talibán. De hecho se cree que muchos atentados atribuidos a Daesh y su filial en Jorasán, en realidad fueron cometidos por esta organización. Con ello se buscaba que la presión militar y social se centrara en la filial de Daesh. El jefe de la Red Haqqani es Khalil Haqqani uno de los principales mandos en la organización de los combatientes talibán y será una pieza destacada del futuro Emirato Islámico. De hecho en Kabul participa en distintas reuniones para formar gobierno. No hay que olvidar que EEUU lo acusa de terrorismo y ofrece 6 millones de dólares por su captura.

Sin embargo, los talibán si rivalizan con Daesh. La filial de Daesh en Afganistán, Estado Islámico de Jorasan (ISIS-K) , se ha enfrentado en algunas ocasiones con los talibán, y estos las acusan de ser extremadamente violentas y ser una desviación de los preceptos islámicos, acusándolos de kafir (impíos). Además de ser considerados extranjeros y ajenos a la cultura afgana. Un hecho muy relevante de esta rivalidad, es que uno de los líderes de esta filial fue asesinado por los talibán en las prisiones que estaban liberando, como es el caso de Abu Umar Khurasani. Los talibán no quieren ninguna oposición interna aunque compartan ideología extrema. No hay que olvidar que tanto Al Qaeda como Daesh, mantienen un enfrentamiento global por el liderazgo de la causa yihadista.

Daesh cuenta con una considerable estructura terrorista en suelo afgano. (Gulf News)

La victoria talibán, sin duda, será una dosis de motivación e inspiración para los yihadistas del mundo. Han logrado derrotar a su mayor enemigo, EEUU y su estrategia ha triunfado. Los yihadistas viven una época atemporal, su objetivo es el largo plazo y con determinación en sus objetivos y creencias religiosas han visto que pueden vencer y lograr avances. Los talibán están sirviendo de ejemplos a todas las organizaciones yihadistas que se expanden desde África al Sudeste Asiático, así como a millones de musulmanes y comunidades radicalizadas que viven en Occidente. De hecho muchas organizaciones terroristas han felicitado al nuevo Emirato Islámico de Afganistán. Por supuesto, la retórica religiosa es omnipresente en sus discursos y se le da a su victoria un sentido religioso.

Hacia Afganistán se puede producir una movilización de extremistas que quieran vivir en sus fronteras, con el riesgo de que después quieran exportar mediante las armas el modelo de Estado que allí se va a instaurar. No será un desplazamiento como el ocurrido con Daesh en la década pasada, que llamaba directamente a unirse a sus filas y con una campaña propagandística y un uso extremo de la violencia en ellas que seducía a muchos jóvenes, pero sí se puede producir cierta migraciones hacia el territorio afgano.

Además de que su ideología sea traslada y su ejemplo copiado en múltiples lugares, preocupa la gran cantidad de armamento con los que los talibán se han hecho. Principalmente armas ligeras que pronto podrán poner en circulación en los mercados negros que tan bien conocen por su relaciones con la delincuencia organizada para poner en circulación la heroína que cultivan (una de sus principales fuentes de financiación). Este tráfico de armas reactivará e intensificara numerosos conflictos en África, Oriente Próximo y Asia Central.

CONCLUSIONES DE LA NUEVA SITUACIÓN

Sin duda, la debacle de Afganistán y la estrepitosa salida de EEUU y la Comunidad Internacional, han sido un fracaso que creo que no tiene precedentes. Por mucho que ahora se quieran re enfocar los objetivos que se establecieron, como ha querido trasladar el Presidente Biden, y los compromisos con el pueblo afgano que se ha abandonado, la intervención internacional ha fracasado. Es cierto que el objetivo no era permanecer de forma indefinida en Afganistán, pero un cambio tan radical como el que se quería realizar debía contar con un compromiso más duradero con el pueblo de Afganistán. Ya fue una de las conclusiones extraída en la Conferencia de Bonn en 2001. Posteriormente, en otras conferencias internacionales, se advertía que la presencia internacional debía ser mínimo de 50 años para crear un país viable y estable.

Con una presencia reducida de militares internacionales permanentes y un apoyo aéreo eficaz contra los talibán, nunca se hubiera producido esta derrota. Y los pequeños cambios que se han logrado en estos 20 años, porque se han logrado cambios, se hubieran mantenido. Hacía falta varias generaciones para que la mentalidad y las mejoras que se han logrado, se mantuvieran. Se está dando la oportunidad de que Afganistán vuelva a ser un santuario mayor para las organizaciones yihadistas (si alguna vez dejó de serlo) y sobre todo un Estado islámico como modelo a imitar para otros yihadistas.

Los talibán están manejando a la opinión pública con una agilidad que sorprende al mundo entero. Hablan varios idiomas y no son aquellos bárbaros que vivían en cuevas, pero no nos engañemos. Solo han evolucionado en su narrativa para aparentar. Sus compromisos con los Derechos Humanos o las mujeres, no deja de ser una campaña propagandística de cara al “foco mediático”. Además su ideología basada en la interpretación más rigurosa de la Sharía o la interpretación de la yihad como un recurso ofensivo de la violencia legítima, sigue vigente y no cambiará.

De hecho ya se están produciendo asesinatos selectivos, la represión y cualquier atisbo de protesta es reprimido con violencia. Quieren imitar a los Estados del Golfo, convertirse en un actor aceptado. Pero hay que dudar de sus declaraciones y ver si es cierto su compromiso aceptar las normas de convivencias internacionales, el respeto a los Derechos Humanos y la capacidad de contener a una población, que en general, no quiere volver al pasado más oscuro que ellos representan. También habrá que ver su capacidad para gobernar sobre todas las facciones afganas sin recurrir a la represión y violencia sistemática, así como sin son capaces de controlar todo el territorio y mantener cohesionadas a las distintas facciones que conforman este movimiento islámico.

Se ha tomado una decisión muy peligrosa, ya se teme las olas de refugiados y sin duda crecerá el yihadismo, que no olvidemos que se expande y consolida más que nunca a nivel mundial. Aceptar a un grupo terrorista como un actor más, nunca puede ser una buena señal. Quedan muchas lecciones por aprender y muchos errores que corregir.


BIBLIOGRAFIA:

-De la Corte, Luis-Jordan, Javier. “La Yihad Terrorista”. Editorial Sintesis. 2004.

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