BASES MILITARES EN DJIBOUTI, UN ENCLAVE GEOESTRATÉGICO

Frente al golfo de Adén, puerta de ingreso al Mar Rojo, y paso obligado para el Canal de Suez, se encuentra la República de Djibouti (Yibuti para los colonizadores franceses). Enclavada en la región del Cuerno de África, este pequeño país  destaca por su estabilidad política-institucional, y su codiciada posición geoestratégica. Pese a los escasos recursos naturales, y a una  demografía reducida (que roza el millón de habitantes), varios países centrales debaten la presencia física en su territorio.     

Colindante con Eritrea, Etiopía y Somalia, y en la costa asiática con Yemen y Arabia Saudita, Djibouti se ha consolidado como un nexo equilibrado en esa área bi-continental. Los Estados que la circundan presentan focos de conflictividad, como la fragmentación entre Somalia y Somalilandia, la emancipación de Eritrea (1993)  que arrebató la salida al mar a Etiopía, y  la guerra civil en Yemen, arrastrada desde las revueltas de la Primavera Árabe.     

Inaugurado en 1869 el Canal de Suez dotó de vitalidad mercantil a la costa Este africana, y revalorizó la posición geográfica de la región. Esa ruta marítima desplegada a lo largo de 193 kilómetros enlaza el Mar Mediterráneo, el Mar Rojo y el Océano Índico, y sigue representando a día de hoy, una arteria fundamental para la economía global. Indicadores recientes publicados por la Autoridad del Canal de Suez, señalan que anualmente el 12% del comercio mundial de mercancías, atraviesan esas aguas, en sentido Extremo Oriente – Europa y viceversa. Asimismo es el camino de provisión de recursos energéticos como el petróleo, entre el Golfo Pérsico y Europa. Transportado por buques o mediante el  Oleoducto de Sumed,  desde la terminal egipcia de Ain Sukhna hasta Sidi Kerir​ en el Mar Mediterráneo. 

Ubicación de Djibouti en el Este del continente africano (El Salvador.com (1 Febrero 2018))

Múltiples bases internacionales

Los asentamientos militares extranjeros, no son un asunto novedoso para los yibutianos.  La ex metrópoli sostiene su presencia en la base aérea 188 Coronel Massart, sede de las fuerzas francesas estacionadas en Djibouti (FFDj). Con posterioridad a los atentados terroristas de Septiembre del 2001, el gobierno de los Estados Unidos buscó reforzar el control en la zona diseñando una Fuerza de Tarea Conjunta Combinada del Cuerno de África (CJTF-HOA), que adjunta al USAFRICOM (mando militar integrado para el continente). Se emplazan en la base de Camp Lemonnier, una antigua locación de la Legión Extranjera Francesa cercana al Aeropuerto Internacional de Yibuti-Ambouli  

La presencia de agrupaciones terroristas yihadistas en el Sahel, y las acciones de piratería contra la navegación comercial en el Mar Rojo, motivaron las acciones colaborativas entre las fuerzas francesas y norteamericanas apostadas en la región. Los gobiernos de Italia y de  Japón, alertados por causas similares, han desplegado también su presencia militar frente al estrecho de Bab El Mandeb. Sin embargo el asentamiento que más ha despertado controversias para la comunidad internacional, es el que pertenece a la República Popular China. 

Situación de la base militar china de Doraleh y la base estadounidenses de Camp Lemonnier (Bondaz, A. (29, Septiembre 2020) “The PLA as a new era world-class army”: China’s military amibitions and regional concerns. Tomado del New York Time, Fondation pour la Recherche Strategique) 

Próxima al puerto de Doraleh con una superficie de 360.000 metros cuadrados,  y un muelle de 600 metros de longitud, este enclave diseñado por la ingeniería china resulta ser el primer establecimiento militar fuera del territorio nacional. Inaugurada en forma oficial en el mes de Agosto del año 2017, la base tiene asignada un escuadrón del Ejército Popular de Liberación de China (EPL) con capacidad máxima para 400 infantes de marina. Integra asimismo un helipuerto, una pista de aterrizaje corta, depósitos para municiones y/o armamento, y oficinas administrativas. Doraleh también se constituye como el asiento regional para los más de dos mil trabajadores chinos destinados por causas humanitarias en el centro y norte africano. La participación en fuerzas de paz de las Naciones Unidas, se ha multiplicado a lo largo de las últimas dos décadas en diferentes misiones para Sudán del Sur, Malí y  Liberia, entre otros. 

Un eslabón del One Belt, One Road 

La creciente intervención china responde al trazado de la  Ruta de la Seda (The One Belt), y de  la Ruta de la Seda Marítima (One Road), un proyecto multidimensional anunciado por el presidente Xi Jinping en el año 2013. Respondiendo al esquema expansivo, el viceministro de Relaciones Exteriores chino  Zhang Ming, y el presidente de la Comisión de la Unión Africana, Jacob Zuma, suscribieron en el  2015 un Memorándum de Entendimiento sobre la Cooperación en Infraestructura Chino-Africana. El documento formalizó a nivel multilateral, la intención de la República Popular China de colaborar con el marco estratégico de la Agenda 2063 África. Aportando diseño e inversión en obras de infraestructura ferroviaria, de carreteras, y aeroportuarias, con el objetivo de impulsar la integración logística de los países de la región.

La República de Djibouti ha resultado como uno de los Estados más beneficiados por la inversión extranjera directa china. A la instalación de la base militar, le han precedido diversas obras de infraestructura, como la remodelación de las instalaciones portuarias, y la construcción de un centro logístico. Las coordenadas geográficas ensalzan al país como la puerta de ingreso y egreso de mercancías africanas, desde y para el mundo. Sobre el modelo ya consagrado de ciudad-puerto al estilo de Singapur o de Dubái, el gobierno yibutiano aspira a fortalecer su importancia geoestratégica.

El segundo gran aporte de los desembolsos chinos (unos 4.000 millones de dólares), ha beneficiado no sólo a  Djibouti sino también a la vecina Etiopía. La construcción de la línea ferroviaria de alta velocidad Addis Adeba-Yibuti, permite conectar en un tiempo breve los 752 kilómetros que separan a la capital etíope con la salida al mar. Esta arteria de transporte de cargas y de pasajeros, resulta vital para el país que perdió sus costas sobre el Mar Rojo con la independencia de Eritrea. Por la estación yibutí de Nagad transitan la totalidad del comercio exterior etíope, junto a mercancías, commodities, e hidrocarburos, procedentes de Sudán, Sudán del Sur, República Centroafricana, entre otros.   

El plan Visión Djibouti 2035

La afluencia de negocios con China es alentada por el presidente yibutí Ismaïl Omar Guelleh, el funcionario que permanece en la primera magistratura del país desde el año 1999, siendo el autor político del plan Visión Djibouti 2035. Este proyecto estratégico difundido en el 2014 perfiló las bases políticas y económicas para la consolidación del centro de conexión intercontinental. Y es que con uno de los niveles más retraídos de la economía mundial (el volumen del PIB del 2019, lo ubica en la posición 164 sobre 196 países), la república yibutiana necesita de la inyección de flujos de capitales extranjeros para alcanzar las metas del tan ansiado desarrollo integral. 

La política exterior impulsa la concesión para la radicación de bases militares extranjeras como una fuente genuina de ingresos al erario público; se estiman presupuestos anuales de renta de entre 20 y 60 millones de dólares por cada instalación. Sin embargo esas partidas estatales serán difíciles de auditar, recordando que Djibouti fue categorizado en el índice de percepción de la corrupción con una calificación elevada, de unos 142 puntos sobre 180, por la ONG Transparency International.   

El gobierno de Beijing ha sostenido en todo momento que la finalidad de su presencia militar en África responde a los objetivos de proteger sus inversiones comerciales, de fortalecer la cadena de suministros, combatir la piratería y respaldar las acciones humanitarias. Mientras, los Estados Unidos y la Unión Europea observan con inquietud la intervención ascendente de la República Popular China en dicho continente. El principio de no injerencia en los asuntos internos de otros países y, la no condicionalidad de respeto a los derechos humanos, se han convertido en las prerrogativas que inclinan a los líderes políticos africanos a entablar relaciones comerciales y financieras con el gigante asiático.   

Opuestas en los puntos cardinales sur y norte, y divididas por unos escasos 12 kilómetros, las bases militares de Camp Lemonnier (norteamericana), y de Doraleh (china), simbolizan desde la circunscripción de Djibouti, la rivalidad de dos potencias globales que disputan su influencia ideológica y militar en el sistema internacional. 

Localizada en el convulsionado Cuerno de África, Djibouti es la república en la que las grandes potencias dirimen su presencia. Frente al estrecho Bab el-Mandeb portal de ingreso al Mar Rojo, y paso obligado hacia el Canal de Suez; la antigua colonia francesa revalida su posición geoestratégica, concesionando zonas para el emplazamiento de fuerzas armadas extranjeras.  Al tradicional despliegue de tropas y de trabajadores humanitarios europeos,  se ha  sumado  la primera base militar china construida fuera del continente asiático.     


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21. 

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