LA POLARIZACIÓN DERECHA-IZQUIERDA EN AMÉRICA LATINA

La última reunión de la CELAC en México dejó clara la división que existe en el continente. Pero esta fragmentación ha sido perenne debido a los constantes problemas políticos y económicos que han sufrido los países latinoamericanos a lo largo de su historia. La idea de suplir la OEA por la CELAC no solo se mira lejana, sino también peligrosa por una posible reacción coercitiva desde Washington. 

La reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que tuvo lugar en México el pasado 18 de septiembre, dejó un ambiente de incertidumbre en América Latina. La agenda a tratar tuvo dos temas que destacaron sobre los demás; el primero fue el rechazo a la nimia democracia existente en  Nicaragua, Venezuela y Cuba; por otro lado, se fortaleció la idea, que ya se trae de varios años, de crear un organismo distinto a la OEA, argumentando que esta ha servido como herramienta de control estadounidense sobre el resto de los países miembros. 

Foto de los mandatarios y enviados a la reunión de la CELAC el 18 de septiembre en (Forbes México)

Los discursos de los presidentes de Paraguay, Uruguay y Ecuador, aunados a la ausencia de Brasil, que por órdenes de su presidente ha decidido salir de la organización, y de Colombia por no querer prestarse siquiera al diálogo con Maduro contrastaron con la posición de países como Nicaragua, Venezuela, Cuba y México que buscaban el diálogo, olvidarse de resentimientos políticos y fomentar la cooperación regional. Pero esto no es una coincidencia, históricamente América Latina ha estado dividida entre las ideologías políticas: la izquierda y la derecha. 

Sería inapropiado argumentar que una ha tenido más éxito que la otra, o que una está más viciada que su contraparte. La historia demuestra que ambos polos del espectro político han llevado a severas crisis a los países del subcontinente y a ciertos progresos que han mantenido durante años. Sin embargo, se sabe que desde hace ya décadas los problemas en Nicaragua, Venezuela y Cuba están relacionados a la mala calidad de vida de sus pueblos, a las constantes violaciones de derechos humanos y los paupérrimos derechos políticos existentes. 

México tuvo un rol importante, el presidente López se mantuvo al margen de las críticas hacia los demás países basándose en los principios de política exterior mexicanos e invitó al diálogo y a la inclusión de los países mencionados. La invitación a Maduro y Díaz Canel, fue un tema candente durante varios días en el país. La oposición, siempre agresiva e insistente, criticó las acciones del presidente, no podían creer que fuera capaz de invitar a dos dictadores y enemigos de la democracia. De esta manera, la polarización en México se hizo, una vez más, evidente. 

Otro tema preocupante ante la postura de AMLO es la reacción futura de Washington al sentirse agredido. Cabe recordar que ya han tenido roces en los últimos meses ambos gobiernos en relación con otros aspectos como el tráfico de armas y de drogas y la crítica del mandatario mexicano a las políticas migratorias estadounidenses, entre otros. Sin embargo, ninguno de estas polémicas habían tenido peso internacional, lo que sí se espera con estas declaraciones y confrontaciones. 

Y estas pueden ser las razones del fracaso de la integración. Es evidente que los países latinoamericanos viven una constante división radical interna. Es un sempiterno conflicto entre ideologías que, sin embargo, no han mostrado gran diferencia a la hora de ejercer el poder. Sea derecha o izquierda, el autoritarismo, la violación a derechos humanos, los procesos electorales fraudulentos, los altos índices de corrupción, la desigualdad y pobreza, así como la violencia son historias de nunca acabar. Los gobiernos se han vuelto cíclicos, es decir, cuando el pueblo se cansa de los gobiernos de derecha, votan en las urnas por la izquierda esperando una solución; y cuando la izquierda demuestra ser igual de ineficiente, se le castiga y se vota por la derecha. El orden puede variar, pero el ciclo es el mismo. El hartazgo es recurrente y el llamado voto de castigo se ha vuelto una cultura. 

Mapa actualizado al 2021 según el espectro político al que pertenece cada gobierno en América Latina (El Universo)

El otro factor que propicia la desintegración es el temor a la reacción de los Estados Unidos. Se sabe del bloqueo comercial a Cuba y, por lo tanto, muy pocos se atreven a negociar con dicho país. La idea de que la CELAC se imponga en relevancia a la OEA al presentarse como una alternativa muy atractiva y productiva para los países que la conforman, empero, ¿la integración y cooperación económica sería tan conveniente como para dejar a los Estados Unidos fuera? Claramente al hacer a un lado a la OEA, los países latinoamericanos recibirían acciones coercitivas desde Washington. Bloqueos y rupturas económicas serían demasiado comunes y, quizá, la integración cedería pronto. Más que por méritos o fortaleza estadounidense, se debería a la debilidad de uno o más Estados que no soportarían la presión y terminarían por claudicar en su esfuerzo, volviendo una vez más al tema de la división latinoamericana. Por eso los Estados Unidos se saben imprescindibles en cualquier tema comercial y económico, no solo en esta región. 

Integrantes de la CELAC actualmente (Gobierno de México)

Lamentablemente, los ejemplos son variados para argumentar el punto anterior. Actualmente, el Grupo de Lima empieza a desestabilizarse e incluso Perú, con su nuevo gobierno, ha manifestado su interés para hacerse a un lado, aun cuando el grupo lleva el nombre de la capital del país que gobierna. Otros proyectos como el Proceso de Quito, también se ven afectados, pues Perú forma parte. México empatiza con Venezuela y Cuba y se aleja de otras naciones. 

El discurso donde se culpa a Washington de todos los males acaecidos en América Latina comienza a perder vigencia. Las crisis políticas y humanitarias en Venezuela y Nicaragua no recaen en las decisiones estadounidenses. El que miles de mexicanos y centroamericanos migren a los Estados Unidos, generando diversas olas migratorias que a su vez terminan en deportaciones o violaciones a los derechos humanos (fuera de territorio estadounidense) tampoco es culpa de Estados Unidos. El enemigo común está dejando de serlo, ahora los ciudadanos están volteando sus ojos al epicentro del problema; sus propios gobiernos. 

Las ideas de los Bolívar y San Martín se esfuman cada año que pasa. Ahora son más relevantes y cotidianas las rivalidades de los Chávez con los Uribe, de los Castro con los Fox, de los Bolsonaro con los Fernández, etc. La polarización interna en América Latina, ha absorbido a todo el continente. La integración no solo está estancada, sino que ahora parece retroceder más que nunca en los años recientes. América Latina se oprime y se asfixia entre la izquierda y la derecha, sin puntos medios ni equilibrio, porque estos no parecen existir, y Estados Unidos observa sereno desde el norte. 


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21. 

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