SUAZILANDIA, LA ÚLTIMA MONARQUÍA ABSOLUTA DE ÁFRICA

Enclavado entre Sudáfrica y Mozambique y sin salida al mar, se encuentra el Reino de Suazilandia, una de las monarquías más salvajes y corruptas del mundo, liderada por el Rey Mswati III. Con tan sólo 1 millón de habitantes y una superficie menor que la de Fiyi o Kuwait, depende totalmente de Sudáfrica económicamente hablando (más del 90% de las importaciones son sudafricanas), herencia de su profundo pasado colonial vinculado al Reino Unido y las numerosas guerras vividas a principios de siglo XX. Esta mezcla de cualidades y defectos son las que, a día de hoy, le han valido para convertirse en la última monarquía absoluta de África.

LOS DUROS COMIENZOS Y LA LLEGADA DE LA INDEPENDENCIA

Después de varias guerras entre tribus, el actual territorio de Suazilandia empieza el siglo XX estando bajo el protectorado de Transvaal y, tras la cruenta guerra de los bóeres en 1906, comienza a estar bajo el protectorado del Reino Unido y bajo la supervisión del Alto Comisariado de África del Sur. En los años 60 y tras un reinado sin alteraciones propio del colonialismo británico, el cargo del Alto Comisario de África del Sur estaría ejercido por el Embajador del Reino Unido en la República de Sudáfrica, un hecho clave para la posterior independencia del país, ya que se crearían dos consejos. Uno de ellos velaba por los intereses de los ricos europeos que llegaban al país seducidos por las minas de oro y diamantes, mientras que el otro defendía los intereses de la población nativa, el denominado Consejo Nacional Suazi.

Mapa político, geográfico y comercial de Suazilandia (GEOPOL 21)

A partir de aquí, el movimiento nacionalista suazi fue cogiendo fuerza y en 1967 el consejo legislativo obtuvo la autonomía interna. Por raro que parezca se estableció una pseudodemocracia en uno de los territorios más remotos de África y los nativos se conglomeraron en su mayoría bajo el Movimiento Nacional Imbokodvo (el partido monárquico). Los británicos cada vez se fueron alejando más por temor a una revuelta popular y en las elecciones de 1967 el partido monárquico ganó todos los escaños y designó en Makhosini Dlamini los poderes de ser el primer ministro. El 6 de septiembre de 1968, el rey Sobhuza II proclamó la independencia de Suazilandia.

EL PRECURSOR DE LA MONARQUÍA ABSOLUTA

Sobhuza II se consagró como rey oficial del país tras la independencia en 1968, pero lo cierto es que llevaba más tiempo siéndolo extraoficialmente. Sobhuza fue rey desde los pocos meses de nacer, en 1899, hasta 1982, año de su muerte. Conocido por el pueblo como Ngueyama (el León), era considerado un semidios entre los suazis. Sobhuza posee un récord insólito, ya que superó los 80 años de edad, y, como fue coronado a los pocos meses de nacer, su reinado es considerado el más longevo de la historia (82 años). Un tiempo que no perdió, ya que entre 1920 y 1970 según las fuentes de la Casa Real del país tuvo 70 esposas y 210 hijos.

El Rey Sobhuza II posa con Sir Francis Loyd, Comisionado de la Reina en Suazilandia, en una ceremonia para conmemorar el autogobierno interno en preparación para la plena independencia en 1968 (The Independent)

Pero la realidad es que los expertos y los escritos de prensa locales estiman que tuvo unas 125 esposas y más de 400 hijos. Uno de ellos, Mswati III es el actual monarca del país. En las elecciones de 1972 obtuvo la mayoría absoluta, y es aquí cuando empezó la verdadera monarquía absoluta del país. En 1973, Sobhuza II abolió la Constitución, disolvió el Parlamento y prohibió los partidos políticos, en sustitución elaboró sus propias leyes y reemplazó el Parlamento por pequeñas asambleas tribales para dotar de tradición el país. Este hecho hizo que mientras los países de alrededor se desarrollaban, Suazilandia cogiera el rumbo contrario y se estableciera como una monarquía absoluta en la que la corrupción y la pobreza llevan la voz cantante.

DE MAL EN PEOR

Cuando el rey Sobhuza II murió en 1982 debido a una neumonía, el Gran Consejo de Estado de Suazilandia eligió al joven príncipe Mswati (14 años) para ser el próximo rey. Durante los siguientes cuatro años, dos de las esposas del difunto Sobhuza II sirvieron como regentes mientras el príncipe continuaba su educación en una de las escuelas más prestigiosas del Reino Unido, la Escuela Sherborne. A los 18 años regresó al país para tomar el mando en solitario, convocó elecciones, pero únicamente legalizó su partido, por lo que ganó con el 100% de los votos. 

Cuando Mswati III llegó al país en 1986, Suazilandia era un país muy peligroso ya que los denominados “escuadrones de la muerte del apartheid” perseguían a los agentes del ANC (Congreso Nacional Africano), el partido sudafricano en ese momento ilegal que tenía como ideología el socialismo, el panafricanismo y el antirracismo. Mswati III, criado con los valores de una escuela privada británica, no brindó el apoyo que Sobhuza prestó al ANC, por lo que el país se convirtió aún más en un caos político y militar.

El Rey Mswati durante la Danza de los Juncos en la ciudad de Manzini (BBC News)

Después de la caída del apartheid en Sudáfrica en la década de los 90, el rey Mswati III encontró su momento para establecer una dictadura con una gran identidad, dónde demostraría ser un líder extravagante y estrambótico. Tras más de 35 años en el poder y 52 años de edad, el rey Mswati tiene 14 esposas y 35 hijos registrados oficialmente. Este gran número de hijos y esposas se explica porque el rey escoge a sus esposas en una ceremonia de danza tradicional llamada “Danza de los Juncos”, y es que una de las cuestionables tradiciones de la monarquía suazi es la de practicar la poligamia y tener un gran harén de mujeres vírgenes.

El rey organiza esta ceremonia a nivel nacional, a la que se presentan miles de mujeres solteras que bailan para él con vestimentas tradicionales durante siete días a modo de cortejo (más de 70.000 mujeres vírgenes en total). Después, el rey escoge a su favorita para casarse con ella y entrar en su selecto club de esposas. A simple vista puede parecer alocado presentarse y considerar selecto este club, pero entrar supone dejar atrás pobreza y precariedad, ya que el rey no escatima en gastos ni caprichos para sus mujeres e hijos.

LA RIQUEZA NO LE LLEGA AL PUEBLO

En 2009, la revista Forbes lo incluyó como uno de los miembros de la realeza más ricos del mundo, con un valor de más de 200 millones de dólares. Él mismo ha cuestionado estas cifras ya que según Mswati, el presupuesto real no se debate en el parlamento, ya que los altos cargos consideran un desafío al monarca elegir sobre su pueblo. Su asignación anual del PIB (más de un 50% aunque no se sabe a ciencia cierta cuánto más) hace que una de las pasiones del monarca sean los lujos.

La década de 2010 fue sin duda la más sorprendente en cuanto a gastos se refiere. Mswati se gastó más de 20 millones de dólares públicos en una flota de 14 coches Rolls-Royce (uno para cada esposa) y alrededor de 80 coches BMW de gama alta simplemente como capricho para sus hijos. Además, las numerosas fiestas de lujo de sus hijos y la compra de dos jets privados valorados en más de 20 millones de dólares le han valido la crítica de los pocos opositores que reclaman ayuda al exterior. Cifras del país estiman que los jets privados costaron una cuarta parte de todo el presupuesto nacional de ese año.

El rey Mswati y una de sus mujeres posan con el expresidente Barack Obama y la primera dama Michelle Obama (El País)

En 2012, el rey Mswati y su séquito hicieron un viaje a Londres para asistir al Jubileo de Diamante de la reina Isabel II, que costó a los contribuyentes suazilandeses más de 1 millón de dólares, un año antes también asistió a la boda del príncipe William y Kate Middleton, de este viaje no se tienen datos. El reloj que utilizó en esta ceremonia se estima en un valor de 1,6 millones, mientras que su traje de diamantes en un valor similar.

Son incontables sus despilfarros de dinero público y sus escándalos familiares. La polémica alrededor de sus matrimonios es enorme ya que dos de sus esposas huyeron a Sudáfrica vestidas de soldado, una de ellas fue secuestrada del colegio y varias han muerto debido a enfermedades depresivas y suicidios. El último escándalo, denominado “SwaziLeaks” y destapado por el único partido clandestino del país, hace referencia a los numerosos viajes de muchos de sus hijos a sitios como Los Ángeles y Londres para realizar fiestas de lujo, pagadas con dinero a costa de la población suazilandesa. 

LOS DUROS CONTRASTES DEL PAÍS

La vida llena de lujos que vive el monarca sería relativamente razonable si el país tuviera una gran economía y sus habitantes tuvieran una gran calidad de vida, pero lo cierto es que no es así. Suazilandia es uno de los países más pobres del mundo y uno de los que más cerca sigue la ONU.

Su estilo de vida excesivo contrasta con datos como que más del 70% de la población vive con menos de 1 dólar al día. El Banco Mundial estimó en 2018 que el 65% de los suazilandeses vivía bajo el umbral de la pobreza y el 30% por debajo del umbral de la pobreza extrema. En el país hay dos problemas principales a los que hacer frente. Suazilandia es el país del mundo con más sida, y es que una de cada cinco personas vive con VIH. Además, registra una esperanza de vida de 48 años debido a las numerosas enfermedades que se desarrollan en el país y en una sanidad sólo accesible para personas que pertenecen a la realeza.

El rey Mswati III durante un discurso militar en Mbabane, capital del país (Britannica)

Lo lógico es pensar que Mswati III ha llevado a cabo medidas para frenar la miseria en la que está sumida el país, pero lo cierto es que no, mientras él y su familia vive en el lujo máximo, la única medida llevada a cabo ha sido subvencionar la virginidad con 12 dólares mensuales, medida que estaría sufragada por el dinero que recibe el país procedente de las ayudas del Banco Mundial.

Otro de los problemas de Suazilandia reside en su forma de manejar su flujo comercial, ya que depende totalmente de Sudáfrica (importa un 90% de sus productos desde Sudáfrica). Además, el país no tiene apenas recursos que explotar exceptuando las piedras preciosas y se sustenta económicamente de la explotación de azúcar de caña, dónde ha encontrado un socio regional que apoya a la monarquía a cambio de una exportación masiva, Nigeria. 

¿SUAZILANDIA O ESWATINI?

Uno de los hechos más curiosos es que a pesar de malversar fondos que salen de organizaciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional y de ser considerado un dictador, Mswati III goza de inmunidad en cualquier cumbre o evento organizado por la Organización de las Naciones Unidas. El monarca, a sabiendas de que no es momento para salir del país y que mientras esté en Suazilandia no corre peligro de ningún tipo, intenta no acudir asiduamente a encuentros en el exterior.

La última vez que acudió a la Asamblea de las Naciones Unidas fue para cambiarle el nombre al país. En 2018, el rey Mswati III anunció que el país pasaría a llamarse Reino de Eswatini aprovechando la celebración del 50 aniversario de la independencia, que también coincidió con su 50º aniversario. El monarca dejó bien claro que el objetivo era dejar de usar el nombre colonial puesto por los británicos y utilizar en su lugar Eswatini, que en la lengua suazi significa ‘’el lugar de los suazis”. Además, el rey también dejó claro que el nombre del país se cambió para evitar confusiones con Suiza, ya que según el monarca están cansados de que se les confunda con Switzerland (Suiza en inglés) en todos los actos internacionales. 

El rey Mswati III en un discurso oficial ante la Asamblea General de la ONU (AFP)

La medida de cambiar el nombre del país está recogida en el boletín oficial del país desde 2018. El texto establece que todos los informes legales y acuerdos internacionales relacionadas con el Reino de Suazilandia deben leerse a partir de ahora como Eswatini.

EL FUTURO DEL PAÍS Y DEL MONARCA

El gasto extravagante en lujos propios del monarca se produjo en mayor intensidad justo cuando el Fondo Monetario Internacional criticaba a Suazilandia por desviar y malversar fondos que deberían haberse utilizado en materia de educación y salud. Resultado de este desfalco, el FMI retiró a su equipo que asesoraba al gobierno sobre la recuperación económica, generando unas tensiones internas y diplomáticas bastante importantes para un país como Suazilandia.

Lo preocupante a ojos de la comunidad internacional es cómo Mswati III sigue aferrándose al trono y no haya cambios en el poder de ningún tipo. Mswati ha gobernado con una política de mano dura y sus fuerzas de seguridad y policía han sido acusadas de ejecuciones, arrestos arbitrarios, detenciones y torturas a los opositores del régimen. 

Según Human Rights Watch, Suazilandia es uno de los países en los que más preocupa la libertad de prensa. La represión contra la oposición, los sindicalistas y los medios de comunicación se han acrecentado los últimos años y ya van varias decenas de muertes a raíz de las protestas callejeras a favor de la democracia. 

Protestas de refugiados suazilandeses contra el régimen de Mswati en Londres (The New Humanitarian)

Durante la pandemia, las protestas llegaron a un punto delicado y el rey Mswati desapareció a la vista pública unos meses (los medios sudafricanos especulan con una posible infección por COVID), hasta que se calmó el clamor popular. La situación sigue saliéndose de control y puede convertirse en un levantamiento contra un gobierno que no está sirviendo a los ciudadanos. La intervención de la SADC (Comunidad para el Desarrollo de África Austral) ahora es la mejor esperanza para llevar al país en una dirección diferente.

La esperanza de vida del país es de 48 años, en un país donde el monarca absoluto ya tiene 52. Y lo cierto es que, a corto plazo no parece que la situación vaya a cambiar. En los últimos meses las manifestaciones han cogido un rumbo verdaderamente serio para a lo que estaba acostumbrado el régimen dictatorial de Mswati. Además, la oposición ha cogido fuerza y voz en lugares como Sudáfrica, dónde los opositores exigen y abogan por una democracia multipartidista, lo que hace pensar que la revolución democrática es inminente en el país, la cuestión es saber cuándo se producirá.


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.  

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