LIBIA: UNA DÉCADA SIN GADAFI

A diez años de las revueltas de la Primavera Árabe y del fin de la dictadura de Muamar Gadafi, Libia aún persigue la conformación de un gobierno unificado que revista de estabilidad política a la fragmentación nacional. El alto el fuego acordado por las tropas del GNA y del LNA, el retorno a las sesiones parlamentarias, y la convocatoria a elecciones para el próximo diciembre, señalan un camino de reconstrucción institucional que podría finalmente pacificar el país

El esquema represivo del gobierno libio no logró contener el Día de la Revuelta, y aquel 11 de febrero del 2011 fueron las manifestaciones ciudadanas las que se interpusieron a las cuatro décadas de dictadura. La intervención de la OTAN con colaboración francesa, persiguió y acorraló a las tropas leales al régimen, Muamar el Gadaffi cayó abatido ocho meses después en Sirte, su ciudad natal.

Se abría en ese momento una etapa de anarquía institucional en la que los diversos ensayos de formación de gobierno, fueron pereciendo por falta de consenso y de legitimidad. La desarticulación del régimen de Gadaffi, dejó al desnudo la marcada fragmentación social de Libia. La heterogeneidad étnica  se configura con un alto porcentaje de población árabe / bereber, tribus tuareg en las provincias del sur y del oeste, bereber amazigh  (sin raíz árabe) en reductos limitados  del occidente, y  tebus (de raza negra) en las áreas sur y este. 

Con un número estimado de 140 tribus asentadas, la sociedad se ha organizado desde tiempos remotos bajo una dinámica de lealtad, fidelidad y obediencia al líder tribal. Esa disposición de normas y de leyes consuetudinarias, se subsidia con el control y la explotación de los recursos naturales, Libia es el país africano con mayores reservas de petróleo y de gas, además de un importante proveedor de hidrocarburos para Europa.

Fragmentación territorial y política la Operación Dignidad 

El punto de inflexión del fraccionamiento territorial se produjo en el año 2014, con el avance de las tropas leales al General Khalifa Haftar. Este antiguo brigadista del ejército libio, repudiado por Gadafi durante el conflicto armado con Chad, buscó a fines de los años 1980 refugio en los Estados Unidos; país en el que residió hasta el 2011 continuando su formación militar. 

 

  Imagen de Khalifa Haftar (BBC News (8 Abril 2019))

En el mes de mayo del año 2014 Haftar, inició la Operación Dignidad,  un despliegue ofensivo (terrestre y aéreo) en el que tropas del ejército local, junto a los soldados milicianos atacaron los principales centros urbanos. Su objetivo central era el desplazamiento del Congreso General de la Nación, y el desacople de las células yihadistas asentadas en torno a la ciudad-puerto de Bengasi. 

Las elecciones parlamentarias del 2015 se enrarecieron por los altos índices de violencia, cuyo epicentro se concentró en la región metropolitana de Trípoli.  Los miembros de la Cámara de Representantes se trasladaron temporalmente a la ciudad de Tobruk, en la zona este del país. Con el respaldo de las Naciones Unidas se constituyó un Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) con sede en la capital, y una Asamblea de Tobruk reconocida como Parlamento. Mientras, el Ejército Nacional de Libia (LNA) con Haftar al mando, dominaba los distritos petroleros del sur, y algunas áreas del oeste, con un sostenido avance hacia la capital. 

Desde ese momento Libia, pasó a contar con dos Gobiernos y dos Parlamentos, el primero reconocido por la comunidad internacional, y el segundo de facto, pero con una cuota significativa de poder militar y económico. 

Un “Estado fallido” 

La superposición de instituciones, y la presencia de fuerzas milicianas, obstaculizaron la consolidación de una autoridad política central. El hecho de que los libios prolongaran el vínculo a la adscripción tribal, en una composición demográfica mayormente urbana  en un 80% (2018), ha consagrado el proceso de trivialización de las ciudades, con el correlato de abundantes núcleos de coacción y de desgobierno.

La lucha por el control de los recursos naturales, y por el dominio de las rutas comerciales, fueron los objetivos estratégicos de las facciones de poder. En los últimos años Libia se ha convertido en una superficie en la que operan  organizaciones criminales internacionales, como los traficantes de armas, de inmigrantes, el narcotráfico, y el terrorismo yihadista. La permeabilidad de sus fronteras y la falta de una autoridad unificada, han impulsado la introducción de esa clase de redes delictivas.  

La Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia (UNSMIL) ha trabajado incesantemente desde el 2011 para desarrollar un espacio de diálogo entre el GNA, el LNA y las milicias étnicas.  Los esfuerzos diplomáticos acercaron la firma del  Acuerdo Político Libio (2015) con arbitraje marroquí, al que le sucedió la mediación del presidente francés Emmanuel Macron (2017).

                  

La situación política en Libia en enero de 2020 (Pulido, G. (2020). The Political Room)

En el transcurso del bienio 2018- 2019 Haftar (LNA) dominó la mayor parte del territorio, y mantuvo cercada a la capital. Hasta que la intervención militar de Turquía en favor del  GNA, forzó el cese de los combates a comienzos de enero del 2020. 

La pacificación y, ¿la unidad?

Tras cinco días de intensas negociaciones encabezadas por el representante de Naciones Unidas Stephanie Williams, el 23 de Octubre del 2020 en la ciudad de Ginebra, representantes del GNA y del LNA acordaron el alto al fuego permanente, la reapertura de las rutas terrestres y marítimas, y la repartición de la producción petrolera de la National Oil Corporation.


Comisión militar 5+5 en Siete (Atalayar (14 de noviembre de 2020))

El 10 de marzo pasado el parlamento libio emitió un respaldo de confianza hacia el nuevo Gobierno Nacional de Unidad (GNU), con 132 votos a favor,  2 en contra, y 46 ausencias. Entre los múltiples retos que le esperan al nuevo sistema político, está el de enmendar el texto constitucional para adecuarlo a la realidad vigente del Estado, y garantizar la celebración de elecciones transparentes, convocadas para el próximo 24 de diciembre. Una fecha que evoca el día de la independencia, y que los libios suponen será un segundo nacimiento para la nación. 


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.  

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