LA ERRADICACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER EN EUROPA

El Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra la mujer y la violencia doméstica, más conocido como “Convenio de Estambul”, conmemora este año el décimo aniversario de su creación; ¿qué supone esto para la protección de los derechos de las mujeres de una vida libre de violencia por razón de género?

Con el objetivo de sensibilizar al público general sobre esta lacra, el 25 de Noviembre la ONU conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Aunque los datos indican que 1 de cada 3 mujeres ha sufrido abusos a lo largo de su vida, la erradicación de la violencia de género ha sido un tema tradicionalmente invisibilizado en el ámbito público, ya que se consideraba un asunto privado o cultural y no un cuestión política que requiriese la intervención del Estado. No es hasta los años noventa, tras décadas de transformación feminista en la interpretación de los Derechos Humanos, que la lucha contra la Violencia de Género adquiere un mayor reconocimiento internacional, en parte debido a los crímenes de género cometidos en los conflictos armados de Ruanda y Yugoslavia.

ANTECEDENTES Y CONTEXTO EUROPEO

El Convenio de Estambul, el último instrumento regional creado con el objetivo de erradicar la Violencia de género, es el resultado de otras iniciativas previas desarrolladas a nivel internacional. Aunque hubo avances importantes bajo el paraguas de las Naciones Unidas, no es hasta la creación en 1994 de la Convención Interamericana de Belém do Pará que llegan las primeras normas vinculantes para luchar contra la Violencia de género a nivel internacional.

La Convención de Estambul surge en 2011 para cubrir el vacío legal respecto a la Violencia contra la Mujer en las instituciones europeas. Mientras que la Unión Europea se muestra incapaz de elaborar una Directiva, el Consejo Europeo, aunque con cierto retraso – dos décadas más tarde que su equivalente americano -, decide liderar este proyecto. Hasta entonces, la protección de las mujeres frente a la violencia de género en Europa había dependido de la jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH). Aunque el Convenio Europeo de Derechos Humanos no recoge de manera explícita la

Violencia de Género, el Tribunal la relaciona con el Artículo 2 (derecho a la vida), el Artículo 3 (prohibición de tortura) y el Artículo 8 (derecho al respeto de la vida privada y familiar).

Con este Convenio se pretende alentar a los países a tomar diferentes medidas para erradicar la Violencia contra la Mujer en el espacio Europeo y a nivel internacional, ya que el Convenio está también abierto a Estados y Organizaciones Internacionales que no formen parte del Consejo Europeo, como la Unión Europea, que firmó el Convenio en 2017.

CONTENIDO DEL CONVENIO DE ESTAMBUL

En el caso del Convenio de Estambul, la Violencia contra la Mujer comparte protagonismo con la violencia doméstica. Este enfoque híbrido provocó las críticas de feministas que consideran que una perspectiva “neutral” del fenómeno se traduce en una perspectiva “ciega” de sus orígenes y consecuencias, aunque a su vez el Convenio reconoce que la Violencia contra la Mujer es una manifestación del desequilibrio histórico entre el hombre y la mujer y un mecanismo social para mantener a estas en una posición de subordinación.

El Convenio de Estambul recoge como principios fundamentales (1) un enfoque basado en la igualdad y la no discriminación y (2) la diligencia debida de los Estados. Esto último se refiere a que los Estados no sólo deben abstenerse de cometer cualquier acto de Violencia de género, sino que son responsables de garantizar la protección de las víctimas y la prevención y sanción de aquellas ofensas perpetradas por actores privados. Para eso, el Convenio propone un enfoque multidisciplinar que se conoce como “las 4 Ps”: prevención, protección, persecución y políticas integradas.

Otro aspecto novedoso del Convenio Europeo es que trasciende el contenido habitual de un tratado de derechos humanos y busca la armonización de los sistemas criminales de los Estados Miembros para que estos incluyan las distintas formas de Violencia contra la Mujer, incluyendo la violencia física, el acoso (stalking), la violencia psicológica, la violencia sexual, el matrimonio forzado, la mutilación genital femenina, la esterilización forzada, el aborto forzado y el acoso sexual. Aunque esto constituye un gran avance, todavía quedan fuera del texto del Convenio otras formas de violencia como la violencia económica, el feminicidio, la explotación sexual o la prohibición de la interrupción voluntaria del embarazo.

Para controlar si los Estados Miembros cumplen con sus obligaciones, un comité de expertos (GREVIO) se encarga, a través de informes, de monitorizar en qué nivel las medidas son implantadas en los Estados Miembros. A diferencia de la Convención Interamericana, la Convención Europea no incluye ningún procedimiento para gestionar casos individuales. De esta manera, pretende alejarse de un rumbo sancionador y reflejar un espíritu cooperativo. Además, en caso de que otro actor internacional ya sea un Estado o una Organización Internacional no miembro del Consejo de Europa decidiera ser parte de la Convención, depender del TEDH podría suponer un problema de jurisdicción.

OBSTÁCULOS EN LA IMPLANTACIÓN DE LA CONVENCIÓN

Tal y como indica el Segundo Informe General publicado por GREVIO, las medidas de aislamiento social adoptadas por los Gobiernos para hacer frente a la pandemia han provocado un aumento exponencial en los casos de violencia de género. Aunque se han desarrollado alternativas creativas para que las víctimas pudieran pedir ayuda de manera

discreta (como el uso de herramientas online o códigos de palabras o gestos en farmacias), el aumento de peticiones de ayuda no ha ido de la mano de un aumento en recursos humanos para poder asistir a las víctimas y muchas de las barreras que ya existían para los grupos más vulnerables se han agravado, como suele suceder en las situaciones de crisis.


Códigos y señales de socorro para mujeres que sufran violencia de género (20 minutos)

Además de este problema general que ha afectado a mujeres de todo el mundo, en algunos países del centro y este de Europa se ha observado un movimiento de reacción contra el progreso de los últimos años hacia la igualdad de género y los derechos de las mujeres que se ha materializado en el rechazo manifiesto a la Convención de Estambul. Algunos partidos políticos, instituciones religiosas y grupos ultraconservadores mantienen que esta Convención tiene una “agenda oculta” que pretende imponer conceptos ajenos a su tradición y cultura (como el matrimonio homosexual) que supondrían un ataque a los roles de género tradicionales que sostentan la familia y la sociedad.

Aunque en Croacia los grupos conservadores no lograron evitar la ratificación de la Convención, esta campaña de odio ha logrado la salida de Turquía de la Convención que recibe su apodo de la ciudad turca donde se produjo su primera firma (Estambul). También Polonia ha amenazado con su retirada, lo que supondría un ataque más a la frágil situación del Estado de Derecho en el país.

Estado de aprobación y ratificación política del Convenio de Estambul en Europa (Consejo de Europea)

Reino Unido, Eslovaquia, Hungría, Bulgaria, República Checa, Lituania, Letonia, Armenia, Ucrania, Moldavia, Rusia y Azerbaiyán son los países miembros del Consejo de Europa que no han ratificado la Convención, los dos últimos ni siquiera la han firmado. A excepción de Reino Unido, en el resto de Estados el rechazo a la Convención por parte de las élites políticas o sociales frena cualquier posibilidad de adhesión, al menos en un futuro cercano.

CONCLUSIÓN

Aunque el Convenio Europeo para la erradicación de la Violencia contra la Mujer ha llegado más bien tarde en comparación a otros instrumentos regionales y ha sido criticado tanto por su enfoque híbrido como por no recoger una lista más extendida de tipos de violencia de género, no cabe duda de que se trata del instrumento más completo hasta la fecha para la lucha contra la Violencia de Género a nivel internacional. Aunque los expertos coinciden en que la erradicación de la Violencia contra la Mujer se conseguirá sólo tras un cambio efectivo en los estereotipos y comportamientos sociales, la adopción de este Convenio es importante para asentar las obligaciones positivas de los Estados y reflejar el compromiso de la sociedad.


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.  

Un comentario

  1. Me parece un estudio muy bueno. Veo que faltan muchas cosas para que el rechazo sea total. Pero estamos en camino. Mi apoyo y adelante Laura. Es un placer conocerte a ti y a tu familia. Un abrazo

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