LA GRAN MURALLA VERDE DEL SAHEL

Contradiciendo el significado implícito que conlleva la palabra en sí misma, la Gran Muralla Verde del Sahel será la primera muralla del mundo que busca unir comunidades mientras combate los avances de la desertificación y del cambio climático en la región.

Introducción

Fenómenos como el aumento de las temperaturas medias, la subida del nivel de los océanos y el deshielo generalizado, muestran cómo el calentamiento global se está convirtiendo en un hecho claro e inequívoco. El cambio climático se describe a menudo como un motor de transformación que degrada el medio ambiente. El Cuarto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) establece con certeza la aceleración de la degradación de los ecosistemas de la Tierra, así como la responsabilidad directa del ser humano en el proceso. 

Uno de los efectos del cambio climático en los ecosistemas consiste en exacerbar las condiciones ambientales, ya de por sí, adversas. Por ejemplo, amplía los efectos del Niño -estaciones de sequía- y la Niña -periodos de lluvias-, que se dan principalmente en el continente americano. Estos fenómenos tienen un impacto directo perjudicial sobre las tierras y las plantaciones de cultivo. 

En África ocurre igual. El Sáhara, también conocido como el “Gran Desierto”, abarca casi todo el norte del continente y, aunque delimitado principalmente por los mares y océanos que le rodean, lleva décadas en expansión conquistando terrenos hacia el sur africano. La Gran Muralla Verde del Sahel nace para frenar este avance de desertificación y aridez. Al mismo tiempo plantea de forma novedosa numerosas iniciativas locales para generar una respuesta a los efectos del cambio climático y crear nuevas oportunidades para las comunidades de la región.

La autora y nacimiento del proyecto

“Cuanto más degradas el medio ambiente, cuanto peor administras tus recursos naturales, más te hundes en la pobreza”.

Wangari Muta Maathai

El proyecto nació en 2007, a raíz de la idea de la activista keniata Wangari Muta Maathai, tras una reunión de la Unión Africana. Apodada la “Mujer Árbol”, la política y ecologista fundó el movimiento Green Belt en 1977, el cual continúa llevando a cabo proyectos enfocados en el desarrollo sostenible de la región.

Wangari Muta Maathai (Funsación Nobel) y el logo de su movimiento (Green Belt Movement)

Wangari fue la primera mujer africana en recibir el premio Nobel de la Paz en 2004 por su «su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz». Falleció en 2011, un año más tarde de que el proyecto de la Gran Muralla Verde del Sahel comenzara a hacerse realidad.

Esta “Muralla Verde” partió con el objetivo inicial de plantar una gran barrera de árboles de casi ocho mil kilómetros a lo largo y quince de ancho a través de la costa sur del desierto del Sáhara. En un primer momento, el proyecto únicamente buscaba frenar el avance de la desertificación hacia el sur, el cual ya ha aumentado alrededor de un 10% desde 1920.

Para ello, la idea dibujaba un gran bosque en forma de cinturón que recorriese el continente de poniente a levante. De esta forma actuaría como una barrera natural -una muralla- contra el crecimiento del desierto hacia el sur, además la plantación de los árboles ayudaría a combatir la aridez devolviendo el color verde al ecosistema de la región.

La «muralla» verde (www.greatgreenwall.org)

El Sahel

Antes de continuar con el proyecto, es necesario analizar un poco la región que lo acoge, el Sahel. Se traduce del árabe como “costa”, ya que, situándose al sur del desierto del Sáhara, da la impresión de que actúa como un litoral entre el árido ecosistema del norte y las selvas y sabanas que le suceden hacia el centro del continente.

Los países de esta región luchan contra uno de los principales problemas exacerbados por el cambio climático; la desertificación. Se trata del progresivo avance del desierto hacia la zona meridional, destruyendo terrenos fértiles y convirtiéndolos en tierras estériles. Este fenómeno se produce debido a los -cada vez más frecuentes- periodos de sequía prolongados, provocando la destrucción del ecosistema y haciendo que la subsistencia de la biodiversidad y de las comunidades se vuelva insostenible a largo plazo. 

Sahel como límite sur del desierto del Sáhara (meteored.com)

Un proyecto ambicioso y creciente

La Muralla Verde aspira a ser el proyecto ecológico más ambicioso de la historia. Una vez completada, sería la estructura viviente más extensa del planeta, superando tres veces en tamaño a la Gran barrera de Coral, situada al noreste de Australia.

Considerando la amplitud de terreno que abarca este macro-proyecto y la heterogeneidad de los Estados que incluye, la Muralla Verde se ha adaptado a las políticas y necesidades específicas de cada uno de los once países, desde Senegal hasta Djibuti. Es por ello por lo que cada gobierno y sus comunidades han establecido una forma de trabajo “fragmentada” donde se hace hincapié en el uso sostenible de la tierra a través de técnicas agrícolas autóctonas.

Desde sus inicios, la iniciativa ha servido de base para impulsar proyectos complementarios a la plantación de vegetación. Los gobiernos de los países de la franja del Sahel, con el apoyo de organizaciones internacionales, han visto la oportunidad de establecer (micro)proyectos a nivel local con la idea de mejorar la calidad alimentaria, y la salud y crear nuevas oportunidades de empleos verdes para los hogares locales.

El papel de la comunidad internacional

La Gran Muralla Verde, a pesar de haber nacido en la cuna de la Unión Africana, pronto se insertó en la agenda de otros Estados y grandes organizaciones internacionales. Organismos e instituciones internacionales como el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente(PNUMA), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD) colaboran con otras agencias y gobiernos para poder establecer fondos de financiación y coordinar acciones que apoyen la iniciativa de la Muralla Verde.

En un mundo donde los proyectos ambientales y la preocupación por el medioambiente está cada vez más presente en las políticas internacionales, es posible enmarcar la involucración francesa en el proyecto ecológico como parte de la estrategia de la agenda exterior del gobierno de París, y su papel no puede ser pasado por alto. 

El papel de Francia en la geopolítica mundial es indiscutible. Se trata de uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con derecho a veto, y es uno de los principales ejes económico y político de la Unión Europea. Además, cuenta con una gran influencia cultural y política en numerosas regiones del mundo debido a su pasado como potencia colonial. Esta relación histórica ha perdurado debido a la fuerte política exterior que la potencia europea ha desarrollado con sus ex-colonias. Esta conexión se basa en una serie de tratados de carácter económico y político, además de las diversas instituciones y organizaciones encargadas de fomentar la cultura francesa. Para ello, el principal vehículo de poder blando y diplomacia francés es la francofonía, la cual se encuentra en el centro de numerosas estrategias de carácter internacional. 

El espacio francófono reúne más de 88 Estados con una población de más de 300 millones de personas. Cuatro de los cinco países con más francoparlantes se encuentran en África. Se trata de la lengua oficial y cooficial de numerosos Estados africanos ya que se usó como instrumento unificador para formar los Estados-nación tras las descolonizaciones. En el norte y oeste de África encontramos gran parte de esta población francófona, esto abarca gran parte de la Región del Sahel.

Francia ha acercado el proyecto a nuevas organizaciones y foros internacionales. Del mismo modo se ha enmarcado en programas nacionales de carácter global como la reciente  cuarta Cumbre One Planet o la COP26. Esto ha atraído el compromiso y la mirada de inversores y donantes extranjeros de otros continentes. Recientemente se ha convertido en la iniciativa insignia del nuevo Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas 2021-2030. 

Objetivos del desarrollo sostenible incluidos en la iniciativa de la Muralla Verde del Sahel (greatgreenwall.org/2030ambition)

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), a través del Fondo para el Medio Ambiente Mundial,  ha sido uno de los principales donantes del proyecto. Tras la Cumbre de One Planet, la iniciativa verde del Sahel recibirá hasta 19 millones de dólares a través de diferentes organizaciones bilaterales y multilaterales, como el gobierno francés o el Banco Mundial. Además, cuenta con nuevos presupuestos por parte del Banco Africano de Desarrollo.

A principios del año 2021, en One Planet, el presidente Emmanuel Macron, y otros líderes mundiales establecieron un Acelerador Multiactor”. Se trata de un nuevo sistema de organización y coordinación que busca facilitar la comunicación y la colaboración entre donantes y los trabajadores que se encuentran desarrollando la Muralla Verde en el terreno.

Actualidad: desafíos y esperanzas

El reto financiero no es el único desafío al que se enfrenta la Muralla Verde. Cada país es el encargado de implantar las políticas y llevar a cabo las acciones necesarias para su desarrollo, por tanto, los problemas internos, de carácter económico o logístico de cada uno de ellos afectan de forma global y única al proyecto. Del mismo modo, la inestabilidad de los gobiernos, o situaciones de conflicto violento en algunas regiones dificultan considerablemente su progreso.

El informe de progreso más reciente del proyecto, redactado por la Convención para Combatir la Desertificación de la ONU, afirma que las actividades de la Gran Muralla Verde han restaurado cerca de 20 millones de hectáreas de tierra, han creado más de 350.000 puestos de trabajo y han generado alrededor de US$ 90 millones de dólares en ingresos entre 2007 a 2018. Sin embargo, para lograr cumplir con las expectativas implantadas para 2030, prácticamente habría que triplicar  las tasas anuales de restauración.

Pese a todas las dificultades que la Muralla Verde ha encontrado en su camino, el progreso es visible. Nació con objetivos ambiciosos que no fueron correspondidos directamente con la financiación necesaria para llevarlo a cabo, no obstante, debido a la creciente relevancia de los asuntos ambientales en las agendas de los gobiernos, la iniciativa y sus ideales se han hecho más visibles en los foros y organizaciones internacionales. Además, la contribución y la mano de obra trabajadora por parte de las comunidades y otros voluntarios ha sido fundamental e indiscutible.

Un grupo de personas en medio de un campo de tierra

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Trabajadoras locales en el proyecto (www.greatgreenwall.org)

Queda un largo camino por recorrer, en cambio, está siendo un gran ejemplo y una inspiración para numerosos proyectos que encuentran en el desarrollo sostenible una gran fuente para generar empleos verdes, crear nuevas oportunidades en las tierras que se consideraban perdidas y combatir los efectos del cambio climático. Según Susan Gardner, directora de la División de Ecosistemas del PNUMA:

“La Gran Muralla Verde es un ejemplo inspirador de cómo este llamado se pone en acción […] Esta iniciativa por sí sola no transformará la suerte del Sahel de la noche a la mañana, pero se está convirtiendo rápidamente en un corredor de crecimiento verde que está generando inversiones, impulsando la seguridad alimentaria, creando puestos de trabajo y sembrando las semillas de la paz”.


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21. 

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