LIBIA: ASPECTOS ESENCIALES EN LA TRANSICIÓN

El 23 de octubre del 2020, tras cinco intensos días de diálogo guiados por Naciones Unidas, se alcanzaba por fin el tan ansiado cese del fuego en Libia. La tregua firmada en Ginebra despertó en el pueblo libio esperanza y optimismo de cara al futuro. Sin embargo, a tan solo un día de las elecciones presidenciales programadas en el país, la situación en materia de seguridad sigue siendo precaria. Situación que se ha complicado aún más por la imposibilidad de celebrar las elecciones del 24 de diciembre. Esto nos lleva a preguntarnos cómo se debería abordar este escenario de inseguridad, para poder así lograr la paz duradera en el país.

En estos momentos la incertidumbre es total, pues nadie sabe qué pasará. Entre los escenarios más probables está que el proceso de reunificación libio se vea truncado, sumiendo así al país nuevamente en una guerra civil. El conflicto tendría lugar debido a las hostilidades existentes entre dos fuerzas: el Gobierno Nacional de Unidad (GNU), respaldado por la ONU, y el Ejército Nacional Libio (LFA), respaldado por la Cámara de Representantes en Tobruk. Esta situación de inseguridad se complica aún más debido al carácter híbrido de la seguridad en Libia. 

LOS CUERPOS Y FUERZAS DE SEGURIDAD DE LIBIA

Las fuerzas de seguridad del estado libio presentan una clara división en lo que al gobierno que representan se refiere; existen fuerzas del estado que corresponden tanto al GNU como al LFA. Sin embargo, ambos bandos de fuerzas de seguridad del estado están compuestos por milicias prácticamente en su totalidad, las cuales no son más que proveedores de seguridad con un carácter informal. Estas milicias, a pesar de estar en nómina y bajo órdenes de sus respectivos gobiernos, cuentan con cierto grado de autonomía. Y es precisamente esta autonomía el mayor obstáculo a la hora de establecer un sistema de gobernanza efectivo. El cual debería de contar con un método de supervisión, acompañado de procesos de rendición de cuentas, los cuales son prácticamente inexistentes actualmente en Libia.

Las próximas elecciones presidenciales (que deberían de tener lugar el 24 de diciembre, pero que con seguridad se verán pospuestas) podrían ser el catalizador necesario para consolidar una paz duradera en Libia. Entre las prioridades más inmediatas para facilitar dicho cambio se encuentran: facilitar unas elecciones exitosas, identificar a los posibles líderes generadores de una transición y abordar el problema de la hibridación del sector de seguridad en Libia.  

Mohamed Al-Menfi (actual presidente del GNU) recibiendo en su despacho a la brigada 166 (The Libya Observer)

PRIORIDADES EN MATERIA DE SEGURIDAD

El primer paso para lograr acabar con la inseguridad en el país es celebrar las elecciones presidenciales exitosamente. Para ello, es esencial que estas sean pacíficas. En otras palabras, la celebración pacífica de las elecciones es prioritaria frente a que las mismas se celebren a tiempo. Asimismo, es de vital importancia que los resultados de las elecciones se acepten y sean vistos como parte de un proceso democrático lícito, pues sólo de ese modo las instituciones del país podrán recuperar la legitimidad frente al pueblo, que es inexistente hoy en día. Sólo así los votantes del candidato perdedor podrán aceptar el resultado de las elecciones, lo que resulta esencial para poder fortalecer el actualmente debilitado alto al fuego y reunificar el país bajo un único gobierno.

Fundamentalmente, los líderes de transición deben ser seleccionados como parte del proceso electoral. La alineación actual de candidatos presidenciales demuestra que las agendas de los posibles líderes de transición varían ampliamente, incluyendo al general de la LFA, Khalifa Haftar, el actual primer ministro interino, Abdul Hamid Dbeibeh, el exdirector de la LAA, Mosadek Hobrara y el hijo del exlíder libio Muammar el-Gaddafi, Saif al-Islam Gaddafi. No obstante, necesitarán obtener la aprobación pública suficiente para garantizar su propia supervivencia política. Por lo tanto, debe existir cierto grado de convergencia entre las prioridades de los líderes de transición y los ciudadanos comunes. Estas convergencias, principalmente el deseo de una situación de seguridad estabilizada y una reconstrucción posterior al conflicto, deben manifestarse como políticas reales.

De otro modo, es prioritario establecer mecanismos creíbles tanto de inclusión, como de salida, para la parte que resulte perdedora del proceso. Pues de no darles este margen de actuación, estaríamos fomentando que se “atrincheren” y se opongan a un nuevo régimen en el país. Por lo que es esencial que los perdedores también se vean beneficiados por el establecimiento del nuevo sistema; evitando así que estos vean las armas como su única salida.

Asimismo, otra de las prioridades de carácter fundamental es establecer una fuerza profesional de seguridad unificada, para poder así conseguir una democracia con sistemas efectivos de transparencia y responsabilidad. Para ello, las milicias semiautónomas que imperan actualmente en Libia deben ser sustituidas gradualmente por un ejército formal. Este debe ser transparente y contar con sistemas de responsabilidad efectivos, siendo dirigido por líderes políticos electos democráticamente. De otro modo, las milicias seguirán suponiendo un peligro para la democracia libia y la seguridad de sus ciudadanos.

Mosadek Hobrara, candidato a las elecciones presidenciales libias (Cedida)

DISPOSICIONES NECESARIAS PARA LA TRANSICIÓN EN LIBIA

Todo lo anteriormente explicado, demuestra que hay tres medidas esenciales que han de llevarse a cabo para lograr reestablecer la democracia y la seguridad en Libia, con garantías de que se respeten los derechos humanos. Estas son:

Adoptar medidas para que las elecciones presidenciales se lleven a cabo con garantías democráticas. Para ello se deben de tomar todas las medidas necesarias para que las elecciones representen fielmente el voto del pueblo, y estas sean percibidas como legítimas. Por otra parte, también es fundamental llevar a cabo la recomendación del Observatorio de Derechos Humanos para Libia, de revocar todas las leyes electorales que restringen la presentación de candidatos antes de las elecciones. Así mismo, siempre que sea posible, el UNSMIL (sigla en inglés de Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia) debe vigilar de cerca el proceso electoral e intentar intermediar entre las partes que defieran, particularmente entre el GNU y la HOR (Cámara de Representantes de Libia).

Establecer mecanismos de inclusión para los perdedores del proceso. Se debe dar garantías creíbles de salida e inclusión a las partes que resulten perdedoras del proceso. Medidas concretas para la parte perdedora del conflicto, como: facilitar un “exilio dorado”, no hacerles responder por sus crímenes e integrarlos bajo responsabilidades similares. Pues sólo de este modo se podrá conseguir que estos acepten un nuevo sistema.

Restablecer gradualmente el monopolio de las fuerzas de seguridad por parte del gobierno. Preferentemente este debería ser ejercido por un único gobierno elegido democráticamente, con el objetivo a largo plazo de que las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado sólo respondan a él. Es de vital importancia que esta restructuración se lleve a cabo de manera gradual, puesto que un cambio radical podría acarrear más violencia. El proceso de restablecimiento del monopolio de las fuerzas de seguridad del gobierno debería comenzar por fortalecer los actuales sistemas de supervisión sobre las milicias; asegurando así la seguridad de los civiles a nivel local, con el objetivo de establecer un procedimiento formal para desarmar, desmovilizar y reintegrar las milicias en los cuerpos de seguridad del estado.  

CONCLUSIÓN

Las próximas elecciones presidenciales libias se presentan como un punto clave para definir el futuro del país en todas sus direcciones; tanto para la paz y la reconstrucción, como para la guerra y el caos. Queda en manos del pueblo libio y de la comunidad internacional, encaminar el país hacia una democracia verdadera; para lo cual es esencial seguir las recomendaciones presentadas en este artículo, siendo estas prioritarias frente a que las elecciones se celebren a tiempo. Sólo de ese modo será posible consolidar una paz duradera, con la que el gobierno libio podrá recuperar su función más básica: proporcionar seguridad a sus ciudadanos. Pues, ¿para qué sirve un estado que no puede proporcionar seguridad a sus habitantes?


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21. 

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