LA INFLUENCIA DE CHINA EN LOS BALCANES: EL CASO DE MONTENEGRO

En los últimos meses, la pequeña república balcánica de Montenegro viene observando cómo su soberanía ‘se esfuma’ a raíz de la imposibilidad de devolver los fondos chinos cedidos que tenían como objetivo la construcción de infraestructuras. Estos problemas nos recuerdan a lo que sucede en algunos países africanos, ahora extendido también a los Balcanes. 

En 2014, el banco chino ‘EXIM’ ofreció la gigantesca cantidad de 1.000 millones de dólares estadounidenses a Montenegro para financiar la principal autopista del país que uniría las poblaciones de Bar y Boljare, es decir, el Adriático con la frontera serbia. No obstante, este tipo de inversiones tiene una doble vertiente: la negativa resulta del cada vez más factible impago de la deuda por parte de Montenegro – una cantidad que equivale al 30% del P.I.B. nacional -, lo que conllevaría a la renuncia de soberanía sobre partes de su territorio en caso de problemas financieros, tal y como aceptó la república balcánica en las condiciones del acuerdo.

Sin duda alguna, la parte positiva recae en China, no solo por el hecho de poder llegar a controlar un país a nivel económico tal y como ocurre con Montenegro, sino también por que está consiguiendo implantar con éxito su nuevo megaproyecto: La ‘Belt and Road Initiative’ o Nueva Ruta de la Seda.

EL HARD-POWER CHINO

Desde el año 2013, momento en el que fue planteada esta ‘ruta’ por el presidente chino Xi Jinping, el objetivo de la potencia asiática es conectar de forma económica y comercial tres puntos del globo a nivel terrestre y marítimo: Europa, África y Asia. Esto muestra un claro ejemplo de cómo las potencias son capaces de ejercer hard power’ o poder duro sobre otros entes pero, ¿en qué consiste exactamente el poder duro?. En palabras de Jospeh Nye (geopolitólogo y creador del término), no es más que la capacidad de condicionar a un Estado mediante una serie de ‘aptitudes’ fuertes, duras, como pueden ser la coerción, el mundo de lo militar o el económico, tal y como ocurre en este caso a analizar.

Así, China utiliza el hard power en la ‘Nueva Ruta’ no solo como un elemento que intente rebatir el predominio de Estados Unidos como superpotencia global, sino también como un instrumento que le permite influir sobre naciones con menor capacidad de desarrollo al financiar proyectos de infraestructuras – ferrocarriles, recintos portuarios y carreteras – con la finalidad de ejercer tanto una atracción de los países incluidos en la ruta, así como una reorganización del panorama geoestratégico y económico global.

Vías marítima y terrestre de la Road Belt Initiative o Nueva Ruta de la Seda. (Exotrade)

Teniendo en cuenta que la economía china resulta dependiente de las exportaciones de materias primas a larga distancia, la Nueva Ruta de la Seda tiene la finalidad de llevar un control más minucioso de la mercancía, un ahorro en costes (al acortar muchos de los trayectos) y proveer e invertir en regiones como la Unión Europea y sus países circundantes, tal y como ocurre con Montenegro. Prueba de ello fue la creación, en 2012, de la China-CEE o 17+1, un instituto de cooperación y desarrollo de la zona Balcánica y Europa Oriental (creando un corredor desde el mar Báltico hasta el Mediterráneo) que está siendo profundamente criticado desde Bruselas, al considerar esto como una tentativa de disociación para la integración europea.

DOS POTENCIAS CON UN ÚNICO OBJETIVO

Siguiendo con el análisis, la Unión Europea observa este tipo de inversiones en los países balcánicos como un desafío, ya que los créditos tan baratos y otro tipo de beneficios permiten a las empresas chinas incrementar su competitividad en los mercados europeos, desafiando de manera desleal a las empresas europeas. Además, algunos países comunitarios (como Francia o Alemania) conciben dichos negocios en sectores estratégicos, es el caso de las infraestructuras montenegrinas, como una amenaza para la seguridad europea. Esto es algo que se ha evidenciado, por ejemplo, en la 22a Cumbre UE-China celebrada en junio de 2020, donde las instituciones europeas, representadas por el nuevo equipo europeo dirigido por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, se refirieron al gigante asiático y a sus préstamos con expresiones férreas tales como ‘rival sistémico’, aprovecharon así para manifestar la necesidad de defender los valores y los intereses comunitarios.

También se refleja en palabras del presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, el malestar incipiente de la Unión hacia China, pues este determinó que comprometerse y cooperar con China es una oportunidad y necesidad. Ahora bien, al mismo tiempo, dejó patente que era necesario reconocer que no comparten los mismos valores, sistemas políticos o el enfoque del multilateralismo, debiendo defender con firmeza los intereses de la UE, una idea que se refleja en el denominado WB6 (Western Balkan 6), una iniciativa creada en 2017 con el objetivo de aumentar los flujos comerciales y de inversiones de la Unión en los Balcanes, siendo actualmente esta el socio más importante en la región, dominando el 70% de las relaciones comerciales.

Evolución del comercio entre la Unión Europea y los Balcanes Occidentales. (Comisión Europea)

No obstante, y a pesar del discurso de la Unión Europea, lo cierto es que dicho grupo comunitario se niega a reembolsar el difícil préstamo asumido por Montenegro, que por su parte tiene previsto, según los expertos, su adhesión en torno al año 2025, tal y como señalaron desde el departamento del Comisario europeo de Vecindad y Ampliación, Olivér Várhelyi. Esta situación da como resultado una doble problemática: La primera (tal y como refleja Vuk Vuksanović, miembro del Centro de Política de Seguridad de Belgrado) se vincula a la credibilidad de la Unión, pues esta se reduciría significativamente ya que las capitales balcánicas observarían cómo se les juzga por cooperar con China y cómo el grupo de los 27 no hace mucho para neutralizar la influencia china tal y como recoge Euronews.

La segunda problemática se vincula al panorama geoestratégico, pues en el caso de que Montenegro no pueda hacer frente finalmente a los créditos chinos, este se recrudecería al tener más presente a la potencia asiática en el territorio de influencia de la Unión, pues la cesión de territorio que recoge el contrato firmado se traduce en la entrega del puerto de Bar a China. No obstante, no sería el primer puerto en manos de Pekín, ya que en 2016, el puerto griego de El Pireo pasó a ser propiedad al 51% de COSCO, compañía china de operaciones portuarias. Dicho esto, si bien el peso de la Unión no corre peligro a corto plazo, sí es cierto que las actividades de China en la región suponen una tendencia al alza y peligrosa para la UE y sus procesos de adhesión de los países de la zona.

MONTENEGRO, ¿EN QUIEBRA?

El actual ejecutivo montenegrino (con Zdravko Krivokapić como Primer Ministro) se encuentra en una situación delicada al tener que gestionar tanto la situación de crisis sanitaria como la deuda del país con China, contraída por el anterior gobierno socialdemócrata. Prueba del difícil panorama estatal fue la emisión de bonos del Estado en el mercado internacional por un valor de 750 millones de euros en diciembre de 2020 por un período de siete años con el objetivo de evitar la quiebra estatal.

Esto lleva a una situación no solo de dificultad financiera (ya que pone al país en riesgo de una deuda ‘generacional’), sino también política, pues el Vicepresidente de la república, Dritan Abazović, está abierto a proponer una investigación por posible corrupción entre algunos de los miembros del antiguo gobierno por la construcción de una autopista tan ‘costosa y megalómana’.

De izquierda a derecha: Tramo de la autopista Bar-Boljare en las proximidades de Podgorica / representación cartográfica de la ruta completa de dicha infraestructura. (Euronews y ResearchGate)

CONCLUSIONES

Analizada la situación de la pequeña república adriática, lo cierto es que el país se enfrenta a uno de sus momentos más complejos de la historia reciente como consecuencia del crédito otorgado por China, que se suma a la ya diezmada economía dependiente del turismo, a pesar de ser el país mejor situado del área geográfica en cuanto a liberalización y apertura comercial. Esto provoca sin duda no solo un problema localizado, sino que entran en juego dos grandes potencias – la Unión Europea y China – con unos intereses crecientes en la región.

Si finalmente China se hace con parte de la soberanía montenegrina, la Unión Europea debe ‘contraatacar’ con importantes inyecciones de capital e inversión en la zona balcánica, evitando así que los futuros socios comunitarios observen al grupo de los 27 como un actor inactivo. Prueba de ello está en los presupuestos del 2021-2027, que incluyen no solo una partida presupuestaria de 9.000 millones de euros para la financiación de infraestructuras, sino también en los IAP III (Instrumentos de Ayuda a la Preadhesión) donde se acuerda un importe de 14.500 millones de euros para ayudar en reformas políticas, institucionales, sociales y económicas, lo que daría paso a contrarrestar con mayor fuerza el peso del gigante asiático.

De esta forma, es posible plantear algunos escenarios futuros ante la inestable situación de Montenegro y la confluencia del hard power sino-europeo en los Balcanes Occidentales:  si Pekín acaba condonando la deuda, ¿se traducirá esto en un retroceso en el acercamiento del ejecutivo montenegrino a la Unión Europea?, ¿acabará sustituyendo la UE el crédito chino por uno del Banco Europeo de Inversiones o del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo? o ¿puede Montenegro sobrevivir al embate económico y evitar su quiebra financiera y una inestabilidad generacional?


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21. 

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