EL REALISMO PERIFÉRICO: El CASO DE BRASIL

El Realismo Periférico (RP) es un concepto que a simple vista es difícil encontrarle significado, nos es desconocido. La realidad es que este término tan novedoso, fue acuñado por el politólogo e intelectual argentino, Carlos Escudé, que profundizó y centró sus investigaciones en los estudios realistas de las Relaciones Internacionales. El RP será aquí aplicado al estudio de la política brasileña, aunque un tanto abstracta por la complejidad de los diferentes contextos histórico – políticos que ha vivido el país en sus diferentes legislaturas.

INTRODUCCIÓN AL REALISMO PERIFÉRICO

Tradicionalmente los debates de la Relaciones Internacionales giraron en torno al neorrealismo-neoliberalismo y al realismo estructural,  entre otros muchos postulados. Los Estados como unidades centrales de análisis en la disciplina – el estatocentrismo imperante-, la anarquía como principio rector que impregnaba el contexto del sistema internacional, dentro de ese mundo hobbsiano del <<todo contra todos>> y la ausencia de gobierno como eje de la vida internacional como defendía Hedly Bull (Miranda,1984; 71). También podríamos remitirnos al realismo clásico de Morgenthau donde concebía un mundo donde los Estados actuaban en pro de sus intereses, el egoísmo galopante y la búsqueda de poder y la supervivencia (Padilla, Márquez, Consuelos, Paz, 2014; 26-27).  

Carlos Escudé en Todo Noticias (Todo Noticias)

Así mismo el plano del realismo político ha llegado hasta el ámbito académico e intelectual latinoamericano; el llamado ´Realismo Periférico´  que ha supuesto una evolución importante dentro de los estudios realistas de las Relaciones Internacionales, y posiblemente una de las teorías más influyentes en Latinoamérica (Carlos Escudé, 2016; 1). El RP  se sustenta en ciertos postulados: (1) Los Estados no son “cajas cerradas” sino que los propios factores internos (régimen, instituciones, sociedad, etc.) importan, algo que el realismo clástico o estructural ignoraba; (2) El concepto de seguridad para Escudé no es relevante como lo es para el realismo de Morgenthau o el neorrealismo de Waltz. Lo que interesa en el desarrollo económico y el bienestar como principal preocupación, o también el interés nacional de países periféricos.

El debate político y académico puso especial énfasis en el concepto de “autonomía”, término que ha estado presente en diversos análisis latinoamericanos y que guardaba especial interés en el enfoque de las estrategias versadas en el equilibrio y el bandwagoning de los EE.UU. Algunas teorías carecían de capacidad de análisis y de explicación para buscar respuestas sobre el por qué la autonomía era tan deseable por ciertos Estados periféricos, algo que el RP sí hizo posible y aportó una conclusión bastante fiable: los Estados más débiles (Argentina, por ejemplo) no podían buscar altos grados de autonomía frente a una superpotencia hegemónica en su región sin causar algún daño al bienestar de los ciudadanos nacionales (Escudé, 2016).

Cabe señalar que el Realismo Periférico nace en contraposición al neorrealismo, pone en tela de juicio sus postulados y aporta algunas críticas que giran en torno al concepto de Estado como unidad de análisis; a la preeminencia de la seguridad y el concepto de anarquía. 

El contexto histórico de entonces, inclinaba las preocupaciones y el desconcierto hacia la estabilidad del orden unipolar y surgieron varias preguntas acerca de la hegemonía de EE.UU, y cómo esta repercute en el contexto internacional al finalizar la Guerra Fría. Las teorías y conjeturas que se hacían en el momento, eran muy generalistas y no se llegaba a una explicación concreta que convenciera a los líderes políticos latinoamericanos, en tanto en cuanto, cómo esto podía lidiar con los EE.UU y hacia donde enfocar la política exterior. Así mismo, el Realismo Periférico reaccionó ante las suposiciones carentes de rigor, por lo que la teoría de Escudé separó las grandes potencias de los países periféricos más débiles; el coste de enfrentarse a la primacía de los EE.UU era muy grande. La cuestión era, cómo se distribuirán los incentivos de la unipolaridad y abrir la puerta a un orden multipolar.

LA POLÍTICA EXTERIOR DE BRASIL

Brasil es uno de los países que más crece en términos económicos y con el mercado de mayor potencial de Latinoamérica. Representa además la 1º economía latinoamericana en términos de PIB per cápita ($) con una reserva de 208 millones de dólares. El recorrido histórico de este país, avala su progreso y desarrollo a lo largo del tiempo, con su apogeo entre 2003-2012 gracias a la asunción del Estado logístico, así como la reformulación de su política exterior; también la construcción de alianzas internacionales como estrategia de inserción global (Bernal Meza, 2010).

El modelo de política exterior brasileño atravesó algunas etapas relevantes que comenzaron por el redireccionamiento de esta política, antes basada en el eje Norte-Sur y ahora inclinada hacia el eje Sur-Sur, que marcó una antes y un después en la posición de Brasil en el contexto internacional; las diferencias y evoluciones se hacen notar bien entrado el año 2002 con el gobierno de Lula Da Silva, etapa caracterizada por cambios sociales bastantes notables, y la reformulación de la nueva política exterior.

Lula Da Silva (Hispanidad)

El gobierno de Lula articuló un nuevo proyecto para dar cabida tanto al plano “externo” como al “interno” con el único fin de superar el desafío del desarrollo que se daba en el nuevo contexto internacional. Así mismo, Lula concebía que la política exterior no podía apoyarse sólo en instrumentos de proyección de los intereses nacionales, sino que había que empezar a mirar más allá – hacia el escenario internacional- y orientar la política nacional hacia la inserción tanto en el plano internacional como regional. 

Este plan sería el elemento constitutivo de la política brasileña, pero el programa de Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) añadía ciertos puntos a tomar en cuenta como es el de retomar el papel estratégico del Estado en cuanto a la planificación y conducción de la política económica. Cabe matizar, que dentro de las corrientes realistas, neorrealistas y neoliberales, el PT era contrario al neoliberalismo predominante y liderado entonces, por EE.UU y Gran Bretaña, lo que permitió elaborar una política exterior distinta que permitiera el desarrollo nacional, así como el papel democratizador de Brasil. Hay seis áreas que sustentan el nuevo desarrollo de la política exterior: (1) Integración Regional; (2) El diálogo con otros grandes Estados Periféricos; (3) La ampliación de la presencia y de las relaciones comerciales de Brasil en el plano internacional; (4) La reforma de instituciones pertenecientes al sistema de Bretton Woods (ONU, FMI, Banco Mundial); (5) La reivindicación de un asiento permanente para Brasil en el Consejo de Seguridad de la ONU; (6) La protección de los intereses nacionales en las instituciones de negociaciones multilaterales, como pueden ser la OMC y el TNP. (Bernal, 2016; 21). 

Las dinámicas de poder en el contexto internacional fueron variando así como la estrategia de Brasil a lo largo de los años. El país vivió una viraje importante en su estructura socio- económica y política a partir de la década de 1980 con la tercera revolución industrial y al fin, la llegada de la globalización y sus efectos sobre el globo; este contexto era clave para comenzar la reformulación de la política exterior que desde entonces estuvo marcada por la Guerra Fría y posteriormente por el unilateralismo y las relaciones Norte-Sur.

Brasil comenzó a hacerse ver en el exterior a través del impulso de nuevas relaciones y coaliciones con el fin de incidir en los aspectos más relevantes de la agenda internacional. El contexto marcó una línea donde la cooperación sur- sur tuvo un incremento extra continental. Esto seguido  de la creación de IBAS (India, Brasil y Sudáfrica). Las relaciones Brasil-EE.UU  se caracterizaban por una equidistancia diplomática bastante notable, aunque con breves periodos de cooperación al sustituir elementos políticos así como la línea de conflictividad y rivalidad por el consenso y el acuerdo. 

División de los distintos grupos de potencias emergentes. (Wikipedia)

Poco a poco Brasil fue reinventándose en la arena geopolítica, y buscaba posicionarse como país continental y global trader”; el país latinoamericano buscó acercarse a nuevos poderes internacionales como: Francia, Rusia, India o China, por lo que logró una cierta diversificación de sus intereses frente a EE.UU y a la Unión Europea (UE). El multilateralismo como realidad en el contexto internacional obligaba a Brasil a buscar su hueco y determinar su posición frente al resto de poderes.

El país ya había logrado mantener una cierta “autonomía” reforzada con la llegada de Lula; así la política brasileña profundizó en el multilateralismo pero añadió dos conceptos que regirán la política exterior del país: (1) el “multilateralismo de reciprocidad” este tenía como objetivo la búsqueda de la interdependencia real en cuanto a la economía internacional; también desempeñar un papel clave en la seguridad internacional y potenciar el comercio exterior basado en el PIB; (2) La “autonomía por la diversificación” que enfatiza la cooperación Sur-Sur de tal manera que se pudiese encontrar un cierto equilibrio en las relaciones con los países del Norte; otro elemento importante es la adhesión de Brasil a los principios y normas internacionales, por medio de alianzas Sur-Sur. (Cervo y Bueno, 2008; Vigevani y Cepaluni, 2007).

La necesidad de Brasil y sus aspiraciones de potenciar su superioridad y mantenerla en la región pasaba por la  integración y el impulso de IBAS y los BRICS.  La importancia de los BRICS descansa sobre el corte que supuso en las variaciones de capitalismo que no siguieron la estela americana ni la europeo-occidental – con excepción de Sudáfrica-. Los BRICS representan el agrupamiento de potencias medias y regionales, conformado por: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Este conjunto de economías constituye la mayor parte del crecimiento del PIB mundial y son, a su vez, una parte fundamental del comercio internacional, también tienen gran relevancia financiera dada su contribución a los equilibrios económicos globales (Oropeza, 2011). No obstante, los BRICS son más China que otra cosa, puesto que este país se ha transformado en el gran paraguas que cubre al resto de países del agrupamiento, dada su gran dimensión económica.

Crecimientos del PIB mundial y del PIB de los BRICS. (IG.com)

BRASIL COMO ACTOR GLOBAL

El papel global de Brasil está marcado por el concepto establecido por Joseph Nye: poder blando  o “soft power” dada la línea por la que el país ha optado en sus relaciones con el exterior y su agenda internacional, guiada por la diplomacia, la consecución de intereses y la búsqueda de estos a través de medio culturales y con un gran componente ideológico. Así mismo Brasil sufrió un parón en la etapa de Dilma Rousseff (2012-2016) con la crisis de su gobierno y el declive de Brasil tras las grande protestas que surgieron en el momento; posteriormente la etapa de 2016-2018, con la presidencia de turno de Temer, el papel de Brasil sufrió un bajón en el exterior debido a los altos índices de corrupción, lo que conllevó una crisis de liderazgo y de las élites que se tradujo en una polarización social sin precedentes, esta se agudizó en 2019 con la llegada de Bolsonaro. 

La política exterior bolsonarista dio un giro importante de carácter atlantista y vuelta a una cierta dependencia con EE.UU y el perfil radicalizado que fue minando el carácter regionalista de Brasil como impulsor del regionalismo en su momento. Ernesto Araujo (ministro de Relaciones Exteriores; 2019-2021) reafirmó el carácter trumpista y anti-globalista del gobierno de Jair Bolsonaro, algo que modificó por completo la posición geoestratégica e internacional del país latinoamericano. Brasil como democracia cultural ha decaído hasta abrir paso a un cierto autoritarismo, el aumento de la discriminación de ciertos colectivos de la sociedad y violaciones de los Derechos Humanos que ponen en tela de juicio la idea de Brasil como potencia global. Todo esto sumado a la actual crisis del Covid-19 que ha visibilizado la debilidad del Gobierno de Bolsonaro, y la deficiencia del sistema sanitario y de sus políticas sociales. 

Jair Bolsonaro. (Reuters)

CONCLUSIÓN

Brasil se encuentra actualmente en una posición difícil y de desventaja. La pandemia ha puesto en cuestión la capacidad del país para ser un Rule- maker y obtener una posición relevante en el escenario internacional. Así mismo, la aplicación del RP a Brasil podría concluirse en que, desde los postulados defendidos por Escudé, Brasil no tendría costes y riesgos a la hora de entrar dentro de esa dicotomía de alineamiento- confrontación. Sin embargo, la idea de que Brasil  se enmarcaría dentro de un nuevo acoplamiento a EE.UU, no es descabellada. Esto debido a la debilidad económica, la polarización social y otras muchas dificultades por las que atraviesa el país. ¿Aceptar los objetivos políticos  de la potencia dominante y su conducción estratégica? Los recursos materiales, el desarrollo interno del país, las implicaciones económicas, pueden ser indicadores relevantes para determinar si el alineamiento o no con el hegemón puede resultar una buena opción, pero también hay que tener en cuenta la amplitud del poder y su complejidad en las relaciones internacionales.


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.

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