CHINA, TIERRAS RARAS Y ECOLOGISMO

Las tierras raras son y serán unos elementos fundamentales en la cadena de valor de todos los productos tecnológicos del futuro desde coches eléctricos, turbinas de aerogeneradores, tablets, smartphones, etc…, elementos que también pueden ser utilizados como arma geopolítica debido a que China es el país que concentra alrededor del 98 % de la producción mundial.


En los últimos años se ha puesto sobre la mesa el objetivo de acabar progresivamente con la alta dependencia de los productos importados de Asia y acortar la cadena de suministros. Esta dependencia se ha hecho más evidente todavía una vez superada (por ahora) la crisis mundial provocada por el coronavirus y la tan comentada escasez de semiconductores. A lo que hay que añadir la intención de eliminar las fuentes de energía no renovables y descarbonizar la economía, una ola de políticas medioambientales está inundando a los países más desarrollados y ricos del mundo. El problema es encontrar un equilibrio entre ambos objetivos sin provocar un alza desorbitada de los costes de producción y una merma en la competitividad a corto plazo.

Las tierras raras tienen un grupo propio en la tabla periódica y son cada vez má demandos (Fuente: eleconomista.es)

Los lantánidos (comúnmente conocidos como <<tierras raras>>) son elementos muy valiosos para la industria de las energías renovables (además de caros su precio no ha parado de aumentar en los últimos años) además de ser indispensables para la fabricación de los coches eléctricos. No son muy difíciles de encontrar, pero su concentración es tan pequeña que imposibilita su extracción, lo realmente costoso es su tratamiento y purificación, y aquí China con sus economías de escala y sus ultra contaminantes plantas de refinamiento le saca ventaja a cualquier otro país que busque desarrollar su propia industria de tierras raras. Estos costes actúan cómo barrera de entrada, tanto es así que China importa el 25% de concentrado de tierras raras para tratarlas y purificarlas

El neodimio y el praseodimio se consideran los más valiosos en la industria militar. (Fuente: el http://www.eleconomista.es)

El reinado sobre las tierras raras de China dió comienzo con las palabras del Presidente chino Deng Xiaoping a finales del siglo XX: “Si los países árabes tienen su petróleo, China tiene sus tierras raras”, a partir de entonces en los planes quinquenales se destinaron cantidades ingentes de dinero a la explotación y el tratamiento en masa de estos 17 elementos, apoyándose sobre todo en una legislación medioambiental casi nula y en unos salarios extremadamente bajos. Esto provocó que muchas explotaciones de otros países tuvieran que cerrar debido a la falta de rentabilidad, esta ha sido la vía más utilizada para deslocalizar la mayor parte de industrias a China.

En su vertiente más geopolítica los lantánidos pueden ser usados como arma algo que no es algo novedoso, ésta ya se ‘disparó’ una vez en 2009 tras un incidente diplomático originado en las Islas Senkaku y la víctima fue Japón, que consume una quinta parte de la producción mundial y de la que su sector tecnológico es altamente dependiente, entonces la OMG y EE.UU. se vieron obligados a intervenir poniendo fin a la restricción. No hay que irse tan lejos en el tiempo para encontrar otra nueva amenaza de restringir las exportaciones y fue en plena ebullición de la guerra arancelaria con Trump.

Las tierras raras están muy presentes en los bienes tecnológicos y son esenciales en su desarrollo. (Fuente: massivesci.com)

Así que Japón y por ende el resto de países industrializados ya han puesto medidas para amortiguar los efectos de una caída abrupta de las exportaciones y una consecuente subida radical de los costes. Esto es aumentando las reservas estratégicas de tierras raras, diversificando los proveedores -países como Vietnam o Australia también son exportadores pero con poca cuota de mercado- o como en el caso de EE.UU. reabrir la mina de Mountain Pass y por último aumentando la eficiencia de cada miligramo para reducir al máximo la cantidad necesaria en el proceso de producción.

No solo el coche eléctrico es dependiente de las tierras raras sino también el convencional (Fuente: IEA)

Uno de los problemas que puede surgir de cerrar el grifo a las exportaciones es la aparición de un mercado negro, gracias a la más que evidente falta de transparencia de los organismos reguladores y empresas chinas, las magnitudes que se exportan se miden muchas veces en kilogramos y no en toneladas lo que hace más sencillo su contrabando. Para evitarlo China ya ha puesto sobre la mesa una estricta regulación sobre toda la cadena de suministro y de paso restringir las exportaciones del neodimio y el praseodimio, que se emplean para la fabricación de drones o en el guiado inteligente de misiles por la industria militar de Estados Unidos. 

El F-35 de Lockheed Martin depende en gran medida de las tierras raras de China (Fuente: cronista.com)

Pero para acabar con esta enorme dependencia serán necesarios muchos años y dinero, invertir en investigación y desarrollo en el tratamiento y purificación de tierras raras (seguir el ejemplo de China no es viable desde un punto de vista medioambiental) y desarrollar una industria minera capaz de extraer, tratar y purificar estos minerales no va a salir barato y conseguirlo a corto plazo es casi imposible.

No faltan proyectos de investigación y expediciones científicas a la búsqueda de lugares dónde la concentración de tierras raras sea alta y comenzar así su extracción, el problema es que choca frontalmente con la idea de  movimientos ecologistas que no quieren tener una fuente de contaminación dentro de sus municipios y de políticos populistas que simplemente quieren arañar unos votos. Hasta que no se consiga que los procesos de tratamiento y purificación sean completamente limpios, la explotación de minas quedará vetada y acortar la cadena de suministro permanecerá como un ideal inalcanzable a menos que los avances tecnológicos no cambien en el panorama actual.

China casi monopoliza el mercado de tierras raras y controla también en mayor medida el de los otros minerales. (Fuente: IEA)

Resulta paradójico que los mismos países que durante décadas han mirado hacia otro lado mientras China destrozaba su ecosistema, ahora se encuentran ante el dilema de desarrollar una minería propia de tierras raras o seguir dependiendo de los vaivenes del Partido Comunista de China, sin lugar a dudas va a ser una nueva fuente de conflictos en el futuro, como lo ha sido siempre el oro y el petróleo.

Una cosa está clara: las energías renovables se sustentan de materiales no renovables.


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.

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