SUDAMÉRICA ¿DEBE PARTIR HACIA UNA CENTRALIZACIÓN DE SU DEFENSA?

Las políticas de Defensa en América del Sur han sido tema de debate desde el surgimiento mismo de las naciones que la componen. Obviando al Plan Continental, ideado para las independencias coloniales del Reino de España, no ha surgido una política de defensa seria y conjunta, que enmarque los intereses geopolíticos de sus naciones como un todo, y no solo como singularidades. 

Desde el surgimiento de los Estados actuales y su evolución hacia la modernidad, entendemos que siempre ha existido en América Latina una falta de política común y de acuerdos que beneficien al conjunto, en todos los ámbitos. Las cuestiones políticas, principalmente, han alejado al bloque subcontinental de los acuerdos profundos que se necesitan para sobrellevar los problemas de manera conjunta.

PERSPECTIVA GEOPOLÍTICA: PROYECCIÓN HACIA LOS RECURSOS DEL FUTURO.

Destacamos a la región como uno de los sectores geopolíticos más minimizados históricamente: pocas decisiones cruciales para el mundo moderno occidental han partido desde sus naciones, más allá de algunos acercamientos en períodos breves en la historia que los han llevado a las primeras planas de la geopolítica mundial. Como ejemplos podríamos poner a la Argentina de comienzos del siglo XX o de la Guerra de Malvinas, el Brasil del BRICS, el Chile desde los 90, la Venezuela de Chávez/Maduro, Colombia en los 80/90 (con las FARC y el Plan Colombia), pero no mucho más para resaltar. 

Entonces, vale preguntarse: ¿cómo organizar a la región para su defensa y para lograr tener un peso geopolítico? La respuesta surge desde la necesidad: tener una base común de conversación para poder partir hacia los acuerdos.

Debemos estudiar entonces a sus países con un detalle y con proyección (más que nada) geopolítica. Veremos así el detalle: que no es una región controlada por la influencia de una única potencia hegemónica regional, sino Estados soberanos que buscan su lugar individualmente en el concierto de las naciones, con breves períodos de superioridad de algunos de ellos. Este es un objetivo nunca logrado individualmente. 

Estudiando profundamente la proyección hacia el futuro, podemos visualizar la verdadera necesidad, y es que en las extensiones de sus territorios se ocultan verdaderos objetivos geoestratégicos del futuro: las riquezas minerales (resaltando el litio en Bolivia, Chile y Argentina), el agua dulce como reserva (la Cordillera de los Andes) y en sus grandes ríos (las cuencas del Amazonas, Paraná, Orinoco), su proyección Marítima (costas tri oceánicas, riqueza ictícola y el control de importantes rutas navieras globales), planicies ricas en posibilidades agrícolas, algunas de las mayores reservas de hidrocarburo del mundo (Venezuela, Brasil, Argentina), y una proyección antártica que parte desde su cercanía. 

Al dar cuenta de todas estas riquezas con un muy simple estudio, se puede fácilmente entender que estos recursos necesitan tener su sistema de defensa. 

El Salar del Uyuni – Bolivia, la reserva de litio más grande del mudo. (wirestock – www.freepik.es)

PUNTO DE PARTIDA: LA NECESIDAD.

Los mecanismos de coordinación de las políticas de defensa, han seguido los vaivenes de la historia política, sin poder llegar a amalgamar una forma común que lleve en algún momento a una conjunción de estos esfuerzos para garantizar la seguridad regional. Se ha elegido a la OEA principalmente, algunos estados a la OTAN, otros se han basado en el Foro de San Pablo, algunos con acuerdos con la URSS/Rusia y China, pero todos intentos vanos y cargados de ideología o influencia extrarregional.

Aún dos potencias coloniales poseen territorios de ultramar dentro de la región: el RUGB en las Islas Malvinas (en disputa con la República Argentina), y la Guyana Francesa, administrada por Francia.

Entonces, el punto de partida es entender que esta necesidad debe ser enfrentada en conjunto: la mayoría de las riquezas son compartidas, y la falta de seguridad en una de las naciones va a desembocar en una crisis regional, y no en un hecho aislado sin influencia fuera de las fronteras propias. Veamos sino cómo afecta Venezuela en la actualidad a la región, como un pequeño ejemplo. 

Además, y no menos importante, ninguna de las naciones posee Fuerzas Armadas en condiciones de soportar un enfrentamiento armado estratégico prolongado, incluso dentro de su espacio soberano.

Podemos hasta detallar algunas de estas deficiencias militares: incapacidad de control de los grandes espacios e incluso de desplazamiento (como Brasil en el Amazonas y Argentina en la Patagonia; Brasil, Chile, Argentina y Perú de sus regiones Marítimas), falta de presupuestos y personal adecuados para el mantenimiento y funcionamiento mínimo y necesario de las FFAA, equipos y vehículos dependientes de tecnologías extranjeras y de diferentes orígenes, e incluso la intromisión de los mecanismos de defensa en la seguridad interior, como para detallar las más relevantes. 

Las FFAA brasileñas figuran como las más numerosas y equipadas, pero con graves problemas logísticos para desplazarse por la Amazonía; Argentina posee el PBI de Defensa más bajo de su historia; Chile no ha concluido con su equipamiento OTAN, planificado desde comienzos del 2000; Perú ha tenido como base equipamiento soviético/ruso, pero actualmente se está volcando hacia la OTAN; Venezuela ha reforzado en personal sus FFAA con equipamiento ruso, pero las está utilizando para seguridad interna; Colombia está replanteando sus FFAA y sus políticas de defensa a partir de los acuerdos con las FARC.

Parada Militar. ¿Podrá la disciplina castrense lograr los acuerdos necesarios para avanzar con una organización conjunta para la defensa? (nikitabuida – www.freepik.es)

METODOLOGÍA DE TRABAJO.

Por estas razones, se necesita comenzar a plantearse este tema de forma seria y buscar mejores mecanismos para poder asegurar la región ante una agresión externa. 

Lo primero que hay que terminar de definir es el plan estratégico común, y luego partir hacia su ejecución en plazos estipulados y palpables, con la definición de zonas de acción militar comunes y los organismos de comando estratégicos y tácticos conjuntos, para luego pasar a la integración de los elementos estratégicos y el planeamiento de las operaciones tácticas. 

Pongamos como ejemplo básico a la OTAN, que ha logrado amalgamar primeramente las cuestiones estratégicas, y luego pasar hasta la formación académica de sus cuadros, e incluso a nimiedades que llevan a la táctica inferior (como llevar el mismo tipo de munición en sus armas portátiles). Estos acuerdos han llevado incluso la discusión hacia otros ámbitos, beneficiando a sus naciones con acuerdos políticos y hasta económicos, planteando lo regional junto a lo soberano, sin socavar la autonomía estatal.

LAS BASES COMUNES COMO PUNTO DE PARTIDA.

¿Sería tan difícil lograr esto en América del Sur? No debería.

A diferencia de Europa, la región no ha tenido que sufrir enfrentamientos armados prolongados, y casi todos sus conflictos territoriales se han resuelto a través de conflictos armados cortos en el tiempo o con acciones diplomáticas certeras (si bien hay algunos todavía en proceso de resolverse), por lo que la defensa parte desde otro objetivo: la necesidad de seguridad conjunta y no de prevenir otra gran guerra. Además, la ubicación geográfica los colocaos coloca lejos de las potencias globales y su influencia; las riquezas nacionales son palpables; las bases culturales también lo son: la sangre latina, el pasado indígena, y la cruza europea es común a toda la región. La idea de la gran nación americana no es nueva, y sirve como punto de partida histórico. Hasta incluso las limitaciones lingüísticas son fácilmente salvables. 

Actualmente, a excepción de la crisis venezolana, y más allá de algunos vaivenes entre políticas de izquierda o derecha, en todos los estados sus instituciones se han afianzado en los sistemas democráticos, y los mecanismos de gobierno son prácticamente similares. Hasta incluso las economías se encuentran estables, más allá de algunas crisis estacionales como en la Argentina, Venezuela y Ecuador. 

Las posibilidades de plantear acuerdos serán entonces más sencillas si se lograra una voluntad a través de visualizar el problema y accionar a partir de la necesidad. Se puede lograr desde algunos organismos regionales que han perdurado en el tiempo (para ser utilizados como base): el MERCOSUR, la CAN, el ALBA o el ADP pueden ser buenos puntos de partida. O en el mejor de los casos, crear un nuevo organismo para lograr este objetivo: la defensa conjunta de las riquezas de la región y su colocación como alianza defensiva en la geopolítica global. 

También, una estructura de defensa conjunta daría la oportunidad de mostrar al mundo una madurez regional y la posibilidad de posicionarla en el gran tablero geopolítico mundial, incluso utilizando este punto de partida hacia una futura integración regional que lleve a la seguridad interior, el crecimiento económico y la estabilidad que la región necesita para crecer. La rigidez castrense podría dejar de lado las diferencias ideológicas, colocando la misión y sus objetivos por sobre la política estacional.

OTAN. Un ejemplo de un bloque defensivo que da un peso geopolítico específico a su región. (www.slon.pics – www.freepik.es).

CONCLUSIÓN: ENTENDER EL PROBLEMA, PARTIR DE LAS BASES COMUNES Y PROYECTAR HACIA EL FUTURO. 

Se debe entender que las cuestiones políticas, deben salir de la estrategia de defensa común de las riquezas de la región, ya que poco importa de ello a quien quiera apropiárselas por la fuerza. Será entonces el momento de plantear la defensa regional como objetivo para el próximo decenio al menos, pero debe hacerse comprendiendo que los riesgos para la seguridad de toda la región son reales y palpables, entendiendo así la naturaleza de los conflictos del futuro, y preparándose para enfrentarlos.


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21

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