EL BÁLTICO: DONDE RUSIA Y LA OTAN HACEN FRONTERA

La invasión de Ucrania por parte de Rusia ha reavivado las tensiones en Europa, alcanzando una escala que no se observaba desde hacía décadas. Las miradas se centran en dicho conflicto, pero no son pocas las regiones que temen convertirse en un nuevo frente. Una de ellas es el Báltico: donde Rusia y la OTAN hacen frontera. 


En 1991, la disolución del Pacto de Varsovia y posterior desintegración de la Unión Soviética trajeron consigo una ola de cambio, especialmente en Europa del Este. La falta de autoridad del gobierno soviético provocó que en cuestión de meses no hubiera ni pacto ni URSS. Así pues, siete nuevas repúblicas aparecieron en el panorama europeo: Rusia, Bielorrusia, Estonia, Letonia, Lituania, Ucrania y Moldavia. 

De esta manera, ya independientes, cada una fue tomando su camino, siendo la tendencia aquella de acercarse más a Occidente. En el caso del Báltico, este proceso se llevó a cabo de manera relativamente pacífica, pero ¿qué es de esta zona hoy que, en clima de guerra, parece que la paz se tambalea en toda Europa?

UNA REGIÓN MÁS DIVERSA DE LO QUE PARECE

Antes que nada, es necesario dar una explicación de la realidad cultural del Báltico, pues si bien no es conocido por sus conflictos, esto no significa que en él no existan diferencias en sus gentes. Haciendo un breve repaso, podría decirse que, grosso modo, nueve países rodean su mar, y otros dos se mantienen en su órbita

Por un lado, está Escandinavia con tres monarquías culturalmente hermanas: Noruega, Suecia y Dinamarca; de origen germánico, es decir, emparentadas, por ejemplo, con Alemania. Luego, siguiendo con la metáfora, aparecen las “hermanas separadas al nacer”: Finlandia y Estonia, las cuales la historia ha hecho que, a pesar de sus raíces finesas, la primera vaya más unida a Escandinavia, mientras que la segunda lo esté con Letonia y Lituania; quienes también, de hecho, son hermanas, en este caso de origen báltico. 

Por otro lado, de las naciones eslavas destaca Rusia (máxima fuerza con presencia en la región), seguida de Bielorrusia y, más distanciadamente —en términos culturales, históricos y geográficos—, de Polonia.  

Mapa

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Mapa etnolingüístico del Báltico. Fuente: Vivid Maps

Estas consideraciones no significan que luego, como la imagen indica, no haya una mayor complejidad en la que ni las fronteras siempre coincidan ni dejen de existir otras etnias. 

UN BREVE RECORRIDO HISTÓRICO

El Báltico ha sido una zona por la que han combatido múltiples pueblos, entre ellos los vikingos, los rusos, los suecos, los daneses, los alemanes o incluso los holandeses. 

Principalmente, los intereses detrás de esta región han sido marítimos. Dada la condición de tener un mar prácticamente cerrado, y con muy escasa profundidad, el Báltico ha destacado a lo largo de los siglos por el comercio

Sin embargo, los intereses políticos también han jugado un papel crucial, especialmente para Rusia, que ha tenido como misión mantener su presencia y acceso a esta vía marítima debido a su complicada posición geoestratégica —pues cabe recordar que, en su momento, suecos, daneses, prusianos, lituanos, livonios y teutones luchaban por dominar el mar y sus costas, tratando de impedir a los rusos formar parte—. 

Una vez terminada la II Guerra Mundial, la región quedó dividida en las dos facciones que protagonizaron la Guerra Fría: la OTAN y el Pacto de Varsovia; es decir, por un lado, Noruega, Dinamarca y Alemania Occidental; y por el otro, la Unión Soviética, Polonia y Alemania Oriental. Suecia y Finlandia se mantuvieron neutrales, tema que luego se abordará. 

Esta nueva configuración rebajó considerablemente la presencia alemana en favor de la rusa, quien incluso anexionó la antigua capital prusiana de Königsberg, rusificándola y renombrándola como Kaliningrado, actualmente un exclave ruso. 

Distribución OTAN-Varsovia en el Báltico durante la Guerra Fría.
En azul los miembros de la OTAN; en rojo aquellos del Pacto de Varsovia; y en gris los no alineados. Fuente: GEOPOL 21

Durante la Guerra Fría, la región mantuvo una cierta estabilidad en la que predominó la presencia prosoviética frente a la de su contrincante. Si bien se dedicó el espacio para la construcción de buques y el almacenamiento de armas químicas, la principal actividad fue el comercio entre la URSS, sus aliados, Suecia y Finlandia. 

Ya en los últimos años de la Unión Soviética, las repúblicas bálticas estuvieron entre las principales promotoras de un cambio sustancial en el país, impulsando —a menudo de manera conjunta— las reformas propuestas por Gorbachov y apoyando sus respectivos movimientos nacionales. Así pues, estos gobiernos establecieron las lenguas locales como oficiales, adoptaron banderas nuevas, organizaron manifestaciones, etc. Destaca de entre estas acciones la Cadena Báltica, cuando un millón y medio de personas de las tres repúblicas formaron una cadena humana que, con sus más de 600 km de longitud, tuvo el fin de condenar frente al mundo el destino al que sus países se veían sometidos. 

UN NUEVO PANORAMA

Disuelta la URSS, los países postsoviéticos abrazaron el libre mercado distanciándose a su vez de la influencia rusa. A pesar de que ello supuso un gran golpe para sus economías (como la pérdida sustancial de la industria local, la disminución considerable de las importaciones de productos básicos por parte de Rusia o una gran emigración de población mayoritariamente rusa), los gobiernos realizaron una serie de reformas radicales que reflotaron la estructura económica en cuestión de pocos años, siendo el principal referente Estonia con medidas como la privatización masiva, la toma del marco alemán como referencia respecto de la corona o la promoción del sector tecnológico. 

Años después, tanto las repúblicas bálticas como Polonia entraban tanto en la OTAN como en la Unión Europea, posicionándose definitivamente sin mucho miedo a posibles represalias por parte de Rusia. 

No obstante, la Guerra de Ucrania ha despertado el temor de que Rusia pueda quebrar el statu quo báltico, especialmente tras las declaraciones del gobierno ruso en las que amenazaba a Suecia y Finlandia ante su  posible adhesión a la OTAN

POSICIONES E INTERESES

Así pues, actualmente los once países que conforman la región báltica —es decir, como ya se mencionó, estos son los nueve países costeros junto con Noruega y Bielorrusia por su presencia e intereses económicos— se han visto en la obligación de revisar sus políticas de acción, las cuales serán descritas a continuación: 

Noruega: no teniendo el Báltico como su principal zona de interés, comparte de todas formas frontera con Rusia en el mar de Barents. Por esta razón, y en el contexto de la Guerra Fría, se unió a la OTAN con el fin de prevenir una posible invasión soviética que utilizara la tierra noruega como base de operaciones. Actualmente, la guerra le está beneficiando enormemente en su exportación de gas y crudo, pues se estima que sus ingresos sean hasta seis veces mayores que los previstos al inicio del año

Suecia: a pesar de su política de neutralidad fruto de las guerras napoleónicas, su pertenencia a la Unión Europea lo ha colocado presumiblemente contra Rusia hasta que, finalmente, su condena a la invasión y apoyo a Ucrania ha marcado en qué bando se encuentra, llegando incluso a anunciar que se está debatiendo su adhesión a la OTAN

Dinamarca: como miembro activo de la OTAN, el país nórdico está impulsando la movilización en ayuda de sus aliados. Entre sus acciones, destaca la proposición de ayuda militar a las repúblicas bálticas.

Finlandia: en la Guerra Fría, el país decidió no ser miembro de la OTAN a sabiendas de que, si lo fuera, la URSS lo declararía inevitablemente enemigo y, de surgir el conflicto, sufriría directamente las consecuencias. Así pues, su neutralidad ad hoc se mantuvo hasta que, como en el caso sueco, tanto su pertenencia a la UE como sus recientes declaraciones y acciones en favor de Ucrania y la OTAN han redefinido su posición. 

Rusia: habiendo perdido notablemente su presencia en el Báltico desde la caída de la Unión Soviética, el hecho de mantener el acceso al mar evitó que el país entrara en guerra por esta región. Esta condición le permite lo esencial: una vía marítima, un mercado rico en recursos y un canal directo de gasoductos con Europa (aunque actualmente se encuentra cerrado por parte de la UE, siendo este hecho uno de los factores determinantes que propiciaron la invasión de Ucrania). 

Estonia, Letonia y Lituania: con un caso común, las tres repúblicas postsoviéticas se encuentran en una situación poco ventajosa, enclavados en una crisis que en cualquier momento puede expandirse a sus territorios. Principalmente, si el conflicto escalara, un bloqueo naval ruso junto con la toma militar del Corredor de Suwalki las dejaría aisladas de la OTAN y la UE. 

Bielorrusia: siendo aliada directa del Kremlin, esta nación espera obtener tras la guerra más réditos en esta región de los que ya le proporcionaba el ya mencionado corredor con Kaliningrado. De esta manera, su interés es el de construir un puerto con el permiso ruso que le permita acceso directo al mar Báltico y facilite, principalmente, su exportación de cloruro de potasio

Polonia: como actor clave en el apoyo a Ucrania, y miembro tanto de la OTAN como de la Unión Europea, ha disipado toda acusación previa —especialmente por parte de esta última— de no ser un país que cumpla con los principios democráticos y humanitarios exigidos. Entre sus últimas acciones, ha declarado por su parte el bloqueo total a Rusia

Alemania: siendo quien suspendió el recién creado gasoducto báltico Nordstream II, su papel en el conflicto ha sido principalmente económico. Ahora promueve el cambio al gas GNL estadounidense, medida que de momento está siendo aceptada pese a la subida general de precios

Resultados en el Báltico sobre la condena a la invasión de Ucrania. En verde Ucrania; en azul los países a favor de la condena; en rojo los países en contra. Fuente: GEOPOL 21

Por lo general, la tendencia marca una condena a la invasión rusa de Ucrania, unida con una percepción de la OTAN y la Unión Europea como banderas del pulso a las ambiciones del presidente Putin. 

CONCLUSIÓN

Estudiada la cuestión, se observa que Rusia seguramente no actuará en el Báltico de manera directa a no ser que ocurran hechos que puedan afectar sustancialmente a su posición regional, como la adhesión de Suecia y/o Finlandia a la OTAN, el cierre del Corredor de Suwalki o un bloqueo naval de sus puertos y bases militares. 

Puede también intuirse que su principal interés será el de terminar la guerra rápidamente, pues así tratará de recuperar las relaciones para reabrir el gasoducto báltico antes de que Europa se acostumbre a los precios del gas americano; hecho que solo podrá conseguir diplomáticamente. 

En resumen, el Báltico se presenta como un potencial frente de guerra si el conflicto se acentúa, en el cual los once países se verían directamente afectados.


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21

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