El Partido Revolucionario Institucional gobernó México durante 71 años. Durante este tiempo, el país y todos sus ciudadanos sufrieron ante sus prácticas como la corrupción, el nepotismo, la desigualdad, la impunidad y la violencia. Cansados de esto en  el año 2000 se dio la alternancia en manos del Partido Acción Nacional y Fox. El panismo en México gobernó 12 años con los mismos vicios, careciendo de nuevas ideas y perdieron el voto. Para 2012 Enrique Peña Nieto revivía el caudillismo del PRI y los hacía recuperar Los Pinos. El “nuevo PRI” que comandaba EPN parece haber enterrado por completo a dicho partido por el descaro, cinismo y opulencia que mostró. Así, AMLO llegó al poder representando “la esperanza de México”, pero después de 3 años,¿esa esperanza sigue tan vigente?

La política mexicana durante todo el siglo XX estuvo marcada por una dictadura de partido oficial. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobernó por más de siete décadas y no fue hasta el año 1989 cuando apareció en el mapa el Partido Acción Nacional (PAN). En este año el PRI sufrió su primera derrota electoral en más de 60 años, así el Estado de Baja California se convertía en el primero con un gobernador de un partido distinto al oficial. Ese se puede decir que fue el primer indicio de democracia en el país. 

El motivo principal de esta alternancia estatal fue el presunto fraude de 1988. Donde en esa ocasión el voto  mayoritario para la oposición fue para el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM).  Sin embargo, el candidato priísta, Carlos Salinas de Gortari, triunfó en las elecciones presidenciales después de una caída en el sistema de conteo de votos.  Antes de dicha caída, el triunfo parecía inminente para el candidato de izquierda por el PARM, Cuauhtémoc Cárdenas, y al restablecerse el sistema, en la madrugada siguiente a la jornada electoral, Salinas de Gortari ya tenía una ventaja de alrededor de 17 puntos electorales. Este acontecimiento es considerado un parteaguas en la vida política y electoral mexicana, pues no sólo otorgaría al siguiente año un triunfo electoral a un partido distinto (PAN) en unas elecciones estatales, sino que el priísmo se veía debilitado con solo un 50% de votos a su favor, algo sin precedentes hasta ese momento. Así se motivó la creación del Instituto Federal Electoral (IFE), una Institución encargada de llevar a cabo procesos electorales más justos y transparentes. 

Carlos Salinas de Gortari (Forbes México/Reuters)

Como resultado de todo esto el priísmo se modernizaba, pero eso no fue necesariamente bueno para la población mexicana. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte fue el máximo ejemplo ya que se pretendían equilibrar economías demasiado asimétricas.https://www.eluniversal.com.mx/opinion/mochilazo-en-el-tiempo/asi-se-vivieron-los-primeros-dias-del-tlc-en-1994 El nepotismo y la corrupción también mancharon el nombre del presidente Salinas. El PRI, parecía solo modernizar sus viejas prácticas, pero no las dejaba atrás. 

Posteriormente, para 1994, y ante un magnicidio como lo fue el del candidato del PRI Luis Donaldo Colosio, el ambiente político se ensuciaba aún más. Zedillo Ponce de León lo sustituyó tan espontáneamente como si se tratase de un cambio en un partido de fútbol. Mientras las investigaciones continuaban, la campaña del nuevo candidato iniciaba, un tecnócrata más que esperaba liderar al país y continuar con la dictadura partidista. 

Sus contrincantes principales eran Cuauhtémoc Cárdenas por el Partido de la Revolución Democrática (el PRD, partido que él mismo creo) y el conservador Diego Fernández de Cevallos por el PAN. Por un lado, Cárdenas sabía que estuvo muy cerca de conseguir la presidencia y que tenía un gran poder de convocatoria. Pero Cevallos basaba sus expectativas en un PAN que ya hacía contrapeso y que había mostrado su manera de gobernar y legislar en otras latitudes nacionales. A pesar de esto Ernesto Zecillo ganó y los resultados enviaron a Cárdenas hasta el tercer lugar mientras Fernández de Cevallos obtuvo un buen porcentaje de votos y, por primera vez en unas elecciones celebradas en el país, el PRI a través de su candidato se quedaba con un porcentaje menor al 50% de los votos. 

Mirando en retrospectiva, era evidente que la transición se acercaba y el partido oficial no hizo casi nada para evitarlo. El gobierno de Zedillo se caracterizó por los conflictos internos con los sectores de la población más marginados, así como por ser un gobierno indiferente y con poco impacto en la historia reciente del país. Ernesto Zedillo Ponce de León puso el último clavo en el ataúd del moderno PRI. 

Ernesto Zedillo Ponce de León (PRI), Diego Fernández de Cevallos (PAN) y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano (PRD).(MemoriaPolíticadeMéxico)

Llegaba el nuevo milenio, y con él, unas nuevas elecciones. La división interna del PRI aumentaba, Cuauhtémoc Cárdenas (PRD) seguía insistente en la búsqueda por el poder y en Guanajuato surgía Vicente Fox (PAN), un personaje ciudadano con algo muy parecido al carisma, pero que empezaba, a punta de frases rebuscadas y términos populares, a ganarse al electorado mexicano de a poco. 

Varios factores marcaron la transición electoral en el país; el priísmo dividido y debilitado, un desgaste del electorado con el candidato Cuauhtémoc Cárdenas, recordando que quedó lejos en su segundo intento por la presidencia, el surgimiento de un candidato con el apoyo de los empresarios y personajes importantes en la vida económica y política de México llamados “los amigos de Fox”, pero el principal motivo fue el hartazgo de 70 años de priísmo. 70 años de corrupción, pobreza y violencia. Electores cansados del autoritarismo de Díaz Ordaz, de la impunidad de Echeverría, del nepotismo e inoperancia de López Portillo, de la falsa modernidad de Miguel de la Madrid, de Salinas y su fraude y de la irrelevancia de Zedillo. 

El voto de castigo le otorgó una victoria necesaria al PAN de Vicente Fox. El México tricolor transitaba al color azul y su “nuevo” modelo. La oportunidad de transformar el país era real y la esperanza de la población mexicana se renovaba.

Vicente Vox (Britannica)

Ya en el poder, Fox pudo cambiar muy poco. Si bien los nombres de sus allegados eran distintos a los de la dictadura partidista, las malas prácticas, corrupción y demás vicios en la sociedad mexicana continuaron. 

Lo más criticable del mandato fue su muy poco tacto para manejar la política exterior. Sus constantes choques con los Estados Unidos, el famoso “comes y te vas” a Castro, entre otras situaciones embarazosas para la política exterior mexicana.  Tal vez el gobierno de Fox no fue tan malo, sin embargo, ante las expectativas generadas entre los mexicanos quedó demasiado corto. No trascendió, no impulsó ni marcó la diferencia cuando tenía una obligación de hacerlo. Fox perdió la enorme oportunidad que la democracia mexicana le dio. 

El PAN fue la primer gran alternativa que México experimentó durante décadas. No obstante, duraría mucho menos de lo que los líderes de dicho partido esperaban. Obtuvieron un buen número de gobernantes y de escaños en las cámaras altas y bajas que los posicionaban firmemente en todas las partes del gobierno. 

Paralelamente surgía un personaje con una fuerza de convocatoria imponente. El pupilo de Cuauhtémoc Cárdenas: Andrés Manuel López Obrador , miembro en ese entonces del PRD ya contaba con experiencia en el PRI, y presumía de haber aprendido bien cómo ser diferente. El otrora jefe de gobierno  poco a poco empezó a ganar peso en las encuestas y sus mítines cada vez contaban con mayor número de simpatizantes. El movimiento de izquierda revivía en manos de un caudillo con origen tabasqueño.

El PAN propuso a Felipe Calderón Hinojosa otrora Secretario de Energía en el gabinete de Vicente Fox. Un personaje desconocido en la política mexicana en ese momento. Su nombre no sonaba entre los principales candidatos del PAN. Felipe Calderón se convirtió en la némesis del primer intento presidencial de López Obrador.  

En una victoria muy cerrada, Calderón Hinojosa se convertía en presidente para el periodo de 2006-2012. Dicha victoria electoral es considerada por López y la mayoría de los mexicanos como un fraude incluso mayor que el de 1988, el PAN mantenía el poder por otros 6 años más. Sin embargo, López Obrador quedaba como la víctima política y ganaba aún más adeptos entre la sociedad. El hecho de que Felipe Calderón fuese un desconocido hasta antes de la presidencia causaba desconfianza y enojo en gran sector de la población. 

Calderón inició su gobierno con estas circunstancias en su contra.  Decisiones conservadoras y su famosa guerra contra el narcotráfico marcaron su gobierno. Dicha guerra aumentó la violencia en un grado mayor; perdió el control en las calles y eligió llevar al ejército para combatir a los capos de la droga. Estrategia que fracasó y lo marcó durante todo su mandato. 

El hecho de que no haya tenido una bancada tan vasta le impidió consolidar algunas iniciativas y reformas que pretendía. Atacó al sector electricista y enfrentó la pandemia de la influenza con buenos resultados. 

Con Calderón el PAN desgastó su imagen, perdió un rumbo que más bien nunca encontró y echo a perder 12 años para transformar un país que no sintió un cambio verdadero. El panismo se volvió tan común como el priísmo y López Obrador buscaba una segunda oportunidad, siempre pendiente de la vida política del país. 

Para el 2012 el panorama lucía diferente; el Estado de México tenía al frente del PRI a un personaje como pocos, con carisma, liderazgo y una imagen moderna y refrescante, Enrique Peña Nieto prometía crear un nuevo PRI de la mano de su equipo de trabajo y otros gobernantes también del mismo partido. 

En un duelo de caudillos entre AMLO y EPN y con una mujer candidata por el PAN completando la terna principal, Peña Nieto salió victorioso. El priísmo celebraba eufórico su regreso a Los Pinos después de 12 años de espera. El electorado mexicano tardó más de siete décadas para votar contra el PRI, pero solo 12 para volver a él.  

Elecciones 2021 (Reuters)

Una vez más, AMLO acusó de fraude, aunque años después admitiría que Peña Nieto si fue un justo vencedor. Sumaba así su segunda derrota consecutiva, una carrera muy parecida a la de su mentor Cárdenas, y tal como él lo buscaría una tercera ocasión. 

Antes de eso, el gobierno de Peña Nieto estuvo caracterizado por sus reformas al contar con el apoyo los grupos parlamentarios del PRI y el PAN. En cuanto a política exterior se hizo un intento, en el colofón de su mandato, de cambiar de rumbo. Esto se demostró en el discurso en la sede de la ONU pronunciándose contra el gobierno de Venezuela. 

Los derechos humanos fueron una gran asignatura pendiente. El terrible y lamentable caso de los estudiantes de la normal de Ayotzinapa, marcó de sangre, impunidad y corrupción su mandato. 

El nuevo PRI resultó ser, tal vez, la peor versión de este históricamente. Actualmente hay varios gobernadores en la cárcel debido a sus pésimos manejos de los recursos y otros tantos pertenecientes a ese gobierno con órdenes de aprehensión o en juicios para resolver su situación jurídica. Sucedió otro hartazgo respecto a la opulencia con la que vivían y a la corrupción. Al compadrazgo con el que el peñanietismo se manejó y a la impunidad evidente. Peña Nieto surgió como un caudillo, y como todo priísta, terminó siendo el enemigo público número uno de la sociedad. 

«El nuevo PRI» (Infobae)

El 2018 llegó, AMLO autodenominó su movimiento como la “esperanza de México”. Esa esperanza que se perdió con el PAN y que el PRI jamás representó. La esperanza de un México seguro, pacificado y progresista. AMLO parecía ser el héroe que este país necesitaba. 

Con rivales muy débiles, sin carisma, ni poder de convocatoria, AMLO enfrentaba una elección deseable. Si otro fraude no ocurría, la victoria del morenista era evidente. Con un cierre de campaña emotivo y esperanzador, el electorado estaba seguro de que esta era la gran oportunidad. 

La democracia mexicana volvió a ganar credibilidad y AMLO obtuvo una contundente victoria, triunfando en cada rincón del país, con excepción de Guanajuato. El país vivió una noche de fiesta, con miles de personas en las calles festejando el triunfo de su querido líder. La suerte del país parecía haber cambiado. 

Hoy, a tres años de su gobierno, la impunidad, el nepotismo, la inseguridad, la violencia, la economía estancada y la corrupción se siguen sintiendo y viviendo en cada uno de los ámbitos políticos, económicos y sociales. 

AMLO (Forbes México)

“La esperanza de México” sigue siendo eso, una esperanza. Andrés Manuel ha cometido los mismos errores que sus antecesores. Elige a gente corrupta e incapaz para puestos públicos, sigue haciendo caso omiso a asuntos como al derrumbe de la línea 12 del metro, eligió una pésima estrategia ante la pandemia por la COVID-19, sigue militarizando el país, sus hermanos reciben dinero para campañas, la libertad de expresión sigue siendo limitada, su gobierno es autocrático y su gabinete no tiene relevancia en la toma de decisiones, el narcotráfico sigue operando sin ninguna repercusión, gente encargada del fraude del 88 es gente de su confianza, los “acarreos” masivos para sus informes continúan y la lista sigue y sigue. 

El cambio sucedió para algunos pocos, y son los que están más contentos. Claro, los más favorecidos. Hoy MORENA, partido creado por AMLO, justo como Cuauhtémoc Cárdenas hizo con el PRD, es un partido visto igual que cualquier otro y la cuarta transformación pierde credibilidad y seguidores. AMLO no fue el mesías, se queda sin argumentos y en palabras del ex presidente de la cámara de diputados y miembro de su propio partido, Porfirio Muñoz Ledo: “(AMLO) Está sintiendo el vacío del poder, sabiendo además que el nivel de concentración de poder que existe en México no es eterno […] este régimen tenderá a desgajarse”. En otras palabras, AMLO se está quedando solo con su gente a la que llevó a gubernaturas, alcaldías, diputaciones y senadurías. Pero el pueblo comienza, de a poco, a darle la espalda.


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