América Latina ha recuperado peso en la agenda estratégica de las tres principales potencias económicas del mundo. Lo ha hecho, sin embargo, en condiciones que la región no ha definido: el interés externo se dirige sobre todo a sus recursos críticos, a sus cadenas logísticas y a su posición en la competencia entre Washington y Pekín, más que a su capacidad de fijar agenda propia. Durante buena parte del siglo XX y las primeras décadas del XXI, América Latina ocupó una posición periférica en la agenda global de Washington, considerada tradicionalmente como una zona de influencia propia. Esta dinámica ha cambiado: la región ha recuperado centralidad estratégica, aunque ello no se ha traducido necesariamente en una mayor capacidad para definir su propia agenda. El renovado interés externo responde a una base material concreta: América Latina concentra recursos críticos para la transición energética y tecnológica, como litio, cobre, níquel, niobio y tierras rara...
UNA ALIANZA TRANSATLÁNTICA: QUÉ SUPONDRÍA ASOCIAR CANADÁ A LA UNIÓN EUROPEA
La propuesta de Ursula von der Leyen para convertir a Canadá en el primer «miembro asociado» de la Unión Europea ha abierto un debate inédito...



