México nació dos veces como imperio y las dos veces la corona terminó derrotada por la república. El régimen de Agustín de Iturbide, surgido de la independencia en 1821, quiso preservar la cohesión del antiguo virreinato mediante una monarquía constitucional. Cuatro décadas después, Maximiliano de Habsburgo encabezó un segundo experimento, sostenido por las bayonetas de Napoleón III y condicionado por la guerra civil estadounidense. Ambos proyectos fueron respuestas a una misma cuestión: cómo construir soberanía, orden y legitimidad en un país inmenso y fracturado. Sus fracasos muestran que el México imperial fue inseparable de la competencia global del siglo XIX. Una corona para inventar una nación La imagen contemporánea de México está tan unida a la república que sus dos experiencias monárquicas suelen parecer anomalías. Sin embargo, contempladas desde la geopolítica del siglo XIX, resultan menos extravagantes. La monarquía dominaba la política europea y ...
UNA ALIANZA TRANSATLÁNTICA: QUÉ SUPONDRÍA ASOCIAR CANADÁ A LA UNIÓN EUROPEA
La propuesta de Ursula von der Leyen para convertir a Canadá en el primer «miembro asociado» de la Unión Europea ha abierto un debate inédito...



