El Acuerdo de Libre Comercio entre la Unión Europea y el Mercosur, tras su aprobación en 2019, sigue sin haber sido ratificado por el Parlamento Europeo. La inacción de ambos socios comerciales ha abierto la puerta a la entrada de China en Sudamérica, y poco a poco va ganando terreno y generando dependencia en los estados que conforman el Mercosur. 

El nombramiento de Josep Borrell como Alto Representante de la Unión Europea dio  esperanzas de que hubiera un nuevo acercamiento entre la UE y América del Sur. Tanto su nacionalidad como sus repetidas menciones a la necesidad de reavivar las relaciones hicieron creer que por fin se lograría avanzar hacia un verdadero acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur. Sin embargo, dos años después de que Borrell asumiera su cargo, el diálogo entre ambas regiones sigue estancado

En junio de 2019, seis meses antes de que se produjera el relevo en el Servicio Europeo de Acción Exterior, la Unión Europea anunció un “acuerdo de principio” con los fundadores del Mercosur, Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay, sobre un posible acuerdo de libre comercio que afectaría a más de 700 millones de personas. La UE es el principal inversor y socio comercial del Mercosur. En 2020, el valor de sus importaciones fue de casi 34.000 millones de euros. Además de una apertura en el mercado de bienes, también incluiría el comercio de servicios, convirtiéndose en el primer tratado de esta naturaleza firmado por el Mercosur. 

Este acuerdo se logró tras veinte años de arduas negociaciones. Sin embargo, el Parlamento Europeo nunca llegó a ratificarlo, por lo que a día de hoy el acuerdo entre la UE y el Mercosur sigue sin haber entrado en vigor. En un principio las negociaciones no prosperaron debido a las diferentes posturas acerca de la liberalización del comercio de productos agrícolas, de los cuales el Mercosur es uno de los mayores productores, y de cómo afectaría esta al mercado europeo, en especial en lo referente a la carne de vacuno. Actualmente, a este debate se ha sumado otro: el impacto que tendría el acuerdo sobre el cambio climático. Según un informe presentado al Primer Ministro de Francia, Jean Castex, el acuerdo tendría un impacto directo negativo sobre la deforestación de Sudamérica, lo que impide que los Estados Miembros aprueben el texto, que también ha recibido la negativa de activistas y ONGs de toda Europa. 

Activistas por el clima en una protesta contra el Acuerdo UE-Mercosur en Bruselas (EPA-EFE/STEPHANIE LECOCQ)

Con la adopción del Pacto Verde Europeo, que incluye unos estándares ambientales más exigentes en las cadenas mundiales de suministro, se dificulta aún más la adopción de este tratado. Resulta evidente que, tal y como está redactado actualmente, este no podrá ser ratificado. Tras su visita a Brasil en noviembre de este año, Borrell afirmó que, para obtener la aprobación de los Estados Miembro y el Parlamento Europeo, además de resolver los potenciales problemas medioambientales que provocaría la entrada en vigor del tratado, se debe esclarecer la naturaleza del mismo. El tratado de libre comercio forma parte de un Acuerdo de Asociación que incluye otros dos pilares, el de cooperación para el desarrollo y el de diálogo político, que tampoco han sido ratificados.

Este impasse en el que se encuentra actualmente el Acuerdo de Asociación podría tener unas consecuencias muy graves tanto para la UE como para el Mercosur, ya que la no ratificación del tratado abre la puerta al establecimiento de China en Sudamérica. A pesar de que América del Sur no es uno de los principales focos de interés del gobierno chino, en los últimos años ha ido incrementando su presencia en el continente. China no solo ha aumentado sus inversiones en la región, que entre 2008 y 2018 se multiplicaron por diez, sino que también ha diversificado su composición.  Además de los combustibles fósiles, el metal o la agricultura, también está invirtiendo en industrias como el transporte, los servicios financieros o las tecnologías de la información y la comunicación. Estados Unidos ya ha establecido estrategias para contrarrestar la influencia china en la región, algo que la UE aún no ha hecho. El Acuerdo de Asociación permitiría precisamente frenar el avance de China y mantener a la UE como principal socio comercial del Mercosur. 

Por su parte, la UE debe dejar de depender de China y diversificar sus cadenas de suministro si quiere asegurar la resiliencia de su tejido económico e industrial. Para eso es fundamental asegurar nuevos socios de comercio. La UE no puede permitirse dejar escapar la oportunidad de ampliar sus horizontes hacia un mercado que incluye a más de 280 millones de personas. Para lograr la autonomía estratégica, la UE debe abrirse a Sudamérica. 

Por su parte, el Mercosur tiene la oportunidad de demostrar su madurez como actor económico global, proponiendo reformas en los mercados de los Estados que lo conforman, y actuando como unión, algo que está en peligro. En septiembre de este año, Uruguay anunció que está estudiando la posibilidad de pactar un Acuerdo de Libre Comercio (ALC) con China. Los miembros del Mercosur no tienen permiso para negociar ALCs de manera individual, y sin embargo el presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou afirmó que si el bloque no es capaz de avanzar unido, Uruguay lo hará por su cuenta. 

China supone el mayor socio comercial de Uruguay acaparando el 27% de las exportaciones del país suramericano (970 Universal)

Fue precisamente Uruguay el primer país en firmar el Belt and Road Initiative (Nueva Ruta de la Seda) iniciado por el gobierno chino. El 27% de las exportaciones del país latinoamericano en el 2020 fueron a China, que es ya el mayor socio comercial de Uruguay, mientras que solo el 14% fueron a la UE. La firma del ALC supondría beneficios económicos importantes para Uruguay, pero también impactaría el funcionamiento actual del Mercosur. Uruguay podría tener que abandonar la unión, o esta podría reestructurarse y cambiar sus reglas. Por eso es fundamental que la UE actúe con rapidez y reinicie las negociaciones sobre el texto, para asegurar que se cumplen los estándares medioambientales que el Parlamento Europeo exige para su ratificación. Sin embargo, no será tarea fácil.


Durante la presidencia de Portugal en el Consejo de la UE, en el primer semestre del 2021, el tratado con el Mercosur fue una de las prioridades políticas. Aunque no se han visto resultados tangibles, sí ha habido algunos avances. En marzo de este año, la Comisión Europea publicó un informe sobre el impacto social y económico que tendría el acuerdo, así como sus implicaciones para el medioambiente o los derechos humanos, que incluye una serie de recomendaciones para minimizar el impacto negativo. Entre otras cosas, afirma que la UE debe exigir un compromiso firme de los países del Mercosur para asegurar que se cumplen los requisitos sobre el medioambiente antes de presentar el acuerdo al Parlamento Europeo. La UE ha reiterado en numerosas ocasiones su interés en implementar el Acuerdo, pero deberá acelerar el proceso de negociación si no quiere que todos los avances se pierdan a favor de China.


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