Eurovisión, el festival musical más longevo de la historia, fue concebido como un elemento de unión entre los Estados europeos tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose en un gran formato a través del cual analizar la geopolítica de los países participantes mediante un elemento en común: la música.


Orígenes del Festival: una Europa resiliente

Los años 50 supusieron para Europa la germinación de instituciones que tenían como objetivo unificar y pacificar un continente arrasado por la IIGM. Entre ellos destacan el nacimiento del Consejo de Europa (1949), la CECA Comunidad Europea del Carbón y del Acero – base en la que se asienta la actual Unión Europea – en 1951 o la European Broadcasting Union (EBU) en 1950, el sistema radiotelevisivo que acoge en su seno actualmente a 69 medios de todo el globo y 31 asociados.

Las bases en las que se asienta el concurso musical son dos: Por una parte, el Festival della Canzione di Sanremo (1951) y, por otra, el Jeux sans Frontières, una adaptación continental del programa británico Top Town. Tal ha sido la potencia de este concepto televisivo – ha llegado a obtener una audiencia de cerca de 200 millones de personas – que no es baladí poder referirse al mismo como un elemento de ‘soft power’ o poder blando, es decir, la capacidad de uno o varios Estados de influir en el resto de entes a través de elementos de tipo cultural.

El primer ‘Grand Prix’ del Festival de la Canción tuvo lugar en el Teatro Kursaal de Lugano (Suiza, 1956) con solo siete participantes: Suiza, Bélgica, Países Bajos, Alemania Occidental, Francia, Italia y Luxemburgo. Estos, si deseaban formar parte del concurso, debían llevar una canción en su propia lengua, un requisito que en la actualidad no es necesario, predominando de hecho el inglés sobre el resto de idiomas nacionales.

Sin duda, una de las primeras ediciones en las que surgieron polémicas vinculadas con elementos geopolíticos y políticos fue la realizada en el Teatro Real de Madrid en 1969. Además de ser la única vez en la que cuatro artistas representantes logran el primer puesto (España, Países Bajos, Francia y Reino Unido), el régimen franquista intentó blanquear la imagen del Estado español a través de la reproducción de un filme llamado ‘La España diferente’, del levantamiento del Estado de excepción que se había declarado el 24 de enero y la liberación de algunos presos políticos ante presiones de los países que acudían al festival. No obstante, la delegación austríaca decidió, por coacciones del gobierno, no participar al llevarse a cabo el concurso en un país no democrático, aunque la ORT sí retransmitió el concurso igualmente. Otro de los incidentes tuvo lugar en la Embajada española de Estocolmo donde más de un millar de personas se manifestaron contra las represiones estudiantiles ejercidas por el régimen franquista y por la instauración de ese Estado de excepción.

Las décadas posteriores estuvieron marcadas por una mayor cobertura televisiva que permitía conocer el desarrollo de los acontecimientos geopolíticos internacionales (como el progreso de la Guerra Fría o la desintegración de Yugoslavia y la U.R.S.S.) de forma instantánea, un elemento que se reflejó en las ediciones de esos años. En 1976, dos años después de la invasión turca de la isla de Chipre, la representante griega Mariza Koch se subió al escenario de luto y con una canción protesta que denunciaba la presencia ilegal de Ankara en la ínsula mediterránea. En 1982 (Harrogate), el cantante finés Kojo y la alemana Nicole  denunciaron la proliferación de armamento nuclear y la búsqueda de la paz en sus letras, consiguiendo esta última la victoria con 161 puntos.

Mariza Koch en el Festival de la Canción de Eurovisión de 1976 (La Haya) interpretando su canción protesta ‘Παναγιά μου, Παναγιά μου’ – Virgen mía, virgen mía – (Πεμπτουσία)

El momento más emocionante y al mismo tiempo reflejo de la crueldad de la guerra tuvo lugar en la edición celebrada en Millstreet (Irlanda) en 1993 cuando la recién independizada República de Bosnia y Herzegovina fue una de las participantes. El grupo seleccionado, Fazla, tuvo que huir del ‘sitio de Sarajevo’ durante la noche hacia el aeropuerto de la ciudad poniendo en peligro sus vidas. La canción, Sva bol svijeta (Todo el dolor del mundo) refleja el sufrimiento vivido en la guerra de Bosnia (1992-1995).

Si bien durante las ruedas de prensa, los miembros del grupo dieron a conocer al mundo el horror que se estaba viviendo en el país como consecuencia del ataque de las tropas yugoslavas y de la República Srpska, el instante de las votaciones fue uno de los minutos más impactantes de la historia del festival pues, desde la estación militar de Sarajevo, el portavoz pudo dar los puntos del país balcánico a través de una señal poco fluida y entrecortada, gracias a la cual se hizo famosa la frase “Hello Millstreet, Sarajevo calling

El grupo bosnio ‘Fazla’ en la Green Room del Festival de Eurovisión de Millstreet 1993 (Furaj.ba)

Yugoslavia y la U.R.S.S.: De la desintegración a la participación

La República Federativa Socialista de Yugoslavia (nombre que recibiría el país de 1963 hasta 1992, año de su desintegración) fue partícipe del concurso eurovisivo desde 1961 hasta 1992, alzándose con una victoria en 1989 con el grupo ‘Riva’ por lo que, por primera vez en la historia de la competición musical, un país socialista acogería el festival en el año 1990 (Zagreb). Por su parte, la Unión Soviética intentó participar en 1987 con el cantante Valery Leontyev para mostrar los cambios político-económicos realizados en el país. No obstante, el gobierno soviético decidió aplazar la participación del país que no se hizo factible hasta la disolución del mismo.

Aún así, y muestra de la división en bloques del continente durante la Guerra Fría, los países del Este conformaron su propio Eurovisión: el Festival de la Canción de Intervisión que tuvo lugar de 1977 a 1980 en la ciudad costera de Sopot (Polonia) y que sustituyó al Festival de la Canción que se realizaba en la misma ciudad. En este certamen, los países participantes eran mayoritariamente los que contaban con regímenes afines a la U.R.S.S., aunque han llegado a participar otros como España, Bélgica, Finlandia, Países Bajos, Cuba, Marruecos o Canadá.

Festival de la Canción de Intervisión en Sopot  – 1978 – (Dean Vuletic)

Los inicios de los 90 fueron tanto para Europa como para el resto del globo momentos de cambio dentro del orden internacional imperante hasta el instante, pues la caída del Muro de Berlín y la desintegración de Yugoslavia y la Unión Soviética supusieron el fin de la existencia de dos bloques en el mundo. Esto se tradujo en la participación conjunta de Alemania como un único Estado frente a la paulatina implicación de los nuevos estados emancipados en el festival.

El concurso melódico celebrado en Millstreet (1993) y Dublín (1994) se consagraron como las ediciones en las que más países recién independizados se integraron a la familia: la República de Bosnia y Herzegovina – nombre que recibió durante el tiempo que duró la guerra en el país -, Croacia y Eslovenia en 1993, o Estonia, Lituania y la Federación Rusa en 1994. Por su parte, Serbia y Montenegro se incorporaría en 2004 como país ‘heredero’ de la ex-patria de Tito, aunque solo pudo disfrutar del festival de forma conjunta durante tres años pues, en junio de 2006, las dos repúblicas decidieron desligarse. Finalmente, la edición de 2007 y 2008 puso fin a la ampliación de los países ex-yugoslavos y soviéticos con la incorporación de Montenegro y Serbia (Helsinki 2007), así como Georgia y Azerbaiyán (Belgrado 2008).

Es necesario mencionar que no solo países del ámbito europeo han participado en el Festival de Eurovisión desde su comienzo en los años 50. En 1973 (Luxemburgo) Israel hizo su primera aparición, quien cuenta hasta ahora con cuatro victorias, la más reciente en 2018. Si bien se alzó con el primer puesto en 1979 (Jerusalén, primera vez que el certamen salía del continente), el país judío decidió retirarse ante las dificultades económicas de la televisión pública IBA y por la coincidencia en el tiempo entre las fechas del festival (fijadas en mayo en un primer momento y modificadas después) y dos fiestas nacionales israelís: Yom Hazikaron y Yom Hashoa. Solo un país africano ha hecho su aparición en el espectáculo musical: el Reino de Marruecos en 1980 (La Haya) con la cantante Samira Bensaïd, lo que permitió escuchar por primera vez la lengua árabe en el Festival de Eurovisión ante la retirada de la nación hebrea.

La última incorporación extra-europea ha sido Australia en 2015 (Viena), invitada a la 60ª edición del concurso y consiguiendo su mejor puesto en 2016 (Estocolmo) con 511 puntos y un segundo puesto. Por el momento, cuenta con permiso de permanecer dentro del evento hasta, por lo menos, 2023.

Votaciones, renuncias, Derechos Humanos y expulsiones

El sistema de votación ha ido modificándose a lo largo de la existencia del festival pudiendo clasificar, desde la entrada de los países ex-yugoslavos y ex-soviéticos al concurso, tres tipos de sufragio:

  • Votos por vecindad: Votaciones entre determinados Estados por compartir espacio geográfico, elementos culturales, históricos o tradiciones. Un claro ejemplo de este modelo es la puntuación mutua que se otorgan los países nórdicos.
  • Votos por favoritismo: Esto se puede observar como consecuencia de las relaciones positivas entre dos o más Estados, aunque está muy ligado con el anterior modelo. Muestra de ello son Grecia y Chipre o Belarús y Rusia, naciones que, habitualmente, se conceden la máxima puntuación entre ellas.
  • Votos por discriminación: Vinculado con las malas relaciones o pasado común incómodo entre dos o más territorios. Es habitual percibir esto entre Azerbaiyán y Armenia o entre Ucrania y la Federación Rusa.

Superior: Manolis Gkinis, portavoz griego, otorgando los 12 puntos a la delegación chipriota. Inferior: Loukas Hamastos – Chipre – llevando a cabo la misma estrategia con los participantes griegos (Eurovision Song Contest 2021)

Eurovisión, a pesar de ser un concepto en el que prima la música y la política se mantenga al margen, hasta cierto punto la geopolítica, la violación de derechos humanos y los intereses globales están presentes, pues es algo que se lleva observando a lo largo de la historia del formato televisivo.

El festival de 1979 se llevó a cabo en la ciudad de Jerusalén, capital de Israel (aunque reivindicada en su parte oriental por el Estado de Palestina). Esto provocó la retirada de Turquía como consecuencia de la presión que ejercieron sobre Ankara otros países islámicos y árabes. No obstante, dos años antes, en el Eurovision Song Contest London 1977, Túnez ingresó como miembro de pleno derecho en la EBU, por lo que su participación, en un principio, iba a ser factible tras haberse registrado en la edición, aunque anunció su retirada por la presencia de Israel en el concurso.

2005 supuso un intento fallido en la participación de un nuevo Estado árabe. En este caso el Líbano había elegido representante y canción (Aline Lahoud con Quand tout s’enfuit) pero la cadena estatal, Télé-Liban, no podía retransmitir la actuación de Israel como consecuencia de la legislación local, la cual prohíbe que se emita contenido del país vecino. Ante esta incompatibilidad con las reglas del festival, la EBU decidió retirar la candidatura del país, no volviendo a realizar apariciones en el formato desde ese año.

En 2018 y 2019 las polémicas continuaron con Israel, pues a pesar de haber albergado ya el concurso en dos ocasiones en la ciudad de Jerusalén (1979 y 1999), la victoria de la representante israelí en 2018 (Lisboa) y la posibilidad de repetir el evento en la proclamada como ‘capital de los judíos’ trajo consigo muchas críticas, sobre todo como consecuencia de las políticas de ocupación de los territorios palestinos por parte del gobierno y el Kneset. Finalmente, y a pesar de las declaraciones del ex-primer ministro Benjamin Netanyahu, Eurovisión 2019 se llevó a cabo en Tel Aviv-Yafo. Durante la final del evento, los representantes islandeses ‘Hatari’ – un grupo autodenominado como anti-capitalista y tecno distópico -, alzó la bandera de Palestina en la Green Room, un acto reprochado por parte de los israelíes y por la propia EBU, quien multó al país nórdico con 5.000 euros.

El grupo islandés ‘Hatari’ en el Eurovision Song Contest Tel-Aviv 2019 con la bandera de Palestina durante las votaciones (The Times of Israel)

El conflicto de Nagorno-Karabakh entre Armenia y Azerbaiyán o la invasión rusa de Ucrania no quedan fuera de las polémicas en el transcurso de las ediciones. En el festival de 2012 (Bakú), Ereván, quien había participado por primera vez en 2006 (Atenas), decidió retirar su candidatura por circunstancias que quedaban fuera del alcance de la EBU según palabras del ex supervisor ejecutivo de Eurovisión, Jon Ola Sand. Lo mismo ocurrió en el certamen de 2021 en Rotterdam, alegando cuestiones logísticas ante la escasez de tiempo para preparar su candidatura.

A pesar de estos alegatos, la no participación en Bakú y en Rotterdam se debe a las constantes tensiones existentes entre los dos países caucásicos como consecuencia de la República de Artsaj, un enclave de mayoría armenia en territorio azerí que cuenta con reconocimiento internacional limitado. El último enfrentamiento entre estos dos Estados tuvo lugar en 2020, lo que causó pérdidas humanas y la destrucción de infraestructura en varios lugares, entre ellos Stepanakert, la capital artsají.

El segundo conflicto, en el que se encuentran implicadas Ucrania y la Federación Rusa, ha provocado también diversas tensiones en un festival cuyo único objetivo es la puesta en común de la música continental. En 2015 (Viena), la televisión pública ucraniana Суспільне anunció su no participación debido a problemas financieros, aunque todo apunta al conflicto ocurrido en los años previos que resultó en la anexión de Crimea y Sebastopol a Moscú. Al año siguiente (Estocolmo), la cantante Jamala se hizo con la victoria gracias a su canción 1944 (en lengua inglesa y tártaro de Crimea) que abordaba la expulsión del pueblo tártaro de la península hacia otros territorios. De hecho, la propia cantante nació en Osh (Kirguistán) debido a la deportación de su bisabuela.

Belarús y la Federación Rusa, por su parte, han sido expulsadas o no se han presentado en los últimos eventos musicales. La primera república no pudo participar en 2021 (Rotterdam) ya que la canción presentada por el grupo Галасы ЗМеста llevaba implícito contenido político, un elemento completamente prohibido en Eurovisión. Una segunda letra fue ofertada por los representantes, aunque la EBU consideró que de nuevo se estaba vulnerando la base apolítica del evento, por lo que desde ese año existe un ‘divorcio’ de facto entre el organismo de radiodifusión y el país ex-soviético.

Finalmente, Rusia decidió no participar ni retransmitir el certamen de 2017 (Kyiv), además de haber sido expulsada de la edición de 2022 (Turín) por la invasión que está ejerciendo en estos momentos sobre el territorio ucraniano. Además, los canales ВГТРК y Первый канал anunciaban en febrero de 2022 su retirada de la EBU ante la expulsión de su país del Festival de la Canción, por lo que la participación del gigante euroasiático es inviable hasta que alguna cadena solicite la membresía en la Unión Europea de Radiodifusión.


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