Con poco más de 56 mil habitantes, Groenlandia – considerada la isla más grande del mundo – continúa en busca de su independencia del Reino de Dinamarca, un deseo tanto de la mayoría de la población como de seis de los siete partidos políticos del gélido territorio.


La tierra de los Kalaallits: su encaje dentro de Dinamarca

Groenlandia, geográficamente situada en el continente americano, forma parte del Kongeriget Danmark (o Reino de Dinamarca, Estado que incluye la propia Dinamarca, las Islas Feroe y la isla a analizar) desde 1721, año de su conquista, aunque no se hizo efectiva hasta 1776 cuando se estableció un ‘monopolio económico’ durante más de un siglo. Tras permanecer bajo control noruego-danés hasta 1814, este territorio pasó a considerarse colonia de Copenhague entre este año y 1953, momento en el que la Constitución de Dinamarca y Naciones Unidas dejaron de otorgarle el título de condominio, pasando a una relación semejante a la Commonwealth bajo el nombre de Rigsfællesskabet.

Con una población mayoritaria de etnia inuit88% de los habitantes – e idioma propio, el kalaallisut (estrechamente relacionado con otras lenguas esquimales), Groenlandia se convertiría en territorio autónomo a partir de 1979 tras una ley aprobada un año antes tanto por el Folketing – Asamblea popular danesa – como en un referéndum popular.

No solo se ha realizado en este territorio una única consulta popular, sino que con la subida al poder en ese mismo año del partido SIUMUT al Kalaallit Nunaanni Inatsisartut (Parlamento de Groenlandia) se llevó a cabo un nuevo referéndum en 1982 sobre al encuadre de la isla dentro de la CEE. Tras acudir el 74.9% del electorado a las urnas, Groenlandia abandonaría este germen de la actual Unión Europea el 1 de enero de 1985 al haber votado de forma negativa a la permanencia un 53% frente al 47%. Este resultado estuvo motivado por el descontento de los groenlandeses con las políticas de la CEE en su territorio, sobre todo vinculadas con la pesca (uno de los sectores fundamentales en la economía local) ya que algunos barcos de la ex-República Federal Alemana faenaban en sus aguas, además de comenzar a restringir por parte de Bruselas los productos derivados de ballenas y focas cazadas en Groenlandia.


Manifestantes groenlandeses a favor de la salida de la CEE durante el referéndum de 1982 (Konrad-Adenauer Stiftung)

Sin duda, uno de los momentos más relevantes en la historia reciente de los groenlandeses tuvo lugar en el año 2009 cuando – tras negociaciones entre Nuuk y Copenhague y una votación popular en 2008 con aprobación del 75% de los asistentes – la isla consiguió una mayor autonomía a través del ‘Acta de Autogobierno’. En esta ley, en vigor desde el 21 de junio del mismo año, se incluía la transferencia de competencias como sanidad, control de tráfico, jurisdicción en las leyes de propiedad y obligaciones o, sin duda uno de los elementos más relevantes, la explotación de recursos naturales como la pesca, petróleo, gas, oro o diamantes. 

Si bien los territorios autónomos no suelen poseer la capacidad jurídica de firmar tratados – prerrogativa ius ad tractatum -, el gobierno danés confirió en esa ley de 2009 el poder a Groenlandia de llevar a cabo la rubricación de convenios internacionales siempre y cuando se mantuviese informado a Copenhague de todos los acuerdos consumados.

Mapa de los recursos naturales groenlandeses y empresas dedicadas al sector (Blake Zimmerman)

Gobierno y política groenlandesa: la independencia como fin

A pesar de poseer un autogobierno con grandes competencias desde 2009 (año en el que se introdujo el groenlandés como única lengua oficial de la isla), la jefatura del Estado corresponde a la reina Margarita II de Dinamarca. No obstante, debido a la localización de Groenlandia, la monarca tiene designado en el territorio a un representante de su figura, el conocido como Rigsombudsmanden i Grønland / Kalaallit Nunaanni Naalagaaffiup Sinniisua, puesto ocupado por Mikaela Engell.

Sus funciones – además de contar con asiento en la Asamblea groenlandesa o Inatsisartut – son la presentación de informes a la oficina del primer ministro, asistir a las sesiones parlamentarias, celebración de las elecciones al Folketing danés en el gélido territorio, resolución de quejas por parte de la población u organización de visitas de los monarcas daneses.

El poder ejecutivo de la isla recae en el jefe de gobierno elegido por el poder legislativo o Inatsisartut, siendo actualmente ocupado el cargo por Múte Bourup (Inuit Ataqatigiit). La Asamblea o parlamento es elegido por votación popular y cuyos representantes ocupan un total de 31 escaños por un período de 4 años. Finalmente, el último poder, el judicial, es llevado a cabo por la Alta Corte de Groenlandia o Kalaallit Nunaanni Eqqartuussisuuneqarfik, compuesta por un juez principal y dos jueces lego. En caso de existir algún tipo de apelación, esta puede ser enviada a la Corte suprema danesa ubicada en Copenhague.

A nivel administrativo, los poco más de 50 mil habitantes del territorio ártico se distribuyen en cinco municipios reformados en 2018: Kujalleq, Sermersooq – donde se encuentra la capital, Nuuk -, Qeqqata, Qeqertalik y Avannaata . Además, el territorio groenlandés cuenta con el parque nacional más grande del mundo, situado al noreste de la isla, con 972 mil kilómetros cuadrados y más de 40 especies de fauna diferentes. Junto a estas divisiones, al noroeste está establecida una base aérea (la de Thule/Pituffik) bajo soberanía de los Estados Unidos.

En la pequeña capital, Nuuk (con apenas 16 mil habitantes), se encuentran todas las instituciones y sedes de los partidos políticos de un territorio cuyo objetivo es, claramente, la independencia del resto del Reino de Dinamarca. De los 7 partidos más importantes, 6 tienen como objetivo la emancipación del país europeo:

  • Inuit Ataqatigiit (Comunidad Inuit): Este partido político de izquierdas, en el punto número 2 dentro de sus estatutos, declara que el propósito de IA es lograr la independencia de Groenlandia en la esfera económica e internacional desde un punto de vista sostenible con el medio ambiente y la sociedad. Además, sustentan sus ideales en los valores y principios democráticos, respetando los derechos humanos universales.
Elecciones generalesPartido ganadorPrimer/a Ministro/a
2002Inuit AtaqatigiitHans Enoksen (Siumut)
2005SiumutHans Enoksen (Siumut)
2009Inuit AtaqatigiitKuupik Kleist (Inuit Ataqatigiit)
2013SiumutAleqa Hammond (Siumut)
2014SiumutKim Kielsen (Siumut)
2018SiumutKim Kielsen (Siumut)
2021Inuit AtaqatigiitMúte Bourup (Inuit Ataqatigiit)

Elecciones generales groenlandesas entre 2002 y 2021 (elaboración propia vía Qinersineq.gl)

En una encuesta realizada en 2019, el 67.7% de los groenlandeses adultos – con capacidad de voto – apoyaban la idea de una Kalaallit Nunaat independiente en un futuro tras 300 años de ‘colonización danesa’. Si bien la mayoría apuesta por una secesión en el período de 10 años, la visión más realista es el año 2034 con el objetivo de llevar a cabo previamente cambios y reformas que permitan a Groenlandia ser un Estado competitivo. De ese 67.7% de encuestados que desean la emancipación, el 43.5% ve el fin de la pertenencia al Reino de Dinamarca como un evento positivo o muy positivo para la economía local.

Ante estos resultados, el ex-primer ministro danés, Lars Løkke Rasmussen, declaró que un ‘real autogobierno’ desvinculado de Copenhague supondría el fin de las ayudas y subsidios a la isla, lo que se traduciría en un empeoramiento del sistema sanitario, centros de día o infraestructuras. No obstante, ¿qué beneficios o perjuicios obtendría Nuuk con la independencia?.

Claramente, la parte negativa es el fin de esas ayudas vinculadas a la defensa de la isla y la inyección de capital en su economía. En 2020, de los más de 900 millones de euros del presupuesto anual groenlandés, más de la mitad provenían del gobierno central danés, lo que supondría una reducción importante que afectaría directamente al Estado de bienestar de sus habitantes. Además, en caso de independencia, al no contar con un sistema defensivo, el islote ártico quedaría a la merced de grandes potencias que, previsiblemente, desearían hacerse con su territorio a pesar de la ilegalidad que esto supondría desde el punto de vista del Derecho Internacional.

La parte positiva es que Groenlandia sería capaz de hacerse con las futuras rutas marítimas que se están desarrollando en la zona ártica, atribuyéndose una fuente ingente de recursos naturales. Si bien ya tiene transferidas la gestión y explotación de sus bienes procedentes del suelo y fondo marítimo local, la emancipación se traduciría en un beneficio del 100% para sus habitantes sin tener, en ningún caso, que otorgar un porcentaje determinado a la metrópolis.

Finalmente, a pesar de contar con esa prerrogativa de ius ad tractatum, el gobierno groenlandés podría llevar a cabo cualquier tipo de convenio, pacto o tratado internacional sin tener que dar explicaciones a Copenhague, confirmándose a través de este acto una auténtica independencia como Estado soberano.

El futuro de la gélida masa

Sin duda, el futuro del territorio groenlandés pasa, independientemente de que logren o no su emancipación de Dinamarca, por consolidarse como un espacio clave a nivel geoestratégico en la zona ártica como consecuencia del paulatino pero constante deshielo que sufre la zona como resultado del cambio climático.

Esto es visible por el interés que poseen varias potencias en la isla euroamericana como los intentos ‘dalinianos’ del ex-presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, por comprar la isla en 2019 que provocó la ira de groenlandeses y de la propia primera ministra danesa, Mette Frederiksen. Aún así, poco después de esta ‘oferta’, Washington y Nuuk llegaron a un acuerdo de inversión en la isla por un valor de 83 millones de coronas danesas / 11 millones de euros puesto que, como se analizó, Groenlandia posee esa capacidad de llegar a pactos internacionales.

Aparte de Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia o China también han puesto sus miradas geoestratégicas en la masa de hielo danesa. El grupo de los 27 pretende establecer en Nuuk una oficina de la Comisión Europea con el objetivo de llevar a cabo una ‘transición verde en el Ártico’ y evitar que recursos como el petróleo o gas de la región sean explotados. Además, la presencia comunitaria en la isla sirve para proyectar las relaciones exteriores de la Unión de forma conjunta.

Por su parte Moscú acusa, a raíz de las inversiones estadounidenses en Groenlandia, a Washington de querer desestabilizar la paz del Ártico al intentar hacerse con el dominio de gran parte del globo. La Federación, al igual que el resto de potencias con acceso al punto más septentrional del planeta, buscan hacerse con el mayor número de recursos del lugar, lo que podría desembocar en un nuevo foco de tensiones no sólo entre Moscú y Washington, sino también con Pekín. A pesar de situarse a más de 3000 kilómetros de la zona polar, China ha no solo comparado varios buques rompehielos con la finalidad de explorar esta zona gélida, sino que está intentando entrar en el concurso de financiación de los nuevos aeropuertos internacionales que desea construir el gobierno groenlandés, una estrategia que el gigante asiático ya utiliza en los Balcanes, África o Latinoamérica.

Zonas del Ártico en disputa (BBC)

Conclusiones

Tras más de 300 años de dominio danés, Groenlandia desea consumarse como un Estado soberano y plenamente independiente con el objetivo de tomar las decisiones que mejor considere para un pueblo, en su mayoría inuit, completamente desvinculado de Dinamarca tanto a nivel geográfico como en relación a las costumbres.

Aún así, no parece que la finalidad de seis de los siete partidos existentes en la gélida isla se vaya a consumar en un período corto de tiempo pues, a pesar de la gran cantidad de recursos que posee y su autonomía, Nuuk no está preparada desde el punto de vista económico e infraestructural para emanciparse de Copenhague ya que su población se dedica, en la mayoría de las ocasiones, a la caza, pesca y sector servicios.


Finalmente, la no existencia de un ejército propio o un sistema de seguridad adecuado (ya que ahora es dependiente de Copenhague al 100% en este ámbito) provocaría que las grandes potencias globales como Rusia, China o la UE intentaran hacerse con el mayor poder posible sobre una de las fuentes de recursos naturales más potentes del globo.


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