La invasión rusa de Ucrania es causa de preocupación en Nur-Sultan. Kazajstán, hogar de una destacable minoría rusa, ha sido objeto en el pasado de proclamas irrendentistas prorrusas que han puesto en duda su propia soberanía. Motivos más que suficientes para que, a raíz de la invasión de Ucrania, las autoridades kazajas se muestren vigilantes ante la actitud de su gran vecino del norte.

La invasión rusa de Ucrania es causa de preocupación en Nur-Sultan. Kazajstán, hogar de una destacable minoría rusa, ha sido objeto en el pasado de proclamas irrendentistas prorrusas que han puesto en duda su propia soberanía. Motivos más que suficientes para que, a raíz de la invasión de Ucrania, las autoridades kazajas se muestren vigilantes ante la actitud de su gran vecino del norte.

Kazajstán y Rusia siempre han mantenido una relación compleja. Tras la caída de la Unión Soviética en 1991, las repúblicas socialistas soviéticas emergieron como países independientes. Kazajstán se encontró entonces con una situación única: era la única de las repúblicas cuya población nacional (kazajos) no constituía la mayoría, rozando apenas el 40%. Había casi tantos rusos étnicos como kazajos, mientras que los ucranianos y alemanes también representaban importantes minorías. 

La emigración de nacionales a sus propias repúblicas, especialmente rusos y ucranianos, así como una política de acoger a kazajos étnicos de países vecinos, especialmente de China y Mongolia, contribuyó a invertir la tendencia. Sin embargo, quedaron importantes poblaciones de rusos étnicos en el norte de Kazajstán, en la frontera con Rusia. 

Movimientos secesionistas rusos

A lo largo de la década de los 90, con Kazajstán en pleno proceso de construcción nacional, el país tuvo que hacer frente a grupos de rusos y cosacos en el norte que buscaban independizarse de Kazajstán y unirse a Rusia. De este modo surgieron entidades como el Congreso de la Comunidad Rusa en la ciudad de Petropavlovsk y figuras como los atamanes cosacos Fedor Cherepanov y Nikolai Gunkin. Las autoridades rusas generalmente apoyaban tácitamente dichas organizaciones y presionaban a las kazajas cuando éstas detenían a sus cabecillas. 

Con 7.644 kilómetros de longitud, las lindes entre Rusia y Kazajistán son la segunda frontera terrestre más larga del mundo (Encyclopedia Britannica).

El episodio más serio tuvo lugar en 1999 cuando un grupo autodenominado Rus planeó hacerse con el gobierno de la localidad de Oskemen, declararlo territorio ruso y pedir su anexión a Rusia. La intentona fracasó estrepitosamente, con un periódico en la ciudad siberiana de Omsk escribiendo sobre el plan antes de su ejecución, y una veintena de sus miembros, incluido su cabecilla, Viktor Kazimirchuk, fueron detenidos. Muchos de estos personajes acabaron en Rusia tras cumplir sus condenas en Kazajstán. 

Estos movimientos que ocuparon buena parte de los 90 fueron perdiendo fuelle con el tiempo. Por un lado, el peso demográfico de los rusos fue disminuyendo, llegando a representar en la actualidad algo menos del 20% y principalmente en el norte. A ello contribuyó también el asentamiento por parte del estado kazajo de buena parte de los oralman (retornados) en las regiones septentrionales. 

Por el otro, la política de armonía interétnica del primer presidente Nursultan Nazarbáyev logró poner coto al posible descontento de las minorías. En un difícil equilibrio, logró construir una identidad kazaja sin que esta resultara excluyente. Además, Nazarbáyev acercó al estado kazajo a las regiones septentrionales al cambiar la capital de Almaty, en el sureste, a la entonces localidad de Akmola, posteriormente Astaná y ahora Nur-Sultan, más al norte.  

Irredentismo ruso

Pese a que Kazajstán lleva ya tres décadas como estado independiente, el nacionalismo ruso sigue viendo gran parte de su territorio como propio. Ya en 1990, Alexander Solzhenitsyn abogó por la creación de un estado eslavo incorporando Rusia, Bielorrusia, Ucrania y el norte de Kazajstán. El autor de Archipiélago Gulag fue más allá en 1996, cuando reclamó la incorporación a Rusia del norte de Kazajstán. 

La postura de un escritor de la talla de Solzhenitsyn puede ser relevante, pero más importante es la del propio Vladímir Putin. En 2014, el presidente ruso declaró que “Kazajstán nunca ha tenido un estado”, elogiando a Nazarbáyev por crear “un estado en un territorio que nunca tuvo un estado antes”. Unas palabras parecidas a las pronunciadas por el propio Putin en enero del 2022, cuando achacó la creación de Ucrania a Lenin y sus bolcheviques. Nazarbáyev reaccionó al discurso de su homólogo ruso conmemorando el año siguiente a lo largo y ancho del país el 550 aniversario del Kanato Kazajo. 

Celebración del 550 aniversario del Kanato Kazajo en la capital de Kazajstán (2015) - Astana Times
Celebración del 550 aniversario del Kanato Kazajo en la capital de Kazajistán -2015- (Astana Times)

La postura irrendentista rusa con respecto a Kazajstán forma parte habitual de la retórica del Kremlin. El recientemente fallecido, y polémico, Vladímir Zhirinovsky, nacido en el Kazajstán soviético, reclamaba partes de territorio kazajo. Más destacable fueron las declaraciones de dos diputados de la Duma en 2020. Uno, Vycheslav Nikónov, dijo que Kazajstán no existía en 1917 y fue creado por los soviéticos, mientras que el otro, Yevgeny Fedorov, argumentó que Kazajstán estaba “arrendando” tierra rusa. 

Es fácil ver en dichas salidas de tono “globos sonda” y mensajes velados del Kremlin a Nur-Sultan. Así era hasta hace poco. En un primer momento, la anexión rusa de Ucrania, sucedida poco antes de las declaraciones de Putin cuestionando el estado kazajo, hizo saltar las alarmas en la entonces capital Astaná. Pero la preocupación ha ido significativamente a más. La invasión de Ucrania y los posibles paralelismos, desde la presencia de población rusa a cuestiones de índole histórica, han hecho que dichos mensajes sean vistos desde otra óptica y que hagan sentirse incómodo a más de uno en Nur-Sultan. 

Neutralidad con un ojo puesto en Moscú

Hasta el momento, las autoridades kazajas han mantenido un cierto equilibro en el conflicto de Ucrania, aunque según ha ido pasando el tiempo se han inclinado ligeramente hacia el lado ucraniano. 

Al comienzo de la invasión, el gobierno kazajo se mantuvo en un segundo plano, pero su pertenencia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, así como su presencia en la Asamblea General, le obligaron a pronunciarse. En todas las votaciones, Kazajstán se ha abstenido. La única excepción es cuando votó en contra de expulsar a Rusia del Consejo de DD.HH.. El presidente Kassym Jomart-Tokayev ha conversado tanto con Putin como con Zelensky, llegándose a ofrecer como mediador. También ha enviado ayuda humanitaria a Ucrania. Además, Tokayev ha declarado respetar la integridad territorial de Ucrania y ha anunciado que no reconocerán a las repúblicas de Dontesk y Lugansk.

Hasta el momento, Tokayev ha mantenido las distancias, pero diversos gestos hacen indicar que se encuentra en alerta. A principios de abril, las fuerzas armadas kazajas llevaron a cabo por sorpresa maniobras militares por todo el país. Días más tarde, las autoridades declararon que este año no se celebraría el habitual desfile del 9 de mayo para conmemorar la victoria en la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que el evento tuvo lugar por última vez en el 2019, debido a la pandemia, esta vez la razón es otra. Según el Ministerio de Defensa kazajo, el desfile no tendrá lugar ya que la prioridad es “mantener el nivel requerido de preparación para el combate y de movilidad de las fuerzas armadas”. 

Mapa étnico de las repúblicas centroasiáticas. La zona norte de Kazajistán muestra una importante presencia de población rusa (Reddit).

Rusia y Kazajstán mantienen estrechos lazos económicos, comerciales y políticos. Nur-Sultan es miembro tanto de la Unión Económica Euroasiática como de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC). A principios de año, el propio gobierno kazajo pidió la intervención de Rusia y la OTSC durante las protestas que sacudieron el país. Pero el expansionismo ruso es una mala noticia para un país que durante décadas formó parte de la URSS, que tiene a una importante población de rusos étnicos y que es visto por algunos en Moscú como parte de su propio territorio. La invasión rusa de Ucrania no ha hecho sino avivar dichos temores en Kazajstán. 


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