En los últimos meses, el gobierno de Benjamín Netanyahu ha intensificado su ofensiva diplomática, militar y estratégica para rediseñar el tablero de Oriente Próximo. Uno de sus objetivos más ambiciosos y controvertidos ha sido frenar a toda costa las capacidades nucleares de Irán. El temor a un Irán con armamento nuclear no es nuevo en la agenda israelí, pero esta vez la estrategia parece haber cruzado un umbral: ya no se trata solo de advertencias ni de maniobras de contención, sino de una voluntad clara de neutralización preventiva. Para ello, Netanyahu necesitaba un aliado indispensable: Estados Unidos. Y, pese a las tensiones pasadas entre Washington y Jerusalén, ha logrado asegurarse su respaldo. Los recientes ataques selectivos contra infraestructuras estratégicas iraníes, sumados al aumento de las operaciones encubiertas y al endurecimiento del discurso en ambos bandos, nos sitúan ante un escenario regional cada vez más volátil. La región se asoma así a...
UNA ALIANZA TRANSATLÁNTICA: QUÉ SUPONDRÍA ASOCIAR CANADÁ A LA UNIÓN EUROPEA
La propuesta de Ursula von der Leyen para convertir a Canadá en el primer «miembro asociado» de la Unión Europea ha abierto un debate inédito...



