África conserva fronteras heredadas de la colonización, pero no un mapa político pacificado. El Sáhara Occidental sigue pendiente de descolonización; Somalilandia controla de facto un territorio que casi nadie reconoce; y conflictos en Sudán, Libia y el Sahel enfrentan a autoridades rivales sin constituir necesariamente disputas de soberanía. A ello se suman enclaves fronterizos, límites marítimos y archipiélagos cuya importancia estratégica supera su tamaño. La clave es distinguir entre territorio reclamado, control efectivo y reconocimiento internacional. Desde esa perspectiva, las controversias africanas revelan un equilibrio frágil: preservar fronteras evita una cascada de secesiones, aunque también puede perpetuar conflictos que la diplomacia no ha conseguido resolver. El mapa de África parece ordenado. Sus Estados son miembros de Naciones Unidas y sus fronteras, reconocidas por la comunidad internacional, rara vez cambian. Pero esa estabilidad form...
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