Entre 2020 y 2021, Turquía, Marruecos y Bielorrusia utilizaron a personas migrantes para presionar a la Unión Europea, arrancar concesiones o castigar decisiones que consideraban hostiles: tres episodios en dos años, por encima de la media mundial de uno al año. Las políticas europeas de externalización de fronteras han dado a los países vecinos esa capacidad de presión, y la respuesta de la UE ha dependido de sus lazos con cada uno: apaciguamiento con Ankara y Rabat, sanciones contra Minsk. Por Alma Cruz Frías Los tres países mantienen con la UE relaciones de naturaleza muy distinta. Turquía es miembro de la OTAN, candidato a la adhesión y socio en las políticas de externalización de fronteras, aunque mantiene con Estados de la Unión la disputa por el norte de Chipre. Marruecos es un socio estratégico de la UE en el control de fronteras y en la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y la migración irregular, pero también reivindica la soberanía sobre...
¿PUEDE EUROPA SER TECNOLÓGICAMENTE SOBERANA? CHIPS, NUBE E INTELIGENCIA ARTIFICIAL FRENTE A LA DEPENDENCIA EXTERIOR
Europa intenta reducir su dependencia tecnológica justo cuando su economía, su defensa y el funcionamiento de sus administraciones descansan más que nunca en infraestructuras digitales....



