Hay momentos en los que nos vemos obligados a revisar no sólo las categorías de interpretación, sino también nuestras propias certezas. El panorama internacional actual es uno de esos momentos. No porque el mundo sea hoy más violento que en otras etapas históricas, sino porque las reglas implícitas que durante décadas sirvieron para anticipar comportamientos, gestionar riesgos y ordenar expectativas han perdido buena parte de su vigencia. La sensación dominante no es tanto la de caos, sino la de transición prolongada hacia algo que aún no sabemos nombrar con precisión. Durante años, muchos dimos por hecho que el sistema internacional avanzaba, con fricciones, hacia una mayor estabilidad estructural. Creímos que la interdependencia económica actuaría como un freno racional al conflicto, que las instituciones multilaterales, aun imperfectas, serían capaces de amortiguar las crisis, y que el uso de la fuerza entre grandes potencias quedaría relegado a los márgenes del ...
UNA ALIANZA TRANSATLÁNTICA: QUÉ SUPONDRÍA ASOCIAR CANADÁ A LA UNIÓN EUROPEA
La propuesta de Ursula von der Leyen para convertir a Canadá en el primer «miembro asociado» de la Unión Europea ha abierto un debate inédito...



