La Segunda Guerra Mundial también se libró en embajadas, estaciones de radio, laboratorios criptográficos y pisos clandestinos. Antes de que los ejércitos chocaran, las grandes potencias habían heredado servicios desiguales, culturas burocráticas rivales y una confianza excesiva en sus propios secretos. Durante el conflicto, el espionaje dejó de ser un oficio artesanal para convertirse en un sistema industrial que combinaba agentes, interceptaciones, sabotaje y engaño. Británicos, alemanes, soviéticos, estadounidenses y japoneses obtuvieron éxitos notables, pero solo algunos lograron traducir información en ventaja estratégica. La historia de sus espías revela que conocer al enemigo nunca basta: es preciso comprenderlo y conseguir que actúe como uno desea. La guerra detrás de la guerra La imagen popular del espionaje durante la Segunda Guerra Mundial está poblada por gabardinas, microfilmes y dobles agentes. Sin embargo, su verdadera importancia fue menos romá...
UNA ALIANZA TRANSATLÁNTICA: QUÉ SUPONDRÍA ASOCIAR CANADÁ A LA UNIÓN EUROPEA
La propuesta de Ursula von der Leyen para convertir a Canadá en el primer «miembro asociado» de la Unión Europea ha abierto un debate inédito...



