La relación entre España y Marruecos constituye uno de los equilibrios más complejos de la política exterior española. Migración, comercio, seguridad, Ceuta y Melilla y, sobre todo, el Sáhara Occidental convierten a Rabat en un socio imprescindible, pero también en una fuente permanente de tensiones. La crisis de Ceuta evidenció hasta qué punto Marruecos puede utilizar diferentes instrumentos de presión para condicionar las decisiones españolas. Al mismo tiempo, el creciente respaldo internacional a Rabat está transformando el equilibrio regional. ¿Hasta dónde puede llegar España para preservar una relación estratégica sin convertir la cooperación con Marruecos en una dependencia política? El vecino inevitable Pocos países condicionan tanto la política exterior española como Marruecos. La proximidad geográfica, los intercambios comerciales, la cooperación antiterrorista, los flujos migratorios, la pesca o las relaciones energéticas convierten al reino alau...
BAB EL MANDEB: BASES MILITARES Y BUQUES BAJO AMENAZA EN EL MAR ROJO
Yibuti apenas ocupa espacio en los mapas políticos, pero se encuentra frente a una de las rutas marítimas más sensibles del planeta. Desde su costa...



