Desde hace años, una acusación recurrente lanzada por sectores euroescépticos —desde la derecha soberanista hasta algunos movimientos populistas de izquierda— es que la Unión Europea es una máquina sobrerreguladora, una entidad burocrática que se entromete en exceso en la vida de los Estados miembros y en los asuntos más triviales del ciudadano común. La imagen de Bruselas imponiendo el tamaño de los plátanos o el grosor de los enchufes ha calado en ciertos imaginarios políticos y mediáticos. Pero ¿es esto cierto? ¿O estamos ante una percepción interesada, parcial y descontextualizada? La regulación como piedra angular de la integración El punto de partida de esta reflexión debe ser histórico y jurídico: la Unión Europea es un proyecto político en construcción, una comunidad supranacional que, a diferencia de los Estados tradicionales, no nació con un aparato jurídico o institucional propio, sino que ha debido construirlo paso a paso, norma a ...
UNA ALIANZA TRANSATLÁNTICA: QUÉ SUPONDRÍA ASOCIAR CANADÁ A LA UNIÓN EUROPEA
La propuesta de Ursula von der Leyen para convertir a Canadá en el primer «miembro asociado» de la Unión Europea ha abierto un debate inédito...



