Durante gran parte del siglo XX las relaciones entre Turquía y los Balcanes se han desempeñado dentro del marco de la OTAN. Sin embargo, desde la llegada del AKP al poder, Turquía ha llevado a cabo un despliegue de inversiones en diplomacia pública destinado a fortalecer las relaciones con todos los países de la región, especialmente con aquellos de mayoría musulmana. Si bien estas políticas han dado lugar a la construcción de una identidad hermanada, el giro autoritario del gobierno turco plantea hoy nuevos debates sobre la futura estabilidad de dichas políticas.


Recep Tayyip Erdoğan, inaugurando una mezquita otomana en el distrito de Baščaršija, Sarajevo, en Agosto de 2021 (İhlas Haber Ajansi).

 

TURQUÍA Y BOSNIA, ¿REVIVIENDO O RECONSTRUYENDO EL PASADO?

Las relaciones entre Turquía y los Balcanes vienen de lejos y tienen raíces profundas. La presencia turca en los Balcanes no se reduce a una historia de ocupación sino a una historia de vecindad así como de intercambio cultural, pluralidad religiosa e influencia mutua. Echando la vista más allá del siglo XX vemos que la propia historia del Imperio Otomano, desde su principio hasta su final, no puede ser entendida sin antes analizar la historia y cultura de los Balcanes, afirmando historiadores turcos de renombre como İlber Ortaylı que el estado Otomano tuvo un gran componente balcánico.

Número de años bajo los que estuvo dominado por los otomanos cada territorio de los Balcanes occidentales. (Reddit).

Las oleadas de refugiados llegados de Albania o de Bosnia al corazón del imperio durante los siglos XIX y XX contribuyeron a la diversidad de éste, habiendo muchos turcos con apellido Bosnalı (de Bosnia) e incluso un barrio en Estambul (uno de los más extensos en área), llamado Arnavutköy, que significa literalmente ‘pueblo de los albaneses’. Con el inicio de la República de Turquía en 1923 las relaciones con los Balcanes se enfriaron y las poblaciones de origen balcánico fueron asimiladas. Tras la Segunda Guerra Mundial, las relaciones fueron aún más frías, ya que Turquía pasó a pertenecer a la OTAN en 1952 y Yugoslavia se unió al bloque de los no-alineados. 

El fin del comunismo en Yugoslavia, su desmembramiento y el inicio de la guerra dieron paso a una nueva etapa en la que en Turquía, siempre actuando en el marco del ‘Atlantismo’, se comenzó a manifestar la necesidad de proteger a los musulmanes bosnios que estaban siendo masacrados. El origen de este discurso, no obstante, no se encuentra en el discurso oficial del gobierno turco de la época, sino en el partido islamista de Necmettin Erbakan, Millî Görüş (Visión Nacional), desde el cual se llevaron a cabo proyectos de ayuda humanitaria ajenos a la OTAN. Esto proveyó de legitimidad al movimiento islámico turco e hizo despertar el interés de los turcos en los musulmanes más allá de sus fronteras. 

​​Recep Tayyip Erdoğan, actual presidente de Turquía y Necmettin Erbakan, padre del islam político turco (eksisozluk.com).

 

Con la llegada del AKP (Partıdo de la Justıcia y el Desarrollo, por sus iniciales en turco Adalet ve Kalkınma Partisi) al poder en 2002 se inauguró una nueva etapa de acercamiento, esta vez de forma oficial, basada en la estabilización de las relaciones, inversión económica y en materia de seguridad en el contexto de la OTAN y la candidatura a la accesión de la Unión Europea.. En el caso de los países con poblaciones musulmanas como Bosnia, Albania, Kosovo o Bulgaria, esta etapa vino acompañada de un despliegue de diplomacia pública sin precedentes. 

Bajo el proyecto de la Profundidad Estratégica (Stratejikl Derinlik) diseñado por Ahmet Davutoğlu (ministro de Asuntos Exteriores entre 2009 y 2014 y primer ministro de Turquía entre 2014 y 2016), Turquía debería convertirse en un actor regional y global de primer orden, para lo cual debería llevar una política de cero problemas en la que la mediación y la buena vecindad serían principios básicos. La base ideológica de esta nueva política se basaba en encontrar los rasgos comunes históricos, religiosos y culturales con los países vecinos y usarlos como una herramienta para profundizar en las relaciones. En esto la diplomacia pública jugó (y juega actualmente) un papel fundamental, ya que desde entonces los Balcanes, pero especialmente Bosnia y Albania, son considerados aliados naturales de Turquía por ser de mayoría musulmana y por su pasado otomano común. 

 

Mapa de la diversidad religiosa bajo el Imperio Otomano en los Balcanes(1877-1878). La doctrina turca de la Profundidad Estratégica llevó a Turquía a impulsar sus relaciones inspirándose en el pasado otomano y a invertir en las comunidades turcas y musulmanas más allá de las fronteras de Turquía (L.Özgül).

 

LA DIPLOMACIA TURCA EN BOSNIA: ACTORES Y CONSECUENCIAS

Veinte años de inversiones de Turquía en Bosnia han tenido como fruto unas relaciones basadas en la identidad no sólo a nivel oficial sino también a escala social. Si bien Turquía ha invertido grandes cantidades en toda la región y ha potenciado las relaciones bilaterales, la simpatía del pueblo bosnio hacia Turquía reside en que junto con esas inversiones se han desarrollado una serie de mecanismos de diplomacia pública, principalmente en materia religiosa. 

Los actores estatales principales son el Directorado de Asuntos Religiosos de Turquía (Diyanet), el TDV (Türk Diyanet Vakfi), que es una organización humanitaria religiosa vinculada al Diyanet, y el TIKA, Agencia Turca para la Cooperación y la Coordinación. Solamente TIKA ha llevado a cabo más de 850 proyectos relacionados con educación, salud o agricultura, realizándose en 2017 hasta 60 proyectos de reconstrucción del patrimonio otomano. Revivir el pasado otomano mediante la restauración es recuperar los lazos que cayeron en el olvido durante la etapa comunista y que fueron destruidos durante la guerra.

La labor de estas instituciones está muy presente en la sociedad bosnia, promoviendo programas de formación de oficiales religiosos, restaurando edificios de época otomana, especialmente mezquitas, y traduciendo y repartiendo ejemplares del Corán en las lenguas locales. Además, también se ha dedicado activamente a la construcción de nuevas mezquitas por toda la región (Kajserija en Gorazde, la de Tesanj o la de Ferhadija en Banja Luka) y en los últimos años se ha dedicado a proveer de millones de dólares en microcréditos a negocios por toda la región. 

En el campo de la educación, Turquía ha llevado a cabo importantes inversiones de instituciones como la Universidad Internacional de Sarajevo, centros educativos de la Institución Yunus Emre para la difusión de la cultura turca o programas de intercambio como Yurtdışı Türkler ve Akraba Topluluklar

David Henig, a través de sus estudios sobre la presencia de Turquía en Bosnia descubrió que  las inversiones turcas han sido bienvenidas, ya que han ayudado a revitalizar a la comunidad musulmana en la región creando nuevos espacios en los que los locales pueden articular sus propias agendas, intereses e identidades. Esta articulación identitaria ha servido para hacer efectivos los discursos de Davutoğlu e identificar que, si bien las identidades nacionales turca y bosnia son diferentes, la religión es la misma y el pasado otomano también. Esto ha causado que, lejos de crearse un sentimiento de pertenencia se haya creado un sentimiento de hermandad en la diferencia. Al mismo tiempo, la presencia turca ha fomentado un punto de vista crítico en sectores laicos de la población bosnia, consciente de que Turquía ejerce un creciente poder sobre el país.  

 

Placas conmemorativas de proyectos turcos en Sarajevo: Nueva sede de Diyanet en Bosnia (1); Sarajevo Mevlevihanesi o casa de derviches mevlevíes (2); Galería 11/07/1995, dedicada all genocidio de Srebrenica; (4) oficinas de TRT (radio televisión turca) en Sarajevo. (@cortegaist)

 

DE LA PROFUNDIDAD ESTRATÉGICA AL PRAGMATISMO

La salida del gobierno de Davutoğlu en 2016 y el intento de golpe de estado por parte del movimiento de Fethullah Gülen han abierto una nueva etapa que deja atrás la profundidad estratégica, la diplomacia pública y la mediación. Ahora, el gobierno turco de Recep Tayyip Erdoğan ha adquirido un carácter personalista y una doctrina pragmática en sus relaciones externas. Si bien en el periodo 2002-2016 el objetivo era crear un ambiente equilibrado, desde 2016 la política exterior turca se ha visto afectada por la persecución del gülenismo y por las elecciones de 2023. 

La persecución de los seguidores de Gülen, cuya institución ha fundado en los Balcanes más de cuarenta escuelas y universidades, ha llevado a Turquía a disputas con estados como Albania, Kosovo o Macedonia por la petición de extraditar a miembros de la organización. En cuanto a las próximas elecciones, Bosnia tiene un lugar especial en la cultura turca, lo que hace que la inversión turca en la región de réditos para el gobierno turco también en Turquía, donde los electores del sector más islámico aprecian las labores turcas para con la sociedad civil bosnia, teniendo siempre en mente el recuerdo de la guerra y de las masacres contra los musulmanes bosnios.

Con esta nueva tendencia se han impulsado los actos oficiales entre líderes políticos y religiosos, rezos conjuntos y conmemoraciones históricas, otorgando a Turquía un papel de estado protector de las minorías musulmanas. Así, en 2018 se llevaron a cabo rezos públicos en Sarajevo para el éxito de la ofensiva turca en Siria, y en las elecciones del mismo año Erdoğan llevó a cabo actos de campaña en Sarajevo, algo que Austria y Alemania prohibieron. 

 

Durante el 15 de Julio de 2022, en el distrito de Baščaršija de Sarajevo, el gobierno turco llevó a cabo una campaña de concienciación sobre el grupo terrorista de Fethullah Gülen (FETÖ) y sobre el intento de golpe de estado del 15 de Julio de 2016. (@cortegaist)

 

CONCLUSIONES

Los efectos de la diplomacia pública turca son difícilmente calculables. Si lo analizamos desde la perspectiva económica, las relaciones comerciales con Serbia (país que basa parte de su identidad nacional en la independencia del Imperio Otomano) casi triplican a las relaciones con Bosnia. Asimismo, si bien hay voces que acusan a Turquía de querer sustituir a la presencia de la UE en la región, la realidad es que el volumen comercial entre Bosnia y Europa es mucho mayor al de Bosnia y Turquía. 

Observando el despliegue de inversiones turcas podemos observar que Turquía ha obtenido éxito parcial en tanto que ha conseguido llevar a cabo una política externa consistente e independiente a terceros estados capaz de consolidar y potenciar las relaciones entre Turquía y los estados de los Balcanes, especialmente Bosnia, no sólo a nivel económico sino también dejando una huella identitaria en su población. El giro personalista hacia una política pragmática, si bien anuncia nuevos debates sobre los intereses turcos en la región, no empaña la idea de que la diplomacia cultural turca ha llegado para quedarse y que Turquía jugará un papel decisivo en el caso del surgimiento de tensiones en la región.

 

Video del mitin de Erdogan en Sarajevo ante una gran multitud con banderas de Bosnia, Turquía y de la Unión Europea. (TRT)


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