Actualmente dentro de la Unión Europea estamos asistiendo desde hace unos años a una creciente deriva nacionalista, esto se ve reflejado en la retórica de partidos como Agrupación Nacional de Marine Le Pen, Liga Norte de Matteo Salvini y el que más se acerca al modelo ruso, Fidesz-Unión Cívica Húngara de Viktor Orbán… En Rusia, desde la llegada de Putin al poder, el nacionalismo ha vivido un importante auge.

El nacionalismo, aunque surge vinculado a grupos intelectuales del siglo XIX, pronto fue recurrente en política. Según la definición ofrecida por la RAE sería el «sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia»;  y es que pertenecer a una nación implica tener elementos comunes; símbolos, tradiciones, lengua, historia común que te vinculan a otras personas que forman parte de la misma comunidad, comunidad que puede estar aglutinada en un mismo Estado o tener comunidades dispersas en otros.

La República Universal, obra de Fréderic Sorrieu en 1848

Como se ha dicho, Rusia vive desde la llegada de Putin al poder una actividad nacionalista que ha ido incrementándose. Para Miguel Herrero, el nacionalismo surge cuando se produce una ruptura del «orden tradicional» y así podemos considerarlo en Rusia tras el colapso de la URSS y los traumáticos años 90 tras lo cual podría darse el surgimiento de una nueva concepción del nacionalismo ruso.

Con la llegada de Putin al poder, en su discurso inaugural, consideraba su deber y la de los suyos servir para tomar en conciencia el destino de la patria con el objetivo de lograr una mejor, próspera y más fuerte Rusia. Es importante tener en cuenta el contexto de la Rusia de los 2000, un país con una sociedad agotada por las durísimas condiciones de vida implementadas con las reformas económicas de Gaidar y posteriores de la era Yeltsin; una sociedad orgullosa que había sido derrotada en Chechenia y que nuevamente se enfrentaba a un segundo conflicto en el mismo lugar; un país que venía de desintegrarse de la noche a la mañana y que había perdido casi toda presencia internacional.

En ello, se generaría una sociedad frustrada y, de esa frustración, se cimentaría un incipiente nacionalismo que venía a unir dos realidades muy diferentes entre sí; el imperialismo zarista y el socialismo soviético de la URSS.

Como elementos propios de la Rusia zarista, vemos cómo desde la Edad Moderna, se ha ido forjando como referente cultural frente a Occidente. En este sentido, hay que tener en cuenta que Moscú, es considerada como la «Tercera Roma» un elemento histórico que viene a vincular a Rusia como heredera directa del Imperio romano. Por ello, desde el siglo XIX se han dado numerosos movimientos rusos que buscaban aunar a todos los pueblos eslavos, el llamado paneslavismo y eslavismo como un movimiento de resistencia contra Occidente y que sigue muy vigente dentro del nacionalismo en Rusia.

El propio Dostoievsky consideraba a Rusia como «el faro de luz del Este» y en sus obras podemos ver una amplia crítica hacia Occidente. A su vez, del periodo imperial de Rusia, podemos rescatar las palabras del Conde Uvarov, que venía a decir que «Autocracia, Ortodoxia y Nacionalidad» son elementos definidores del Estado ruso.

                          Conde Uvarov (izquierda) y Fiodor Dostoievsky (derecha)

Otro de los elementos vinculados a este periodo de Rusia, sería la Iglesia Ortodoxa, que se redefine en la actualidad. La Iglesia no sólo simboliza la unidad de los creyentes con Dios, sino que viene a demarcar los principios morales que debería seguir la sociedad. Los creyentes en Rusia superan con creces a la mitad de la población aunque estos datos recabados de forma «oficial» debemos tenerlos vistos con lupa debido a la importante influencia que desde el Estado ejerce en la sociedad sobre el ámbito religioso. 

Junto a estos elementos zaristas, vemos la añoranza de un pasado común, un momento en el que Rusia fue fuerte y poderosa: el periodo de la URSS. La Unión Soviética para los rusos vino a definir un nuevo sentido de Estado y a su vez un nuevo «pueblo». Para la mentalidad colectiva actual, buena parte de los rusos consideran que fue un experimento erróneo que apartó a Rusia de su evolución natural, pero es uno de los elementos claves de la Historia de Rusia y que sin la URSS no es posible entender la Rusia de hoy.

Desde el Estado, se considera a la URSS como heredera de las ambiciones imperiales de la Rusia zarista y, por tanto, Rusia como continuadora de la URSS debe mantener esa visión. De hecho, uno de los objetivos de Putin es restituir a Rusia dentro del espacio geopolítico internacional y qué mejor manera que lograr inspirar a la ciudadanía a través del nacionalismo con estas ideas. De hecho, con Vladimir Putin restauraría en la Federación los símbolos de la URSS y elogiaría muchos de los eventos de los que la URSS fue protagonista.

Por tanto, observamos cómo en la Rusia actual se han tomado elementos de dos realidades históricas muy diferentes para generar un nuevo paradigma nacionalista. Este nacionalismo se ha ido fraguando desde finales de los años 80, cuando a través de organismos culturales e históricos se trataba de defender el pasado pre-soviético y poner en valor elementos culturales antes de la llegada de los soviets al poder. Figuras como Rasputín y Dostoievsky y otras figuras culturales de la Rusia del siglo XIX y XX fueron traídos de vuelta desde el olvido.

Este nacionalismo iría configurando a su vez a los enemigos de Rusia; capitalismo, estalinismo, minorías, estadounidenses… muchas de estas ideas siguen vigentes dentro del nacionalismo ruso. Se sigue considerando no solo a Estados Unidos sino a la Unión Europea como enemigos de Rusia. A su vez, es a destacar el alto nivel de antisemitismo y el rechazo a minorías que antes eran respetadas dentro de Rusia, como puede llegar a ser el caso de los musulmanes, tema polémico en Rusia debido a que cuenta con regiones federadas que son totalmente islámicas y en las cuales incluso funciona la sharía como es el caso de Chechenia.

Y es que sobre las nacionalidades dentro de Rusia surge una gran cuestión a la hora de conseguir aunar todas las culturas en una sola. En la URSS existían 130 pueblos con nacionalidades diversas, culturas y lenguas propias, por lo que al disolverse y conformarse la Federación de Rusia, no se puede configurar como un Estado-Nación tradicional al modelo occidental, sino que se define como Estado-Plurinacional.

Mapa sobre la diversidad étnica en la URSS (EOM)

A su vez, hemos de tener en cuenta que se dan comunidades rusas fuera de las fronteras de la Federación. Al norte de Kazajistán, en la autoproclamada República de Transnistria, la región del Donbass o Crimea, Bielorrusia, incluso en las grandes ciudades de las Exrepúblicas de Centroasia o en ciudades del Báltico, se dan comunidades que se sienten más cercanas a Rusia que al país en el que residen. De hecho, Vladimir Putin en una carta abierta hacia la población de Ucrania recurría a la retórica histórica y a viejas rivalidades internacionales para lograr apoyo civil sobre los intereses rusos en Ucrania.

Y es que el nacionalismo es una buena herramienta si se logra hacer proliferar. Es común entender que el nacionalismo es algo vinculado exclusivamente a la política, pero constantemente recibimos, en nuestro día a día, información vinculada a elementos nacionalistas. Sobre ello, es recomendable leer Nacionalismo Banal de Michael Billig. Un gran ejemplo socialmente aceptado y al que el gran público está expuesto son los deportes.

Talant Dukshebaev, exdeportista de balonmano para la URSS, la Federación de Rusia y la Selección Española considera que el fútbol es el deporte más politizado del mundo. Y es que si hemos estado atentos a la Eurocopa de este verano pasado, Gazprom era uno de los banners de publicidad más repetidos. Si conocemos Gazprom, es la empresa más poderosa de Rusia y una de las mayores armas geopolíticas del país. Es financiadora de la UEFA Champions League, la Eurocopa, Supercopa de Europa, el Zenit de San Petersburgo, Estrella Roja de Belgrado, Schalke 04, la Liga Joven de Dubai, la Liga Joven de la UEFA o la FUTSAL Champions League.

El fútbol es considerado por el Estado ruso una de las grandes formas de llegar al gran público: incentiva el deporte, mejora el compañerismo y prolifera el trabajo en equipo. A su vez, genera la felicidad del público general y es considerada como una forma de lograr representación internacional a través de grandes equipos deportivos, como es el CSKA de Moscú (en baloncesto y fútbol), el Zenit, el Lokomotiv… y no solo el fútbol, los Juegos Olímpicos siguen siendo una competición que sirve a Rusia a compararse y medirse con sus rivales y deportes tradicionales como es el hockey sobre hielo siguen siendo símbolos nacionales.


Banner de Gazprom durante la EURO 2020 y Putin y Lukashenko practicando Hockey sobre Hielo

También hay que tener en cuenta el papel de las redes sociales para difundir estas ideas, Tiktok ha sido una herramienta en la que se ha podido ver la fuerza que tienen los vídeos virales. Hace meses, se haría viral parte de un discurso de Putin que recalcaba que había sido el Ejército Rojo el que tomó Berlín y con lo que se completaría la derrota del régimen nazi, este audio tendría mucha repercusión en la app y generaría gran cantidad de contenido sobre este asunto haciéndose viral.  Muchos de estos vídeos son cómicos, pero pese a ello se logra transmitir el mensaje y la idea. A su vez, equipos de fútbol como el Zenit y el Lokomotiv tienen cuentas en Twitter y Tiktok en la que a través de memes logran llegar al gran público.

Por supuesto, no cabe olvidar que tradicionalmente, la música y la literatura han sido grandes vehículos de difusión. Andrés Mejía nos muestra como existe una estrecha vinculación entre el nacionalismo ruso y grandes obras de la Música Clásica rusa de grandes y renombrados compositores como Tchaikovsky o Prokofiev. A su vez, en literatura, existen figuras como Tolstoi y el ya mencionado Dostoievsky, en cuyas obras se ve la influencia del pensamiento nacionalista ruso y que a día de hoy se siguen leyendo.

En conclusión, el nacionalismo ruso, ha sido una forma que desde el siglo XIX ha pretendido demostrar una Rusia en alza frente a un Occidente en decadencia. El nacionalismo se ha usado para tratar de desviar la mirada de problemas más importantes, como puede ser el problema demográfico. A su vez, este nacionalismo acusa a extranjeros, ONG’s y hasta a los homosexuales de ser culpables de los problemas de los rusos.

El sentimiento nacionalista moviliza a las masas, pero la cuestión es sobre qué masa se moviliza. Como se ha mencionado previamente, Rusia es un Estado plurinacional debido a su diversidad étnica y cultural, sin embargo, desde hace años se está observando una creciente rusificación y centralización en base a Moscú. A ello, se une una creciente xenofobia, homofobia, islamofobia… que prolifera en un país con 50.000 skinheads reconocidos.


Acoso a un activista LGTB en San Petersburgo (RFI)

El nacionalismo en sí, viene a defender la idea de existencia de un sentimiento que une a todos los miembros de la comunidad bajo una bandera, himno y lengua y del que forman parte. Sin embargo, el nacionalismo, genera un sentimiento de rechazo y oposición a otros, siendo base de conflictos tanto internacionales como a nivel local. En Rusia, el nacionalismo es una herramienta desde el Estado para tratar de aunar, movilizar y justificar las posiciones políticas y lograr defender al Gobierno de las crisis internas. Sin embargo, este nacionalismo ha logrado también que Rusia sea un país donde la ciudadanía participa de forma amplia en los conflictos raciales en el país, donde se han reestablecido leyes anti-homosexuales y donde existe, en base a la defensa «Nacional» leyes como la «Ley de Agentes Extranjeros» que justifican la reducción de las libertades.


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21