La recién firma del Tratado de Amistad y Cooperación entre el Reino de España y la República Francesa, llamado Tratado de Barcelona, fue elogiado por la prensa de ambos países. Nuevos socios estratégicos, Madrid y París quieren ser un eje estructural para el proyecto europeo, más allá de sus relaciones bilaterales.


 

BREVE REPASO HISTÓRICO 

Desde una perspectiva francesa, España nunca ha sido una prioridad de la diplomacia gala desde 1945. Al final de la larga noche franquista, el presidente francés Valéry Giscard d’Estaing no tiene gran estima por este país cuando lo visita por vez primera en 1978. A continuación, el mandatario socialista François Mitterrand apoya la incorporación de la España de Felipe González en la Unión Europea, ya efectiva el 1 de enero de 1986. Bajo los mandatos de Jacques Chirac y José María Aznar, a pesar de una frialdad personal recíproca, las relaciones hispano-francesas fueron marcadas por la lucha común contra ETA y una oposición nítida sobre la guerra de Irak, de la cual España fue un breve beligerante antes de los atentados de Madrid del 11-M. En los años 2010, España y Francia, ambas fragilizadas por asuntos interiores con la tentativa de secesionismo catalán en 2017 y el movimiento de los chalecos amarillos en 2018-2019, no lograron grandes avances en sus relaciones bilaterales. Al final de la década, parecía que los contactos hispano-franceses estaban limitándose a una cordial indiferencia. Basta recordar las sonrisas forzadas de las cumbres bilaterales entre Mariano Rajoy y François Hollande para evidenciar la falta de claras realizaciones políticas que supuso aquel periodo. Sin embargo, la primera visita de Estado del rey Felipe VI a Francia en 2015 marcó un punto de inflexión. En su discurso frente a la Asamblea Nacional, el rey español afirmó en un francés perfecto que “España quiere más de Francia” y que “no hay Europa sin Francia”. El Tratado de Barcelona, por su vocación de profundizar las relaciones hispano-francesas en el marco de la Unión Europa, retoma plenamente el espíritu del discurso del rey borbón, una dinastía de origen francés reinante en España desde el año 1700.

 

UN MOMENTO ACERTADO PARA RELANZAR LA COOPERACIÓN HISPANO-FRANCESA

La firma del Tratado de Barcelona a principios del año 2023 no es para nada casual. Viene a celebrar la buena sintonía personal entre el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez  y el presidente francés Emmanuel Macron. Si bien Pedro Sánchez debe contar con el apoyo de Podemos para gobernar y Emmanuel Macron es un firme adversario de la France insoumise, esta brecha ideológica no menoscaba una eurofilia común en los dos mandatarios. El “Querido Emmanuel” y el “Cher Pedro” tal y como se saludan,  apuestan en una relación hispano-francesa fuerte que abarca todos los ámbitos de los lazos bilaterales, empezando con los temas de la crisis energética europea y la cuestión migratoria. 

El presidente Macron necesita a Madrid para reconfigurar la arquitectura energética europea en el contexto de la guerra ruso-ucraniana. Más allá del gas natural, Madrid puede ofrecer su experiencia en materias de energía renovables como la eólica, la solar y el hidrógeno. España y Francia, junto a Portugal, quieren posicionarse como actores claves de la transición ecológica en Europa. Por eso  presentaron en octubre pasado desde Bruselas un nuevo proyecto de gasoducto entre Barcelona y Marsella para abastecer la Península Ibérica y Francia en hidrógeno verde. En un contexto de subida general de los precios de la energía, España y Francia son muy conscientes de que queda mucho por hacer para interconectar a los dos países, especialmente en conexiones eléctricas y ferroviarias. Por último, España y Francia ambicionan una mayor colaboración medioambiental, al compartir un “patrimonio natural” de incalculable valor dividido entre el Océano Atlántico, el Mediterráneo y los Pirineos. 

Por otro lado, el acercamiento hispano-francés es sumamente geopolítico. La Francia de Emmanuel Macron atraviesa horas bajas en su relación con la Alemania del canciller federal Olaf Scholz. Alemanes y franceses discrepan sobre asuntos de defensa y de energía. La relación con Alemania sigue siendo primordial para París. Pues, Alemania siempre ha sido el socio de referencia desde el establecimiento del Tratado del Elíseo en 1963 que selló oficialmente la reconciliación franco-alemana. No obstante, asistimos paulatinamente desde París a una toma de conciencia de que Europa no es solo Alemania. A este respecto, una nueva alianza hispano-francesa obedece a una estrategia de diversificación diplomática por parte de Francia que no quiere encontrarse aislada en el continente europeo. 

Trazado del gasoducto «BarMar», el cual pretende revolucionar la política energética europea. Fuente: 20 minutos.

Enfriadas con Berlín, discretas con Londres y perplejas con Roma desde la llegada de la derechista Giorgia Meloni al Palazzo Chigi, las relaciones de Francia con el resto del continente europeo necesitan estabilidad y fiabilidad. Parece que España sea el socio oportuno. Desde Madrid, la firma del Tratado de Barcelona representa un acto comparable al tratado de amistad firmado con Portugal en 1977. Ofrece la oportunidad para España de afianzar su voz en Europa y de ser considerado como un socio de mayor rango para Francia, tal y como lo son Alemania e Italia con los tratados del Elíseo y del Quirinal (2021).

 

EN ESPERA DE RESULTADOS 

A pesar de las posturas diplomáticas mostrando España y Francia como grandes amigos de importancia mutua, los resultados del Tratado de Barcelona quedan por descubrir. Por razones históricas y económicas, Francia sigue pensando Europa desde una mirada ante todo franco-germana, relegando Madrid a un segundo plano, incluso en su política euromediterránea donde predomina Italia. También existe en el norte de los Pirineos un sentimiento de superioridad hacia sus vecinos latinos, asumido conscientemente o no hasta en los círculos diplomáticos y políticos. La capacidad francesa para liberarse de un complejo de superioridad sólidamente arraigado en las élites y por parte en la opinión pública del país será determinante para el éxito del Tratado. 

Sean cual sean los sesgos psicológicos inherentes en cada relación bilateral, el Tratado de Barcelona no prosperará sin una fuerte voluntad política en ambos lados de los Pirineos y un conocimiento mutuo del otro. Aunque el español y el francés son las dos lenguas más aprendidas después del inglés en cada país, el horizonte intelectual de un joven español o de un joven francés se centra en primer lugar en el mundo anglosajón, lo que provoca un distanciamiento cultural hacia el vecino del norte o del sur. Muy a menudo presentado como un gran éxito de la Unión Europea, el programa de intercambio Erasmus puede contribuir a un mejor entendimiento de los pueblos y de las culturas europeas. Cada año, miles de estudiantes cruzan los Pirineos para estudiar en el país vecino. Son ellos los que seguirán los pasos de Pablo Picasso, Jorge Semprún o hasta Zinedine Zidane para mantener viva la inquebrantable y fecunda amistad hispano-francesa, ya políticamente institucionalizada en el Tratado de Barcelona.


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