Desde que en 2017 varios grupos yihadistas locales se unieran bajo el nombre de Jama´at Nusrat al Islam wal Muslimeen (Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes, JNIM) formando una coalición al amparo de Al Qaeda, han logrado expandirse por amplias áreas del Sahel, controlando gran parte del territorio y amenazando con lograr acceder al Golfo de Guinea. 


Actualmente el Sahel es la región del Mundo donde el yihadismo se expande a mayor ritmo. Esta rápida expansión hay que encuadrarla en un contexto donde se mezcla la pobreza, la desesperación de la población local, la debilidad institucional de los países sahelianos, el crimen organizado y la ineficaz intervención estatal e internacional, siendo insuficiente para reducir la influencia de los yihadistas.

El grupo insurgente JNIM se ha asentado en el terreno, ha logrado sustituir a lo estados y consigue fidelidad entre lideres y población local mediante amenazas, violencia y coacciones, o por conveniencia. Ya que en muchos casos la población local desconfía de los legítimos estados nacionales, incapaces de proporcionar seguridad, sanidad, educación o intermediar en los difíciles equilibrios étnicos de la zona.

Además, la deriva autoritaria que se expande por la región y los cambios de alianzas internacionales, como en el caso de Malí, no están consiguiendo frenar el avance del yihadismo.  

En el presente articulo analizaremos la evolución de este grupo que amenaza con reescribir las fronteras en la zona del Sahel y fundar un nuevo Califato islámico en el tablero africano.

 

LA CONFORMACIÓN DE JNIM COMO FILIAL DE AL QAEDA EN EL SAHEL

 

JNIM es un grupo conformado por varios grupos yihadistas locales entre los que se encontrarían Al Qaeda del Magreb Islámico, Ansar Dine, al-Mourabitoun y el Frente de Liberación de Macina (o Katiba de Macina). Esta alianza establecida en marzo de 2017 se conformó con el objetivo de unir a las milicias yihadistas locales que combatían entre sí y aunar esfuerzos para derrocar a los gobiernos locales, considerados apostatas y corruptos. Esta alianza liderada por Al Qaeda, también pretendía contrarrestar la presencia de Daesh, grupo con el que se enfrenta por el liderazgo de la yihad global y que también actúa en el Sahel bajo el nombre de Estado Islámico del Sahel (esta nueva definición sustituye a la de Estado islámico del Gran Sahara dándole mayor autonomía a esta filial, mostrando como Daesh también considera el Sahel como objetivo prioritario en su estrategia global).

También, es destacable que JNIM se conformó un mes después del anuncio de cinco países de la zona, Malí, Níger, Burkina Faso, Mauritania y Chad, de conformar una coalición denominada G5 Sahel, cuyo objetivo era una mayor comunicación y colaboración entre los países de la zona para abarcar el problema yihadista (la Unión Europea avaló este proyecto con apoyo y financiación). Podemos firmar, en parte, que JNIM fue la respuesta de los grupos yihadistas a la iniciativa G5 Sahel.

Combatientes de JNIM. Fuente: AFM

Cada grupo que conforma JNIM añade una capacitación singular a la alianza. Por su carácter más simbólico que real, destaca la presencia de AL Qaeda del Magreb Islámico, que habría impulsado esta coalición y señalado el Sahel como un área proclive a la expansión del yihadismo. Este grupo terrorista de origen argelino, viró sus objetivos de expandir el yihadismo por el Magreb a focalizarse en el Sahel, un territorio fuera de los círculos más simbólicos en el mundo musulmán, pero con enormes debilidades donde el discurso yihadista podría ganar adeptos. AQMI aporta experiencia en combate, doctrina y argumentos ideológicos al grupo. Con ello refuerza el simbolismo a nivel regional y propagandístico, al tener una mayor proyección sus acciones.

La clave del éxito de JNIM como filial de Al Qaeda en el Sahel, es que ha dado un papel relevante en la organización a líderes locales, ya que tradicionalmente los líderes de Al Qaeda solían ser individuos de origen árabe y magrebíes. La mayor relevancia de subsaharianos en la cúpula de JNIM, ha provocado que la organización no genere tantos recelos, sea un movimiento considerado local y esté familiarizado con el terreno y las complicadas relaciones tribales que caracterizan la zona. Con ello también se manda un mensaje de igualdad entre los creyentes, donde a pesar de las diferencias raciales y étnicas, la Yihad es un objetivo plurinacional, de razas heterogéneas, siendo la umma la única patria para los musulmanes. 

“Un mismo estandarte, un único emir”, de esta forma se presentaba el grupo poniendo de relieve la diversidad étnica de su cúpula y un juramento de fidelidad a Al Zawahiri como líder de Al Qaeda. Al Zawahiri, hasta su muerte, siempre ensalzó el papel de JNIM en el yihadismo global, remarcando un nuevo renacer yihadista en zonas que hasta hacía relativamente poco tiempo estaba fuera de la órbita yihadista. Al Zawahiri señaló la estrategia de Al Qaeda en tres puntos: unir a los grupos (que con JNIM lo habría conseguido), cultivar el apoyo local y movilizar a la población como preludio a la fundación de un nuevo Califato.

En la alianza conformada bajo las iniciales de JNIM, la filial de Al Qaeda para el Magreb Islámico (AQMI) cuenta con un menor peso en combatientes entre los grupos que conforman la coalición. Sin embargo, AQMI ha transferido sus estrategias, objetivos, experiencia militar y terrorista, así como doctrinas y argumentos ideológicos. El intercambio de conocimientos y tácticas es continuado en escenarios donde actúan filiales de Al Qaeda con JNIM. Algunos ejemplos pueden ser el uso de IED,s, de ataques terroristas con vehículos bombas o el uso de drones. Procedimientos que han sido empleados en conflictos de Oriente Medio, pronto han sido imitados en el Sahel. Además, también se ha demostrado la presencia de instructores árabes en el Sahel y algunos mandos intermedios de JNIM son de origen magrebí, principalmente argelinos.

Igual de importante que las tácticas militares, son el uso de los medios de propaganda y redes sociales que Al Qaeda ha transferido a JNIN. Este grupo cuenta con varios medios de comunicación entre los que destaca la plataforma mediática Az-Zallaqa Media en Telegram, a través de este canal el grupo lanza comunicados, informa de ataques, refuerza su retórica, expande su ideología y proyectan propaganda con el objetivo de ganar adeptos y atemorizar al enemigo.

Además, JNIM también controla varias emisoras de radio locales, un medio clave en la zona del Sahel, ya que es de fácil acceso y con alto potencial de alcance de usuarios.

 

LA IMPORTANCIA DE LAS FACCIONES LOCALES Y SUS LÍDERES.

 

Entre los líderes más destacados de JNIM se sitúan Iyad Ag Ghali y Amadou Kouffa. El emir y líder de JNIM es el tuareg Iya Ag Ghali, el cual juró fidelidad junto con otros jefes locales a Al Zawahiri, jefe en ese momento de Al Qaeda Central. Ag Ghali es el fundador del grupo yihadista Ansar Dine, una de las facciones que en 2012 tomó el control del norte de Malí y propició la intervención francesa a través de la Operación Serval.

En la imagen Amadou Kouffa en la izquierda y Ag Ghali, lideres locales de JNIM. Europa Press. 

Ag Ghali es un veterano guerrillero de origen tuareg, el cual ya protagonizó una sublevación en los años 90 contra el gobierno de Bamako. En los acuerdos que pusieron fin a dicha sublevación, Ag Ghali se integró en la administración maliense siendo designado como cónsul en Arabia Saudí. En la ciudad de Jeddah, Ag Ghali estrecho relaciones con círculos religiosos radicales y asumió las doctrinas wahhabistas, radicalizando sus posturas sobre el islam y la defensa de la yihad como mecanismo legítimo de lucha para imponer la Sharia.

Tras la operación francesa Serval en enero de 2013 y la expulsión de los yihadista de los grandes centros urbanos, el grupo plantea otra estrategia donde se mezcla con la población local, maneja redes delictivas y comienza una lucha de desgaste contra las tropas extranjeras y las fuerzas locales.

El origen tuareg de Ag Ghali ha facilitado sus contactos con las tribus locales, su participación en los tráficos ilícitos, ganando legitimidad y fidelidad en una zona donde la presencia del gobierno maliense es limitada. Además, estas redes delictivas dan empleo a un gran número de personas, en unas aéreas donde tradicionalmente los gobiernos locales están desprestigiados por su nula capacidad de generar trabajo.

Además, Ag Ghali también cuenta con vínculos familiares con líderes de AQMI, lo cual ha facilitado la formación de la coalición de JNIM bajo el amparo de Al Qaeda, también en el pasado hizo de intermediario en algún secuestro occidental llevado a cabo por JNIM.

Además de Ansar Dine, el otro grupo fuerte que conforma JNIM es el Frente de Liberación de Macina. Este grupo formado en 2015, es actualmente uno de los más protagonistas y activos de los que conforman JNIM. Su zona de actuación se centra en la zona central de Malí, la región de Mopti, y la zona de la denominada Triple Frontera (zona limítrofe de los países de Malí, Burkina Faso y Níger).

Su líder es Amadeu Kouffa, una figura muy destacada entre los lideres de JNIM. Kouffa es un imán original de la región central de Malí denominada Mopti. A principios de los 2000, Kouffa entró en contacto con la cofradía del Tabligh, una corriente ideológica dentro del islam caracterizada por su versión radical del Corán, el cumplimiento de los hadices, la aplicación de la Sharia y el rechazo a cualquier influencia externa sobre las doctrinas islámicas. Kouffa posteriormente viajó a Afganistán y Oriente Medio, donde se radicalizó aún más. El Frente de Liberación de Macina comienza a actuar por primera vez en 2015, aunque Kouffa ya había sido miembro de Ansar Dine, lo cual demuestra los estrechos lazos entre ambos grupos con anterioridad a 2017.

Una de las principales características del FLM es que este compuesto principalmente por miembros de etnia peul o fulanis. Los fulanis son uno de los mayores grupos étnicos de África, sin embargo, su expansión y heterogeneidad ha hecho que no cuente con Estado propio. Los fulanis tradicionalmente se han dedicado a la ganadería, siendo nómadas en muchas ocasiones, lo que ha provocado lucha y conflictos con otras etnias sedentarias y agrícolas por el uso de la tierra, un conflicto que se ha agravado por la creciente desertificación de la zona y el cambio climático. Estas luchas han repercutido en un sentimiento de agravio entre los fulanis, al considerar que los gobiernos locales dirigidos por otras etnias los han perjudicado, descriminalizado y perseguido, siendo habitualmente acusados de bandidaje.

Este sentimiento de agravio ha sido bien instrumentalizado por los yihadista, logrando ganar adeptos entre esta etnia y defender en numerosas ocasiones su causa. Al ser una etnia transnacional, los vínculos entre fulanis y yihadista ha facilitado la movilidad de los insurgentes, la obtención de información y su asentamiento en diversos lugares transfronterizos. 

No todos los fulanis son yihadistas, pero un importante núcleo de combatientes de JNIN son de esta etnia. La identificación de los gobiernos locales hacia los fulanis como yihadistas, ha dado lugar a excesos en el uso de la fuerza y duras represalias contra ellos, lo que ha provocado que los yihadista ganaran adeptos entre los fulanis y crecieran los resentimientos hacia las fuerzas de seguridad locales. También milicias de otras etnias alineadas con el gobierno han protagonizado matanzas contra los fulanis, incrementando el conflicto étnico.

Como en todo grupo yihadista, la retórica y el simbolismo es un núcleo esencial para dar legitimidad al grupo. En el caso del FLM, su discurso apela a la recuperación del territorio que en el siglo XIX abarcaría el Imperio de Masina, un imperio capitalizado por lideres de etnia fulani que abarcó la zona central de Malí y la cuenca del rio Níger, pero cuya historia fue breve.

Respecto a la última facción de JNIM, sería el grupo Al-Morabitun. Este grupo sería una facción escindida de AQMI bajo el liderazgo del fallecido Mojtar Belmojtar y cuyos sucesores se habrían unido a JNIM. Su papel en la alianza es difuso y mínimo actualmente.

 

LA ESTRUCTURA DE JNIM Y SU TÁCTICAS

 

JNIM cuenta con una estructura descentralizada y heterogénea. Sus facciones tienen un amplio margen de actuación autónoma a las directrices que se pueden dar desde la cúpula de la organización o desde Al Qaeda Central. Con ello se busca mayor agilidad en las operaciones y descapitalizar el grupo, es decir, al no existir un mando unificado y único, la posible pérdida de líderes destacados no afectaría a la operatividad del grupo. Esta estrategia parece que funciona, ya que a pesar de que son numeroso líderes yihadistas neutralizados (por ejemplo, el líder de AQMI Droukdel), las capacidades del grupo no se han visto resentidas.

Además, los insurgentes muchas veces entrelazan sus actividades militares con otras delictivas, lo que hace muy difícil lograr identificar a los terroristas de los simples delincuentes comunes.

En el aspecto militar JNIM destaca por sus operaciones en motocicletas. Ello le da una mayor movilidad al grupo en zonas de escasa infraestructura y mayor facilidad de ser identificados entre la población local. Es común que lleguen a aldeas, realicen saqueos, asesinatos, violaciones y robos, para posteriormente dispersarse en pequeñas unidades en un entorno que conocen a la perfección. 

Este uso extensivo de motocicletas ha provocado que en algunas zonas de Burkina Faso se prohíba la circulación en ellas, con el perjuicio que provoca ello para la movilidad de la población civil donde las motocicletas son el transporte más habitual por su coste y fácil mantenimiento.

Combatientes de JNIM en motocicletas. Fuente: Prensa rusa

El uso de IED,s, las emboscadas, los ataques contra prisiones y los atentados terroristas, son otras de las tácticas usadas por el grupo. JNIM centra sus acciones sobre las fuerzas locales y las misiones internacionales, principalmente la MINUSMA (Misión de Naciones Unidas para la Estabilización de Malí). También ha reclamado ataques contra la empresa de seguridad privada rusa Wagner. 

JNIM evita los ataques contra los civiles o no los reclama. En caso de que transciendan bajas civiles a causa de sus ataques, culpan a las fuerzas locales e internacionales de estas bajas acusándolas de que su presencia provoca muertes de inocentes. Es decir, juegan con la opinión pública para que la población civil rechace la presencia estatal. También, han disminuido sus ataques terroristas indiscriminados contra objetivos civiles como hoteles o mercados, siendo estos métodos más puntuales, selectivos y contra objetivos estatales.

Respecto al reclutamiento, muchos jóvenes ven la unión a JNIM como una alternativa económica más que una filiación a sus postulados radicales. El islam practicado en el Sahel no tiene una visión rigorista, mezclándose en muchas ocasiones las practicas islámicas con creencias locales. Ante esta peculiaridad los grupos yihadistas tratan de imponer su versión rigorista, cierran escuelas, colocan a imanes fieles en mezquitas e impulsan el uso del velo entre las mujeres y la estética salafista entre los hombres. Pero a diferencia de Daesh, evita la brutalidad generalizada para imponer la Sharía y así evitar recelos entre la población local que en muchas ocasiones no esta familiarizada con las prácticas más radicales del islam. Eso no quieren decir que no recurran a la violencia, el secuestro, las violaciones o los matrimonios forzosos como forma de opresión y sumisión.

Casco azul Senegal en misión de reconocimiento de MINUSMA. Fuente: Europa Press.

También sustituyen al Estado en la prestación de algunos servicios como la justicia y recaudan impuestos a través del denominado zakat, un impuesto que iría en relación con los ingresos que genera cada familia. Es común en las áreas que controla JNIM la presencia de ONG´s islámicas. También, debe preocupar la financiación de mezquitas por parte de países del Golfo, el florecimiento de ideas salafistas y la mayor presencia de imanes formados en estos países.

En la actualidad JNIM controla amplias zonas del centro de Malí y Burkina Faso, siendo su presencia muy amplia en la denominada Triple Frontera (región de Liptako-Gourma), compartida entre los dos anteriores países mencionados y Níger. Protagonizan ataques más sofisticados y de mayor alcance, incluso amenazan importantes núcleos de poder estatal. Burkina Faso se ha convertido actualmente en el más castigado por la violencia extremista, un país al margen de la violencia yihadista hasta 2015, pero en el cual los yihadista ya podrían controlar el 40% de territorio, siendo una amenaza directa a Uagadugu, capital del país. 

También preocupa la expansión de JNIM hacia países del Golfo de Guinea, produciéndose ataques en países en los que anteriormente no había registro de grupos yihadista como Togo, Benín o Costa de Marfil. Con ello el grupo busca un mayor acercamiento a la costa y una mayor involucración en el tráfico de drogas que repercute en su financiación.

 

LAS FUENTES DE FINACIACIÓN DE JNIM.

 

JNIM se está convirtiendo en una verdadera alternativa al poder de los frágiles gobiernos estatales. Su dedicación a actividades ilegales como el tráfico de drogas, personas, productos de contrabando o la minería ilegal, son consideradas ilícitas desde la óptica internacional y por los gobiernos nacionales, pero en muchos casos son los únicos medios de vida en el Sahel. Esta alternativa a los trabajos tradicionales como la ganadería o la agricultura genera importantes ingresos para la organización y provoca el aumento de la fidelidad entre la población local que se beneficia de ello

Aunque el grupo tenga una base ideológica en el salafismo radical, su dedicación a actividades ilícitas indica que muchas veces actúe como una insurgencia delincuencial. Es decir, que su objetivo no tiene un fin político, sino que muchos de sus miembros actúan bajo sus siglas por garantizarse un modo de vida a través de los tráficos ilícitos, la minería artesanal o la caza ilegal. Para ello confrontan con los Estados que pretenden ejercer su soberanía nacional e impedir, en teoría, estas actividades.

Además, la imagen de los gobiernos locales está muy deterioradas. Los abusos de poder, la incapacidad para prestar servicios públicos o las tensiones étnicas que pueden provocar agravios dependiendo de que líderes estén en el poder, han generado que los gobiernos locales no cuenten con el respaldo de la población local, aceptando el gobierno de los yihadistas y la práctica de la Sharia como alternativa legítima al poder estatal.  JNIM no solo se beneficia de una difícil situación política, también de la conflictividad social y el desarraigo hacia los gobiernos nacionales para expandir su influencia.


La minería artesanal es una de las principales fuentes de ingreso de JNIM, sobre todo en Burkina Faso, dando lugar a un importante tráfico ilegal de minerales en los que destaca el oro (su destino final suele ser países del Golfo). La lucha por su control es una prioridad. Estas explotaciones ilícitas desgastan la economía de los gobiernos nacionales que consideran la explotación de las materias primas y su concesión de explotación a empresas extranjeras, una de sus principales fuentes de ingresos. Pero mucha población local trabaja en estas minas artesanales o ilegales.

Esta presencia de empresas extranjeras en muchas ocasiones es criticada por jefes locales que consideran su presencia como negativa y un expolio de la riqueza natural, por lo que se terminan alineando con los yihadistas locales y colaborando con ellos. 

Pero en la mayoría de las ocasiones los intereses de la población local y yihadistas no se alinean, ya que estos recurren a los trabajos forzosos y la esclavitud como método de la explotación minera. Son importante los conflictos que se producen por el control de la minería ilegal, siendo habitual los abusos sobre civiles y los asesinatos. También, en estas minas ilegales trabajan personas secuestradas y menores de edad.

Mina artesanal en algún lugar del Sahel. Fuente: Noticias del Mundo

La otra gran fuente de ingresos de JNIM es su involucración en los tráficos ilícitos, destacando entre ellos el tráfico de drogas. El Sahel se ha convertido en una de las principales rutas del tráfico de cocaína hacia Europa. Los yihadistas se benefician de estas actividades al cobrarles a los traficantes derechos de paso, garantizar la seguridad del cargamento en las áreas que controlan o guiarlos a través de territorios con escasas vías de comunicación. Este alineamiento de intereses esta haciendo que el yihadismo y crimen organizado estrechen relaciones y se beneficien mutuamente. 

Es cierto que muchas organizaciones criminales prefieren no pactar con yihadistas, ya que así evitan el foco mediático o las operaciones antiterroristas por las autoridades locales y el riesgo de perder la mercancía. Pero la mayor expansión de los yihadistas en el Sahel y el control de amplios territorios hace inevitable este alineamiento de intereses.

Otros recursos para la financiación de JNIM y el pago de sus combatientes es la caza ilegal, muy vinculada con la delincuencia organizada siendo China en muchas ocasiones su destino final; el secuestro, preferiblemente de occidentales por el importante pago que se realiza por las víctimas (AQMI llegó a ser la filial de Al Qaeda más rica con los ingresos obtenidos del pago de rescates); el bandidaje, siendo habituales los robos en carreteras; o el robo de ganado, el cual aumenta las tensiones étnicas y puede generar en violencia.

 

EL COTEXTO ACTUAL EN EL SAHEL

 

La violencia no deja de crecer, los ataques se multiplican y las medidas tomadas por los gobiernos locales parecen no reducir la expansión de los yihadistas. Por ejemplo, desde la toma de poder en agosto de 2020 de la Junta Militar maliense, alineada con los intereses rusos y el asesoramiento de contratistas de esta nacionalidad (Wagner o empresas similares), la violencia se ha multiplicado.

En el caso de Malí, el fin de la Operación Barkhane de Francia ha animado a los yihadistas en sus acciones que ven que su lucha da resultados, provoca la salida de las tropas internacionales y resquebraja la voluntad de victoria de la población local. Además, el crecimiento de los sentimientos antioccidentales beneficia a los yihadistas como alternativa ante la debilidad estatal y la ineficacia de sus nuevas medidas.

Actualmente en Mali también está en duda la continuidad de otras misiones militares extrajeras y la fortaleza de la MINUSMA, cuyos contribuyentes europeos están retirando su contingentes de la misión ante la desconfianza hacia gobierno de Malí. Un ejemplo de la violencia que se vive en el Sahel es que la MINUSMA es la misión de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas que más bajas ha sufrido en su historia. También la salida de Mali de la colación G-5 Sahel, cuyo objetivo era la cooperación entre los países limítrofes de la zona ante la amplitud y porosidad de las fronteras, no ayuda a combatir una insurgencia de carácter transnacional.

Manifestaciones antifrancesas en Malí. Fuente: Al Jazeera

Como se ha mencionado, el caso de Burkina Faso es también preocupante. Los yihadistas controlan amplios territorios y la nueva Junta Militar, auspiciada al poder tras varias matanzas de militares, tampoco parece poder controlar la situación. Burkina Faso tampoco quiere posibilitar una mayor presencia extranjera en su territorio y se teme que el gobierno pueda terminar negociando con los yihadistas. Estas posibles negociaciones motivarían a los extremistas y podrían incrementar su voluntad de victoria o reforzar sus posiciones.

Respecto al resto de países, Níger sigue sufriendo niveles elevados de violencia que no solamente provienen de JNIM, sino también de Boko Haram y Estado Islámico en África Occidental (ISWAP) muy presentes en la cuenca del lago Chad. Francia y sus aliados pueden tomar Níger como una nueva base de operaciones tras el fin de Barkhane en Malí, ya que Francia se retiro de Malí, no del Sahel.

En el caso de los países del Golfo de Guinea no solamente preocupan las células yihadistas infiltradas, también preocupa la llegada de religiosos salafistas de otros países del Sahel o del Golfo Pérsico, ya que pueden empezar a preparar una base ideológica, social y religiosa radical para el asentamiento de grupos yihadistas en un corto plazo. También, en estos casos preocupa la ampliación y participación en los tráficos ilícitos de los yihadistas con el aumento de sus ingresos económicos, e incluso su posible participación en actividades de piratería.

La violencia yihadista está provocando grandes movimientos migratorios y de refugiados, en un área del mundo muy precaria y pobre. La negativa de la población local de verse sometida a los yihadistas y los combates, está dando lugar a un incremento de las migraciones. Estas migraciones, en muchos casos forzosas, afectan de manera directa a Europa y es parte de la violencia que desatan los grupos yihadistas. Con ella se benefician, ya que cobran a las organizaciones criminales que llevan a cabo los tráficos ilícitos de personas los derechos de paso por las áreas que controlan. Las migraciones irregulares en muchas ocasiones se convierten en un negocio más de la economía local.

El carácter regional de la yihad que se está llevando en el Sahel, con poca presencia de extranjeros yihadistas y liderada por grupos locales, ha hecho que mucho analista encuentre similitudes entre los talibán y los yihadistas del Sahel. Lo cierto es que la victoria de los talibán en Afganistán no ha pasado desapercibido en el Sahel, motivando a la lucha y demostrando que los occidentales pueden renunciar a sus objetivos a largo plazo en el Sahel, dejando caer a los gobiernos locales o evitando una mayor involucración. También, hay aspectos que separan ambos conflictos como las costumbres locales, la práctica generalizada de un islam moderado o su valor estratégico para Europa.  

 

CONCLUSIONES

 

A corto y medio plazo no parece que la violencia yihadista vaya a descender. Su expansión es cada vez mayor y las medidas que toman los gobiernos locales parecen ser insuficientes. Con la muerte de Al Zawahiri, el cual rechazaba cualquier alianza con Daesh y sus filiales, se puede propiciar un nuevo marco de relaciones entre Al Qaeda y Daesh, pudiéndose disminuir los niveles de tensiones entre ambos grupos y pactar nuevas alianzas. Este posible giro de posturas, también afectaría a JNIM y las filiales de Daesh en la zona.  Los cambios entre facciones yihadistas son continuos y a pesar de que JNIM parece una alianza consolidada, sus grupos son autónomos y las fidelidades dependen de los lideres locales, los cuales pueden variar en sus intereses y conveniencias.

La estructura descentralizada de JNIM también puede dar lugar a un desquebrajamiento de la alianza después del fin de la Operación Barkhane. El gobierno de Goita, líder de la Junta Militar de Malí, puede proponer ciertos pactos a JNIM donde algunos líderes con pasado secular como Ag Ghali podrían aceptar llegar a acuerdos. Sin embargo, Kouffa tiene un carácter más aguerrido y radicalizado, siendo posible que no acepte poder pactar con gobiernos locales. Estas posibles posiciones enfrentadas en JNIM podrían ser un motivo de ruptura, pero lo más probable es que no disminuyera de manera drástica la violencia en la zona.

Por otra parte, las misiones internacionales tampoco parece que estén dando una respuesta adecuada al problema. La intervención francesa que en 2013 fue recibida entre vítores por la población local, ha salido este 2022 de Malí empujada en parte por la población local que rechazaba su presencia y la acusaban de haber extendido los focos de violencia por todo el país.

Enfocar el problema desde una perspectiva únicamente militar es uno de los principales errores que se están produciendo en el Sahel. La cuestión de seguridad física y las operaciones militares son fundamentales para enfrentarse al yihadismo, pero también deben ir acompañadas de una política más integral que abarque problemas desde la prestación de servicios de salud o la creación de empleo, pasando por ámbitos como una justicia efectiva y órganos de intermediación de conflictos tribales. 

Para abarca todos estos ámbitos es necesario un largo y extendido compromiso regional, ya que son problemas estructurales imposible de solucionar a corto plazo. También los gobiernos locales deben aceptar mecanismos de control internacional en la administración de ayudas, fomentar la buena gobernanza y reducir los niveles de corrupción y arbitrariedad.

Pero la realidad es que el Sahel se encuentra en una espiral de inestabilidad que con toda probabilidad siga en aumento.


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.