Hace poco más de un año Turquía anunció su retirada del Convenio de Estambul, cuyo objetivo era la lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica. Siendo el primer país en ratificarlo en 2011 y el primero en abandonarlo, ¿cuales han sido las consecuencias y el impacto de la retirada a día de hoy y de qué manera se ha respondido?


EL MOVIMIENTO FEMINISTA EN TURQUÍA DURANTE LA REPÚBLICA 

Ya durante finales del siglo XIX, las mujeres jugaron un papel importante en la lucha sindical de la época en el país. Sin embargo, es un sujeto de estudio que sigue estando infra estudiado. Con la desintegración del Imperio Otomano y el establecimiento de la República durante la década de los 20, una serie de reformas fueron implementadas en el Código Civil de 1926 que introducían la igualdad entre hombres y mujeres. Se llevaron a cabo reformas laicas que dieron más autonomía a las mujeres en temas como el divorcio y la herencia. En 1934 las mujeres obtuvieron derechos políticos y por primera vez pudieron votar un año más tarde, mucho antes que algunos países europeos. 

Sin embargo, el espacio para las mujeres seguía estando lejos de la plena igualdad entre mujeres y hombres. En las zonas rurales era más visible, ya que a menudo se obligaba a las mujeres a casarse a una edad temprana y las mujeres económicamente dependientes solían ser objeto de violencia doméstica. En 1987 se produjo la Marcha por la Solidaridad contra el Maltrato, siendo la primera campaña a gran escala que significó un punto de inflexión para el movimiento feminista. El motivo de la marcha fue dado a que un juez anuló el caso de una mujer que quería divorciarse a causa del maltrato por parte de su pareja. Esta campaña se produjo en el momento en que, a pesar de la adhesión de Turquía al Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) en 1985, las leyes nacionales seguían siendo insuficientes y la aplicación de las leyes era inadecuada debido a la falta de mecanismos desarrollados para proteger a las mujeres. 

A partir de 2010, movimientos feministas como la plataforma “Detendremos los Feminicidios” (“Kadın cinayetlerini durduracağız platformu” en turco), aumentaron la visibilidad de los feminicidios que se producían en el territorio. Turquía adoptó un papel más activo y fue el primer país en firmar el Convenio de Estambul en 2011.

¿QUÉ ES EL CONVENIO DE ESTAMBUL? 

El Convenio del Consejo de Europa para prevenir y combatir la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica (también conocido como el Convenio de Estambul), es el primer instrumento en Europa que establece normas jurídicamente vinculantes específicamente para prevenir la violencia de género, proteger a las víctimas de la violencia y condenar a los agresores.

A diferencia de otros tratados internacionales en esta materia, el Convenio de Estambul prevé la aplicación de políticas integrales y coordinadas entre los organismos gubernamentales implicados en las actividades de prevención, persecución y protección. Tiene el objetivo de contribuir a eliminar toda forma de discriminación contra la mujer y promover la igualdad real entre mujeres y hombres, incluyendo el empoderamiento de las mujeres. También establece la obligación de que las partes contribuyan en la recolección de datos sobre los delitos relacionados con el género.

El Convenio define y tipifica de delito diversas formas de violencia contra la mujer, incluyendo la violencia física, sexual y psicológica, la mutilación genital femenina y el matrimonio forzado de entre otras. Además, introduce la posibilidad de otorgar a las mujeres migrantes supervivientes de violencia doméstica un permiso de residencia autónomo cuando su estado de residencia depende del de su pareja abusiva. Por ahora, lo han firmado 45 países europeos y ratificado 37, para los cuales es vinculante. 

Participación en la Convención de Estambul del Consejo de Europa (2022). Fuente: Wikipedia

LA RETIRADA DEL CONVENIO DE ESTAMBUL Y SU IMPACTO UN AÑO DESPUÉS 

Turquía, el primer país en firmar el Convenio de Estambul en 2011, se convirtió también el primero en abandonarlo oficialmente en julio de 2021. Los primeros pasos ya se dieron tan solo un mes después de firmar el Convenio, cuando el AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo) modificó el nombre del Ministerio de Asuntos de la Mujer y la Familia por el Ministerio de Familia y Políticas Sociales, borrando a las mujeres del título oficial. 

A pesar de los esfuerzos de los movimientos feministas, el gobierno anunció su retirada en marzo de 2021. Aunque la Plataforma de Mujeres por la Igualdad (EŞİK) sostiene que la retirada va en contra de las leyes de Turquía, Ankara lo justificó diciendo que el tratado tenía una agenda oculta para normalizar la homosexualidad y el movimiento LGBTQ, lo cual es incompatible con los valores sociales y familiares del país. “La intención original de la Convención había sido desviada por un grupo de personas que intentaban normalizar la homosexualidad, y eso no es compatible con los valores sociales y familiares de Turquía”, declaró Fahrettin Altun, portavoz presidencial.

La retirada ha dejado desprotegidas a las mujeres y ha reforzado la impunidad de los agresores. Si bien es cierto que la ley básica para la protección de las mujeres en el país es la Ley 6284, su aplicación no es tan sencilla. En virtud de la Ley 6284, las víctimas de violencia doméstica pueden solicitar a la policía o al fiscal en el tribunal órdenes de precaución preventivas. Sin embargo, Human Rights Watch presenta en un informe algunos de los casos más flagrantes de la incapacidad del Estado turco para proporcionar una protección efectiva contra la violencia doméstica, ayudar a las supervivientes o castigar a los autores de agresiones. 

La organización denuncia que su eficacia depende de la “existencia de mecanismos de supervisión eficaces que garanticen que las órdenes dictadas por los tribunales se ajustan al riesgo de cada caso concreto y que se aplican en la práctica”. Visto que los mecanismos son casi inexistentes y el incumplimiento de las órdenes judiciales es frecuente, como resultado el estado turco deja desamparadas a las mujeres víctimas de violencia doméstica. Según un informe de la plataforma del pasado octubre, se han producido 34 feminicidios y otras 26 mujeres fueron encontradas muertas de forma sospechosa. Aunque las cifras relativas a los feminicidios parecen disminuir moderadamente, se estima que los números son más elevados. Algunos de los crímenes intentan encubrirse o no son suficientemente investigados y se clasifican como suicidios. 

Logo de la Plataforma Detendremos el Feminicidio. Fuente: Plataforma Detendremos el Feminicidio

Paralelamente a las tendencias mundiales, estudios revelaron que la violencia doméstica y los feminicidios aumentaron durante la pandemia del COVID-19. Sin embargo, los activistas manifiestan que el gobierno no está haciendo lo suficiente para garantizar la protección a las víctimas, ya que la cifra durante la pandemia en Estambul aumentó un 38,2%. 

La negativa del gobierno durante décadas a recoger o difundir datos sobre feminicidios refleja la manera en la que el gobierno quiere abordar la igualdad de derechos y la violencia de género. Si el problema se esconde bajo la alfombra y se ignora de manera indefinida, se invisibiliza la raíz de la cuestión.

En este contexto, se le suma la impunidad y los procedimientos judiciales ineficaces que provocan un aumento de muertes sospechosas. Si observamos el informe del pasado enero de 2022, los datos sobre muertes sospechosas superan incluso a los asesinatos reconocidos de mujeres.

EL INTENTO DE SILENCIAR EL ACTIVISMO 

La asociación Detengamos el Feminicidio es la más grande de Turquía y entre otras cosas, se ocupa de obtener datos y publicar informes y de ofrecer apoyo legal a las víctimas de violencia de género. No obstante, ésta podría ser cerrada por la Fiscalía turca por supuestas “actividades contra la ley moral”.

Como respuesta, estudiantes y activistas protestaron por la retirada del convenio, así como por el posible cierre de la plataforma. El gobierno contestó a las protestas con más represión y amenazas que buscaron sistemáticamente intimidar a los estudiantes. Sin embargo, éstas reforzaron la resistencia. Por lo tanto, no sólo está en peligro la libertad de expresión y de protesta, sino también los derechos humanos de las mujeres, que por ahora es una lucha por la supervivencia.

CONCLUSIONES 

Si bien es cierto que el Convenio ha significado un gran avance para algunos países y sus legislaciones, también se ha visto un grave retroceso en otros donde se han visto restringidos los derechos de las mujeres. Aunque por el momento sólo ha sido Turquía el primero en abandonar el tratado, otros países como Polonia también plantean su retirada. Mientras que países como Bulgaria o Hungría presionan para que no se ratifique defendiendo que es incompatible con su constitución.

Sin duda, los efectos adversos de la retirada seguirán teniendo implicaciones nacionales e internacionales de gran alcance. Dejando a las mujeres desprotegidas y a los culpables impunes ante la ley y sin temor a consecuencias legales más allá de unos pocos días de prisión. 

El Convenio de Estambul sigue siendo un instrumento imprescindible en la lucha contra la violencia y por los derechos de las mujeres y las niñas. Por lo tanto, debe reforzarse para contrarrestar las peligrosas tendencias de la extrema derecha y para promover los valores de igualdad y democracia.


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