Parecía que la calma había llegado a las aguas del Mar Negro cuando en 1992 la península de Crimea había logrado su tan ansiada autodeterminación, convirtiéndose en una República Autónoma bajo el mando administrativo del país vecino Ucrania. Atrás quedaban siglos de disputas, años en las que los rusos se habían enfrentado a cualquier enemigo que osara ocupar la península e hiciera peligrar su única salida hacia el Mar Mediterráneo, lo que le permitía extender sus rutas comerciales. Todo comenzó unas décadas antes. En 1954 Rusia celebraba el 300 aniversario de la adhesión de Crimea y, para conmemorarlo, el entonces líder soviético, Nikita Jrushchov, decidió ceder la península al Gobierno de Kiev, siempre y cuando los rusos pudieran mantener sus bases navales en Sebastopol. En ese momento, ucranianos y rusos pertenecían a la Unión Soviética y nada hacía presagiar el negro futuro que tendrían las repúblicas socialistas años más tarde. En 1991...
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