En un panorama global de crecientes tensiones y fricciones entre bloques geopolíticos con intereses contrapuestos, las alianzas y los juegos que ellas conllevan son una realidad. La OTAN ha vivido un renacer muy necesario a raíz de la deriva belicista de Rusia, sin embargo, el bloque geopolítico que supone China y sus aliados simboliza el mayor reto existencial para la alianza de democracias que representa la Organización.


El ultimo Concepto Estratégico de la OTAN aprobado en 2010 ni si quiera mencionaba a China. Sin embargo, en apenas poco más de una década el gigante asiático ha pasado de no ser mencionado, a ser considerado casi un socio estratégico a ser denominado “desafío” en la Cumbre de la OTAN en 2019 en Londres. Hasta esa cumbre celebrada en diciembre de 2019 en la capital británica, China estaba considerada de manera informal como posible socio en partenariados de seguridad cooperativa.

Países que tienen algún tipo de partenariado con la OTAN. (GZERO)

Esta evolución y desarrollo de los calificativos nos hacen ver la rapidez con la que el panorama geopolítico mundial cambia. Desde su fundación en 1949, la OTAN ha pasado por diversas fases de adaptación y cambio, de ver caer al Pacto de Varsovia y la URSS, a vivir en un mundo unipolar con el incuestionable liderazgo de Estados Unidos a la cabeza, a un escenario como el actual en el que por primera vez en décadas un nuevo competidor ha emergido y se ha consolidado a nivel comercial, militar, económico y tecnológico.

 

LA CUESTIÓN CHINA

En la Cumbre de Madrid de junio de 2022 la llamada “Cuestión China” iba a ser uno de los puntos clave o ejes principales del nuevo cuaderno de bitácora que guiará a la Alianza en la próxima década bajo la forma del nuevo Concepto Estratégico. Sin embargo, por cuestiones obvias de actualidad, la «Cuestión China» quedó en un segundo plano debido a la situación en Europa por la guerra de Rusia en Ucrania y el acceso a la Alianza de dos nuevos socios: Suecia y Finlandia.

En junio de 2021 cuando tras la cumbre de la OTAN en Bruselas los aliados decidieron dar comienzo al proceso de creación de un nuevo Concepto Estratégico que se aprobase en la siguiente cumbre en Madrid coincidiendo con el 40 aniversario de la incorporación de España a la OTAN, ninguno de los miembros de la Alianza podía si quiera anticipar la que sería la mayor preocupación en cuestiones de seguridad en la actualidad, es decir, la guerra por la agresión rusa contra Ucrania y sus efectos económicos.

La OTAN debe ser consciente que hay una serie de amenazas globales que desbordan el espacio geográfico al cual se circunscribe pero que igualmente tienen un impacto directo sobre los Aliados. El espacio euroatlántico en los próximos años habrá perdido protagonismo y relevancia estratégica a favor del Indo-Pacífico, donde China está aumentando su influencia.

Sin embargo, la OTAN afronta una serie de divergencias internas frente a la cuestión China, si bien todos reconocen que el gigante asiático es un desafío relevante para el conjunto. En estos momentos, independientemente de la guerra de Putin contra Ucrania, la OTAN venía de estar viviendo un momento de renovación y refundación, pero la agresión rusa en territorio europeo ha puesto de nuevo en valor a la Alianza y ha actualizado su razón de ser. Algo que sin duda quedará certificado en la Cumbre de Madrid.

 

EVOLUCIÓN DE LA AMENAZA

La postura de varios Aliados de la OTAN ha aumentar y actualizar el estatus de China de desafío a amenaza como pide Estados Unidos se fundamenta en las profundas relaciones económicas y comerciales que varios países europeos mantienen con China. Existe el miedo de que poner demasiada atención en China suponga desviarla del escenario que de verdad importa para muchos aliados, especialmente en Europa del Este, que a su entender es el escenario europeo y la amenaza rusa, algo que ha quedado demostrado con la guerra que sufrimos en suelo europeo desde hace meses.

Sin embargo, el liderazgo de la Alianza es obvio que recae sobre los hombros de los Estados Unidos, para quien China sí que es una amenaza de primer orden y por ello Washington busca cohesionar lo máximo posible la postura de los Aliados frente a Pekín. Preocupa la postura cada vez más asertiva del gigante asiático, no solo en materia militar con la apertura de bases militares fuera de sus fronteras, una actitud cada vez más agresiva frente a Taiwán, sino también el uso de medidas coercitivas en materia económica y diplomática. Todo ello sin olvidar la amenaza invisible y constante que supone el enorme musculo militar de Pekín y la capacidad china de desplegar ataques cibernéticos y campañas de desinformación, algo que se asemeja a la actitud rusa hasta la fecha actual.

Membresía europea de la OTAN en 2022 tras la Cumbre de Madrid (CNN Español)

En definitiva, Estados Unidos busca construir ese consenso entorno a la percepción de que China es un  desafío para la Alianza. En la antes mencionada cumbre de 2019, China fue reconocida como un desafío creciente, pero también un espacio de oportunidades que serían abordados de manera conjunta por los Aliados.

El informe “OTAN 2030: Unidos por una nueva era” identificaba o más bien denominaba a China como un “desafío sistémico”. La rivalidad por lo tanto se traslada al ámbito político ya que Pekín propone o entiende una manera distinta de entender la gobernanza global donde la libertad y los derechos humanos no son pilares fundamentales. El 4 de febrero de este año 2022, Rusia y China aprobaron una declaración conjunta donde expresaban su manera de entender la gobernanza global y donde dejaban claro que los DDHH y las libertades individuales no son una cuestión importante para ellos. Por lo tanto vemos aquí cómo China es una nota alternativa a la concepción occidental en estos asuntos.

En este mismo informe se señalaba que China no era una amenaza militar para la zona euroatlántica como sí lo podía ser Rusia y como así finalmente se ha demostrado. Pero la creciente influencia de China en los alrededores de Europa (África o en determinados países europeos) sí que es una amenaza por la alta dependencia que eso supone a nivel comercial y económico. No todo son amenazas porque verdaderamente China puede y debe ser un socio de la OTAN y de Europa en materia de lucha contra el cambio climático y en desarrollo sostenible.

La OTAN articuló en Madrid, una nueva estrategia que puso en contexto el nuevo orden internacional en el que sin duda China es un actor principal. Esto no significa que se deba dar la espalda a Pekín: es importante que haya comunicación directa, evitando malentendidos que puedan escalar tensiones o conflictos. Pekín puede ser reacio a abrir sus puertas a la OTAN al percibirla como una herramienta de EEUU, algo que se reforzaría con el establecimiento de partenariados de la Alianza con socios estratégicos en el Indo-Pacífico como Japón, Australia o Corea del Sur y que haría a Pekín sentirse rodeado.

 

EL NUEVO ROL DE CHINA PARA LA COSMOVISIÓN ATLANTISTA: EL CONCEPTO ESTRATÉGICO DE MADRID DE 2022 

Finalmente, como se vaticinaba, en el nuevo Concepto Estratégico de Madrid aprobado en la Cumbre de Madrid de junio de 2022, China obtuvo un lugar privilegiado en la atención de los socios atlantistas. Analizando el contenido de la Declaración, se aprecia cómo la OTAN asegura ser desde su fundación siete décadas atrás, una organización supranacional, la gran garante de la libertad y la seguridad de sus Aliados.

Joe Biden y Jacinda Arden conversan frente al cuadro de Las Meninas (Museo Del Prado) durante la última Cumbre de Madrid (El Español)

En lo referente al tema que atiene al presente artículo, China es «protagonista» de forma directa en 3 de sus 49 principios. En la decimotercera se asume que «las ambiciones declaradas y las políticas coercitivas de la República Popular China ponen en peligro nuestros intereses, nuestra seguridad y nuestros valores». Aquí puede apreciarse cómo la OTAN concibe a China desde una lógica maniquea, del «ellos y nosotros»; además, denuncia por parte de Pekín el empleo de instrumentos políticos, económicos y militares para ampliar su presencia en el mundo y proyectar su poder. En esta línea, en el punto decimoctavo, se denuncia la proliferación de armamento letal, concretamente de armas químicas, biológicas, radiológicas y nucleares. En este sentido, se señala a China como un importante actor en materia de proliferación.

Por último, en el principio decimocuarto de la que debe ser la hoja de ruta atlantista para la próxima década, la OTAN no renuncia a tender puentes con Pekín que garanticen el establecimiento de una buena praxis de transparencia entre ambos actores. No obstante, posteriormente y, en el mismo punto, se asume la necesidad de que la Alianza siga trabajando de forma conjunta para resolver los «desafíos sistémicos» que la RPC plantea a la seguridad euroatlántica. Así, por último, se señala la labor de la OTAN por «defender nuestros valores compartidos y el orden internacional basado en reglas».

Así pues, el Concepto Estratégico de Madrid es meridianamente claro sobre el desafío que supone el auge de China en el sistema internacional. Pese a que la invasión rusa de Ucrania supuso la atención casi completa del documento, no cabe duda de que, en caso de no haberse producido, China y su creciente rivalidad con Occidente habrían sido los grandes protagonistas de plan estratégico atlantista a una década vista.

 

CHINA-OTAN: UNA RELACIÓN MANIQUEA CON IMPORTANTES FRICCIONES

La “cuestión china” tiene muchas aristas, entre las cuales destacan el control de infraestructuras críticas, cadenas de suministros, proveedores de tecnología y telecomunicaciones que en algunos casos están controlados por China, algo que ha alarmado dentro de la Alianza por la amenaza que ello supone. No olvidemos la cuestión digital del 5G y el acceso a las redes europeas de telecomunicaciones que ha sido uno de los temas sobre la mesa en los que se demandaba limitar el control de los proveedores chinos. Reino Unido por presión de Washington accedió a ello, pero otros aliados como países balcánicos o Turquía no compartían esta visión.

Soldados del Ejército Popular de Liberación en un desfile en China. (BBC).

En conclusión, la última Cumbre de la OTAN analizó con detalle merecido la cuestión de la guerra en marcha en Ucrania y la amenaza inmediata que eso supone para el “flanco oriental” de la Alianza, pero no perdió la visión a medio-largo plazo de la reorientación al Indo-Pacífico y a la creciente influencia de China en la región. La postura que debe adoptar la OTAN ante China debe ser lo más cohesionada posible, puesto que la cuestión desborda el plano de seguridad y abarca planos económicos, tecnológicos y de gobernanza con los que la OTAN debe lidiar.

La OTAN tiene ante sí el reto de encontrar un equilibrio entre su carácter militar y euroatlántico vigente hasta la fecha con las nuevas realidades geoestratégicas que emergen en nuevos teatros internacionales y que a pesar de la aparente lejanía tienen un impacto en la seguridad de los Aliados en Europa.


NOTA: Los planteamientos e ideas contenidas en los artículos de análisis y opinión son responsabilidad exclusiva, en cada caso, del analista, sin que necesariamente representen las ideas de GEOPOL 21.