La interesante situación geográfica de Myanmar le hace enfrentarse a importantes retos regionales derivados de la transición hegemónica en la que China y la región de Asia Pacífico incrementan su poder en detrimento de Estados Unidos y el mundo occidental, que observa como el continente asiático les supera en proyección de crecimiento.

Myanmar es un extenso país del sudeste asiático que hace frontera con Laos, Bangladesh, Tailandia, India y China, siendo esta última la más relevante al tener la capacidad de influir en mayor medida en la política birmana. Aún más si consideramos que la autoridad militar del país se acercará a Pekín buscando respaldo internacional tras el golpe de Estado producido en febrero de 2021, por ejemplo, permitiendo frecuentes inversiones chinas centradas en el desarrollo de infraestructuras. Estos continuos acercamientos entre la Junta Militar y el Partido Comunista Chino (PCC) preocupan tanto a la India como a Estados Unidos, que observan como aumenta la proyección china con el desarrollo de la Nueva Ruta de la Seda (Belt and Road Initiative).

Tener más de 2.000 kilómetros de frontera con el tercer país más grande del mundo sin duda obliga a cualquier Estado menor a establecer importantes relaciones económicas, aumentando la dependencia a medida que evoluciona de ser una potencia emergente, cuando era enmarcada en el grupo denominado BRICS, a una potencia candidata a ocupar el liderazgo mundial. Este es el caso de Myanmar, que ha visto como a lo largo de las últimas décadas (destacando el programa de reformas económicas de Deng Xiaoping en 1978 y la entrada en la OMC en diciembre de 2001) ha aumentado las relaciones bilaterales pragmáticamente reflejadas en el desarrollo de proyectos en ciudades como Mandalay o Kyaukpyu. En 2016 en esta última ciudad, ubicada en el golfo de Bengala, subsidiarias de la empresa estatal china CITIC Group (China International Trust and Investment Corporation) invirtieron más de 10.000 millones de dólares en construir un puerto que sirviese a China para reducir su alta dependencia del Estrecho de Malaca. 

Por otra parte, Xi Jinping podría llegar a desplegar tropas y militarizar el puerto en caso de ver peligrar la seguridad nacional china. Esto podría ser contestado por la sociedad birmana en un reclamo de soberanía, volviendo incluso a quemar fábricas de propiedad china en protesta por la supuesta injerencia y apoyo al golpe de Estado. Teniendo en cuenta esta posibilidad los gobernantes de Myanmar no deben romper el equilibrio entre las inversiones chinas y la soberanía nacional para que ni la ya descontenta sociedad birmana se rebele, ni para dar a China motivos para enemistarse. 

Un grupo de personas alrededor de una carpa roja

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Protestas contra China en Myanmar por el apoyo a la Junta militar. Foto del 15 de marzo de 2021. (SwarajyaMag)

RELACIONES SINO-BIRMANAS

Myanmar fue uno de los primeros países no comunistas que reconoció a la República Popular China tras la guerra civil finalizada en 1949, dando lugar a una relación que los birmanos denominan paukphaw (fraternal y de hermandad), palabra muy repetida en el aniversario de los 70 años de lazos bilaterales celebrado en 2020.

Durante décadas China ha contribuido al desarrollo económico de Myanmar llegando a convertirse en el principal socio importador y exportador del país. Además del apoyo económico durante la crisis financiera de 2008, China ha protegido diplomáticamente a Myanmar cuando era sancionada por la comunidad internacional debido al conflicto étnico-religioso de los Rohingya o impidiendo que fuera aprobada la condena del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tras el golpe de Estado de febrero. Toda esta ayuda parece ser devuelta con el establecimiento del Corredor Económico China-Myanmar (CECM), un proyecto de infraestructuras que supondrá una mayor autonomía estratégica para Pekín al tener rutas alternativas al estrecho de Malaca, por donde pasaba en 2016 alrededor del 80% de hidrocarburos que importaba China, suponiendo este cuello de botella uno de los puntos débiles de la República Popular. 

The China-Myanmar Economic Corridor (CMEC) (Nikkei Asia)

La necesidad de solucionar el dilema de Malaca ha llevado a China a acelerar las iniciativas a medida que crecía su economía y por tanto, su dependencia de las rutas marítimas. A parte de ser una ruta comercial alternativa al estrecho de Malaca, el estrecho de Sonda o el estrecho de Lombok, Pekín podría proyectar su poder en el golfo de Bengala en caso de ver su seguridad nacional amenazada, por ejemplo, con el bloqueo de alguno de estos por parte de India o Estados Unidos.

El CECM supone la extensión china al Índico desde la provincia de Yunan a las ciudades costeras de Yangon y Kyaukpyu, que forman parte de la red de enclaves estratégicos (estrechos o puertos) que tienen enorme importancia en el Océano Índico, también conocido como el Collar de Perlas. Las iniciativas y proyectos enmarcados en la Ruta de la Seda son mucho más que simples acuerdos comerciales. La integración china con sus vecinos hace realidad el concepto “comunidad de destino” que consiste en incrementar la interdependencia económica y construir una estructura panasiática que sea favorable a los intereses chinos.

CONDICIONANTES DE LA POLÍTICA EXTERIOR DE MYANMAR

La estrategia de un país está altamente determinada por su localización geográfica. Y la autoridad militar de Myanmar debe coexistir con los intereses de China, ya que tenerla enemistada podría suponer la caída del reciente régimen. 

A pesar de la protección diplomática y apoyo económico anteriormente mencionado, China también tiene capacidad de ayudar al régimen a mantener la integridad territorial. Myanmar es uno de los países étnica y lingüísticamente más variados. Alrededor de 135 grupos étnicos conviven en las diferentes regiones, destacando el conflicto con la minoría musulmana Rohingya (con la que se reactivaron recientemente los todavía activos enfrentamientos tras el golpe de Estado de febrero) y distintos grupos separatistas en la frontera con China y junto a Tailandia. La República Popular tiene capacidad para monitorear la política interna a lo largo de la frontera, siendo esto un arma de doble filo para la inestable integridad territorial en caso de que las políticas birmanas lleguen a perjudicar a los intereses chinos, como por ejemplo el toque de atención de Xi Jinping con la entrega de recursos para combatir al Covid-19 al Ejército para la Independencia Kachin (importante grupo paramilitar independentista), acción que no ha gustado nada a la Junta Militar. 

Otro factor que determina la estrategia de un país junto al contexto geográfico es la visión del mundo de los líderes, que en el caso de Myanmar es particularmente relevante. El país carecía de los recursos necesarios para garantizar la integridad territorial tras su independencia en 1948 (teniendo en cuenta la alta diversidad cultural y étnica), por lo que desde el comienzo los gobernantes birmanos orientaron la política exterior para proteger la soberanía nacional, considerando la no intervención extranjera en los asuntos nacionales un imperativo primario. 

Principales grupos étnicos en Myanmar. (Economist.com)

Existe relación entre el periodo colonial británico, donde el poder fue cedido a las minorías culturales que servían como funcionarios en la administración pública marginando la autoridad religiosa y política de los birmanos, con los actuales movimientos secesionistas que llevan décadas luchando por lo que consideran como su libertad. Esto en una de las causas por las que los líderes políticos y militares de Myanmar han tenido y tienen, independientemente de los cambios de régimen, tanto recelo con la injerencia externa y la soberanía nacional. Por este motivo es recomendable que la Junta Militar tenga en cuenta que pese a la necesidad de permitir la proyección china en territorio nacional para el desarrollo de proyectos que benefician económicamente a Myanmar (como el Corredor Económico Bangladesh-China-India-Myanmar que atraviesa la ciudad de Mandalay), existen riesgos que pueden hacer perder legitimidad al reciente gobierno. El caso más notorio es el del puerto de Hambantota que pasó a control chino después de que el gobierno de Sri Lanka no pudiese pagar la deuda por su construcción y perdiese las siguientes elecciones.

CONCLUSIÓN

En este contexto de competición geopolítica en el Índico, Myanmar debe buscar en la medida de lo posible una política exterior pragmática que no le haga enemistarse con ninguno de los bandos presentes. Las preocupaciones de la India con Myanmar son más que razonables ya que se encuentra rodeada de potenciales bases militares chinas, principalmente el puerto de Kyaukpyu y el de Gwadar (Pakistán). 

Siguiendo con las políticas de no alineamiento ejercidas durante la Guerra Fría por el gobierno birmano, una opción “neutral” sería por ejemplo no dejar que China convierta el puerto de Kyaukpyu en una base militar permanente como la que tiene en Yibuti. Hecho que también verían con buenos ojos los Estados Unidos, que también tienen importantes intereses en la región tras la reorientación (pivot) de Obama al Indo-Pacífico. 

Myanmar debe aprovechar la ventaja geográfica y la cooperación bilateral con China para desarrollarse como potencia regional pero sin llegar a convertirse en un Estado satélite de Pekín, ya que esto provocaría grandes manifestaciones anti-chinas de la sociedad, un aumento de las tensiones con otras potencias regionales además de la posibilidad de caída del reciente régimen militar.


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