El pasado junio se confirmó la muerte de Abubakar Shekau, histórico líder de Boko Haram y uno de los terroristas más buscados del mundo. Con ella el grupo más sanguinario de África se diluía, pero sus acciones y espacio serían ocupados por ISWAP, la filial de Daesh en África Occidental, cuyas acciones desde entonces se han intensificado.

La violencia yihadista lleva instalada en el noreste de Nigeria desde el año 2009, cuando el grupo Boko Haram se alzó en armas contra el gobierno central en el Estado de Borno (fronterizo con Níger, Chad, el lago del mismo nombre y Camerún). Su fundación se remonta a 2002 cuando se funda el grupo salafista Boko Haram al mando del clérigo Muhamed Yusuf, el cual denuncia los agravios y pobreza extendida en Borno, estado de mayoría musulmana. Pero en los años 2009 y 2010 es cuando el grupo se consolida como una insurgencia armada. Hay que destacar que en 2009 muere su fundador a manos de las fuerzas nigerianas, una ejecución que se produjo de manera extra judicial, acompañada de una dura represión, lo cual generó en diversas protestas y en una mayor afiliación de la población local a Boko Haram. El liderazgo del grupo lo asumió en ese momento Abubakar Shaekau y es cuando alcanza fama a nivel mundial.

El discurso de Boko Haram se basa en lo social en la denuncia de la pobreza, el desempleo juvenil, la falta de oportunidades, la corrupción extendida y los supuestos agravios de la población local respecto a la población del sur de Nigeria (de mayoría cristiana). Pero en lo ideológico sus doctrinas provienen de una lectura radical del Islam, la demanda de instauración de la sharía como forma de gobierno, la reclamación de un Califato Islámico en el norte de Nigeria, el rechazo frontal a cualquier influencia no islámica u occidental (Boko Haram vendría a significar “la educación occidental es pecado”, en lengua hausa) y un uso extendido de la violencia contra los considerados infieles y apostatas. Boko Haram asume la doctrina extremista takfir, la cual ampara el poder acusar a otro musulmán de kafir, es decir, acusarlo de mal creyente, impío o traidor por no seguir los mismo postulados radicales del grupo y contra el que estaría justificada la violencia y represión.

Abubakar Shekau, líder de Boko Haram (El País/AFP)

Desde 2010 el grupo ha puesto en “jaque” a las fuerzas de seguridad nigerianas, consiguió asentarse en gran parte de los Estados del norte de Nigeria (destacando su asentamiento en Borno, Yobe y Adamawa, aunque sus acciones han afectado a amplias zonas de otros estados en Nigeria), gozo de apoyo local, tanto de clases humildes como élites locales, y sus acciones traspasaron fronteras, afectando a países como Níger, Chad o Camerún. El área limítrofe al lago Chad, núcleo de referencia poblacional en todo el Sahel al ser una importante fuente de recursos naturales, se convirtió en foco de acciones por parte de Boko Haram, creciendo la violencia e inseguridad de manera exponencial.

Boko Haram no solamente asediaba a las fuerzas de seguridad, sino que sus acciones atemorizaban a la población civil, principal objetivo de estos terroristas. Los atentados indiscriminados contra civiles en mercados, centros sanitarios, escuelas y otros lugares públicos son una constante amenaza. Además, los secuestros, las violaciones, la esclavitud, los reclutamiento forzosos, la utilización de niños soldados y la violencia generalizada son mecanismos comunes del grupo, provocando miles de victimas civiles y millones de refugiados (según Acnur son más de dos millones de desplazados por este conflicto).

Hay que recordar que los secuestros en escuela son acciones que han caracterizado a este grupo y no han cesado de producirse, siendo una importante fuente de financiación. El más destacado ha sido el secuestro de la escuela de Chibok en 2014. Mucho de estos secuestros no han sido realizados de manera directa por el grupo sino por delincuentes locales que asumieron estas acciones como

forma de conseguir rescates o para vender a los secuestrados a Boko Haram u otras organizaciones criminales destinadas a la esclavitud en minas clandestinas o la explotación sexual. La extorsión, coacciones, amenazas y secuestros, son formas habituales de financiarse tanto de terroristas como del crimen organizado.

Otra de las prácticas de extrema violencia y que caracteriza a Boko Haram es el uso generalizado de mujeres terroristas en atentados suicidas. En muchas ocasiones, estas mujeres, e incluso niñas, eran obligadas a realizar estos actos, siendo sus cargas explosivas activadas a distancias. El uso de mujeres y niñas obedecía a su facilidad para acceder a lugares públicos sin levantar posibles sospechas.

La violencia contra la población civil buscaba su asentamiento mediante el miedo, las amenazas, las adhesiones de jóvenes que no veían otras alternativas, así como la provocación y una represión desmedida de las fuerzas de seguridad sobre la población local acusada de colaboracionista con los terroristas. Las fuerzas de seguridad en numerosas ocasiones se han excedido en estas funciones provocando un refuerzo del grupo insurgente.

Pero la realidad muestra que las operaciones sobre la población civil ha provocado un fuerte rechazo a BH y ha disminuido considerablemente la base social con la que contaba en sus inicios.

Soldados nigerianos sostienen una bandera confiscada a Boko Haram (La Vanguardia/Reuters)

LA LUCHA POR EL LIDERAZGO DE LA YIHAD REGIONAL

A lo largo de su historia, Boko Haram ha sufrido varias escisiones, en 2015, y en mitad de un contexto internacional donde se consolidaba el Califato Islámico en Oriente Próximo, Shekau, líder del grupo, juró lealtad al líder de Daesh Al Bagdadi y a su organización terrorista. Daesh aceptó la declaración de lealtad y nombró su wilaya (provincia) en África Occidental. En este momento el grupo pasa a denominarse ISWAP (Estado Islámico de África Occidental). Con ello se buscaba una mayor financiación exterior, ganar en capacidad de captación, expandir su propaganda radical y mayor prestigio internacional. Las siglas de Estado Islámico son un factor multiplicador del miedo y de capacidades bélicas frente a sus enemigos.

Pero la más importante se produjo en 2016, cuando la dirección central de Daesh descontenta por los abusos de poder de Shekau sobre la población civil, su violencia desmedida sobre ella y diversas acusaciones de corrupción, decide retirarle su apoyo. En su lugar se nombra a otra dirección para ISWAP, la cual recae en Mamman Nur y al-Barnawi. Nur había sido persona de confianza de Yusuf, fundador de Boko Haram, y al- Barnawi era hijo de Yusuf, por lo que su nombramiento estaba cargado de simbolismo.

Shekau en este momento quedaba totalmente desprestigiado y no asumió este cambio de dirección marcado por la central de Daesh, por lo que volvió a reactivar las siglas de Boko Haram junto a un grupo importante de seguidores, comenzando a actuar al margen del ISWAP y enfrentándose con ellos de manera habitual. Shekau no retiró su juramento de lealtad a Daesh y culpó a sus opositores locales de tal decisión.

Desde 2016 tanto Boko Haram e ISWAP se encuentran enfrentados de manera frontal, lo cual hace que muchas de sus capacidades operacionales se centren en estas luchas internas.

Infografía elaborada por el Observatorio Internacional de Estudios sobre terrorismo (OIET)

Ambos grupos plantean estrategias diferentes. Boko Haram sabiendo que había perdido capacidades en la escisión de 2016, se centró en operaciones contra objetivos “blandos”, es decir, contra la población civil, intentando generalizar la inseguridad e intentar mostrar las carencias de las fuerzas estatales para garantizar la seguridad. Esta estrategia siempre había marcado la manera de actuar bajo el liderazgo de Shaekau.

Mientras que ISWAP ha intentado disminuir las bajas civiles, mostrarse menos hostil hacia la población civil y ganarse su confianza. Presta protección y servicios en sustitución del Estado en las zonas que controla, centrando sus operaciones violentas en ataques directos contra las fuerzas de seguridad. Con ello se busca un mayor afianzamiento entre la población local, recobrar el apoyo perdido, ganar legitimidad, denunciar las prácticas corruptas y la mala gobernanza del gobierno central, alzándose como alternativa de orden bajo el mandato de la sharía. También ISWAP ha activado la predicación entre la población civil, controlando mezquitas, oratorios y madrassas.

Aunque ISWAP ha buscado disminuir sus acciones contra civiles, estos también han sufrido sus atentados, represiones, reclutamientos forzosos (niños soldados) y secuestros, ya que estos son irrenunciables para los terroristas al ser un importante canal de financiación.

También ambas organizaciones terroristas al haberse encontrado enfrentadas durante varios años, desviaron esfuerzos para este fin. Sin embargo, el ejército nigeriano no ha aprovechado estas luchas entre yihadistas para imponerse definitivamente en la zona, dejando el noreste de Nigeria como una zona de extrema inseguridad.

EL POSIBLE FIN DE BOKO HARAM Y LA HEGEMONÍA DE ISWAP

El pasado junio de 2021 saltó una noticia que podría marcar el devenir en los acontecimientos de este conflicto entre yihadistas, Nigeria y los países limítrofes al lago Chad. Según se confirmaba por fuentes de Boko Haram, el sanguinario líder Abubakar Shekau había muerto a manos de ISWAP.  

Shekau había sido dado por muerto en varias ocasiones por Nigeria (hasta en cinco ocasiones se anunció su muerte), pero posteriormente reaparecía mediante comunicados y videos en los que se confirmaba que continuaba con vida e, incluso, ridiculizaba las afirmaciones oficiales nigerianas. Sin embargo, la confirmación de su lugarteniente no daba lugar a dudas, Shekau había muerto.

En la primavera de 2021, los enfrentamientos entre BH e ISWAP se intensificaron. Parece ser que Shaekau fue rodeado en el bosque de Sambissa (habitual refugio y base de su grupo yihadistas) y ante su inminente captura por sus ex combatientes y fieles ahora en filas de ISWAP, prefirió morir activando un cinturón explosivo adosado a su cuerpo. Estos hechos pudieron haber ocurrido en mayo, cuando empezaron a surgir los rumores sobre su muerte.

Su sucesor al frente de BH confirmó la noticia y clamó venganza tras su muerte. Pero lo cierto es que tras la muerte de Shekau centenares de insurgentes, familiares de combatientes y afines al grupo Boko Haram se rindieron a las autoridades nigerianas; y otros tantos proclamaron su lealtad al ISWAP y a su líder en ese momento, al Barnawi. Sin Shekau parece que Boko Haram ha entrado en un proceso de debilidad y desmembración que puede ser definitivo.

Desde entonces se han producido varias acciones de Boko Haram, pero el liderazgo yihadista en la zona lo ha asumido ISWAP de manera exponencial, capturando la mayoría del territorio controlado anteriormente por BH y consolidando su poder en áreas antes disputadas entre ambos grupos. Entre ellos el bosque de Sambissa, un lugar estratégico al ofrecer refugio además de albergar importantes minas clandestinas y una posición estratégica en una zona fronteriza. También varias zonas en la ribera del lago Chad han pasado a ser controladas por ISWAP. Aunque parece que quedan focos de resistencia de combatientes de Boko Haram, que no aceptan sumisión ni rendición.

La filial de Daesh no ha dejado de incrementar sus ataques, centrándose en destacamentos militares y policiales en zonas rurales, en rutas de suministros y puestos de comunicaciones, con el objetivo de dejar aisladas a las unidades estatales sin posibilidad de recibir refuerzos. También se han producido infiltraciones en grandes núcleos poblacionales.

ISWAP, con tácticas de guerrillas, emboscadas, sabotajes, infiltraciones, atentados, utilización de IEDs, vehículos bombas blindados (método importado de Oriente Próximo) y otras operaciones, ha reforzado sus arsenales y capacidades. Han logrado arrebatar al ejército nigeriano un importante arsenal entre los que se encuentran numerosos vehículos todoterrenos, blindados, carros de combates, piezas de artillería, camiones, diverso armamento y equipamiento, acciones que van en aumento. Se puede afirmar que el ejército nigeriano es el mayor suministrador de armas de ISWAP, aunque también se benefician de otros canales de tráfico de armas, sobre todo desde el norte de África.

Hay que destacar como táctica insurgente las infiltraciones, ya que no solo en Nigeria, sino en toda África se está detectando y extendiendo como práctica habitual de los grupos yihadistas este tipo de acciones. Los yihadistas utilizan vehículos y uniformes propios de las fuerzas de seguridad, confiscados en ataques anteriores, para infiltrarse en filas oficiales y provocar ataques desde dentro de sus bases y acuartelamiento, facilitando un posterior asalto exterior. Las insurgencias en África cada vez utilizan métodos más sofisticados, contando con una mayor organización y coordinación en sus ataques.

En la actualidad, es difícil saber quién lidera a ISWAP. Mamman Nur, que asumió el liderazgo en 2016, fue asesinado en 2018 a manos de sus propios compañeros al ser acusado de ser demasiado “blando”, negociador con el gobierno y no haber cobrado por el rescate del secuestro de unas estudiantes. Al-Barnawi asumió el liderazgo tras la muerte de Nur pero en la actualidad se desconoce si al-Barnawi continúa con vida, ya que recientemente el ejército nigeriano ha anunciado su muerte (ISWAP no la ha confirmado). El actual liderazgo parece que ha sido asumido por Sani Shuwaram y ya habría jurado fidelidad a Daesh.

ISWAP elige a Sani Shuwaram como líder (SahelianTimes)

CONCLUSIONES

El fin de las luchas internas entre grupos yihadistas ha reforzado la presencia sobre el terreno de ISWAP, que ya no debe desviar tantos recursos para combatir por la supremacía y el liderazgo yihadista regional. Su victoria se ha visto reforzada por ex combatientes de Boko Haram, y con la desaparición tanto de Shekau como de al-Barnawi y el nuevo liderazgo de ISWAP se pueden producir acercamientos entre los pocos combatientes que aún defiende las siglas de Boko Haram. También se puede dar la oportunidad de atraer a combatientes yihadistas de otros conflictos regionales como el libio, actualmente en fase de estabilización y disminución de las hostilidades.

Las acciones bélicas de ISWAP muestran cada vez más una planificación, coordinación y son propias de una organización jerarquizada y con experiencia. También parece ser que cuenta con un fuerte respaldo del núcleo central de Daesh respecto a otras filiales africanas. Sus acciones tienen repercusión en los canales oficiales de comunicación de Daesh, como la agencia Amaq, en la que protagonizan vídeos propagandísticos de gran calidad, realizados probablemente con apoyo exterior. La expansión de sus actividades hacia otros escenarios como el noroeste de Nigeria donde pueden estrechar lazos con el crimen organizado; aumentar sus ataques transfronterizos así como el éxito en sus acciones contra las fuerzas nigerianas (como la reciente muerte de un general), pueden darle más protagonismo en la yihad regional ante otras filiales de Daesh, como por ejemplo EIGS (recientemente murió su líder Al-Saharaoui) o ISCAP (cuya relaciona con el núcleo central de Daesh es imprecisa). El apoyo de Daesh también se podría traducir en llegadas de combatientes de Oriente Próximo con amplia experiencia en conflicto y fortalecer la causa yihadista de ISWAP en África.

Respecto a las fuerzas nigerianas, estas parecen no haber aprovechado la ocasión y las luchas de desgaste entre yihadistas para haberse impuesto en la región. Pese a importantes golpes a la estructuras terroristas, la neutralización de líderes como podría ser la muerte en agosto del líder de ISWAP al-Barnawi,  operaciones de gran envergadura llevadas a cabo con éxito, así como importantes esfuerzos en lograr y mejorar determinadas capacidades (como la aérea) o la compra de distinto equipamiento militar, no parece ser que los esfuerzos hayan sido suficientes para lograr el control efectivo y la pacificación del noreste de Nigeria. Las áreas rurales del noreste del país y los alrededores del lago Chad, siguen siendo focos de inestabilidad, donde el hostigamiento a las fuerzas de seguridad es continuo y la seguridad no deja de deteriorarse.

Nigeria es un Estado con múltiples problemas estructurales entre los que destacan la pobreza, corrupción generalizada, altos índices de desempleo y un crecimiento exponencial de su población. Sin embargo, pese a contar con múltiples recursos naturales como petróleo, gas o minería, es incapaz de gestionar sus problemas internos. La respuesta al yihadismo es muy compleja, pero los problemas de inseguridad no solamente se deben abordar desde la óptica militar y en términos de defensa, también hay crear las condiciones idóneas para alejar el fenómeno yihadista de las capas sociales. Para ello hay que combatir los posibles agravios y la pobreza mediante políticas aplicadas en cuestiones como mejora de la sanidad, la justicia, la educación, el acceso a vías efectivas de comunicación, el suministros de bienes básicos como el agua o la electricidad, y sobre todo, una buena gobernanza, alejada de la corrupción, el respeto a los DD.HH, esforzarse en evitar los abusos de poder y contrarrestar el discurso radical con políticas efectivas . Las respuestas en seguridad sólo serán efectivas con políticas sociales. Pero solo se pueden llevar a cabo medidas sociales y desarrollo con seguridad. Por lo tanto la respuesta debe ser integral.


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