Las elecciones del pasado 25 de septiembre en Italia han arrojado unos resultados extremadamente sensibles para la Unión Europea: por vez primera desde el surgimiento de la Unión Europea, uno de sus países más importantes -y, a su vez, fundador- estará gobernado por la extrema derecha.


ALFA Y OMEGA; PRINCIPIO Y FIN

1922-2022. Esta sucesión de un siglo está siendo comentada en multitud de ocasiones entre los politólogos italianos. Y es que, cuando se cumple un centenar de años de la célebre “Marcha sobre Roma” que aupó al poder a Benito Mussolini, la líder del partido de extrema derecha posfascista Giorgia Meloni, va a ser casi de forma segura propuesta por el Presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, para ponerse al frente del 68º ejecutivo del país desde el comienzo del periodo democrático.

Sin animo de bucear en los sucesos históricos de hace una centuria, por lo extremadamente poco empírico de la comparación, bien es cierto que, por vez primera desde advenimiento de la democracia italiana después de la derrota fascista, un partido que procede del, a su vez conglomerado político que se conformó como heredero del fascismo, el Movimiento Social Italiano.

En 1922, concretamente el 31 de octubre de 1922, miles de camisas negras, simpatizantes del Partido Nacional Fascista desfilaron triunfantes sobre Roma. Este hecho, obligó al entonces Jefe de Estado, el rey Vittorio Emanuele III a encargar la conformación de gobierno a su líder, Benito Mussolini, otrora periodista de ideología socialista que abandonó dicha cosmovisión de forma radical para engrosar un partido que, mediante el ejercicio de la disciplina militar, pretendía poner orden en una Italia que, tras la Primera Guerra Mundial, había quedado extremadamente maltrecha debido, entre otros aspectos, a la corrupción política o a las promesas territoriales no cumplidas por parte de la Entente a cambio del apoyo italiano contra Alemania y el Imperio Austrohúngaro.

Como es sabido, Mussolini establecerá desde 1925 una dictadura al uso, poniendo las bases de un movimiento y sistema político de ideología totalitaria, nacionalista, militarista y antimarxista que inspirará a otras ideologías de la misma índole como el nazismo alemán.

No obstante, con la derrota italiana en la Segunda Guerra Mundial, Mussolini es derrotado y se establece en el país transalpino un régimen democrático de cariz republicano tras su victoria sobre la opción monárquica en el referéndum celebrado en 1946. Con ello, se prohibirá desde la década de los cincuenta cualquier apología al fascismo. De hecho, en 2017 se produjo una reforma en el Código Penal donde se incluyó un artículo 293 bis que endureció las penas de prisión para aquellos delitos de exaltacion del fascismo y reconstrucción fascista, con penas de cárcel de hasta dos años.

Pese a ello, en 1946 se fundará el Movimiento Social Italiano (MSI) partido de ideología neofascista conformado por los perdedores de 1945 y otros nostálgicos del fascismo que creían que Benito Mussolini “había hecho cosas buenas por Italia, y se había equivocado al aliarse con Adolf Hitler”. Fue liderado durante décadas por el carismático Giorgio Almirante, quien llegó a ser jefe de gabinete de uno de los ministros de la República Social Italiana (conocida como República de Salò, Estado títere de la Alemania nazi que conformó Mussolini entre 1943 y 1945 cuando se produjo la invasión de los Aliados por el Sur de Italia para liberarla. En elecciones como las de 1976, el MSI llegó a ostentar el 6% de los votos, en un momento de claras victorias de la democracia cristiana para evitar el triunfo de partidos extremistas como el Partido Comunista Italiano (PCI) o el propio MSI.

Del MSI será militante desde los 16 años una joven Giorgia Meloni, quien tiene una fotografía del propio Almirante en su despacho y comulga con numerosas ideas del que fue el principal partido neofascista italiano en época democrática. Cien años después del advenimiento fascista en Roma, Meloni será la futura premier italiana y moradora del Palazzo Chigi.

LAS ELECCIONES ITALIANAS DEL 25 DE SEPTIEMBRE: VICTORIA DE LA DERECHA Y ABSTENCIÓN MASIVA JUVENIL Y MERIDIONAL

El pasado 25 de septiembre el pueblo italiano volvió a ser llamado a las urnas como ya ocurriera en 2018 para elegir a 400 miembros de la Cámara de Diputados (Cámara Alta) y del Senado de la República (Cámara Baja)

Estas elecciones fueron convocadas por Mattarella tras la dimisión de Mario Draghi como primer ministro tras perder la moción de confianza en el Senado por el voto en contra del que en la anterior legislatura fue el partido más votado, el Movimiento Cinco Estrellas (M5S).

 

Resultados del Parlamento Italiano (Cámara Baja) en 2018 y en 2022. Fuente: Corriere della Sera

 

Con el 99% escrutado, la coalición de derechas conformada por Fratelli d’Italia, Lega y Forza Italia sumará en torno a 237 escaños en la Cámara de Diputados según el diario italiano Corriere della Sera, superando con creces los 201 asientos necesarios para lograr la mayoría parlamentaria. La coalición de izquierda obtuvo 84 diputados, mientras que el otrora partido más votado, M5S, obtuvo 52 diputados, lejos de los 229 de 2018. Lo notable de las elecciones es la importante abestención y desmovilización entre el electorado juvenil y de las regiones del sur, estas últimas tradicionalmente votantes del M5S.

En cuanto a resultados, la triunfadora de la noche fue la propia Giorgia Meloni, quien obtuvo por sí sola el 26% del escrutinio, multiplicando por seis sus apoyos de hace cuatro años (4%), y sumando más de la mitad de la fuerza de la coalición conservadora. El segundo partido más votado fue el Partido Democrático (PD) de Enrico Letta, con el 19% de los votos, seguido, como se ha comentado, por el antiestablishment M5S del Giuseppe Conte con el 15%. Precisamente, al día siguiente se produjo la dimisión de Letta como jefe de la socialdemocracia italiana acusado de no haber permitido una alianza con el M5S que hubiera evitado un triunfo tan holgado de la coalición de derecha.

Regiones italianas por sentido del sufragio entre los tres partidos más votados. Fuente: El País

La causa de la dimisión de Letta, pese a mejorar sus datos respecto a 2018 es clara: con la ley electoral “Rosatellum” de 2017 se estableció un modelo mixto mayoritario (para un 36% de los escaños) y proporcional (para el 64%). Abandonando los tecnicismos, lo que favorece esta ley es la conformación de mayorías, pues la parte proporcional se distribuye entre los partidos en función del porcentaje que obtengan a nivel nacional en el Palazzo di Montecitorio (sede de la Cámara de Diputados italiana). No obstante, los que verdaderamente equilibran la balanza hacia una coalición u otra, son los asignados por el sistema mayoritario. A pesar de elegirse menos diputados por este método, su elección se produce en los colegios uninominales (únicamente se elige a un candidato en dicho colegio). Así, concentrar el voto en un candidato únicamente, favorece a la coalición en cuestión.

 

GIORGIA MELONI, UNA PRIMERA MINISTRA SUI GÉNERIS

 

“Toda nuestra identidad está atacada, pero nosotros no lo permitiremos. Yo soy Giorgia, soy una mujer, soy una madre, soy italiana, soy cristiana. No me lo pueden quitar”

 

Con esta poderosa proclama, Meloni denunciaba durante un mitin la situación de la política italiana. No sólo va a ser célebre por ser la primera dirigente de un partido de extrema derecha en gobernar el Palazzo Chigi, sino que además ostentará el especial reconocimiento por ser la primera mujer en hacerlo.

La victoria de Fratelli d’Italia ha sido vista por la Unión Europea con una clara preocupación: por vez primera en sus más de seis décadas de existencia, un país fundador del Club comunitario será gobernado por un partido de extrema derecha ultranacionalista y euroescéptico cuyo sustrato ideológico descansa en el posfascismo. Al albor de los resultados, la Comisión Europea anunció que “trabajará con cualquier Gobierno que salga de las urnas”. No obstante, en privado, fuentes comunitarias muestran su perplejidad ante un gobierno donde dos de los tres partidos de la coalición son euroescépticos y defensores de la Rusia de Putin, y el tercero, Forza Italia de Silvio Berlusconi, no es euroescéptico pero siempre ha mantenido una posición amigable con el Kremlin. Con la victoria de Meloni, partidos de extrema derecha europeos como Polonia y Hungría se apresuraron a felicitarla, siendo miembros de la misma familia en el Parlamento Europeo: el Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos del que Meloni, por cierto, es su presidenta.

El mismo lunes tras la victoria, la Comisión Europea volvió a referirse a las elecciones italianas y aseguró que esperaba tener una “cooperación constructiva” con el futuro Gobierno italiano, pero días antes había anunciado que la Unión Europea cuenta con “herramientas” como la congelación de fondos comunitarios para presionar por el cumplimiento del Estado de derecho en caso de que Meloni se alineará con las tesis de Hungría o Polonia, partidos ya en la diana de Bruselas, precisamente, por sus incumplimientos recurrentes.

El diario francés Libération ha sido uno de los medios europeos que más preocupación ha mostrado por la llegada de Meloni al Palazzo Chigi, denominándolo como “fascismo en Europa” y empleando un juego de palabras: “Todos los miedos llevan a Roma” (Libération)

En este sentido, Italia no posee demasiado margen de maniobra, pues es el país europeos que más cantidad recibe de los celebérrimos Fondos NextGenerationEU, 200.000 millones de euros. De hecho, Anna Bosco, profesora de Política Comparada en la Universidad de Florencia señalaba en El País una serie de directrices que, a su juicio marcarían el “Gobierno Meloni”:

  • Aceptación del electorado italiano: asegura que en un primer momento tratará de ser aceptada por gran parte del electorado italiano, augurando un gobierno difícil por llegar en un momento de extrema vulnerabilidad para las economías europeas.
  • Inestabilidad gubernamental italiana (en la última legislatura hubo hasta tres ejecutivos): podrán surgir fricciones, sobre todo, con una Lega de Salvini que ha caído ampliamente derrotada y con un trasvase de votos masivo hacia Meloni.
  • Cumplimiento del programa electoral: no cree que vaya a haber demasiadas reformas económicas por la mencionada dependencia italiana a los fondos comunitarios, sí señala que podrá haber más atención hacia políticas “identitarias”, sobre todo las concernientes a cuestiones como la familia tradicional o el aborto.

CONCLUSIONES: MELONI CONTRA LOS FANTASMAS DE LA INGOBERNABILIDAD ITALIANA

Con la elección de Meloni como futura premier italiana, el panorama europeo verá cómo en un país fundador de la Unión Europea gobernará, no sólo un partido de extrema derecha, sino una formación política heredera del posfacismo justamente una centuria después del triunfo de su principal ideólogo. No obstante, más allá de ser considerada una outsider política, Meloni deberá afrontar los especiales retos que aporta la política italiana. La ingobernabilidad tradicional del país transalpino (será el 68º ejecutivo desde el advenimiento de la democracia acabada la Segunda Guerra Mundial) no permite saber si la enérgica dirigente política romana podrá cortar el célebre “nudo gordiano italiano”. Quo Vadis, Italia?


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