La invasión de Ucrania podría no ser el último...

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La invasión de Ucrania podría no ser el último...
La relación entre España y Marruecos constituye uno de los equilibrios más complejos de la política exterior española. Migración, comercio, seguridad, Ceuta y Melilla y, sobre todo, el Sáhara Occidental convierten a Rabat en un socio imprescindible, pero también en una fuente permanente de tensiones. La crisis de Ceuta evidenció hasta qué punto Marruecos puede utilizar diferentes instrumentos de presión para condicionar las decisiones españolas. Al mismo tiempo, el creciente respaldo internacional a Rabat está transformando el equilibrio regional. ¿Hasta dónde puede llegar España para preservar una relación estratégica sin convertir la cooperación con Marruecos en una dependencia política?
Pocos países condicionan tanto la política exterior española como Marruecos. La proximidad geográfica, los intercambios comerciales, la cooperación antiterrorista, los flujos migratorios,

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La Segunda Guerra Mundial también se libró en embajadas, estaciones de radio, laboratorios criptográficos y pisos clandestinos. Antes de que los ejércitos chocaran, las grandes potencias habían heredado servicios desiguales, culturas burocráticas rivales y una confianza excesiva en sus propios secretos. Durante el conflicto, el espionaje dejó de ser un oficio artesanal para convertirse en un sistema industrial que combinaba agentes, interceptaciones, sabotaje y engaño. Británicos, alemanes, soviéticos, estadounidenses y japoneses obtuvieron éxitos notables, pero solo algunos lograron traducir información en ventaja estratégica. La historia de sus espías revela que conocer al enemigo nunca basta: es preciso comprenderlo y conseguir que actúe como uno desea.

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Ceuta ha vuelto a situarse en el centro de una crisis que desborda ampliamente la cuestión migratoria. La llegada masiva de personas desde Marruecos colapsó temporalmente los servicios de la ciudad, obligó a desplegar al Ejército y reabrió el debate sobre la seguridad de las fronteras europeas. La situación vivida sobre el terreno muestra las consecuencias humanas, políticas y estratégicas de un fenómeno especialmente complejo. El papel de Rabat, la instrumentalización de los flujos migratorios y las vulnerabilidades de la relación entre España y Marruecos convierten lo sucedido en una cuestión central para la estabilidad del Mediterráneo occidental.
Ceuta no es únicamente una frontera entre España y Marruecos. También constituye uno de los puntos de contacto más sensibles entre Europa y África, entre dos realidades económicas profundamente d

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El Future Combat Air System (FCAS) representa mucho más que el desarrollo de un nuevo avión de combate. Concebido como el mayor programa militar europeo de las próximas décadas, aspira a garantizar la superioridad aérea del continente mediante una combinación de cazas de sexta generación, drones, inteligencia artificial y sistemas de combate conectados. Sin embargo, el proyecto también refleja las dificultades de Europa para construir una verdadera autonomía estratégica. Las tensiones entre gobiernos, las rivalidades industriales y los distintos intereses nacionales han ralentizado un programa que será determinante para el futuro de la industria aeronáutica europea y para la capacidad militar de la Unión Europea.
Durante décadas, la industria aeronáutica europea ha demostrado que puede competir con los mayores fabricantes del mundo. Prog

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La industria de defensa europea atraviesa la transformación más profunda desde el final de la Guerra Fría. La invasión rusa de Ucrania, el deterioro del entorno estratégico continental, la creciente competencia tecnológica global y las dudas sobre la sostenibilidad del compromiso estadounidense con la seguridad europea han impulsado una revisión integral de las capacidades militares de la Unión Europea. En este contexto, Bruselas y las principales capitales europeas están apostando por reforzar la base industrial y tecnológica de defensa, incrementar la inversión militar, acelerar programas multinacionales y desarrollar una mayor autonomía estratégica. El objetivo es claro: garantizar la seguridad europea mediante capacidades propias.
La industria de defensa europea ha dejado de ser un sector especializado para convertirse en una infrae

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La guerra de Ucrania ha transformado radicalmente la percepción europea sobre la seguridad, la resiliencia logística y la movilidad estratégica. La Unión Europea ha descubierto que no basta con aumentar el gasto militar si las infraestructuras continentales no permiten mover tropas, equipamiento y suministros con rapidez entre Estados miembros. En este nuevo escenario, las conexiones transfronterizas adquieren una dimensión geopolítica crítica. El Pirineo central, históricamente relegado en la planificación europea, emerge ahora como una pieza estratégica. Aragón puede convertirse en el gran nodo logístico y militar del sur de Europa mediante un corredor ferroviario y viario de alta capacidad comparable al paso del Brennero alpino.

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La salida de Viktor Orbán del centro del poder político europeo no solo tiene claras consecuencias políticas internas para Hungría o para el equilibrio institucional dentro de la Unión Europea. También provoca ya un cambio relevante en la dinámica geopolítica de los Balcanes, una región donde Budapest ha desempeñado durante años un papel mucho más importante de lo que a menudo se percibe desde Bruselas o desde las grandes capitales occidentales.
Durante más de una década y media, la relación entre Hungría y Serbia se ha consolidado como una de las alianzas políticas más sólidas del sudeste europeo. Orbán y Aleksandar Vučić desarrollaron una cooperación basada tanto en afinidades ideológicas como en intereses estratégicos compartidos, especialmente en ámbitos como la política migratoria, la seguridad energética o la defensa de una visión más soberan

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Aunque suele recordarse como un frente secundario, el teatro africano de operaciones fue decisivo para el desenlace de la Segunda Guerra Mundial. Desde el choque de imperios en el desierto del norte a las campañas en África oriental y la conquista de Madagascar, el continente se convirtió en un espacio donde se cruzaban intereses coloniales, rutas marítimas vitales y aspiraciones nacionalistas emergentes. En estas tierras combatieron ejércitos europeos, tropas coloniales africanas y fuerzas locales, mientras los mapas cambiaban sin cesar, anticipando la crisis del orden imperial que marcaría la posguerra.

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En el tablero geopolítico global, hay regiones que operan lejos del foco mediático, pero cuyo impacto es directo y constante sobre la seguridad europea. El Sahel es, sin duda, una de ellas. Una franja de territorio que, desde hace más de una década, se ha convertido en el epicentro de una tormenta perfecta: terrorismo yihadista, insurgencias locales, debilidad institucional y una creciente pugna entre potencias externas. Hoy, esa tormenta vuelve a intensificarse.
En las últimas horas, Mali ha sido escenario de uno de los ataques coordinados más relevantes de los últimos años. Grupos yihadistas vinculados a Al Qaeda, junto a rebeldes tuareg, han lanzado ofensivas simultáneas en varias ciudades clave, incluida la capital, Bamako. La toma de enclaves estratégicos como Kidal y la retirada de fuerzas gubernamentales —apoyadas por mercenarios rusos— evidencian una realidad incómoda: ni los cambios de alianzas ni la apuesta por actores externos han logrado estabilizar el pa

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Durante más de una década, la Unión Europea ha convivido con una anomalía estratégica de difícil encaje: un Estado miembro que, sin abandonar formalmente el proyecto comunitario, operaba como un vector de disrupción interna alineado, en determinados ámbitos, con los intereses de una potencia revisionista como Rusia. La Hungría de Viktor Orbán no fue únicamente un caso de euroescepticismo político, sino un nodo funcional a través del cual Moscú encontró margen de influencia indirecta en la toma de decisiones europeas. La derrota electoral de Orbán, tras más de quince años en el poder, obliga a revisar el alcance de esa influencia y las implicaciones de su eventual desmantelamiento.
El modelo de “democracia iliberal” impulsado por Orbán desde 2010 generó las condiciones estructurale

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La Munich Security Conference de 2026 no es una cumbre más en el calendario diplomático. Se celebra en un momento en que Europa enfrenta su mayor redefinición estratégica desde el final de la Guerra Fría. Con la guerra en Ucrania aún marcando el pulso del continente, tensiones en la relación transatlántica y una rivalidad tecnológica que transforma la naturaleza y el centro del poder, la cita de Múnich se convierte en el escenario donde se negocian equilibrios, se miden alianzas y se ensayan nuevas arquitecturas de seguridad. Lo que allí se diga y, sobre todo, lo que allí se acuerde discretamente, tendrá impacto directo en el futuro europeo.
Cada febrero, la Munich Security Conference (MSC) convierte a la capital bávara en el epicentro del debate geoestratégico y geopolítico global.

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¿El mundo se acaba en 2026?
Puede que no en términos literales, pero el orden internacional que conocíamos, sí que está puesto en entredicho.
Apenas han transcurrido dos meses del año y los cinco continentes ya han experimentado movimientos geopolíticos de enorme calado. Lo que durante décadas entendimos como el “orden heredado de 1945” —basado en instituciones multilaterales, equilibrios de poder relativamente estables y reglas compartidas— muestra signos evidentes de agotamiento y cuestionamiento interno. La arquitectura internacional surgida tras la Segunda Guerra Mundial ya no responde a las dinámicas de poder, competencia tecnológica, rivalidad estratégica y fragmentación política del siglo XXI.
Nos encontramos ante una transición histórica:

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Más allá de los célebres canales de Panamá y...
Hay momentos en los que nos vemos obligados a revisar no sólo las categorías de interpretación, sino también nuestras propias certezas. El panorama internacional actual es uno de esos momentos. No porque el mundo sea hoy más violento que en otras etapas históricas, sino porque las reglas implícitas que durante décadas sirvieron para anticipar comportamientos, gestionar riesgos y ordenar expectativas han perdido buena parte de su vigencia. La sensación dominante no es tanto la de caos, sino la de transición prolongada hacia algo que aún no sabemos nombrar con precisión.
Durante años, muchos dimos por hecho que el sistema internacional avanzaba, con fricciones, hacia una mayor estabilidad estructural. Creímos que la interdependencia económica actuaría como un freno racional al conflicto, que las instituciones multilaterales, aun imperfectas, serían capaces de amortiguar l

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En menos de una década, Polonia ha pasado de ser un “punto vulnerable” a perfilarse como la principal potencia terrestre europea. Todo ello gracias a que el país destina entre el 4,5 % y el 4,7 % de su PIB a defensa, la cifra más alta de toda la OTAN, y ejecuta una modernización militar sin precedentes: carros de combate de última generación, sistemas avanzados de defensa aérea y un aumento masivo de efectivos. Todo ello ocurre mientras crecen las amenazas procedentes de Rusia y Bielorrusia, junto con actos de sabotaje e injerencia atribuidos a Moscú dentro del territorio polaco, como se ha visto recientemente mediante drones y grupos saboteadores en vías férreas. El resultado es un nuevo equilibrio de poder en la OTAN y la UE, con Varsovia en el centro de la seguridad del flanco oriental.

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En un momento histórico marcado por tensiones geopolíticas crecientes, Europa se enfrenta a una pregunta decisiva: ¿está preparada para defenderse unida y de manera coordinada? Mientras algunos países avanzan en la modernización de sus ejércitos, surge con fuerza la idea de crear una fuerza reservista paneuropea, un cuerpo militar de ciudadanos entrenados y listos para actuar bajo una estructura común. Inspirada en varios de los modelos de reserva ya existentes en Europa, esta propuesta promete elevar la capacidad defensiva del continente, pero también despierta dudas sobre la soberanía, la financiación y la coordinación estratégica.
¿Es Europa capaz de dar este paso histórico?
La idea de una fuerza militar reservista conjunta de la Unión Europea ha ganado relevancia en los últimos años, especialmente ante el contexto geopolítico cambiante

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Europa se encuentra ante una encrucijada histórica. Lo que comenzó como una invasión relámpago por parte de Rusia se ha transformado en un conflicto de desgaste que redefine las fronteras morales, estratégicas y energéticas del continente. Ucrania resiste con una determinación que ha sorprendido al mundo; Rusia se aferra a su lógica imperial; y Occidente, atrapado entre la solidaridad y la fatiga, se pregunta cómo terminará una guerra que ya ha desbordado los límites de la geografía. La historia ofrece espejos imperfectos pero útiles. En ellos, tal vez, se refleje el futuro posible de esta guerra.
Los conflictos modernos rara vez ac

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Seventy years after Austria’s liberation in 1955, the nation must confront an uncomfortable truth: is it still truly free, or trapped by the Soviet-imposed neutrality that endures today? As Europe stands with Ukraine, Austria hides behind outdated neutrality while maintaining troubling ties to Russian influence — raising the question of whether the country’s independence is once again under silent occupation.
On this 26th of October, we Austrians celebrate the day our nation became free again in 1955. “Österreich ist frei!” — those words marked the end of foreign occupation and the rebirth of our sovereignty. Yet seventy years later, we must ask with honesty and courage: are we truly free today — or still bound by the Soviet chains that shaped our so-called neutrality?
1955: Freedom Regained — but Conditioned by Stalin
When Austria signed the State Treaty in May 1955, we achieved what many believed impossible — the withdraw

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Bielorrusia, gobernada por Alexander Lukashenko, afirma haber adquirido cabezas nucleares, intensificando las tensiones en Europa. Aliado cercano de Rusia, el país permite maniobras militares y ataques contra Ucrania desde su territorio. Su estratégica ubicación y dependencia de Moscú convierten este anuncio en una amenaza directa para la seguridad europea y mundial.
Recientemente el autócrata y autoritario presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, ha declarado en una conferencia con periodistas, que su país ha adquirido cabezas nucleares, unas cuantas docenas. Nada menos.
Aunque algunos especialistas puedan considerar esta afirmación como una fanfarronería dictatorial, la realidad es que Bielorrusia, con su presidente Lukashenko a la cabeza desde hace más de 30 años, es un fiel aliado de Moscú, permitiendo a las tropas rusas lanzar ataques desde su territorio hacia territorio ucraniano, así como realizar maniobras militares

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Austria, long defined by its neutrality, now...
Felipe VI reivindica el europeísmo en la entrega...
En un momento en que Europa se encuentra ante una disyuntiva histórica, con amenazas crecientes desde el Este y una guerra en Ucrania que recuerda que la paz no es un bien garantizado, cabe preguntarse qué lugar ocupa la industria de defensa en la estrategia de seguridad colectiva. España ha aprobado una inversión de 34.000 millones de euros hasta 2037 para modernizar sus capacidades. Así mismo, la Unión Europea ha lanzado un ambicioso plan, llamado ReArm Europe o Preparación 2030, que busca movilizar cerca de

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En un mundo globalizado e interdependiente, la...
Hace apenas unos meses en octubre de 2024, se cumplieron cien años de la Turquía actual. Hubo grandes celebraciones teñidas de rojo y el blanco de la luna y la estrella de la bandera turca (“Ay Yildiz”, referencia al Islam y a los turcos) en la plaza Taksim de Estambul y por todo el país. Su primer líder y fundador Mustafá Kemal Atatürk todavía sigue enormemente presente en la sociedad turca actual, ya que su cara aparece en los billetes y monedas e incluso en los fondos de pantalla de muchos móviles. Pero, sobre todo, está en las mentes y corazones de los turcos.
Lo cierto es que Turquía es, en palabras de Samuel Huntington, un “torn country” (“país rasgado” en sentido literal). Algo parecido le pasa a México, ya que como diría Porfirio Díaz: “estamos tan lejos de Dios y tan cerca de América”. Esta frase hace referencia a la gran influencia estadounidense que existe en el país latinoamericano, el cual también tiene raíces del imperio español. En

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Kaliningrado, enclave ruso en pleno territorio de la Unión Europea, simboliza un dilema geopolítico. Antiguo Königsberg, perteneció a potencias europeas hoy integradas en la OTAN. Con bases militares y misiles estratégicos, es un punto neurálgico de poder y tensión. ¿Debe Europa tolerar este caballo de Troya en su propio territorio?
El mapa de Europa guarda cicatrices históricas que se transforman en fracturas geopolíticas contemporáneas. Una de las más notorias es Kaliningrado, el antiguo Königsberg, fundado en el siglo XIII por la Orden Teutónica, más tarde corazón de Prusia y cuna intelectual de Immanuel Kant.

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La cumbre de la OTAN de junio de 2025 ha encendido las alarmas: Europa ya no puede seguir posponiendo su propia defensa. Con Estados Unidos redirigiendo su poder militar hacia Asia-Pacífico y la guerra en Ucrania, la Unión se ve forzada a reaccionar ante un entorno cada vez más inestable, con amenazas que van desde la agresión rusa hasta la presión tecnológica y geopolítica de China. Sin una estrategia común y con una industria fragmentada, Europa sigue dependiendo de Washington y de la OTAN para garantizar su seguridad. Es hora de convertir la retórica de la autonomía estratégica en acción real: cooperar, invertir y construir una defensa europea sostenible a largo plazo.
La cumbre de la OTAN celebrada en junio de 2025 ha marcado un punto de inflexión en la arquitectura de seguridad europea. La crecie

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Desde hace años, una acusación recurrente lanzada por sectores euroescépticos —desde la derecha soberanista hasta algunos movimientos populistas de izquierda— es que la Unión Europea es una máquina sobrerreguladora, una entidad burocrática que se entromete en exceso en la vida de los Estados miembros y en los asuntos más triviales del ciudadano común.
La imagen de Bruselas imponiendo el tamaño de los plátanos o el grosor de los enchufes ha calado en ciertos imaginarios políticos y mediáticos. Pero ¿es esto cierto? ¿O estamos ante una percepción interesada, parcial y descontextualizada?
El punto de partida de esta reflexión debe ser histórico y jurídico: la Unión Europea es un proyecto político en construcción, una comunidad supranacional que, a diferencia de los Estados tradicionales, no nació con un aparato jur

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La cuarta edición de la Feria Internacional de Defensa y Seguridad (FEINDEF) se celebró del 12 al 14 de mayo de 2025 en IFEMA Madrid, consolidándose como un evento clave para la industria de defensa europea. GEOPOL 21 estuvo presente para explorar las últimas innovaciones y reflexionar sobre el futuro de la autonomía estratégica europea.
FEINDEF 2025 superó todas las expectativas, reuniendo a más de 44.000 visitantes profesionales, 601 expositores de 20 países y 91 delegaciones internacionales en una superficie de 66.000 metros cuadrados. Este crecimiento refleja el compromiso de España y Europa con el fortalecimiento de sus capacidades de defensa, en un contexto marcado por la guerra en Ucrania y las crecientes tensiones geopolíticas.
El evento sirvió como plataforma para la presentación de estrategias industriales, acuerdos de colaboraci

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En los últimos meses, una palabra ha resonado con fuerza en todas las cumbres, discursos y comunicados oficiales de las principales capitales del mundo: rearme. El cambio del orden internacional tras la invasión rusa de Ucrania y la creciente percepción de vulnerabilidad han acelerado un nuevo ciclo de inversión militar, especialmente en Europa. Frente a la constatación de que la paz no está garantizada, y que la seguridad colectiva requiere medios concretos para sostenerla, los gobiernos del continente han comenzado a actualizar, modernizar y redimensionar sus fuerzas armadas.
El sentimiento compartido es claro: sin unas capacidades militares sólidas, ningún Estado puede proteger su soberanía ni ejercer influencia real en un sistema internacional cada vez más competitivo. Esta necesidad se ha visto agravada por el creciente distanciamiento de Estados Unidos en su compromiso con la seguridad europea, especialmente tras el regreso de Donald Trump al poder,

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