La irrupción de Abelardo de la Espriella en la política colombiana representa uno de los fenómenos más relevantes de América Latina en los últimos años. Su discurso de mano dura contra el crimen, reducción del Estado, rechazo a las élites tradicionales y apelación a valores conservadores lo acerca a figuras como Nayib Bukele en El Salvador y Javier Milei en Argentina. Su ascenso no puede entenderse únicamente como un fenómeno electoral, sino como la expresión colombiana de una tendencia regional marcada por el agotamiento de los partidos tradicionales, la inseguridad ciudadana y el desencanto con las instituciones. La pregunta ya no es si representa una alternativa, sino qué consecuencias tendría su llegada al poder.

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