Durante décadas, la geopolítica argentina dividió su territorio entre centros habitados y periferias despobladas. El cambio climático, el auge de los minerales críticos y un giro en las migraciones internas están desafiando esa frontera interna. La Patagonia y las franjas cordilleranas del noroeste empiezan a transformarse en polos de poder emergentes, un desplazamiento que obliga a repensar la soberanía y la defensa nacional sobre un mapa distinto del que describió la geopolítica clásica. La tradición geopolítica argentina trabajó desde mediados del siglo XX con una imagen nítida del territorio: los centros ecúmenes, efectivamente habitados y productivos, y las vastas áreas anecúmenes, con baja densidad y aprovechamiento limitado. José Felipe Marini lo formuló con precisión: un Estado dominado por áreas anecuménicas enfrenta una relación extensión-poder desfavorable, y la explotación integral de su suelo se vuelve una meta ilusoria. Esa distin...
¿PUEDE EUROPA SER TECNOLÓGICAMENTE SOBERANA? CHIPS, NUBE E INTELIGENCIA ARTIFICIAL FRENTE A LA DEPENDENCIA EXTERIOR
Europa intenta reducir su dependencia tecnológica justo cuando su economía, su defensa y el funcionamiento de sus administraciones descansan más que nunca en infraestructuras digitales....



