Durante años, Ecuador fue considerado uno de los países más estables y tranquilos de América Latina, ajeno a los altos niveles de violencia que afectaban a sus vecinos. Sin embargo, esta situación comenzó a deteriorarse de forma acelerada con la irrupción de redes criminales transnacionales que han aprovechado su posición geográfica estratégica —entre Colombia y Perú, los mayores productores de cocaína del mundo— para convertir al país en una zona clave del narcotráfico global.
A ello se ha sumado una preocupante permisividad institucional, marcada por la debilidad del sistema judicial, la corrupción en sectores clave del Estado y la falta de una respuesta integral por parte de las autoridades. Como resultado, Ecuador enfrenta hoy una crisis de seguridad sin precedentes, con un incremento alarmante de homicidios, extorsiones, motines carcelarios y atentados, especialmente en ciudades como Guayaquil o Esmeraldas.
Para analizar en profundidad est

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